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Te alzas en incesante vuelo
de preguntas, de caminos sin sueños,
navegas sobre el espejismo de tu inteligencia
entre la red del desánimo y la callada esperanza de los cielos entreabiertos.
Mi destino ha trazado su signo
y sé que una invisible estrella de victoria guía el corazon humano
el tiempo no se detiene, pero no nos traiciona.
En tí encontré la misma huella
de luz oculta, de espacios interiores, de secretas presencias.
En tí alguien puso su misterio
y me dió la clave, la senda
de la vida
en la que tu corazón palpita y respira.
¿A donde nos lleva?
Nada es fortuito, nada es evanescente
nada es casual ni borroso. Delante de la luz estamos
sin verla.
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