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Memorias de un canillita (tercera parte de tres)



 

TERCERA PARTE

Mis cosas marcharon bien. No me podía quejar. No tenía necesidad y además nunca lo había hecho. Los problemas están para solucionarlos. Está en cada uno arreglárselas solo y no esperar que le tiren una mano.

Hay muchos que siempre están a la espera de que alguien les arrojé una tabla de salvación y si ésta no llega se hunden y a otra cosa. Hay que pelearla, trabajar duro, ¡no aflojar! La vida, al final, siempre te sonríe.

Un muchachito del barrio, cuyo padre sufrió un accidente quedando postrado en una silla de ruedas, se ofreció para ayudarme en el puesto. – Así podrás tomarte un descanso por las tardes y yo me ganaría unos pesitos- Me explicó en forma rápida.

Y como aprobando su sinceridad, no lo dudé y lo tomé como empleado. Mi primer empleado.

Mi vida cambió. La primera semana la aproveché para dormir, mi cansancio acumulado necesitaba horas de sueño. La segunda no supe que hacer conmigo mismo. Tenía que ocuparme en algo. Comencé a visitar los cines. En años no tuve la posibilidad de ver una película. Por casualidad entré cierta tarde a un Cine-Debate. Me sorprendió el conocimiento de la mayoría de los espectadores sobre la película que habíamos visto y sobre cine en general. Desde ése día, embelesado por las películas que ofrecían y especialmente por las charlas posteriores a la función, me convirtieron en un asiduo concurrente a dicho lugar.

Comencé a escuchar con atención los pro y contra sobre la dirección, sobre la actuación de los artistas, iluminación. Pedí y recibí folletos especializados, me brindaron la lista de las películas a estrenar. En casa llené horas en la lectura. No me fue fácil al principio comprender los vocablos específicos de la cinematografía. Preguntas y consultas a la gente del cine, me ampliaron el conocimiento sobre ese mundo desconocido por mí hasta entonces.

Al año siguiente me ofrecieron entrar como miembro en la Comisión que organizaba los debates, que emitía los panfletos alusivos, que elegía las películas, enf in el trabajo no escaseaba. Yo tenía tiempo libre, mi entusiasmo fue en aumento al penetrar en ese extraordinario séptimo arte tan lleno de suspenso, intriga, acción y belleza.

El tiempo y las horas de trabajo en el puesto fueron cada vez menos. Lionel, mi empleado, ya dominaba completamente el asunto. Resultó ser un muchacho muy competente. Fue autor de muchos cambios que resultaron muy efectivos. Entre ellos, la sugerencia de solicitar permiso para colocar una especie de puesto con techo y paredes transformándolo en un kiosco como corresponde. El permiso fue otorgado y el ° Kiosco del Pibe° se transformó con los años, en un lugar que siempre se reunían los muchachos para charlar y comentar las noticias del momento. Nunca estaba aburrido, siempre estaba abierto y siempre se encontraba con quien charlar.

Mi amigo el periodista nos abandonó en un día caluroso de verano. A los pocos días del entierro, varios de sus colegas del diario me pidieron que escriba unas lineas sobre él; ellos se ocuparían de publicarla dentro de su Rincón en el matutino.

Recuerdo que siempre acepté el humor, pero hacerlo sobre un amigo ausente, era demasiado. Después de escucharlos, capté que hablaban en serio, no había nada de chiste en la propuesta. Es más, me propusieron que relate un informe sobre la actualidad económica, con mis palabras, con mi forma de ver las cosas, todo bajo los ojos de uno del montón. Después de entregarles la nota piloto, la llevarían al encargado de las correcciones y luego, también ellos, la presentarían al encargado de publicación. Estaban seguros de que sería aceptada la propuesta.

Tardé tres días en prepararla.

El día que fue publicada la nota, en la cual expresé mis respetos hacia un amigoque desgraciadamente nos abandonó, comenté además, en unas pocas lineas, sobre el nuevo Plan Económico del gobierno, todo visto por los ojos de uno del pueblo. Firmé, según lo propuesto por los muchachos del diario, bajo el seudónimo °el Pibe°

El Rincón Económico de ése día fue comentado por todos los diarios de la ciudad.

Yo mismo no podía creerlo. Los muchachos, mis °colegas del diario° vinieron a la tarde de aquél !!21 de Noviembre!!  al kiosco a festejarlo. Tomamos y nos reímos hasta la madrugada en aquella esquina céntrica.

En los días siguientes muchas personas con el motivo de comprar el diario se acercaron para conocerme, para darme un apretón de mano y felicitarme.

 

Hoy en día, entre mi Rincón en el diario y la Dirección del Cine-Club, no me queda tiempo libre para ocuparme del kiosco. Suerte que Lionel esta allí para reemplazarme.

Creo que lo hace mejor que yo.

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Palabras de Agradecimiento

A todos aquellos que brindaron parte de su tiempo en leer sobre los simples acontecimientos ocurridos en mi modesto paso por el mundo, les agradezco con sinceridad.

Muy amables y muchísimas gracias.

el pibe

 

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*Registrado, Safecreative  N°1004105958647

*Imagen de la Web

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