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adorad a los libros

pessoapessoa Gonzalo de Berceo s.XIII
editado mayo 2015 en Narrativa
"Los libros. esos grandes amigos de cualquiera que se acerque a ellos, desde los niños que aprenden cómo es la vida en ellos hasta los adultos y los viejos que se ven recompensados con frases que configuran el mundo, los mundos que hay en ellos". Ya lo dice la Biblia: enseñad a los niños a adorar a los libros porque estos les devolverán cien veces el tiempo empleado en ellos".
Así hablaba Juan, el profesor de literatura ante los allí congregados. Y podría haber seguido elogiando y citando de memoria asuntos sobre los libros sino fuera porque un rayo cayó en la antena del tejado, creando un estrépito horrendo en la sala.
Todos se agitaron sin saber que fuera estaba diluviando. Entraron todos en el instituto acariciados por un sol con algunas nubes pasajeras. Pero en la alocución de Juan se había formado una gran tormenta eléctrica.
Juan elevó su voz: "he aquí la prueba de que todo se confabula en contra de los libros. Hasta la Providencia quiere que mi vos sea ahogada en el tumulto de los ordenadores y las imágenes demoledoras de la razón. Los libros son la razón y todos debemos escucharla"
Una vez pasado el susto, todos notaron que aquel hombre había perdido la razón que tanto aconsejaba para chicos y grandes.
"Aquí tengo un libro. Un libro cualquiera que habla de la razón, de la vida, de nosotros mismos que estamos aquí reunidos. haced caso a la letra impresa, no dejéis que vuestros hijos amen las inmundas imágenes del mundo telemático..."
"Está lloviendo, no nos podemos ir. Este hombre parece a punto de cometer cualquier excentricidad. No se habrá quemado el instituto, ¿no?", decía una señora que quería poner orden en sus ideas sobre lo que estaba pasando.
"Tú, niño, ven a leer, vamos a comprobar contigo qué es leer, que implica el hecho de imaginar las palabras".
"No vayas,que está loco ese hombre" Los padres lo retenían.
El director actuó cogiendo el micrófono a Juan.
"Juanito, Juanito. Ya te dijimos que no leyeras tanto, que te ibas a volver tonto. Anda, siéntate y cálmate, que como animación a la lectura ya hemos tenido bastante".
"Bien", dijo el director. "No hay que preocuparse por el relámpago. NO ha ocasionado daños graves. No se trata de una confabulación contra la lectura de los fenómenos atmosféricos, ya conocéis a Juan. Par ale curso que viene vamos a poner en marcha la idea de un alumno, un ordenador pues las tecnologías requieren de los niños una respuesta adecuada."
Saltó Juan: "mejor, un alumno ,un libro. Un alumno, un libro. Repitan conmigo.

En la sala del psiquiátrico,la madre de Juan le dice: " cálmate, deja de molestar a los pacientes con los libros. Tú lee y calla,lee y calla."
Juan mira a su madre: "sí madre. Leo y callo. Leo y callo. Pero los libros me hablan, quieren que los defienda".
"Así no saldrás de aquí", dice su madre. La gente es mejor, a veces, que los libros."
Un enfermo de allí pasa y dice: "señora, su hijo es un pesao, dale que dale con los libros"
"Ya le digo yo, ya le digo yo". Mirando a su hijo: "eres un profesor estupendo hasta que te da por defender a los libros. ¿No ves que los libros se defienden solos si son buenos? Quizá deberías tú escribir un diario con lo que sientes sobre los libros. Te haría bien".
Juan escribió un diario sobre los libros y sobre él mismo. Concluyó que los libros están callados todo el rato y que él debía acallar su espíritu un tiempo, dejar a los libros en paz. Se curó. Fue a casa y donde primero miró fue en su biblioteca. No observó ningún cambio.
Se sentó a leer un libro de amores. Sintió que aquello no era un libro. Era una historia contada por un señor. Se calmó y miró a sus libros con devoción pero con el pesar del que abandona una lucha.

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