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Orígenes...

LowenaLowena Pedro Abad s.XII
editado mayo 2016 en Romántica
Últimamente he tenido un poco de tiempo para pensar… hace unos años ya que comencé esta andadura con mis mejores amigos, y nunca dudo en recurrir a ellos cuando necesito consejo y consuelo. De nuevo, vuelvo a atravesar una tormenta que no consigo apaciguar… a ver qué tienen mis amigos que contar…

Perdida de nuevo en medio de una tempestad, me subo al barco que espero, me lleve a ese lugar donde pueda respirar y hallar un poco de paz. Los años sin duda me han hecho madurar, añadiendo experiencias y momentos a mi baúl de los recuerdos. Pero sigo sin adquirir esa fantástica habilidad de superar los problemas haciendo borrón y cuenta nueva. Supongo que es un privilegio reservado para aquellos cuyos sentimientos son como las veletas que se mueven con el viento…
Durante un tiempo que no consigo calcular, quedo a merced de las olas.

Hipnotizada por el vaivén, pierdo la percepción de la realidad cual Alicia en el País de las Maravillas, salvo que en mi caso, aterrizo en una playa donde tiempo atrás, la sal ayudó a cicatrizar algunas heridas.

- Por tu cara niña mía, sigues luchando contra una marea que no te da tregua… a este paso, te me vas a ahogar, y eso si que no lo voy a consentir.
Cierro los ojos y como un bálsamo, su voz devuelve poco a poco, las aguas a su cauce… mi querido Mar… cuánta falta me haces…

- Por eso recurro a ti. Siempre consigues salvarme de una muerte segura.
Y cual niña traviesa, le guiño el ojo y le esbozo la mejor de mis sonrisas.

- Jajaja… tú y tu elocuencia recurrente… ¿Qué te trae de nuevo Lowena? Uno no vuelve a un lugar que representa tanto, al no ser que quieras enterrar más cosas, lo cual me entristecería mucho.

- Cuando uno está perdido, siempre vuelve al punto de partida. Aunque dicen que no camines hacia atrás ni para coger impulso, siempre he considerado este lugar como mi punto cero, mi brújula particular. Me ayuda a buscar de nuevo la dirección que debo seguir, y te cito textualmente.

- Si ya te veo… tu elocuencia viperina está más que afilada hoy…

- No seas tan duro… por más puertas que cierro, sigo viendo un sinfín de ellas abiertas. No consigo avanzar. Estoy empezando a desesperar… otra vez, y no recordemos lo que pasó la última vez, no quiero volver a pasar por eso. No puedo.

No puedo evitarlo, y como autor reflejo, escondo mi cara entre mis rodillas, en un amago de ocultar mi decepción y mi ira. A veces pienso que tantos años de charlas constructivas, inspiradoras y algunas reparadoras, no me han servido de nada. Sigo cayendo ante las mismas piedras una y otra vez… madurar, madurar, tranquila ya madurarás me decían… tranquila ya te llegará, ten paciencia me decían, el tiempo todo lo cura, el tiempo lo pone todo en su lugar me decían… ¿Y se puede saber cuándo el tiempo me va a curar? Porque por más que pasa ante mis ojos, algunas de mis heridas no dejan de sangrar…

- Los peores jueces del mundo son los que se juzgan a sí mismos, y los peores castigos, son los que nos infligimos nosotros mismos. Son batallas que nunca ganamos y lecciones de las que nunca aprendemos. No está mal ser exigentes. Eso nos ayuda a marcar nuestros límites y tolerancias, pero si no tenemos cuidado, poco a poco nos vamos autodestruyendo, y querida, perdona que te lo diga, pero yo me quiero demasiado como para permitir que semejante cosa ocurra.

Y qué sería de mí sin ti, pienso…

- No sé qué decir… me siento perdida…

De repente, un silencio rotundo me arropa y mi respiración se vuelve más lenta… que sensación de alivio más grande… por fin las voces se han apagado… por fin un poco de paz… hasta que todo encaja… El Tiempo… Abro mis ojos y ahí está, con ese aire sofisticado y señorial.

- Por ahí me llegó el rumor de que tengo trabajo pendiente por aquí. ¿Es eso cierto?

Sin poder evitarlo, suelto una carcajada tan grande que juraría haberme quitado unos cuantos kilos de encima.

- Bueno eso depende. Dicen que el tiempo todo lo cura, y yo aún tengo unas cuantas heridas por cicatrizar… ¿qué me dices a eso?

- Que no hay mal que cien años dure, ni pena que no se cure… yo no hago milagros querida mía… ojalá pudiera.

Sus palabras, aunque ciertas, caen sobre mí como un jarro de agua fría, devolviéndome a la realidad de la que tanto me empeño en huir.

- Los ojos son el reflejo del alma Lowena, y a través de ellos he visto muchas batallas. Sabes perfectamente que no todas se pueden ganar. Una retirada a tiempo no necesariamente significa una derrota. Para mí, significa que aceptas los daños y asumes las consecuencias. Nos empeñamos en complicar las cosas buscando soluciones imposibles cuando la mayoría de las veces, las tenemos delante. Lo único que puedo hacer por ti es asegurarte de que poco a poco, te ayudaré a ponerlo todo en su lugar.

Y dejándome con mil y un preguntas en mi cabeza, mi gran amigo El Tiempo se desvanece. El Mar me mira con cautela. Sabe que lejos de ayudarme, el Tiempo sólo ha sembrado más dudas en mí.

- Mi niña, no dejes que la oscuridad y el caos se apoderen de ti. Concéntrate y busca una brecha por donde entre un poco de luz y síguela. Verás cómo poco a poco, tu mundo volverá a brillar.

Y sin darme tiempo a asimilar sus palabras, mi querido amigo El Mar me deja a solas con mis pensamientos. Razón tienen en que no puedo seguir buscando culpables ni soluciones a cada problema que se presente. Hay veces que, simplemente, debemos asumirlos y aprender de ellos. Y por qué no… las lecciones también pueden ser, con ayuda de El Tiempo, la solución.
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