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CÍRCULO LETAL (Cap. 2)

JanoJano Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado junio 2015 en Negra
Capítulo 2

Cuando llegamos al parquing Sara Pons, la forense, ya estaba allí analizando el cadáver.

-¿Qué hay Sarita, está mejor tu pequeña?

-Mucho mejor, gracias. No era más que un resfriado.

-¿Qué puedes decirme?

-Una sola puñalada, directa al corazón. No puedo asegurarlo hasta que haga la autopsia, pero por el aspecto del cadáver diría que ha seccionado la arteria pulmonar. Lleva muerto unas seis horas.

-¿Puedes aventurar el tipo de arma que se usó?

-No me hace falta, la han encontrado en un contenedor cercano.

-Una sola puñalada, el asesino debe ser un profesional -intervino Juanita.

-O ha tenido suerte -respondí. -Perdonad mi falta de educación. Os presentaré, Sara Pons, nuestra mejor forense; subinspectora Juanita Román, mi nueva compañera.

-Encantada. -dijo Sara- No se si felicitarte o compadecerte.

-Muy graciosa, Sarita -dije.

En esos momentos un sargento puso en mis manos el arma del crimen dentro de una bolsa. Se trataba de una navaja plegable con una hoja de unos 15 cm.

-Hemos encontrado una huella en la empuñadura- dijo. -La estamos cotejando.

-Bien. ¿Qué sabemos de la víctima?

El sargento sacó un bloc de notas de su bolsillo.

-Antonio Blanco, 31 años. Encarcelado en un par de ocasiones por tráfico de drogas. Un pez pequeño, un simple camello.

Me pasó una nota con los datos de la víctima.

-Ya veo.

-Hemos encontrado su cartera al lado de la víctima, no se si se habrán llevado algo de dentro, pero han dejado toda la documentación y trecientos euros en billetes de cincuenta.

-Gracias sargento. Avísenme cuando tengan los resultados de esa huella.

Bueno subinspectora, aquí ya no hacemos nada. Vamos a investigar el entorno de la víctima.


Blanco vivía en un barrio marginal. No tenía familia. No sacamos nada en claro. En un barrio como ese los vecinos se cerraban en banda ante la policía.

Registramos la vivienda de Blanco, una auténtica pocilga. No encontramos nada que pudiera sernos útil, así que regresamos a comisaría para estudiar el historial de la víctima.

Blanco había sido encarcelado en dos ocasiones por mercadeo, un pez pequeño, como nos había dicho el sargento. Había salido de la trena hacía siete días tras serle reducida su condena por buena conducta. No se le conocían enemigos, claro que dada su ocupación podía creárselos fácilmente. Con los datos que teníamos no podíamos avanzar en el caso. Tendríamos que esperar a que identificaran la huella del arma del crimen, pero no tendríamos los resultados hasta la mañana siguiente.

-Bueno, subinspectora, parece que tendremos que dejarlo hasta mañana.

-Eso parece.

-Entonces, ¿Nos vamos?

-No veo que más podemos hacer de momento.

Me quedé observándola mientras se ponía la chaqueta y recogía su bolso. La verdad es que era una auténtica monada.

-¿Le apetece una cerveza, subinspectora? Yo invito.

-¿Porqué no? Acepto la invitación.

Entramos en el ascensor y su perfume invadió mis fosas nasales. No soy un tipo enamoradizo, pero lo cierto es que Juanita empezaba a hacer mella en mi corazón de solterón empedernido.

-Ya que vamos a ser compañeros -dije -creo que podríamos tutearnos.

-Me parece bien.

-Entonces llámame Pedro.

-Y tú a mi Juanita.

-Entonces, Juanita, hoy te mostraré los secretos de “La Guarida”.

-¿La Guarida?

-El antro con la cerveza más fría y las tapas más suculentas de la ciudad.
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