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El Señor Beso

LegendarioLegendario Fernando de Rojas s.XV
editado junio 2015 en Romántica
En este extraño mundo en el que nos tocó vivir, además de todo tipo de raras criaturas, existen los llamados besos.

Hay y han habido miles de millones de ellos, y de muchas naturalezas muy diferentes: besos de cariño, besos de amistad, besos hipócritas, besos apasionados, besos de admiración, besos de felicitación, besos eróticos, besos frívolos y besos enviados por correspondencia (antes en sobres sellados; ahora por e-mail).

Pero existió una vez uno que fue muy especial, que en la posteridad es conocido por todos con el nombre de Señor Beso.

El Señor Beso empezó muy mal su existencia, porque un adolescente no se atrevió a dárselo a su amada novia. Más tarde él habría de llamarlo “el beso me nunca me atreví a dar”, mientras que la chica lo llamó “el beso que nunca me dio”.

Este beso frustrado, bautizado de dos manera diferentes y repartido entre dos almas que la vida alejó inmediatamente sin darles otra oportunidad, permaneció ahí, acurrucado, marchitándose, soñando en lo que pudo haber sido, de repente explotando de coraje por su mala fortuna, resignándose a su suerte otras veces, pero siempre ilusionado pensando que tal vez algún día…

El tiempo pasó por aquellas dos almas alejadas que alguna vez se buscaron con cariño, mientras el beso agonizaba ante la implacable realidad del transcurrir de los años, cuando de pronto…

…Eros, hijo de Venus y de Marte, al revisar sus asuntos pendientes –que eran muchos-, se preguntó una tarde qué habría sido de aquel gallardo y esperanzador beso que entregó en una ocasión a un adolescente tímido que lo requería para acabar de enamorar a esa chiquilla que tanto le gustaba.

Sus profundas pesquisas le hicieron saber que aquel beso estaba abandonado, ya cercano a la muerte, triste, frustrado, sin esperanzas, repartido entre dos almas alejadas por las circunstancias de la vida.

Fue entonces que Eros, muy preocupado por aquel beso a punto de fallecer, se disfrazó de Facebook, e inmediatamente se encargó de que aquella jovencita (que ya era una mujer pelo blanco) localizase a su novio de hacía tantos años.

Lo encontró muy pronto, pues Facebook (o sea Eros) siempre ha sido muy eficiente para eso de los inesperados reencuentros.

Inmediatamente la pareja de jóvenes (que ya eran adultos de pelo cano), logró ponerse en contacto desde sus lejanías. Se alegraron mucho de estar en comunicación, se reprocharon todo lo pendiente entre ellos, y viajaron medio planeta para, sin más preámbulo, besarse.

De aquella maravillosa fusión entre “el beso que no me atreví a dar” y “el beso que nunca me dio”, surgió algo muy poderoso y memorable, algo que hoy se conoce en el mundillo de los besos como El Señor Beso, el beso más importante en la vida de aquellas dos almas enamoradas que la caprichosa vida había alejado.
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