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Sobre hogueras y dioses.

WalkerWalker Anónimo s.XI
editado julio 2016 en Filosofía
Desde niño, al mirar una hoguera, en ocasiones, imagino que es una enorme y candente ciudadela en la que millones de seres viven como una civilización, como todos los seres de un mundo que va mutando por el consumir del fuego. Viviendo y pereciendo todos esos seres diminutos e invisibles en lo que para ellos es una eternidad, su eternidad. El lapsus de tiempo en el que se consume la madera por las llamas, destruyendo por completo su mundo. Para terminar convertidos en ceniza ante mis ojos.
Curiosamente, tiempo después, descubrí que mi imaginación infantil y la filosofía no estaban tan reñidas, al descubrir la teoría del microverso. La cual propone que, a la inversa del universo, existe una infinitud, también, en lo más pequeño. Pudiendo así ser plausible la existencia de seres racionales, y hasta de tecnología superior a la actual humana, viviendo en alguna partícula de tan insignificante tamaño que ni nosotros podríamos saber de ellos, a ciencia cierta, ni ellos de nosotros.
Con esta nueva idea, pensada por otros hace ya mucho tiempo, al mirar a una hoguera, en un principio, debido a mi ego, me sentí como un dios ante esos seres que podían vivir dentro de la candente madera. Y me pensé benévolo, poniendo leña para alimentar la hoguera, dándoles así, tal vez, más "eternidad" a tales seres. Otras me consideré caprichoso, quizás maligno, al golpear y deformar a mi antojo la hoguera con un palo para avivarla. Por lo que traté de ser justo, pensando que la bondad lo sería, pero al poner un leño al fuego, sin poder evitarlo, rompía parte de la hoguera, y al tratar de componerla con el palo sólo conseguía deformarla más.
No soy un dios, ni nunca he visto uno, pero de seguro, si existen, tienen una tarea muy complicada. Tal vez sólo hagan como yo hago ahora y aviven y pongan la leña necesaria para la existencia de tal hoguera, independientemente del parecer de los seres que tal vez la habiten o sus deseos para con ellos. Quizás, imposibilitados, como yo, para impartir justicia. Justicia, algo que en magnitudes divinas parece no poder existir, pues no hay balanza que pese lo que no se puede medir: todos los pareceres de qué es justicia. Con lo que pueda ser que, si existen, los dioses no tenga ego, ni sepan de injusticias ni de reflexión. Y sólo aviven el fuego, echando la leña que necesita.
La verdad, no los creo con conciencia, estarían todos locos. ¿Quién no perdería la razón si al simple avivar de una hoguera oyese el gritar de millones de seres que por su mano perecen? No, los dioses no deben de saber de lágrimas, ni de justicia, ni de dolor. Tal vez sean sólo la personificación del ego humano, sus miedos y anhelos.
O tal vez. ¿Quién sabe? Sólo sean un tipo con frío y un palo, como yo, ante la hoguera que es nuestro universo, teniendo esta misma reflexión.

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