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Peregrinaje de un Rey (3)

Alejandra Correas VázquezAlejandra Correas Vázquez Gonzalo de Berceo s.XIII
editado noviembre 2015 en Histórica
PEREGRINAJE DE UN REY
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(3)

Por Alejandra Correas Vázquez

EL POLÍTICO
…………….

Su Alteza Don José Antonio Deiqui avanza a pie en 1795 por quebradas serranas. Por picachos altivos como él. Se introduce en desiertos salinos y atraviesa campos de tierra roja. Poblaciones. Grandes y pequeñas. Ciudades. Ríos.

Va a pie. Lo sigue un séquito. Lo acompañan de a trecho. Se suman otros. Quedan en el camino los anteriores.

Su peregrinaje insólito en pleno siglo XVIII y en sus postrimerías, cuando el mundo entero está asombrado con la Revolución Francesa, esperando el advenimiento de Napoleón y la era del Progreso se aproxima con pasos agigantados, en este año de 1795 …nos parece un antecedente notable de Gandhi en el “camino de la sal”.

El largo trayecto no lo detiene. Ni la pampa ni la montaña. Ni el poderoso Altiplano con sus paredones cortantes. El continúa a pie por el viejo camino de las llamas y de los Incas. Luego de haber atravesado a pie todo el centro y el norte argentino, como todo cordobés convencido de un propósito firme.

Este príncipe diaguita que fuera respetado como tal por los códigos del anterior Virreinato del Perú, se halla en este momento muy solo. No tiene en esta mañana de 1795 respaldo político. Lo tuvo siempre. Nació con él. Lo tuvo su familia.

Y Todos en Córdoba del Tucumán le deben mucho —demasiado a los Malfin— para ser él ignorado. Para pasar por alto sus reclamos de legalidad, tal como lo vemos manifestarse en todo momento. Y en el Alto Perú donde están los archivos coloniales, su palabra será oída por arriba de las autoridades borbónicas que recién comienzan su vida. Que no tienen todavía experiencia de gobierno en Sudamérica.

Don José Antonio posee esa altivez, ese orgullo de casta, que son comunes en aquel tiempo a nobles incásicos y diaguitas. A Tupac Amarú, a José Gabriel Condarconqui Tupamaro o a nuestro personaje... el Príncipe Deiqui.

Sus escritos y réplicas son de un elegante estilo. Es él, además, un hombre de los claustros jesuíticos, como todo hijo de príncipe. Cultísimo. Erudito. Brillante. Y conocedor perfecto de las leyes a nivel académico. Habla latín. Se expresa con oratoria. Ha sido preparado por la Universitas Cordubensis Tucumanae, para servirla y honrarla, como todo cordobés de vieja alcurnia.

No podrán avasallarlo. El pasará por arriba de todos cuantos se le opongan.

Es además uno de los últimos príncipes americanos puros (“sin mezcla de otra raza”, como atestigua él mismo). Pues la pureza de linaje era una exigencia de la autoridad colonial para ejercer el cargo de Curaca.

Y atraviesa a pie un territorio inmenso (casi un medio continente) caminando con su dignidad y su prestancia, pero sin los antiguos honores que antes le correspondieran, porque tiene sobre él la acusación de gobernar a su pueblo “Comunidad de la Toma de la Acequia” ...¡con mano de hierro!... Con la severidad milenaria de sus Leyes Diaguitas

Y allí va caminando hacia el Alto Perú su alteza Deiqui sin insignias, sin tamboriles, sin banderines, despojado de honores, atravesando un territorio inmenso y acompañado por una multitud que se le une en el camino, que se adhiere a su reclamo, a su marcha de silencio que no lo abandona.

Si esto lo hizo por él mismo, por proselitismo o por demagogia, nos demuestra al mismo tiempo su enorme talento político.

Y a diferencia de Tupac Amarú que se levantó en armas muy poco antes (con un cruento final), su lucha será jurídica, intelectual y erudita. Su lenguaje pulido será atendido de igual a igual por los Oidores de Charcas, pues ante todo y a pesar de la multitud que lo acompañaba —como a Gandhi en el viaje de la sal e igual que él— José Antonio era un pacifista.

FUERO de los NOBLES
………………………

Don José Antonio Deiqui está acostumbrado al respeto de toda una ciudad y no va a ceder. Cederán en cambio sus nuevos administradores borbónicos. Y ellos se ajustarán a él. Porque el cono sur americano ha sido siempre gobernado desde Charcas.

Y hacia allí camina, paso a paso ... su Alteza ... el príncipe Deiqui en 1795.


Este príncipe diaguita tiene educación universitaria. Su madre —María Constanza— también “estudió con los padres jesuitas” según consta en los documentos presentados por él ante el alto tribunal. Lo que hace a las señoras de alcurnia malfin, unas de las pocas damas ilustradas a nivel universitario en esos siglos.

(Sigue)
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