Tristeza

ro08maro08ma Garcilaso de la Vega XVI
editado junio 2011 en Literatura
Soy empleado del Control Animal en un pequeño pueblo en el centro de Carolina del Norte, Estados Unidos. Tengo 35 años y he estado trabajando para el municipio en diferentes puestos desde la preparatoria.
Sí, sacrifico perros y gatos para ganarme la vida.
No hay mucho trabajo aquí, y trabajar para el condado significa tener buen sueldo y prestaciones para una persona como yo que no cuenta con estudios superiores. Soy esa persona de la que todos ustedes escriben cosas horribles.
Yo soy quien mata a los perros y los gatos y los hace sufrir. Yo soy quien saca sus cuerpos sin vida oliendo a monóxido de carbono y los avienta dentro de las bolsas negras de plástico. Pero también soy aquél que odia su trabajo y odia lo que tiene que hacer.
Todos ustedes que me juzgan, no lo hagan. Dios me está juzgando y sé que me iré al infierno. No voy a mentir, es infame, cruel y me siento como un asesino serial. Pero no soy del todo culpable; si la ley obligara la esterilización de los animales, muchos de estos perros y gatos no estarían aquí para que yo los sacrifique. Soy el demonio, pero quiero que todos ustedes vean la otra cara del hombre de la cámara de gas.
Por lo general, el centro antirrábico realiza el sacrificio con cámara de gas los viernes por la mañana.
El viernes es el día que la mayoría ansía que llegue, pero para mí, este es el día que más odio y siempre quisiera que el tiempo se detuviera el jueves en la noche. Los jueves, muy entrada la noche, cuando no hay nadie, mi amigo y yo vamos a un restaurante de comida rápida y nos gastamos 50 dólares en hamburguesas, papas fritas y pollo. Tengo prohibido alimentar a los perros los jueves porque me dicen que se hace un chiquero en la cámara de gas, y sería un desperdicio de comida.
Así que, los jueves por la noche, con las luces aún apagadas, voy al cuarto más triste que jamás nadie pudiera imaginar, y dejo que todos los perros y gatos, condenados a morir, salgan de sus jaulas.
Mi amigo y yo abrimos la envoltura de cada hamburguesa y sandwich de pollo y alimentamos a estos perros hambrientos y flacos. Se tragan la comida tan rápido, que no creo siquiera sepan a lo que sabe. Mueven sus colas y algunos ni comen, se echan boca arriba para que les acaricie su pancita. Comienzan a correr, brincar y me besan a mí y a mi amigo. Van a comer un poco más de comida y regresan a donde estamos. Todos nos miran con tanta confianza y esperanza, y sus colas se menean tan rápido, que termino con moretones en mis piernas. Se devoran la comida; después, es tiempo de devorar un poco de paz y amor. Mi amigo y yo nos sentamos en el piso de concreto, sucio y manchado por los orines, dejamos que nos brinquen encima, se paran de manitas para jugar y también juegan entre ellos. Algunos se lamen unos a otros, pero la mayoría permanece pegada a mí y a mi amigo.
Miro a los ojos de cada perro. A cada uno le doy un nombre.
No morirán sin tener un nombre.
Le doy a cada perro 5 minutos de amor y cariño incondicional. Les hablo y les digo que lamento mucho que mañana agonizarán por largo tiempo, que morirán de una forma espantosa y tortuosa en mis manos dentro de la cámara de gas.
Algunos mueven sus cabecitas para tratar de entenderme.
Les digo que estarán en un mejor lugar, y les ruego que no me odien. Les digo que sé que me iré al infierno, pero estarán jugando con todos los perros y gatos en el cielo.
Después de cerca de 30 minutos, tomo cada uno de los perros y los meto en sus jaulas de concreto llenas de heces; los acaricio y rasco su barbilla. Algunos me dan la pata, y yo sólo quiero morir. Cierro la jaula de cada perro y les pido que me perdonen.
Dormirán con su pancita llena y con una falsa sensación de seguridad.
Son cerca de las 5 de la mañana ahora, faltan dos horas para tener que asfixiar a mis amigos en la cámara de gas. Voy a casa, me baño, tomo mis 4 píldoras contra la ansiedad y manejo de regreso hacia mi trabajo. No como, no puedo comer. Ha llegado el momento de meter estos animales en la cámara de gas. Me pongo mis tapones para los oídos, y cuando voy por los perros y los gatos, están tan emocionados de verme, que saltan sobre mí para besarme al pensar que jugarán conmigo. Los pongo
en la jaula móvil y los llevo a la cámara de gas. Ellos lo saben. Pueden oler la muerte, el miedo. Empiezan a gemir en cuanto los meto en la cámara de gas.
El jefe me pide que meta el mayor número posible de ellos para ahorrar el gas. Me observa. Sabe que lo odio, sabe que odio mi trabajo. Hago lo que me pide. Él mira cómo todos los perros y los gatos (amontonados todos) se pelean y gritan. El sonido se amortigua porque tengo puestos los tapones. Él se marcha, prendo el gas y me salgo lo más rápido que puedo.
Camino hacia el baño, tomo un alfiler y me pincho hasta sangrar ¿Por qué? Porque el dolor y la sangre despejan mi mente de lo que acabo de hacer.
En 40 minutos debo regresar y retirar los animales muertos. Rezo porque ninguno haya sobrevivido, lo cual sucede cuando meto demasiados animales en la cámara de gas. Los levanto con mis guantes y el olor del monóxido de carbono me enferma al igual que los vómitos, la sangre y los movimientos involuntarios de los cuerpos.
Los saco y los meto en bolsas de plástico.
Me digo a mí mismo: “Ellos están en el cielo ahora”.

Comentarios

  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado mayo 2011
    És...macabro y conseguiste hasta humanizarlo un poco.Me ha gustado,saludos desde el sur.
  • juanchojuancho Francisco de Quevedo s. XVII
    editado mayo 2011
    Tu historia me hizo recordar algo que me conto un amigo.

    En Japon, se incineran los muertos. Es toda una industria. Por temas de eficiencia y economía, es mejor descuartizar e incinerar.

    Existe el trabajo de descuartizador.

    Mi amigo me contó que ese trabajo se lo dan a lo inmigrantes.

    Algún día investigaré lo cierto de esa historia.

    Saludos
  • ro08maro08ma Garcilaso de la Vega XVI
    editado mayo 2011
    Gracias por leerlo, aunque quiero decirles que no es mi historia, fue escrito por un anónimo, simplemente quise compartirlo con ustedes, porque en un principio me causo horror, ya después me causo una gran tristeza el imaginarme a unos seres tan hermosos terminar de esa manera, y pues, al menos creo que todos aquellos que tenemos la bendición de compartir un vinculo afectivo con algún animalito, podemos entender un poco el sentimiento que nos causaría terminar con la vida de ellos de esa forma.

    Saludos
  • Autor HispanoAutor Hispano Pedro Abad s.XII
    editado junio 2011
    A mi me ha dado pena esta historia, no podria trabajar en algo asi, hace unas semanas vi un documental en el cual hablaron de un proceso que se llama eutanacia por hipoxia se me quedo el nombre ya que dicen es un metodo humanitario para dar muerte a un animal o ser humano condenado a morir, es un proceso en el cual el animal muere en un estado de euforia y no con dolor te dejo el enlace del video es un documental de un hombre que busca como lograr una muerte humanitaria a los presos que esten condenados, en su busqueda pasa por situaciones muy feas hasta que encuentra una que al parecer es la perfecta para este cometido, el proceso del cual hablo esta en el minuto 36:45.

    Aqui te dejo el enlace
    http://www.megavideo.com/?v=S4UY4430

    Ojala y lo apliquen para estos animales.
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