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Cuaderno de Escritura Automática (Perplejo)

PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
editado julio 2016 en Taller de Prosa
Abro este espacio para hacer un experimento.

Tengo un problema con la autocrítica. Soy tan consciente de mis fallos que no consigo fluir por lo que los textos resultan artificiosos y sin vida. Me enfado conmigo mismo, me siento frustrado, por lo que no disfruto y me evado para no sentir ansiedad. Entro así en una espiral que me impide concentrarme hasta perder completamente el foco. Estoy asistiendo a unas clases con una profesora que nos está dando métodos novedosos para afrontar el acto de escribir. Este ejercicio consiste en meditar 10 minutos y escribir de forma automática 10 minutos. Como uno no puede corregir ni pararse a pensar, se obtienen textos con fallos, repeticiones e incongruencias. Pero no importa, el objeto no es conseguir textos pulidos sino educar la atención y la indulgencia con uno mismo que a mí me viene al pelo.

Espero ser constante.

Comentarios

  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Una flor puede ser como un paracaídas sino fuera porque su misión es estar hundida en la tierra. Una flor ya ha caído, siempre ha estado caída. Más bien una flor puede aspirar a volar, así que su corola se puede adaptar como un ala delta o un globo aeroestático y sus raíces se podrían desprender un buen día. Una flor voladora apenas sería un vegetal pues no concebimos un vegetal con movimiento, o por lo menos con movimientos rápidos. La cualidad que distingue a los vegetales de los animales, en nuestra mente, es el sedentarismo. ¿A dónde querrá ir una flor voladora?, ¿a diseminar semillas? No tiene sentido, las semillas de las flores, como el diente de león ya son voladoras. Quizás una flor voladora necesite cortejar por sí misma a otras flores. Puede que esté cansada de que los insectos hagan de celestina y le impidan hacer el ritual de cortejo. Y si no, ¿para qué sus formas caprichosas y sus vivos colores? La flor anhela ir al encuentro de otras flores. Es por eso que la evolución, tarde o temprano, dará como resultado a una flor voladora, una flor galante, una flor enamorada. Pero eso sí, cuando una flor pueda volar también podrá caer, quizás rechazada. Quizás la flor objeto de su exhibición quedé sorprendida para mal, puede que le parezca inapropiado. Entonces sí, ahora la flor tiene posibilidad de caer, volar le habrá parecido una locura, un esfuerzo inútil. Si adapta sus pétalos alados para planear la caída y no morir en la tierra sí tendríamos una flor paracaídista. Y si pudiera colocar sus raíces en forma de cuña para volver a hundirse en tierra, como si fuera un dardo en el corcho, mejor que mejor. Obtendríamos una flor fuerte, avezada, una flor casi animal. Pero al mismo tiempo sería una flor que habría conocido el sabor amargo del rechazo. Sería una flor superviviente. Una flor triste. Si yo fuera un flor triste me haría cortes en los pétalos para no parecer tan hermosa, oscurecería mi color hasta verme marrón o azul de Prusia. Quizás, en el colmo de la austeridad adaptaría mis pigmentos hasta volverme gris. Una flor paracaidista, que estuvo enamorada y fue rechazada, gris y con cicatrices en los pétalos.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Creo que una vez me comí el color azul. No era algo de color azul, ni siquiera teñido de azul: era el mismo color, masticado por mis dientes, bajando por mi esófago. No sé si resistiría los ácidos del estómago y mucho menos si completó el transito sin cambiar a azul marino o celeste. Hay tantas cosas que dan vueltas además de mi cabeza: el ventilador, el molino, la noria, la lavadora, el reloj, las tornas… nadie ve ningún problema en ello. Nadie llama neurótico al molinero o la lavandera. Estoy disperso, lo noto. Estoy aquí y en el gimnasio, sacando la colada y vigilando el horno. Estoy en la oficina, discutiendo con una y ofreciendo comida a otra. Aquí están mis dedos, los veo escribir. En el gimnasio deben estar mis pectorales, contrayéndose. En la oficina debe estar mi cerebro, creando carpetas y resolviendo intrigas. El caso es que no estoy entero, no estoy del todo aquí. Si la unión hace la fuerza, qué sería capaz de hacer si uniese todas mis partes. No soy un buen manager, no estoy coordinando bien a mi equipo. De todos mis jugadores, el que más cobra y que más sale en los anuncios es el cerebro pero pienso que es indisciplinado, inmaduro y que más le valdría entrenar duro en vez de hacerse tantas fotos, repeinarse las circunvalaciones y depilarse las neuronas. Está claramente sobrevalorado pero le necesito porque de vez en cuando le pongo delante y marca. He empleado una metáfora futbolística. Curioso. No es un deporte azul en absoluto.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    ¿Quién soy? Sé dónde encontrarme. Ahí fuera, en la huerta, en ese pozo donde muchos niños se han caído y luego han salido en los periódicos. Estaba seguro de que yo sería uno de esos niños desaparecidos que aparecían en las fotos más recientes de la familia, impresas por los periódicos a muy baja resolución, con los ojos formados por apenas cuatro puntos negros. Fotos que nadie sospechaba que serían publicadas y por eso nadie advirtió a los pequeños que sonrieran y mirasen a la cámara. Tampoco los padres les limpiaron la comisura de las labios ni les pusieron pantalones porque cómo iban a sospechar que esa foto casual serviría para buscar a su hijo. Niños con la mirada tan extraviada como ellos mismos. Es lógico, por tanto, que yo me cayera al pozo. Sólo que cuando llegó mi turno el pueblo no me dio por perdido. Simplemente el alcalde dijo: “Coged linternas y buscad en el pozo”. Y efectivamente, ahí estaba, esperando. Técnicamente fui un niño desaparecido menos de veinticuatro horas. Ni tan siquiera distribuyeron fotos con mi cara. Así que ahí, al fondo del pozo, hay alguien caído hace mucho tiempo que supongo será mi verdadero yo. Ese señor, que soy yo en realidad, no quiere volver a subir pero todos suponen que está bien porque cuando le bajan pescado con el cubo, grita, da tirones a la cuerda y devuelve los restos casi sin tocar. Calculamos que tendrá unos cuarenta años y pesará unos cincuenta kilos ya que su cuerpo debe estar atrofiado y no consume mucho alimento. No me parezco en nada a mí mismo, creo. Es imposible saberlo con certeza porque desde el día que encontraron al último niño perdido, nadie tuvo interés en iluminar el fondo.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    ¿Quién soy? Todas las estanterías se acaban venciendo. La ropa se desgarra o se da de sí con el uso. La silicona que sella las juntas de la cocina o de una tubería acaba erosionándose hasta que un día se filtra el agua. Estoy lleno de desconchones y grietas. Siento cómo la termita me come por dentro. Estoy estropeado por el uso: soy de segunda mano. Esto no quiere decir que no valga nada, de hecho, quiere decir que he valido antes. Unas cosas surgen de estropear otras. Los muebles salen de los árboles muertos. Los bizcochos de degradar los alimentos íntegros hasta mezclarlos en una masa informe y maltratada. Aprender, formarse, tener experiencias. Todo eso que consideramos méritos y nos da valor es, en verdad, degradación y maltrato. El mundo nos muele, ralla y calienta hasta romper nuestros enlaces para dar lugar a un ser más digerible, pero un ser roto. Estoy buscando esa palabra que siempre se me olvida… cuando ya no existe diferencias de energía entre las partes del universo que haga que éste se “mueva” o la cualidad que tienen los sistemas de desordenarse y mezclarse sin que haya marcha atrás. Entropía. Soy entropía. Aunque prefiere pensar que soy un bizcocho. Lo que experimentamos, nosotros mismos, no son objetos creados: son procesos que consumen el combustible inicial. Al igual que no puedes disfrutar de un plato de comida eternamente sin acabarlo, tampoco podemos disfrutar del proceso de ser nosotros mismos sin consumirnos. Como un bizcocho.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2016
    Oye, eso es muy interesante Perplejo. Lo suelo utilizar (un poco), como primer flujo cuando me pasa como a tí que me siento maniatada por mi misma y no me relajo, entonces vomito todo lo que tengo dentro, y ya llegará la hora de corregir más adelante.

    A mi me han gustado, tienen potencia y originalidad, probablemente porque te has dejado llevar.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Suina, qué alegría verte.

    Pues me alegro mucho de que te guste. Lo cierto es que los textos, al no poder manosearlos, aparecen como más genuinos. De momento a mí está viniendo bien para soltarme y volver a disfrutar.

    Un abrazo y gracias por el feedback.
  • SuinaSuina Garcilaso de la Vega XVI
    editado julio 2016
    Me gustó especialmente el de color azul, vi y sentí su tránsito. ¿a qué sabrá el color azul? en la naturaleza no hay muchas cosas comestibles de ese color...espera que piense...algún tipo de uvas...el moho de los quesos azules...definitivamente no es un buen color para comérselo, pero sí para jugar con él. Lo has bordado, que lo sepas.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Cuento derivado de Escritura Nº3.

    LA FINCA

    La Finca era nuevo terreno edificable, no muy apartado de la ciudad, donde la gente con dinero podía evadirse simulando ser agricultores en pequeñas huertas. La propiedad que yo conocí era de una familia de joyeros que tenía amistad con la mía. Como mi padre era albañil, les construyó una casona a buen precio y a cambio de ese descuento, nos invitaban todos los veranos.
    No era un pueblo, ni siquiera era nuestro, pero para mí tenía todo lo necesario: leña, murciélagos, bicicletas con timbre y sandalias de goma. Pero lo mejor de todo era la parcela cerrada. Estaba a quince minutos en bicicleta, donde el camino de tierra compacta se estrechaba hasta ser comido por la hierba. Sabíamos que no tenía dueño porque los arbustos habían crecido sin control y se habían enredado en la valla hasta formar un muro de ramas y aluminio. Era tan tupido que no permitía ver el interior aunque hundieras los mofletes y mirases con todas tus fuerzas. Aunque Carol se subiera a los hombros de Alfonso, nada.
    Un candado del tamaño de un puño impedía el paso pero no estaba cerrada porque fuera propiedad de nadie. Nosotros sabíamos que dentro había un pozo con un brocal bajo y resbaladizo, no, más que resbaladizo. Si te apoyabas para asomarte, el pozo te absorbía, sin poder evitarlo. Eso es lo que les pasó a dos niños pequeños que aparecieron en los periódicos. Una madre nos aclaró, tras mucho insistir, que los niños desaparecidos solían aparecer más tarde en los pozos. Todo encajaba: dedujimos el resto durante una reunión secreta alrededor de una fogata alimentada por piñas y periódicos. Borja estuvo a punto de quemar el pliego donde aparecían los desaparecidos, que era nuestra pista principal, por lo que fue condenado a un picaculos de dos minutos.
    En esas fotos los niños salían con la mirada extraviada y uno de ellos con la boca manchada de merienda. ¿Por qué los padres escogerían una foto así para la policía y para la prensa? Si yo desapareciera, fantaseaba entonces, me gustaría aparecer bien vestido y mirando a cámara desafiante, sin miedo, apañándomelas muy bien solo allá donde estuviera. Porque yo estaba seguro de que era un Niño Desaparecido mucho antes de desaparecer.
    Al término de la reunión clandestina se concluyó que debíamos encontrar los esqueletos de los niños en el fondo del pozo. El plan era que el más pequeño se asomara con una linterna mientras el resto hacíamos una cadena sujetándonos por los tobillos. Así era imposible que el pozo nos absorbiera, resolveríamos el misterio, cobraríamos la recompensa de la policía y podríamos comprar una Zodiac para remar en el río. ¿Y por qué una Zodiac? Porque Alfonso, que era el único con fuerza para remar, se empeñó. Seguro que quería llevarse a Carol lejos para tocarla las tetas porque era un guarro y ella era tonta y no se daba cuenta. Pero yo, que era debilucho y no entendía a las chicas, ¿para qué querría una Zodiac?
    No esperé al siguiente domingo para llevar a cabo el plan con el resto de los niños. Les traicioné. Al atardecer, cuando los padres preparaban la cena y los chicos estaban exhaustos de jugar en el río, me escabullí y fui solo a la parcela cerrada. No me importaba que nadie me sujetara los pies, no me importaba caer. En realidad, esperaba caer.

    De este modo desaparecí y a estas alturas ya han dejado de buscarme. Soy un hombre de cuarenta y cinco años, vestido con polos de buena calidad, ya canoso pero bien conservado. Cuando llegué a Bogotá trabajé en una fábrica de neumáticos para camión. Ahorré dinero, conocí a gente influyente y fui lo suficientemente listo como para que no se me notara. Por eso me fueron bien los negocios, me expandí y me mude a Brooklyn, donde está la sede de mi empresa. Mis tres ex-parejas me adoran porque siempre les traté bien y nunca les oculté que les iba a ser infiel. Mis hijos, los cinco, se han quedado con ellas y me parece bien. Les paso el dinero, nos reunimos alternativamente en Navidad, verano y Acción de Gracias y todos conformes. El mayor ha pasado el casting de un concurso de talentos y Marcelita va a apuntarse a un colegio de superdotados, estoy orgulloso. ¡Ah! Cuando tengo tiempo voy a navegar a las playas de Cartagena, pero sin mujeres, no como Alfonso. Me gusta la soledad.

    Antes de acabar quiero advertirles algo: la persona que ahora escribe desde España no es la persona que fue engullida por el brocal resbaladizo. Él no conoció a Borja, Alfonso y Carolina. Para esta persona nunca existió el pozo ni La Finca. Tengan cuidado porque les está engañando.
  • Rafael VelandiaRafael Velandia Pedro Abad s.XII
    editado julio 2016
    Yo escribo todo el tiempo en automatico, es decir, no le gasta mucho tiempo, solo quiero plasmar algo que ha llegado a la cabeza, ha sido inspirado por alguna situacion o lo que sea. Para mi el objetivo es escribir, sin importar tanto la estetica y a veces solo dejar fluir cual inconsciente proyeccion de asosiacion de palabras. Claro, nada me gusta un dia despues de plasmarlo, por esa razon sigo escribiendo a diario. Saludos.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2016
    Uno en esencia y tres en persona, el misterio, invertido, de la "Santísima Trinidad". Percibo en este cuento tres personajes, como desdoblamiento de uno complejo.El que más me gusta, porque lo entiendo bien, es el niño.Esa descripción es muy real; junto a la felicidad que le proporcionan sus amigos, hay algo oscuro en su infancia que le atrae hacia el pozo con el deseo de caer en él.Tal vez en la oscuridad de ese pozo se forja el segundo personaje, muy convencional, y aquí pierdo el hilo de la narración y se me hace extraña. El tercer personaje es un farsante: nos revela que todo lo dicho es inventado. Que nada existe y que él es otro que no forma parte de esa historia.

    Tal vez son solo tres de los varios seres que habitan en cada uno de nosotros.

    Saludos.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Suina, ¡gracias por tu visita!

    Bueno, éste cuento es un poco ambiguo porque no quiero destapar demasiado ni cerrar un problema que no puedo resolver en realidad. De todos modos, tu interpretación no va nada desencaminada.

    Un beso y muchas gracias.
  • SinrimaSinrima Miguel de Cervantes s.XVII
    editado julio 2016
    Dices: "Suina, ¡gracias por tu visita!"

    Creo que te despistas, amigo. La que comenta soy yo.No es raro que te confundas por aquello de que comenzamos en S y acabamos en A. Además de que yo no suelo comentar en Narrativa. Contigo hice una excepción.

    Un abrazo.
    Sinrima


  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado julio 2016
    Ay, es verdad! Sí, en efecto, me confundí de nick. Me siento torpe... discúlpame.

    Es cierto, ¿qué hace por este páramo tan árido y sucio? Vaya privilegio, ya lo creo. Es como recibir la visita diplomática del Reino de la Poesía. Rápido, desplegad la alfombrilla, ¡se va a manchar los zapatos de adverbios!

    En serio: es un honor.

    Más gracias todavía.
    Un abrazo.
  • Perplejo dijo:
    ¿Quién soy? Todas las estanterías se acaban venciendo. La ropa se desgarra o se da de sí con el uso. La silicona que sella las juntas de la cocina o de una tubería acaba erosionándose hasta que un día se filtra el agua. Estoy lleno de desconchones y grietas. Siento cómo la termita me come por dentro. Estoy estropeado por el uso: soy de segunda mano. Esto no quiere decir que no valga nada, de hecho, quiere decir que he valido antes. Unas cosas surgen de estropear otras. Los muebles salen de los árboles muertos. Los bizcochos de degradar los alimentos íntegros hasta mezclarlos en una masa informe y maltratada. Aprender, formarse, tener experiencias. Todo eso que consideramos méritos y nos da valor es, en verdad, degradación y maltrato. El mundo nos muele, ralla y calienta hasta romper nuestros enlaces para dar lugar a un ser más digerible, pero un ser roto. Estoy buscando esa palabra que siempre se me olvida… cuando ya no existe diferencias de energía entre las partes del universo que haga que éste se “mueva” o la cualidad que tienen los sistemas de desordenarse y mezclarse sin que haya marcha atrás. Entropía. Soy entropía. Aunque prefiere pensar que soy un bizcocho. Lo que experimentamos, nosotros mismos, no son objetos creados: son procesos que consumen el combustible inicial. Al igual que no puedes disfrutar de un plato de comida eternamente sin acabarlo, tampoco podemos disfrutar del proceso de ser nosotros mismos sin consumirnos. Como un bizcocho.
    Me parece fascinante este microrelato. Me ha impactado, sigue así.
  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    editado septiembre 2016
    Escritura Nº5

    Voy a componer lo que pueda mientras transpiro, mientras descanso entre serie y serie de esfuerzos concretos, inofensivos por fútiles y desprovistos. Círculos de hierro, domesticados por fundas de caucho y racionalizados por series numéricas regulares. Casi herméticos. Asimilando que las fibras se desgarran, no como el metal; que las células deben oxidarse para crecer, como el metal. Que deben humillarse para respirar, para vivir un poco, que es lo mismo que exhibirse, que es la vanidad lo que maravilla y nos me te diferencia de una molécula estable o de una piedra opaca. La vanidad como heroína trágica, véase una actriz vieja con plumas de avestruz y cuello de avestruz ante el espejo del camerino, porque el miedo es lo que la hace gloriosa y aún sabiendo que los lloros y los mohínes no encontrarán consuelo en la hora decisiva, llora y pestañea porque es sencillamente encantador. Igual que ahora yo tiro los discos pesados con un gruñido coqueto. La podredumbre como prueba de que funciona, con focos y aplausos, vanidades de hierro arrolladoras, pruebas de que esto sorprende, que se mueve. Se mueve a toneladas de velocidad. El dolor traquetea desde lo lejos, lo puedes oír pegando la oreja al raíl. El dolor llegará, tarde o temprano, quizás ya te esté arrollando a cámara lenta, desollando poco a poco las inocencias, diferentes virginidades no necesariamente bien jerarquizadas sino resultado de una aglomeración mal pensada, caprichosa, no desde el punto de vista de un niño arrancando alas sino desde el punto de vista de su hermana, pegando purpurina al cadáver. Como si fueran cosas diferentes.
  • estrofaestrofa Garcilaso de la Vega XVI
    Hola, Perplejo :-)

    Leí los cuatro primeros relatos. Si tuviera que quedarme con uno, sería el de "la flor voladora"...

    "Si yo fuera un flor triste me haría cortes en los pétalos para no parecer tan hermosa, oscurecería mi color hasta verme marrón o azul de Prusia. Quizás, en el colmo de la austeridad adaptaría mis pigmentos hasta volverme gris. Una flor paracaidista, que estuvo enamorada y fue rechazada, gris y con cicatrices en los pétalos." By Perplejo

    Muy bueno, me gustó toda la historia, y el final es genial... cicatrices en los pétalos... 

    Seguiré leyendo tus relatos...

    La escritura automática no la practico, supongo que es porque no la veo necesaria desde la perspectiva de mi situación (no soy escritora como vosotros), y por otro lado podría resultar divertida... Otro compañero la practica con el siguiente método:


    "Se toma una hoja blanca, un lapicero, y un Johnnie Walker en vaso ancho, con hielo.
    A continuación se cierran los ojos, esperando respuesta de la mano que tiembla; y estos son los resultados:)" 

    Suena a sesión de ouija :-) 

    (acuérdate de que nos falta tu pan en la mesa de juegos :wink: )


  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    Escritura Nº6

    La helizoide de cono director es penetrante. Barrena, taladra. Es la broca y el aguijón. Fuerza al suelo a dejar de serlo, abre camino al cielo para internarse en el secreto. Ilumina la matriz, vela los negativos. Colapsa los recuerdos y aflora los traumas. La acción es lenta pero ruidosa, como un rayo de almíbar, como un glaciar de cascabeles. Y como éstos, es bello. De alguna manera es canónico. Como la crueldad y la tortura aparecen en los grabados medievales.

  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    Escritura Nº7

    Los linces, los guepardos y los faraones tienen una mancha en el lacrimal, como un rastro del llanto manchado de rimmel. A todos ellos les atribuimos una mirada poderosa, profunda en los corazones, larga en el tiempo. Resulta extraño que sea el color negro el que represente una visión mejorada siendo éste el color de la oscuridad y de la ceguera. Flota la idea de que lo sagrado, lo auténtico, no se puede ver reflejado en la luz, no son los fotones los que puedan transportarlo. Como si la luz y su espectáculo ambulante, tan explícito, fuera la tapadera de la mafia divina. Hola, ¿quién eres? Amén. Largo de aquí. La tierra, el útero, el alma. Namasté. Si te vuelvo a ver por aquí te corto los tendones. La sopa de gluones, quarks y átomos de hidrógeno que abraza el vacío. ¿Qué forma tendrá lo esencial?, ¿de qué color será?, ¿combinará bien con el negro?

  • PerplejoPerplejo Fernando de Rojas s.XV
    Escritura Nº8

    Una máquina de trescientos kilos de acero, vidrio y plástico rodea una mampara dentro de la cual aleteaba una mariposa amarilla. El aparato tiene seis brazos articulados. Uno emite haces de fotones, iones y muones oscuros, otro hace fluctuar el aire que alteraría los patrones de vuelo de la mariposa, el tercero tiene sensores de infrarrojos, otro va equipado con un túnel de cincuenta y cinco lentes y un procesador de imagen, el quinto sintetiza feromonas que se dosifican dentro de la mampara y el último recompensa al organismo con cantidades minúsculas de néctar. Para cuando las condiciones iniciales del experimento estuvieron preparadas, la mariposa ya estaba muerta.
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