A nadie le gusta que le digan la verdad

A nadie le gusta que le digan la verdad


- Decime la verdad. - le pidió ella.
- No.
- Dale, decime la verdad. Decime que pensas, sincerate conmigo.- Insistió

La conoció a Carolina 5 años atrás, se la había presentado un amigo. Esa misma noche hablaron de Woody Allen, de Scorsese y de Fellini. De Led Zeppelin, del álbum blanco, de las fotos de Storm Thorgerson. Hablaron del Padrino, ella no había visto El Padrino, y el pensó que no se podía todo. Contó una anécdota de cuando lo echaron de catequesis a los 12 años por decir que capaz dios estaba loco y jugaba a matarnos a todos y ella rió tan fuerte que la carcajada se elevó sobre la música del lugar por un momento.
Tenía una risa linda, y cuando se reía se le veían los dientes blancos y un poco chuecos. Era una mina linda, y esos pequeños defectos eran los que la hacían así. De las lindas humanas, las que no salen en las tapas de las revistas, las que se toman un colectivo a la facultad y cuando te la cruzabas por la calle te enamorabas por algunos segundos. Una semana después estaban solos en su departamento. No pasó nada. Ella estaba empezando a salir con alguien y le dijo que no quería arruinarlo.

De a poco el vínculo parecía ir afianzándose y se veían casi todas las semanas, iban juntos al cine y a veces ella se quedaba a dormir en la casa, el novio lo entendió con el tiempo. El siempre pensó que capaz que le habían dicho que era puto o alguna historia así para que no jodiera más. Apenas algunas veces, estando los dos muy borrachos el intentó una revancha, pero las cosas se ponían feas rápido y terminaba conformándose con dormir abrazados y tener que masturbarse a la mañana.

Los siguientes 3 años deambulo por distintos trabajos y mujeres, redactando algunos cuentos para revistas, escribiendo ocasionalmente en algún diario y cada tanto salía con alguna chica que conocía y terminaba en relaciones que no iban demasiado lejos, pero raramente se lo contaba a Carolina. Después se mudó a Chile, a participar como editor de prensa en un diario oficialista y el contacto se mantuvo por email. Odiaba el email. El email era "no quiero ver tu cara, no quiero escuchar tu voz". Pero no quería perder la relación y ocasionalmente le mandaba fotos de sus viajes, la mantenía al tanto de algunos temas y le preguntaba como iban las cosas allá en la Argentina.

Un día la noticia le llego entre propagandas de viagra y ofertas milagrosas que prometían alargarle el pene. Había terminado la relación con el novio. Estaba sola, y se lo estaba contando, le estaba dando el pie que no le había dado años atrás. Y viajaba a Chile en unas semanas.

- No. Nunca digo lo que pienso. Lo aprendí del Padrino, si la hubieras visto por lo menos.
- Basta con el Padrino, siempre hablando de esa película.
- Esta todo ahí. - Dijo sin apartar la vista de su licuado.
- Esta bien. ¿Por que no me querés decir? ¿Tenés miedo de que se arruine nuestra relación? ¿Es eso?
- No. A nadie le gusta que le digan la verdad. Y a vos tampoco te va a gustar.
- No podes ser tan frío, Martín. Somos amigos hace seis años!
- Cinco.- Interrumpió.
- Bueno, es lo mismo. Somos amigos hace cinco años, ¿no confías en mi?
- Ok. Supongamos que te digo, ¿Cómo sabes que es LA verdad?
- Te conozco.
- No, no me conoces tanto. Me conoces lo que yo dejo que me conozcas.
- ¿Para qué me vas a mentir?
- Para no decirte la verdad. Es más fácil mentir, deja mas tranquila a la gente decirles lo que quieren escuchar.
- Estas diciendo boludeces, siempre es preferible ir de frente. Sincerate, dale. No tengas miedo. Yo se que adentro tuyo hay una persona sensible y amorosa esperando salir.
- Ok. - Dijo el, tomando impulso para lo que venía. Le pareció sentir la ansiedad en los ojos de Carolina.

Tomó aire, y dijo: "Sos muy falsa".
Carolina quedó en silencio. Un escuadrón comando de desilusiones había demolido prolijamente todas sus expectativas con respecto a esta charla, que ahora caían como un rascacielos en plena implosión, dejando apenas polvo y escombros de lo que había antes.
- Si, no te creo nada. Querés ser la amiga de todos, pero después me contás que no te bancas a nadie y seguramente tampoco me bancas tanto a mi. Simplemente te doy el mismo lugar que vos me das a mi. Disfrutamos de las mismas cosas y sos muy graciosa. Me haces reír, eso es difícil de encontrar en una mujer. Por eso te quiero cerca, pero no te quiero como amiga, como persona. Nunca me terminaste de cerrar, creo que no sabes quienes son tus verdaderos amigos. O al menos no los valoras realmente. El mismo cariño que me desmostrás a mi se lo demostrás a cualquier otro, no importa quien sea, o que tan bien te caiga. Entonces nunca puedo saber que estas pensando realmente de cada persona. Nunca vi que te la juegues por alguien.
- Pero… ¿Como me decís esto? Yo te quiero muchísimo, siempre fuiste como un hermano para mi.
- No sé.
- ¿No sabes qué?
- No se si me querés, no se a quien querés realmente.
- ¿Cómo no te voy a querer? ¿Me estas jodiendo?
- No, vos querías la verdad. Yo te avise.
- Si, pero…
- Siempre le querés caer bien a todos. Todos son como hermanos para vos. Y conmigo hiciste lo mismo, me querías caer bien y lo lograste, pero no te quiero realmente. Te acepto así, me haces reír mucho, podemos hablar durante horas de cine, de música o de Seinfeld y siempre mantuve la ilusión de que iba a terminar llevándote a la cama. Pero no sos mi amiga. Y no te quiero. Mis amigos son auténticos.
- Yo no esperaba esto. Para nada.
- Ya sé. Por eso no digo lo que pienso. Está en el Padri…
- ¿la podes CORTAR con el Padrino?- Gruño entre dientes, ahora visiblemente enojada. - Me importa una mierda el Padrino.
¿Cómo no va a ver el Padrino? Pensó el, y le dio otro sorbo al licuado.
- ¿Cómo me vas a decir esto? Tantos años que nos conocemos, todo este viaje que me hice hasta acá para verte ¿Y vos me decís esto?
- Pero ya te dije, te quiero cerca, me divertís. Si tengo que dividir el mundo entre la gente que me gusta tener alrededor y la que no, vos quedas de este lado. Pero no te quiero mas que eso, no es tan grave. Capaz que tampoco es tan importante que te quiera, capaz que estas sobredimensionando toda esta relación. Dale, paguemos y vamos a casa.
- Oime.- Dijo ella, y pensó un largo rato. El levanto la vista y la vio. Era linda cuando se enojaba, despeinada y alterada le gustaba todavía más.

Finalmente volvió a abrir la boca.
- Sos un PELOTUDO, Martín. - Dijo y salió del bar dando un portazo.

Se reclino en la silla, haciendo chillar la madera, y le pidió la cuenta al mozo. Encima ni pagó su parte, pensó. No tiene códigos, eso le pasa por no ver El Padrino.
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