pesadillas infantiles (mario a.)

psd67psd67 Anónimo s.XI
editado abril 2008 en Negra
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PESADILLAS INFANTILES (mario a.)







PESADILLAS INFANTILES




No sé, si estoy dormido o sumido en la inconciencia de la realidad.
Pero desde siempre un sueño me acompaña; ve entre niebla oscura un niño que escondido devora los libros de Poe, de Quiroga, de Mauppasant, los lee con tremenda pasión, casi delirio. Luego su imaginación lo transporta a lugares remotos.
Llenos de humedad y encierro; sus ojitos abiertos como faros en la noche ilumina la sombra aterradora de la muerte. Que inexplicablemente huye de su presencia.
A su tierna edad se ha convertido en alquimista de sueños y deseos. Será por ello que en su casa inspira diversos afectos encontrados, su madre admira su desarrollado sentido de conversación, su despierta mente para encontrar en cualquier rincón una historia diminuta y fascinante. Su padre, funcionario menor de oficina gubernamental es del tipo de persona que esas niñerías le son indiferente; para él valen mas la alegre lisonja de su hija quinceañera.
Su favorita, su consentida. Y es, esta su hermana quien destila mas odio que fraterno cariño. Ella lo mira con adusto ceño, pues entiende que por ser hombre; su hermano, tiene mayores privilegios y atenciones, que ella tendrá por parte de sus progenitores.

Mas no se desanima sabe de la dulce afición que tiene por las cosas etéreas, siendo el centro de sus ataques. Idea a gusto como usar esa sutil afición en contra de su odiado hermano. Una dantesca solución viene su loca mente. Su muñeca, una aristocrática parnafullada, de seda y porcelana fina, amanece descabezada y tinta de sangre, quien puede decir si de animal o de utilería. Lo cierto es que Génova encara a Gustavo con los peores de los semblantes:

-¡Esto que hiciste, lo sabrá mama! Y ya veras como quema tus horribles libros y grotescos fetiches. Lo reta con la mirada de triunfo, segura de su perversidad. El joven alquimista en un aleteo adivina la silueta portentosa de su padre saliendo del cuarto de baño, un vaporcito tenue indica que ya tiene tiempo de haber concluido la ducha diaria. Su madre, desde las seis salió al trabajo.
Igual nota el cabello mojado de su hermana. Lo que dice a continuación rompe el silencio que lo aplastaba ya de tiempo atrás: Si tu le dices a mama lo de tu muñeca, siendo que yo no fui, yo le digo que tu te bañaste con papa... –Ella se queda pasmada, sus ojos antes teas que consumaban su odio se vuelven chispas delatoras de su incesto fabricado.
No dice nada. Nunca dirá nada. Desde entonces Gustavo vivió al amparo de sus fantasmas. Lacónico del absurdo.

Comentarios

  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado abril 2008
    Mario...sueño o realidad...es horrible, es muy triste especialmente por el hecho de que nadie dira nada.

    Me ha causado impresión..., dolorosas escenas que denotan realidad en una afectada familia.

    un abrazo,
  • psd67psd67 Anónimo s.XI
    editado abril 2008
    una vez mas, gracias mariaelena, eres muy gentil por tomarte un tiempo y leer mis relatos, mira la verdad; creo que un escritor debe sacudirse de ciertas cosas que solo estorban su vision, su idea o concepcion que tiene de esto o de aquello, el analisis ye interpretacion es del lector. por eso solo uno es recipiente de todo el bagaje que guarda de años de observacion cotidiana.



    de todos modos te agradesco... saludos desde mexico
    mario a.
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