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Kuni, el ave que buscó una amiga

Una anciana de edad avanzada, visitaba el parque todas las tardes del sábado a finales del verano, a sentarse y leer sus libros. Ella fue una gran artista pasando del óleo, al cine y culminando con la escritura, utilizando lo que restaba de su vida, escribiendo sobre ella.

Plasmando momentos importantes en sus obras, ella contemplaba tranquilamente esas tardes en el parque a leer y recordar lo que ella había escrito: desde su primer romance hasta la pérdida de seres importantes, para, finalmente ella terminar sola el viaje de la vida.

Lo que más tranquilizaba a la anciana, era sentir vida emanar de ese lugar, la brisa del aire y las aves silbar.

Una de las típicas tardes que leía, notó que un ave estaba caminando muy cerca de donde ella estaba sentada, y ésta picaba hojas y volteaba a mirar a la anciana. La anciana solo le sonreía en repetidas ocasiones, para volver a concentrarse en su libro.

Durante los siguientes días, observó que esa ave, -que por cierto muy peculiar-, se acercaba a donde ella se encontrara sentada. El ave, <<que de hecho era una paloma>>, era fácil de distinguir: mientras el resto de las palomas eran grises y cuello oscuro, la paloma que seguía a la anciana, dejaba asomar dos ojos redondos muy grandes, sus patas el doble de largas, y los colores de su plumaje eran invertidos: cuerpo oscuro y cuello gris tenue.

Cada que la anciana miraba a esta paloma le causaba gracia que ésta, además de ser algo singular, hacer las acciones opuestas, como por ejemplo: mientras las palomas volaban de árbol a árbol, esta paloma prefería desplazarse en sus dos patas y subir a los árboles con un poco más de dificultad.

Con el paso del tiempo, la anciana le cogió cariño a “Kuni”, a quien había llamado enternecida, ya que Kuni le recordaba a una amiga de su infancia del mismo nombre, y a la que le divertía hacer todo al revéz: si los demás se sentaban a comer, ella lo hacía de pie; si los demás andaban en dos pies ella prefería andar en “cuatro”, usando sus dos manos para ayudarse. Eso, entre otras cosas que la anciana le recordaban graciosas. 
Desafortunadamente, un día sostuvieron una fuerte discusión, terminando su amistad.

Ese último día que la anciana recuerda a su amiga Kuni, discutían por una gran diferencia que mantenían hacía un tiempo. En el momento que empezó a notar al paso del tiempo, las gracias que Kuni hacía, o así lo recuerda, terminaron por aborrecerla, y recuerda haberle gritado a Kuni indicándole que jamás crecería, desprendiendo posteriormente su comunicación, y no volver a verla más.

Antes de levantarse de la banca, la anciana se despidió de Kuni el ave, y acto seguido el ave se acercó a la anciana e hizo algo que nunca hizo antes: le guiñó el ojo izquierdo, tal como lo hacía su amiga Kuni, y después ésta se despidió volando.

La vida nos puede traer momentos sencillos que olvidamos al crecer, y a veces regresan a nosotros de formas inesperadas.

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