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CÍRCULO LETAL (Caps. finales)

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado junio 2015 en Negra
Capítulo 6

Cuando desperté a la mañana siguiente, no reconocí el lugar donde me encontraba. Durante unos segundos me sentí confuso, pero pronto recordé como había llegado hasta allí. Giré la cabeza a mi izquierda y contemplé a la mujer que había compartido su cama conmigo esa noche. Me pregunté si había hecho bien, liarse con un compañero de trabajo suele ser problemático en nuestra profesión. Pero, ¡que diablos!, Juanita valía la pena.

La besé suavemente en el hombro y eso hizo que despertara. Me miró con esos bellos ojos color miel y sonrió seductoramente.

-Buenos días- dijo.

-Buenos días. Anda levántate tenemos trabajo.

Dio media vuelta y se abrazó a la almohada.

-Cinco minutos más...porfavoooor

-De eso nada. Arriba perezosa, hay tres crímenes por resolver.

Después de un tirón de sábanas y dos cafés bien cargados, nos dirigíamos a comisaría.

-¿Crees que podemos tener problemas?

-No está prohibido que dos compañeros se líen, pero los jefazos no lo ven con muy buenos ojos. Creo que, por ahora, deberíamos llevarlo en secreto.

-Si, me parece que es lo mejor. De momento.

-Si. De momento.


Cuando llegamos a comisaría recibimos el aviso de que Barbany quería vernos. Nos miramos preocupados.

-No puede saberlo -dije. -A menos que haya instalado cámaras en tu habitación.

-Tienes razón, pero por un momento el corazón me ha dado un vuelco.

Barbany, evidentemente no sabía nada de lo nuestro, solo sentía curiosidad por como nos iba trabajando juntos.

-Juanita...quiero decir la subinspectora Román a demostrado ser una buena profesional. Seguro que acabaremos entendiéndonos de maravilla.

Barbany me miró como si no acabara de creerse lo que oía.

-¿Y usted que dice, subinspectora?

-Estoy de acuerdo con el inspector Morales. Creo que nos hemos entendido desde el principio.

-Bien, me alegra oír eso. Y ahora...¿Qué me decís de vuestro caso? Parece que habéis llegado a un punto muerto. Parecería que el caso está cerrado.

-Queda un pequeño detalle Marc.

-¿Te refieres a las joyas? ¿Crees que podréis descifrar esos papeles?

-Tengo un amigo que es un experto en códigos. Un profesor universitario. Si me das permiso para enseñarle esos códigos...

-Adelante, hazlo. Estaría bien resolver dos casos a la vez.


Conocí a Raul Salas en la mili y si bien no nos habíamos visto mucho desde entonces, seguíamos manteniendo el contacto. Cuando le llamé no puso ninguna pega. Dijo que sería un placer volver a verme y ayudar a la policía de paso. Nos recibió en su despacho en la universidad.

-¡Pedro, que alegría tío! ¿Como lo llevas camarada?

-Como siempre, ya sabes, protegiendo la ciudad y todo eso.

-¿No vas a presentarme a tu amiga?

-Claro.

Hice las presentaciones y le expliqué nuestro caso a Raul.

-Déjame ver esos mensajes.

Los estudió un par de minutos y una sonrisa iluminó su rostro.

-No me digas que ya lo has resuelto -dije.

-Pues si, y tú también deberías haberlo resuelto. ¿No me dijiste una vez que de joven habías leído las aventuras de Tintín?

Epílogo

-¿Qué tiene que ver Tintín con todo esto? -pregunté pensando que Raul quería tomarme el pelo.

-¡Venga! El se encuentra con el mismo problema que tú en “El secreto del Unicornio”.

Hice memoria y no tardé en recordar a que se refería Raul.

-No, no puede ser tan fácil.

Junté las tres hojas de papel y las puse a contraluz. Las líneas de los tres mensajes se unieron formando un único mensaje, claro y en castellano:

VESTIBULO HOTEL CLARAMUNT – TRAS EL BODEGON

Lo habíamos tenido delante de las narices todo el tiempo.

-Gracias Raul, has sido de mucha ayuda.

-No ha sido nada. Seguro que al final, tú también lo habrías resuelto.


El Hotel Claramunt se hallaba en la misma manzana que la joyería que había robado David Pardo. Juanita y yo entramos en el vestíbulo y nos paramos frente a un bodegón que estaba colgado en una de las paredes.

-¿Crees que lo que sea aún estará aquí después de cuatro años? -preguntó Juanita.

-¿Porqué no? No perdemos nada por comprobarlo.

Fuimos a recepción y tras identificarnos pedimos hablar con el gerente del hotel. Le explicamos la situación y le pedimos que descolgara el cuadro para poder examinarlo.

-No hay problema inspectores. Por favor, pasen a mi despacho mientras uno de mis empleados descuelga el cuadro.

Esperamos en el despacho y al poco rato entró un botones cargando el cuadro. Lo examinamos y en la parte de atrás encontramos una pequeña llave pegada al marco con cinta aislante.

-¿Qué creen que abre esa llave? -preguntó asombrado el gerente.

-Conozco este tipo de llave -respondí. -Abre una de las taquillas de la Estación Central.


Efectivamente, encontramos la taquilla y sorprendentemente, dentro de ella aún estaba una bolsa de deporte con el botín en su interior. Había estado allí, delante de todo el mundo, durante cuatro años. Pardo había encontrado el escondite perfecto. ¿Quién habría imaginado que un tópico de las películas de tiros hubiese funcionado tan bien?

La verdad es que si lo miráis bien, es un caso de lo más atípico. Empezó como un simple caso de asesinato y acabamos con tres víctimas, tres asesinos y resolviendo un robo de cuatro años de antigüedad y todo ello sin ningún detenido. Pero caso resuelto al fin y al cabo.

Juanita y yo seguimos siendo pareja, tanto en el terreno profesional como en el sentimental, y nos va muy bien.

Y nada más queda por añadir. Solo despedirme hasta un nuevo caso.
¡Nos vemos!

FIN
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