Siempre quise decirte amado mío lo mucho que sentí tu indiferencia estos últimos siglos, estas últimas horas. He de comenzar diciendo que llegaste a mi vida en un momento exclusivo y te recibí enamorada, globos, colores, brillos de verano y tus ojos que no podía ver leyendome el pensamiento.
Has de cuenta, que si bien mi vida se ha caracterizado por momentos solitarios, tu comenzaste a seguirme tras la sombra de mi mochila, y a mi me encantaba, porque estabas allí.
Tú me protegiste de mi misma, yo te protegí de la lluvia, te abrace para no perderte, te amé y te amé tanto que me molestaba que el viento se paseara por tu esencia de olor a tinta y arte. Pero hoy, a dos minutos de perderte me pusé a llorar enloquecida, y decidí que simplemente no quería que acabaras conmigo, por eso, y unicamente por eso he arrancado esa horrible página de despedida y la tiré en el retrete. Ahora sí, eres eternamente mío.
---
Tomó el libro ahora desprendido de su final entre los brazos, y se acurrucó bajo la colcha, para dormir tranquila, y salvada.