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Tema: Novela Porno-Romántica

  1. #1
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    06 feb, 09
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    Wink Novela Porno-Romántica

    < Publi

    INTRODUCCIÓN

    Me despierto en mitad de la noche y no estoy sola. En mi cama hay alguien más. Debe ser uno de los niños.
    Abro los ojos, y en la penumbra, enfoco la visión.
    -¿Pau?- pregunto.
    -Sí, soy yo.
    -¿Te pasa algo cariño? - Hace mucho que Pau no se mete en mi cama, ya es mayor para eso. Los pequeños lo hacen cuando tienen pesadillas, aunque él nunca lo ha hecho por ese motivo. Él lo hacía cuando se sentía solo. - ¿Estás bien?
    -La semana que viene cumplo 21 años – contesta al fin.
    -Sí, lo sé. - Respondo sin saber a donde quiere llegar - ¿Qué vas a querer que te regale? - pregunto más animada.
    -No quiero que me compres nada – ataja.
    -¿Y si te consigo ese unicornio azul con manchas verdes que tanto querías? - pregunto burlonamente.
    Es evidente que le preocupa algo, pero Pau siempre ha sido muy reservado para sus cosas y va a ser difícil que me lo cuente sin más.
    -No, no quiero un unicornio azul con manchas verdes - dice.- Todo el mundo tiene uno, ya no es original. - afirma.
    Silencio.
    -Bueno... ¿y qué quieres? - insisto impaciente.
    Tras vacilar durante unos segundos que parecen hacerse eternos Pau responde al fin.
    -De pequeño te pregunté que cuándo pasa alguien de ser un niño a ser adulto. ¿Te acuerdas?
    -Pues no sé -dudo- me suena pero no me acuerdo. ¿Qué te respondí? - pregunto con curiosidad.
    -Me dijiste que no hay un momento concreto en el que uno cambie de niño a adulto, pero que si había que poner una edad, tú dirías que las niñas a los 18 y los niños a los 21.
    -¿Eso es lo que te pasa? ¿Estás nervioso porque te vas a convertir en un hombre? -pregunto burlona- ¿O es que te da miedo? -más seria- No te vas a transformar en otra cosa en plan metamorfosis, ¿eh? - inciso sarcásticamente.- Pasar de niño a adulto no es un cambio físico sino que es cuestión de madurez intelectual. Conozco a cuarentones que aún son unos críos, tontos e inmaduros. Sin embargo, tú siempre has sido muy maduro y responsable, desde que te conozco. - puntualizo.
    -Sí, pero con 10 años, por muy maduro que fuese, no era considerado un adulto,... un hombre – recalca.
    -Entonces tu preocupación es que quieres que te consideren un hombre ya, ¿no? - comprendiendo al fin por dónde van los tiros.
    -Algo así – responde.
    Pau siempre ha sido muy responsable, consigo mismo, con sus hermanos... Sinceramente, no sé qué habría sido de mí sin su ayuda. Nunca hemos discutido. Es un muchacho ejemplar. Es bueno en sus estudios, trata bien a todo el mundo, es listo, aplicado, sincero y extremadamente minucioso en casi todo lo que hace. Lleva siendo así casi toda su vida.
    Es como el complejo de Peter Pan pero al revés; él quiere crecer y pronto. Lo que nunca me ha parecido bien. Sé que me ha ayudado mucho, pero siento que ha desaprovechado su infancia.
    Es verdad que ya casi es un hombre, no me había parado a pensarlo. Aunque cualquiera que lo viera diría que ya lo es. Es cosa de madres ver a sus hijos como si fueran bebés, aunque éstos estén ya casados e incluso tengan sus propios hijos.
    -Tú siempre vas a ser mi bebé- le digo acariándole la cara y el cuello.
    -No quiero ser tu bebé – contesta casi enfadado.
    Coge mi mano y la desliza hasta su pecho. Tiene la respiración muy agitada y el corazón le late muy deprisa. Inclina la cabeza en señal de pesar y a punto del sollozo.
    -¡Ey!, vamos, cariño – digo acercándome para abrazarlo.
    Estamos casi en verano y hace calor. Yo sólo llevo una camiseta y las bragas, por eso al ponerle la mano en el pecho y notar que no llevaba camiseta, no me he extrañado. Sin embargo, ahora que lo estoy abrazando siento que no lleva nada más.
    -¿Cariño? ¿Estás desnudo? - pregunto a pesar de saber la respuesta.
    Asiente con la cabeza en mi hombro.
    -¿Y qué pasa, que ya no le tienes respeto a la cama de tu madre? - pregunto entre chistosa e incrédula.
    -No puedo – responde casi inaudible, con la cara enterrada en mi pelo.
    -¿Qué quieres decir? - ya totalmente confundida.
    -Te quiero – me dice mirándome a los ojos. - Te quiero – repite.
    -Yo también te quiero mi vida.
    Repentinamente me agarra y me estrecha contra su cuerpo. Me quedo perpleja.
    -Yo me refiero a esto – susurra para a continuación besarme en los labios.
    Con una mano acaricia mi espalda mientras con la otra en mi cuello dirige el movimiento de mi cabeza. Me está besando, y no en la forma en que un hijo besa a su madre. Desliza suavemente su mano por mis caderas y de nuevo por la espalda acercándome aún más a él. Es en este momento cuando me doy cuenta de que estoy a punto de sentir partes de su cuerpo rozando con el mío. Partes que no quiero sentir bajo esta situación tan surrealista, así que, con tranquilidad, le pongo la mano en el pecho yo lo aparto de mí cuidadosamente.
    -¿Pau? - trago saliva. -¿Qué estás haciendo? - tomando conciencia de la situación.
    No obtengo respuesta.
    Me incorporo en la cama más exaltada.
    -¿Pau? - espero una respuesta impaciente, y lo miro de reojo, temiéndola.
    Espero que me diga que es una broma, pero Pau no es un chico de gastar bromas. Esto sería más propio de Vic pero no de Pau.
    -Estoy enamorado de ti – sentencia finalmente.
    -¿Qué? - digo débilmente por la impresión, el desconcierto y sobre todo por el terror. ¿De qué demonios me está hablando? ¿Se ha vuelto totalmente loco?
    Me levanto alterada de la cama, tratando de mirar al suelo, la cara desencajada y los brazos haciendo aspavientos, intentando despertar o lo que sea.
    -No puedes enamorarte de mí. Soy tu madre – sentencio.
    -No eres mi madre – advierte con pesar.
    -¿Cómo puedes decir eso? - incrédula y dolida.
    -Porque es verdad – pausa – Lo siento – dice con la mirada al suelo.
    Se levanta despacio y se dirige hacia mí. Me cruzo de brazos sin saber qué esperar.
    -He estado enamorado de ti desde siempre – dice mirándome a los ojos.- Te amo. Te deseo – aparta la mirada y roza mi brazo con el dorso de su mano.
    De pronto me siento incapaz de permitir que me toque y me aparto sobrecogida e impresionada.
    -Tú lo eres todo para mí – dice dolido por mi reacción.- Por ti soy como soy. Todo lo que hago lo hago por ti y pensando en ti... - coge aire y me mira a los ojos para concluir- Sólo he pensado que ya era hora de decírtelo.
    Se da la vuelta despacio y se marcha de la habitación.
    Me quedo sola, desconcertada y a oscuras en el silencio de la noche. Creo que no voy a poder dormirme otra vez.

  2. #2
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    Talking Re: Novela Porno-Romántica

    1º CAPÍTULO
    La semana pasada fuimos a la playa en la cala. Está a unos veinte minutos de la ciudad y casi nunca hay nadie. Es el mejor lugar del mundo y mis hermanos y mi madre piensan lo mismo. Por eso, cuando hace buen tiempo, lo aprovechamos para acampar todo el fin de semana o simplemente pasar el día. Es un trocito de cielo entre el mar y el campo donde podemos retozar como dios nos trajo al mundo, bailar alrededor de una hoguera, comer con las manos y un sin fin de ejemplos más de cosas que no se pueden hacer sin quitarse de encima metros y metros de ataduras de las normas morales de la sociedad. En cuanto ponemos un pie en este lugar todos sentimos la bofetada del viento invitándonos a jugar con él. Nos desvestimos y corremos al agua. Es la sensación más maravillosa del mundo, nadar y sentir que formas parte de algo grande y poderoso. Te sientes vivo y en paz con el mundo, compartiéndolo con los seres a los que quieres y viendo en sus caras el reflejo de tu propia alma.
    La semana pasada, sin embargo, fue diferente porque vino gente.
    Mis hermanos estaban en el agua buscando piedras rojas. Les había propuesto que luego las trituraríamos para hacer barro y después pintarnos el cuerpo con ellas. Mi madre estaba tumbada a sol, leyendo una novela con unas enormes gafas de sol estilo retro que cubrían casi toda su cara. Tan concentrada que podría estar dormida, incluso aguantando el libro en el aire.
    Se me escapó la risa y giró la cabeza hacia mí. Agachó la cara y me miró por encima de sus enormes gafas. Sonrió.
    -¿De qué te ríes? - preguntó frunciendo el ceño pero sin perder la sonrisa.
    -Parecía que estabas dormida.
    -Si no estoy babeando, es que no estoy dormida -rió- Además está muy interesante-. Refiriéndose al libro.
    -¿Por dónde vas?
    -Por un niño muy malo que encierra animales en una nevera.
    -Tranquila, luego le dan su merecido.
    -¡Pero no me lo cuentes!- chilló enfadada mientras intentaba golpearme con el libro.
    -Cuidado, eso es un buen tarugo- le advertí entre risas.
    Entonces vi que se acercaba un coche.
    -Viene alguien- dije.
    Me puse unos vaqueros y anduve hasta la orilla.
    -¡Vic!- le llamé-¡Víctor, Carlos!- más alto.
    -¿Qúe?- respondió Víctor saliendo del agua.
    -Ponte el bañador, viene gente.
    -¿Y a mí qué?- respondió- esta playa es libre.
    -Hay niñas de tu edad- le advertí.
    Miro para cerciorarse. Venían dos muchachas de unos quince años acompañadas por otra mujer de unos treinta.
    Vic corrió al coche a buscar su bañador.
    -¿Y de mi edad? ¿De mi edad hay alguien más?- preguntó Carlos ansioso.
    -No- respondí- pero parece que tienen un perro.
    -¿Un perro?-exclamó eufórico justo antes de correr hacia él. Alexis le siguió.
    Odio cuando hace eso. Cualquier día le arranca la mano un perro.
    Me acerqué a Vic.
    -Esas dos están en mi instituto- dijo-. Las llaman las Olsen.
    -¿Y eso?
    -Porque son gemelas y rubias- dijo como si fuera obvio.
    -Ah. Es que es tan original que no había caído- me burlé.- Anda y ve a buscar a estos dos.
    -¿Por qué no vas tú?
    -Porque te estoy dando un buen motivo para acercarte a las Olsen.
    -Siempre sabes lo que decirme para manipularme a tu antojo- se fue diciendo.
    Me acerqué a mi madre y me recosté a su lado en la arena.
    -¿No vas a vestirte?- sólo llevaba la parte inferior del bikini.
    -No, no hay ningún hombre.
    -¿Y qué? Esa mujer no ha parado de mirarte las tetas desde que ha llegado.
    -¿En serio?- se giró para comprobarlo.- ¡Es verdad! Me estaba mirando y ha disimulado. ¿Crees que será lesbiana?
    -O eso o es un hombre disfrazado- respondí.
    Se habían asentado a unos diez o quince metros de donde estábamos nosotros. Vic había entablado conversación con las chicas, y Carlos y Alexis seguían corriendo detrás del perro. Le tiraban piedras para que las buscase, pero el animal sólo corría de un lado para otro, persiguiendo a las aves y ladrándole al agua como un loco. A mí no me gustan los perros, es algo mutuo, pero Carlitos lleva pidiendo que le dejemos tener uno desde que sabe hablar. Alexis va por el mismo camino, es su joven padaguan.
    Decidí no preocuparme más, no parecía peligroso. Me eché boca abajo y cerré los ojos. Los entreabrí un poco y delante de mí sólo podía ver el muslo de mi madre que seguía sentada a mi lado. Parecía tan terso y suave que no pude evitar alargar un dedo y acariciarlo. A través de él sentí como un remolino de aire caliente, que se apoderaba de mi cuerpo desde los pies hasta los pelillos de la nuca, y que me impedía respirar. Al mismo tiempo en que mi dedo sentía el calor aterciopelado, a ella se le erizaba la piel. Se giró y me miró. A los ojos, con la boca entreabierta, me miró de arriba a abajo y me estremecí.
    -Vas a quemarte con el sol- dijo-. Échate crema- alargó la mano hasta el bolso para cogerla.- Yo te la echo. Te voy a hacer un dibujito- dijo regulando el tapón.
    Sentí el frío y el cosquilleo de la crema deslizándose por mi espalda. Yo tenía que adivinar qué estaba dibujando.
    -Un sol- intuí.
    -No.
    -Una...¿flor?- de repente ya sabía lo que era.
    -No, no es una flor.
    Lo había sabido desde el principio en realidad.
    El viento se paró a mi alrededor y todo se quedó en silencio. Sólo podía oír el martilleante ruido de mi corazón desbocado.
    -¿Qué?, ya lo sabes, ¿no?
    -Creo que sí-. Tragué saliva y contuve la respiración- Pero no sé cómo se dibuja eso- me atreví a preguntar.
    Sentí que estaba al borde de un precipicio por el que estaba a punto de caer. Me sentía sobrecogido, en incluso asustado.
    -Pues te vas a quedar sin saberlo- dijo al tiempo que untaba la crema en mi espalda-. Ya lo he borrado, para que nadie más lo viera- hablaba despacio y profundamente.- Ahora lo está absorbiendo tu piel.
    Me estremecí, por su forma de tocarme y por su forma de hablar. Me excité.
    -Estás muy tenso, tienes la espalda cargada- decía mientras sus manos recorrían mi cuerpo de arriba a abajo.
    Me asfixiaba. Contenía la respiración al igual que el resto de mis impulsos. Me contenía para no explotar, pero iba a hacerlo de todas formas. Ella no paraba de tocarme así. Me masajeaba los hombros, me acariciaba la nuca...
    -Date la vuelta- me dijo.
    -No, que así estoy cómodo- no pensaba darme la vuelta por nada en el mundo.
    -Date la vuelta que te eche en el pecho.
    Ni loco iba a darme la vuelta.
    -Date la vuelta- me susurró al oído.
    Se me puso el vello de punta. Me agarró del brazo con suavidad, me hizo girar. Se acercó más a mí.
    -¿Por qué no querías girarte?-preguntó burlonamente, como si ya supiera la respuesta.
    Sentía la boca seca. Me pasé la lengua por los labios y tragué saliva, con ella mi contestación.
    -¿Era por esto?-dijo colocándose sobre mí y sentándose sobre el motivo en cuestión.-¿Y si hago esto qué pasa?- dijo inclinándose sobre mí para lamer una oreja y a continuación morderme el cuello.
    En ese momento dejé de contenerme. La agarré por el cuello y la cintura y la tumbé de espaldas contra la arena. Me puse encima suya y la contuve. Ahora yo tenía las riendas. Ahora era ella la que me deseaba, y yo no iba a hacerme de rogar.
    Iba a besarla cuando me desperté. Estaba tumbado en la arena, pero mi madre no estaba. No sabía cuánto tiempo llevaba dormida. Ni estaba seguro de qué había sido real y qué un sueño.
    Me toqué la espalda. Parecía que lo de la crema no había sido real, y después de pensarlo un rato, llegué a la conclusión de que ni siquiera le había llegado a tocar el muslo...
    Aún así, yo seguía empalmado.
    Me incorporé para buscarla. Se dirigía a la orilla. Posiblemente me desperté cuando ella se levantó. Ya se me estaban empezando a pasar los efectos del sueño. ¡Parecía tan real!, las sensaciones, su olor, su voz... Pero ahora todo se iba nublando, empezaba a olvidar los detalles que hacía unos segundos me estaban volviendo loco.
    Me levanté y anduve hasta la orilla. Allí estaban todos reunidos en congregación. Los niños chapoteaban y salpicaban a las niñas, Vic trataba de impresionarlas, y esa tía... Se reía con mi madre. No sé de qué se reían, pero esa mujer me miraba de una manera extraña. No me gustaba.
    -Este es mi hijo mayor, Pau- dijo mi madre,- mirándome y sonriéndome.
    Hacía unos minutos estaba sentada sobre mi pene. En mi mente, claro.
    -¿Tu hijo? No me lo puedo creer. Pareces muy joven- exclamó la otra.
    -Y los otros tres también- reconoció.- Ese es Víctor, que tiene quince años...
    -Sí, mis sobrinas me han dicho que están en la misma clase o algo así- interrumpió.
    -Creo que coinciden en un par de asignaturas- dijo mi madre para continuar.- Y estos son Charlie Brown, Carlos- tocándole la cabeza y revolviendo su pelo mientras éste pululaba a su alrededor-, que tiene diez años. Y el pequeñajo, Alexis, de cuatro añitos.
    -¿Diez años?- reaccionó sorprendida una de las gemelas-¿Y no eres muy grande para bañarte desnudo en la playa? Tu hermano es más pequeño, ¿pero tú?- la otra rió.
    -A mí me da igual- respondió Carlos indignado con los brazos en jarra- Yo siempre que vengo aquí me baño desnudo, porque es lo que me gusta, y sólo porque venga gente no voy a dejar de hacerlo- Y concluyó saltando en plancha en el agua y salpicando a todo el mundo.
    -Es mi héroe-dramatizó Vic.
    Yo pensé lo mismo.
    Todos se dispersaron, y Carlos vino hacia mí chapoteando y riendo.
    -¿Me has visto?- buscando mi aprobación.
    -Sí, ha sido muy sagaz- le reí las gracias.
    A veces tiene unos prontos que no puedes evitar reírte. Es increíble que tengamos la misma sangre.
    -Se han quedado todos alucinados- se fue riendo.
    En la orilla seguíamos la mujer que le miraba las tetas a mi madre, mi madre y yo.
    -¿Y tú cómo te llamas?, por cierto- pregunté con curiosidad.
    -Mª José- respondió mirando a mi madre, cuando era yo el que le había preguntado.-¿Y tú cómo habías dicho que te llamabas? Eva, ¿no?
    -Sí- respondió ella y le sonrió tontamente.
    -Yo es que conozco a varias Evas, pero todas son rubias. Tú eres la primera Eva morena que conozco.- Contó estúpidamente como si fuese muy gracioso.
    Las dos rieron...
    -Oye, sigo sin creerme que todos estos sean tus hijos- insistió Mª José- No debes tener menos de treinta.
    -Treinta y uno.- Replicó mi madre y sonrió con pudor.
    -Vosotros dos sólo os lleváis once años- dijo mirándome esta vez.
    Iba a recordarle los casos de violaciones en que niñas de nueve años quedaban embarazadas. Pretendía perturbarla y cambiar el hilo de la conversación, pero Carlos, que a pesar de estar unos veinte metros más adentro se había enterado de todo, respondió.
    -Es que somos adoptados- chilló desde la lejanía.
    Vaya, ya lo había dicho, se había quedado a gusto.
    A mi madre no le gusta hablar de ese tema. Para ella somos sus bebés, los que no pudo tener. Recordarle que no éramos sus hijos era recordarle cómo perdió a los suyos.
    Oí cómo una de las niñas le preguntaba a Vic.
    -¿Sois adoptados? No lo sabía- sorprendida.
    -Sí, ¿y qué?- respondió seco.
    -Nada, que es guay- respondió la otra sonriendo abiertamente- ¿Y sabes quiénes son tus padres?
    -No, ni me importa.
    Cambiaron de tema y dejé de oírlos.
    Mi madre y Mª José seguían hablando y dándole vueltas al tema. Ahora hablaban sobre nuestras adopciones.
    -Entonces, ¿ninguno son hermanos entre ellos?-preguntó sorprendida Mª José.
    -No, ninguno son hermanos de sangre- mintió mi madre, como siempre.
    -Eso me parece precioso. Tu marido y tú tenéis que estar muy orgullosos- dijo como si adoptar fuera lo mismo que recoger de la calle animales abandonados. Además introdujo como pudo la palabra marido, como el que no quiere la cosa.
    -Mi marido- rió mi madre, por no llorar- Mi marido hizo un día la maleta y se fue sin avisar.
    -Lo mejor que pudo haber hecho- repliqué yo.
    -Pues sí – confirmó ella.- Lo único que me disgustó fue que se llevara el coche. Pero mirándolo por otro lado, seguramente llegó más lejos que a pie.- Ni se lo imagina.
    -No digas más- dijo Mª José- el mundo está lleno de capullos.- Hizo una pausa y añadió- ¿Y te dejó sola con los cuatro niños?
    -Con los tres- dijo mi madre.- De esto hacen ya siete años, aún no teníamos a Alexis. Y tampoco estaba sola, Pau me ha ayudado siempre – dijo sonriéndome.- Es mi ángel de la guarda.
    -Dirás que soy tu chacha de la guarda, ¿no? - Me reí nervioso. Me da mucha vergüenza que mi madre me halague en público.
    -¿Y después de eso adoptasteis a Alexis? - preguntó Mª José con curiosidad.
    -¿Alguna vez te han dicho tus padres o tus hermanos, de pequeña, que tú eres la hija de unos gitanos que te abandonaron en un canasto, en la puerta de tu casa, y te recogieron?.-Le pregunté directo.
    -Es posible- rió ella.
    -Pues eso es lo que nos pasó con Alexis hace cuatro años- concluyó mi madre. - Un día llamaron al timbre, de madrugada, y allí estaba en la puerta. Recién nacido. Buscamos a los padres pero nadie lo reclamó.
    -Así que pensamos que si lo habían dejado en nuestra puerta era porque los padres querrían que lo tuviéramos nosotros – expliqué.
    -¡Qué fuerte! - soltó riéndose.- Ya lo veía yo muy morenito – siguió riendo.
    -A ver, que a lo mejor no es gitano – dije.
    -A lo mejor es mestizo – rió mi madre. - La cosa es que no lo sabemos, pero tiene ese aire.
    -Dadle una guitarra flamenca y según el arte que tenga... os hacéis una idea – los tres reímos.
    Tenía mucho calor. Quería darme un buen baño pero no tenía bañador y meterme en el agua con los vaqueros me parecía una idea asquerosa. Además ya tenía los pies arrugados y no quería seguir ahí en la orilla como un pasmarote cotilla que no se separa del lado de su madre. Aunque no quería dejarla sola.
    -Mamá, voy a ir a por un bañador – le dije apartándola un poco.
    -¿Ahora vas a ir? Vas a tardar, está lejos – me advirtió. - ¿No llevas ninguno en el coche?
    -No.- Estaba seguro.- Intentaré no tardar. ¿Quieres que traiga algo?
    -Sí. - Dijo tras recapacitar un rato.- Trae crema protectora que se me olvidó echarla al bolso esta mañana.
    -Vale.- Respondí al tiempo que me tragaba el corazón, que acababa de subírseme a la garganta.
    Me fui rápidamente, no quería tardar. Al recoger mis cosas (móvil, llaves, dinero) me di cuenta de que tenía una llamada perdida. Era de Claudia, una chica que conocí hacía un par de semanas. Seguramente querría quedar, pero yo en ese momento prefería no entretenerme. Incluso había pensado en comprar el bañador y la crema en una tienda que quedaba mucho más cerca que mi casa.
    Arranqué el coche y me dirigí campo a través hasta la carretera.

    CONTINUARÁ....

  3. #3
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    28 ago, 08
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    ¿no considera que jugar con el incesto , repercutira negativamente en el balance que haga el lector luego de leer su historia ?.

    aunq reconozco que ud escribe bien , su primer cuento me parecio repudiable .historias como esa , le aseguro , le restara popularidad dentro del foro y en cualquier otro lugar . creo que nadie debe escudarse en el arte para tratar de dar derecho de ciudad a hechos tan execrables como la relacion sexual entre una madre y su hijo .
    Última edición por roberto carlos; 06/02/2009 a las 22:17

  4. #4
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    06 feb, 09
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    NO PROMUEVO NI APOYO EL INCESTO.

    Espero que hayas comprendido que es la misma historia, primero narra el hijo (que es adoptivo, que la conoció cuando ya era casi un adolescente) y luego la madre.

    Espero otra opinión... Si no es bien recibida mi historia la borro y santas pascuas.
    No pretendía herir a nadie.

  5. #5
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    28 ago, 08
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    no creo que la historia hiera a nadie , solo que atenta contra la moral publica .el tipo de relacion que se infiere del primer cuento es inaceptable ,porq aunq ud diga que aquella sra es la madrastra del joven , esto ,en aquel relato no queda muy claro .es verdad que el detalle de ser madrastra en vez de madre disminuiria considerablemente , segun la percepcion del lector , el caracter pecaminoso de la relacion .

  6. #6
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    jooo más de 20 visitas y nadie más aporta su opinión??

    venga ya... no os dejéis engañar por la primera impresión...

  7. #7
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    Cita Iniciado por roberto carlos Ver Mensaje
    no creo que la historia hiera a nadie , solo que atenta contra la moral publica .el tipo de relacion que se infiere del primer cuento es inaceptable ,porq aunq ud diga que aquella sra es la madrastra del joven , esto ,en aquel relato no queda muy claro .es verdad que el detalle de ser madrastra en vez de madre disminuiria considerablemente , segun la percepcion del lector , el caracter pecaminoso de la relacion .
    pero a ver que te estoy diciendo que es una única historia. no sé si habrás leído libros, pero el primer mensaje es la introducción, luego el comienzo del capítulo 1. es la misma historia ok? lo explico muy bien el caso, y que es adoptado. no hagas críticas tan tajantes si no te enteras de lo que has leído.

  8. #8
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    28 ago, 08
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    bueno .segun su introduccion ,la sra y el joven no acaban de conocerse ,entre ella y el hay una relacion de madre a hijo desde hace muchos años ,por lo que recurrir a la no consanguinidad para legalizar moralmente ese incesto o intento de incesto me parece un recurso invalido .¿si ud se enterara de que su padre en realidad no es su padre, aunq la haya criado como tal , eso la impeleria a buscar amancebarse con el?
    Última edición por roberto carlos; 06/02/2009 a las 23:59

  9. #9
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    mira, el objetivo de mi historia es que pienses una cosa hasta que leas lo siguiente para sorprenderte.
    no lo juzgues sin terminar de leerlo.
    vuelvo a insistir que ese niño no ve en esa mujer una madre, sino lo que es, una mujer, puesto que ya tuvo una madre (que perdió) que lo crió, ¿entiendes?
    tú me estás diciendo que si (ojalá que no) se muere tu madre, y te imponen una nueva, la sentirás como tu madre obligatoriamente? podrías verla como una maestra, una vecina, una amiga, una madrastra malvada,... podrías enamorarte de ella.

  10. #10
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    Predeterminado Re: Novela Porno-Romántica

    Conduje unos minutos hasta que vi el primer coche. Un todoterreno negro me adelantó con brusquedad y se colocó delante mío, para a continuación aminorar la velocidad y frenar en seco. Estuvo a punto de hacerme chocar, el frenazo me levantó del asiento.
    Paró el motor. El conductor abrió la puerta. Me di cuenta de que era una mujer cuando bajó la primera pierna del vehículo. Llevaba unas botas negras de tacón, de esas que parecen altas pero como si se hubieran enredado en los tobillos. Me encanta la forma que le dan esos zapatos a los pies de la mujeres. Es como si alargaran las piernas, y éstas en concreto parecían infinitas, delgadas y estilizadas. Terminó de bajarse del coche con un saltito y se colocó la falda pasándose las manos por el trasero. La falda era tan corta que seguramente al alisarla se puede llegar a tocar el culo.
    Se dio la vuelta con soberbia y cerró de un portazo.
    Llevaba unas gafas de sol oscuras y una coleta alta con una gran nata de pelo negro y liso. Me sonrió con picardía quitándose las gafas, y vino hacia mí.
    Se apoyó en mi puerta y fue entonces, teniéndola a unos centímetros de mi cara, cuando me di cuenta de que la conocía. Era una compañera de clase, pero no estaba seguro de qué clase era la que compartíamos. En realidad tampoco recordaba su nombre.
    -Hola Pau, ¿Cómo estás?
    -Bien. - Parecía que ella sí se acordaba del mío, así que no eran plan el preguntarle. - ¿Y ése coche?
    -Es nuevo, ¿te gusta? - exclamó. - Me lo han comprado mis padres porque por fin he aprobado bioética.
    -La verdad es que te pega, se ve fuerte y potente.
    -¡Qué descarado! - Me dio un empujón.- ¿Tú no habías quedado en llamarme?
    -¡Pero si al final no me diste tu número! - Supongo que si me lo hubiera dado la recordaría mejor.
    -Es verdad.- Qué suerte.- Se me olvidó.
    -Pues dámelo ahora.- Le dije con una gran sonrisa y guiñándole un ojo.
    -¿Y cuándo piensas llamarme? - Me dijo mirándome a los ojos de una manera muy sensual.
    Salí del coche y la enfrenté. La miré de nuevo de arriba a abajo. Me apoyé con una mano en el coche y la acorralé de espaldas contra él.
    -Si quieres puedo llamarte ahora, ¿tienes algo que hacer? - le pregunté muy serio.
    Me lanzó una sonrisa pícara y al instante me agarraba del pelo y me besaba con furia. Me rodeaba el cuello con sus largos brazos y pegaba su pelvis a la mía. La rodeé por la cintura y la estreché más contra mí. Deslicé mi mano por su culo hasta el borde de su falda y la introduje debajo. Era tan fácil como parecía.
    Levantó una pierna y me rodeó con ella, ya sólo la ropa se interponía en el camino de mi polla. Al sentirla gimió con suavidad y se separó de mí.
    -¿Quieres que vayamos a mi casa? - dijo cogiéndome el paquete.
    Me pareció tremendamente sexy. Me miraba el bulto del pantalón y se mordía el labio con lujuria. ¿Cómo podría decirle que no?
    -Me encantaría- contesté.- Pero no puedo.
    -¿Estás de broma? Tú eres el que me ha dicho que ahora.
    -Pero ahora es aquí y en este momento. No puedo ir a tu casa, está lejos y tengo cosas que hacer.- Expliqué.
    Resopló e hizo un chasquido con la lengua, me miró de nuevo de arriba a abajo y finalmente sonrió. Se dirigió a su coche, balanceando sus caderas y a mitad de camino se giró para mirarme. Me hizo un gesto con el dedo para que le siguiera, y entró en su coche por la puerta de atrás.
    Me acerqué y la encontré recostada en el asiento trasero.
    -Vamos, ven aquí – me dijo haciendo de nuevo ese gesto con el dedo índice. - Y acuérdate de cerrar la puerta.

    CONTINUARÁ...

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