El Arte del Haiku Parte I

Dixie_DregDixie_Dreg Juan Boscán s.XVI
editado enero 2010 en Haiku


El Arte del Haiku - Parte I
María Santamarina


En mi caso, me inicié en el arte del haiku gracias a mi profesor Félix della Paolera, quien, junto con Borges precisamente, estudió la poesía del Japón y es un erudito en el tema.

En la actualidad, el haiku nos revela mucho más que su función poética. En los talleres literarios, muchas veces se utiliza como ejercicio para depurar el lenguaje y expresar algo esencial a partir de una percepción periférica. Lo mismo hacen en Estados Unidos, en los colegios con niños, y es increíble ver cómo a ellos, que son sencillos y espontáneos, les brotan naturalmente haikus maravillosos. De alguna manera hay que hacerse niño otra vez para escribir un buen haiku; la misma condición evangélica requerida para alcanzar el Paraíso: la inocencia.

Es difícil exponer la preceptiva del haiku; en mi caso, la sigo aprendiendo al escribir. En la contratapa de mi libro Pausa en la hierba, Della Paolera dice que "acato severamente su compleja preceptiva", y explica que "a menudo quienes intentan el difícil ejercicio del haiku, suponen que basta con lograr una expresión más o menos escueta y sobria o con ceñirse al esquema métrico de 5-7-5 sílabas para cumplir con las exigencias del género". Agrega que mis haikus "denotan una comprensión cabal de la actitud pertinente al poeta, que debe comunicar, en tres versos breves, una honda experiencia emotiva y estética; en suma, conseguir que el lector comparta -con igual intensidad- las vivencias del autor, transmitidas atinadamente en unas líneas que siempre habrán de sugerir más de lo que dicen".

Sin embargo, debo reconocer que no me es posible establecer con claridad por qué algunos poemas son haikus y otros definitivamente no lo son, aunque cumplan con la métrica. Creo que mi inclinación por el Zen como filosofía de vida me llevó al haiku como forma de expresión artística. D.T. Suzuki explica que el haiku siempre ha sido uno con el Zen. Neruda decía que para él escribir era como respirar, y es por eso que no hubiese podido vivir sin hacerlo. Para mí también es una necesidad. Octavio Paz dice que el genio poético es sintético, el poeta crea síntesis mientras que el novelista analiza. Además de la síntesis, considero que el principio preconizado por las filosofías orientales sobre la superación de los límites del egocentrismo y la disolución del yo en los demás hace de la poesía un camino interior. Dice al respecto Rosa Montero: "Sólo trascendiendo la ceguera de lo individual podemos entrever la sustancia del mundo". Esto quizás explique mi fascinación por el haiku, que es para el haijin, o escritor de haikus, un camino espiritual. Del mismo modo, opté por el yoga como disciplina psicofísica y por el silencio contemplativo de la meditación, como formas de un mismo camino hacia la integración personal, hacia lo uno.

Aprendo mucho durante la corrección y autocorrección de mis haikus; sobre mí, sobre mi visión del mundo y mi postura ante la vida. ¿Qué miro? ¿Qué veo? ¿Cómo estoy de atenta, de despierta? ("Buda" significa "el despierto", the awaken...) El haiku lleva a depurar no sólo el lenguaje sino también la mirada. Purificar la mirada, limpiarla de toda subjetividad hasta fundirse en el objeto observado y ser uno con él. La mirada del haiku es la contemplativa, trasciende el tiempo cronológico, que en el haiku pareciera detenerse en un presente eterno.

Para Heidegger, el arte es una ascesis que permite la contemplación y la develación. Vicente Haya reitera que el haiku significa estar vivo, estar atento al mundo, y que puede capturar el espíritu contemplativo. El gran novelista Henry James sostenía que un escritor es una ventana abierta que muestra una calle. El mérito radica en ser sólo eso, una ventana, y la originalidad está en qué se elige mostrar. Lo que muestro en cada haiku me ayuda a conocerme, a saber quién soy. Para mí lo importante es el proceso creativo, el camino más que la meta. Antonio Gala afirma que hay momentos donde la mano resbala sobre el papel con más velocidad que el pensamiento, y ésas son las mejores páginas: "Creo que el verdadero escritor presta su mano a la vida... El escritor debe ser como un cristal transparente por el que lo que debe ser dicho, se dice de manera clara, sencilla, sin que se note que es su boca o su voz o su palabra que interviene". En el proceso o camino es cuando crezco, cuando sorteo obstáculos me fortalezco como persona y escritora, y es por eso que encuentro plenitud al andar, al escribir, y sobre todo en la corrección. Entonces siento que voy purificando, develando, limando asperezas... Hay un trabajo interior paralelo y simultáneo al de expresarse en forma poética. Por eso Borges dice que en realidad un poeta no tiene más que cinco o seis poemas que escribir. Cuando escribe, ensaya, prueba su mano al reescribir de distintas maneras, pero los poemas son esencialmente los mismos. Creo, como Neruda, que mis poemas han pasado por las mismas etapas que mi vida. Por la soledad, la pena, la esperanza, la rebeldía, la angustia, el amor, la ilusión...

Con respecto a la métrica, aunque no basta para que un poema sea un haiku, es uno de los requerimientos. En realidad, se podría hablar de 17 sílabas; en algunos casos, en dos versos. Y puede haber una diferencia de algunas sílabas cuando se trata de traducciones, o debido a las reglas de acentuación. La métrica sirve como disciplina, algo a lo que los occidentales solemos resistirnos. A mí, sin embargo, me libera. Al someterme a una disciplina encuentro contención en los límites. Vivo los condicionamientos como posibilidades. Siento que la del haiku es una estructura formal precisa que facilita la liberación de lo esencial, de lo interno. Igual que el ejercicio de las asanas del yoga disciplina el cuerpo para liberar el espíritu, y el silencio en la meditación nos libera del ego y del bullicio mental para trascender hasta esa unión del alma con Dios, la iluminación, el samadhi, el satori de los japoneses. Por eso respeto la métrica, no importa en qué idioma. Tengo algunos haikus traducidos al francés y al inglés. Le debo esta posibilidad a André Duhaime, quien me incluyó como argentina en su antología internacional Haiku sans frontiers, de Editorial David, Canadá.

No concuerdo con que el español, por tener palabras más largas que el japonés, sea más difícil para la métrica. Creo que requiere más trabajo, obliga al ejercicio para encontrar la palabra justa y, sobre todo, exige sintetizar, limpiar, despojar, vaciar, depurar... O sea, una ascesis del lenguaje, una síntesis absoluta y precisa de un idioma riquísimo como es el nuestro. Valga la cita de R. Blyth, según la cual el poema es como un dedo que apunta a la Luna. Si el dedo está lleno de joyas, distraerá la atención del objeto que apunta, el lector mirará el dedo y no la Luna. Esto implica sacar lo innecesario, lo que sobra, lo que distrae, y no sólo palabras sino también recursos poéticos como la metáfora. Fernando Rodríguez-Izquierdo habla de la "parquedad en el uso de la metáfora, pues es una interferencia intelectual que desviaría de la inmediatez de la intuición".

El ejercicio entrena la mente del poeta, quien al cabo de un tiempo ya piensa y habla en endecasílabos... ¡Me fascinó descubrir esto en la prosa de Nabokov! El haikista piensa y escribe en 5-7-5, y la métrica deja de ser un problema, pone al escritor en sintonía, lo entona con la naturaleza. Quizás, como consecuencia de lo antes dicho, surge el kigo como solución. Esas palabras que Henderson, en su libro Haiku in English, traduce como "season words", palabras estacionales, que hacen referencia a una época del año y a las que el poeta recurre como a un comodín. Durante siglos, en el haiku se hizo referencia a las estaciones. Blyth tiene un volumen para cada estación. Los kigo suelen ser enumerados al final del libro y es aconsejable tener una lista personal según donde uno viva. Por ejemplo, para mí, que soy de Buenos Aires, noviembre es jacarandá, diciembre es tilo... El kigo, según Rodríguez-Izquierdo, está relacionado con el rensoo o asociación de ideas. Así, la flor de cerezo es símbolo de primavera.

El tema de la naturaleza en esta poesía fue sin duda otra atracción irresistible para mí. El contacto con la naturaleza me ayuda a reubicarme en el mundo, me vuelve a mi esencia. Y es necesario estar bien enraizado para que el espíritu se eleve. Siempre pienso en la orden de los carmelitas descalzos, contemplativos pero en contacto con la tierra. La naturaleza me reintegra en esa unión cósmica de la que soy parte. Es una característica del Zen volver a lo que se es... El monte es el monte... Simplemente, volver a lo elemental.

A veces, basta el color verde para referirse a la naturaleza e incluirla toda sin nombrarla:
Ondeante verde
en el estanque: ranas
quietud del loto.

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