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Peregrinaje de un Rey (2)

Alejandra Correas VázquezAlejandra Correas Vázquez Gonzalo de Berceo s.XIII
editado noviembre 2015 en Histórica
PEREGRINAJE DE UN REY
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(2)

Por Alejandra Correas Vázquez

EL TRIBUNAL de CARLOS V
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El príncipe diaguita don José Antonio Deiqui va a pie rumbo al Alto Perú (en términos modernos desde el centro sur de Argentina hasta Bolivia).

Lo acompaña un séquito en silencio. No lo detendrán los caminos. Ni el vacío de las pampas ni el abismo de las quebradas. Ni tampoco la soledad de la Salina Grande. No se inmutará ante el frío de las noches a la intemperie o la resolana de los mediodías ardientes.

Y será esta distancia impresionante hecha a pie sin un solo desaliento, con capacidad de entrega a una consigna, la contienda mayor y el mejor triunfo logrado por esta antigua Dinastía Diaguita, aclimatada ya a la ciudad de Córdoba del Tucumán, luego de transcurridas varias generaciones, e identificada con su sociedad universitaria.

Su alteza Don José Antonio Deiqui repite insistentemente con la fuerza erudita de su formación cultural , sólida, recibida por manos de sus preceptores Jesuitas:

—“¡Me corresponde ser amparado por el Fuero de los Nobles!”


Tendrá cuando llegue allá un interlocutor válido : Los Oidores de la Real Audiencia de Charcas. Encontrará nuevamente ese estilo que él añora. Que se halla ahora debilitado en Córdoba luego de la expulsión de los Jesuitas, sus mentores. Que se ha ausentado del Tucumán fragmentado y desarticulado, partido en pedazos, como todo el Virreinato del Perú de antaño.

Porque los nuevos amos Borbones que rigen ahora al Imperio Español de Ultramar, a pesar de sus celos y rivalidades contra los Austrias, a quienes han sucedido ...¡No dejarán que se extinga Charcas!

Han comprendido que la ciudad de los tres nombres (Charcas, Chuquisaca, La Plata y en el futuro también Sucre, para seguir siendo la “ciudad de los muchos nombres” a quien sus habitantes de hoy prefieren llamar “Charcas La Blanca”) , ...debe continuar vigente y vigilante para preservar la vida civilizada.

Esta preciosa ciudad colonial debe permanecer intacta en el horizonte político de las Indias Occidentales sudamericanas. No puede Charcas sufrir un hecatombe, perder su crédito de confianza, su renombre de legalidad adquirido en siglos anteriores. Pues de hacerlo provocaría un desequilibrio administrativo y público, que hasta los innovadores Borbones prevén como peligroso.

De toda la gran gama de transformaciones que esta nueva dinastía española provocó... De todo ese cúmulo de sorpresas que aún sacuden a los hispanoamericanos con la llegada de Casa Borbón reemplazando a la Casa Habsburgo… Quedó empero algo intocable : la Real Audiencia de Charcas.

Tribunal Mayor independiente de los Virreyes, con “fuero propio” otorgado en el siglo XVI por Carlos V Emperador, que lo constituía en una herramienta de gobierno. Su fuero, de acuerdo a cláusulas, sólo podía admitir el veto real o imperial. Además la elegida selección de sus Oidores y las exigencias a la que ellos mismos estaban sometidos, durante su período de residencia en el Alto Perú, da por sentado el interés que esta destacada “Real Audiencia de Charcas”, concita y conlleva en tiempos de su Alteza Deiqui.

PEREGRINAJE DE UN REY
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Y hacia ella va José Antonio Deiqui ...caminando. Cruza esteros y montañas. Salinas y pampas. Ha partido desde las verdosas chacras cordobesas que le pertenecen, hasta el altiplano altoperuano a cuatro mil metros de altura, en busca de este tribunal máximo de última instancia.

Estamos pues de camino junto a su Alteza el Curaca Deiqui —y a pie— hacia este tribunal de instancia final. Es el propio “Carolus Quintus” quien va hablar por él. Es el propio Inca que se refleja allí para los súbditos de herencia precolombina, pues las Audiencias en general (y más la de Charcas) eran sitios muy frecuentados por las comunidades autóctonas, especialmente por aquéllas de procedencia incásica, herederas del imperio del Tiwantisuyo.

El va hasta allá para revertir esa acusación que le priva de autoridad y nobilitat como Curaca (intocable en el Incario y en el sistema colonial) y que es desalentadora para toda la sociedad.


(SIGUE)
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