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Primera vez

fglucifgluci Anónimo s.XI
editado abril 2016 en Erótica
Siempre creí que aquello de “cuando se tienen relaciones sexuales son uno para siempre” era un mito, y lo corroboré en mi primera vez.
Nos conocíamos hacía un mes, pero la atracción era demasiado fuerte para los dos. Tres de cuatro encuentro terminaban con un “no” de mi parte. No podía, todo me recordaba al pasado oscuro en que había vivido tanto tiempo.
El pasado… ¿Qué puedo decir de él? Hasta hoy me tiene atrapada en sus garras con sabor a droga de farmacia, con sus ojos humeantes de pasión y su lengua verde de mentiras. Era pequeña, pero ya me había marchitado, mi padre me había quitado un poco de mi inocencia. No lo vi más, nunca más, y se lo agradecí de por vida a mi madre. Ella me había salvado de algo peor.
Pero pasó en el quinto encuentro. No hubo bondad, no hubo amor, no fue lo que esperaba tampoco… Es todo un mito, absolutamente todo.
Sus manos paseaban por todo mi cuerpo, sus labios se enredaban en los míos mientras nuestra saliva se convertía en una sola. Quité su ropa con miedo y timidez, él sacó mis prendas como si fuese algo natural. Verlo desnudo no me causó miedo, tampoco pánico ni dolor, verme a mí desnuda me pareció una ilusión.
No tuvo piedad, no jugó, no hizo nada más que meter su miembro y romper el himen sin ningún tipo de afecto. Dolió. Nadie jamás había entrado allí, ni siquiera yo había indagado por esos lugares. Mis uñas se habían clavado en sus brazos.
-Duele-susurré.-Por favor, despacio.-rogué.
Pero todo fue una pesadilla, un horrible padecimiento de una hora, “no” había dicho varias veces sin autoridad, pero ya no me escuchaba: estaba enceguecido de placer. El malestar era insoportable, sin embargo, un ápice de goce rodeo mi ser. Mis sentidos se nublaron por un rato y solo deseaba más de él. Mordía su labio inferior con hambre, como si fuera el único alimento que hubiese comido en años. Rasguñaba su espalda y gemía en su oído derecho.
Estaba inmóvil, no podía hacer nada, el sufrimiento era insoportablemente placentero.
Traté de alejarme de él pero su miembro no salía de mi, aún estaba con ansias de dominar mi cuerpo a su gusto, traté de librarme pero era más fuerte que yo… Jamás había notado cuanta fuerza tenía en su interior.
Entraba y salía sin piedad, el malestar era cada vez peor.
Habían cedido los movimientos, estaba estático sobre mí, algo me decía que ya se había terminado. El martirio placentero había culminado y con él el mito de la primera vez. Mis barreras se habían caído, el tabú se había terminado.
Ahora solo quería volverlo a ver una y otra vez.
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