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Ejercicio: "Describir dos espacios"

CrulCrul Anónimo s.XI
editado mayo 2015 en Taller de Prosa
A partir de la premisa de un amigo, "Describir dos espacios", me he dejado llevar y al final ha salido este pequeño ejercicio de futuro ficción cercano:
¿El permiso de inmigración? Su puta madre, hace años que no lo veo. Por cojones tiene que estar en al arcón grande, porque si no estoy jodido.

Lo bueno de tener las cosas guardadas sin orden ni concierto es que no hay que andar con mucho cuidado al buscar. Vas sacando las cosas así a bulto. Si al acabar de vaciarlo no has encontrado lo que buscabas, ya miras más minuciosamente los bultos al ir guardando. El único incoveniente es que durante el proceso encuentras muchas cosas con las que es dificil no despistarse. La primera fue la foto de Turmi. Había pasado tanto tiempo sin recordar que la sensación de reconocer el hogar se mezcló con la extrañeza de mirar algo por primera vez. La foto ni siquiera es mía, de por lo menos diez años antes de que naciera. No conozco a nadie de los que aparecen. Lo que sí reconozco son las tribus: unas chicas Hamar en la esquina, un grupo de mayores Dasanech en el suelo y un Tsamasi, saliendo de cuadro, mirando a cámara. Es fácil, van disfrazados en plan antiguo. Cuando era pequeño todavía veías gente disfrazada para los turistas, era divertido. Al final sólo había representaciones en teatros bastante caras, en plan pijas. Por las calles sólo los veías en las recreaciones esas que hacían con los saltos de toro y las peleas de donga, como de mentira.

La mirada, desenfocada con los recuerdos, vuelve a la foto. Esa casa es demasiado vieja, la calle no esta asfaltada, ¿no será una foto de una representación? No, no tendrían los bidones de plástico a la vista y la puerta... no, no, debe ser más antigua de lo que creía. Turmi es una ciudad, de las pequeñas pero con todo asfaltado y muchos edificios modernos. Tengo que acordarme de buscar fotos a ver cómo está ahora. Tiene que haber crecido, como todo. ¿Tendrá rascacielos? Cuando me fui había ya varios parques comerciales de los de todos sitios. Con el tren chino se tardaba menos de una hora a Adís Abeba. Las primeras veces las recuerdo flipando, de vergüenza, ¿será que me pilló muy joven?. Luego me acostumbre o crecí, porque ni siquiera recuerdo coger el tren chino cuando me fui la última vez. Y seguro que lo cogí, el avión salió de Adís Abeba. El avión a El Cairo, de ahí a Kuala Lumpur donde estaba el Julio Verne entonces.

Por primera vez en un rato la mirada enfocó algo más lejos que mis manos, mi habitación, el Julio Verne. Ese nombre ha cambiado tanto como los recuerdos de Etiopía. Al principio era un sueño, luego fue una aventura que hace años que se volvió vida cotidiana. Cuando digo "mi casa" ya no tengo que aclarar nunca cuál. Es una buena medida, te dice cuándo tu mente ha llegado al mismo sitio que tu cuerpo. Para estas cosas es más lenta. El cuerpo lo llevas a la otra punta del mundo en menos de un día, la mente tarda unos meses en darse cuenta del todo.

Un país en un mega-barco, suena espectacular hasta que te das cuenta que hay partes del barco en las que tardas más en llegar a ver el mar que desde el centro de muchas ciudades interiores. Dicen que hay partes de la bodega desde las que se tarda tres horas en poder ver algo fuera del barco. Lo de cambiar de zona a lo largo del año se nota más en las modas y las ofertas de las tiendas que otra cosa. He oído que están empezando a hacerlo en ciudades en tierra, suena tonto cambiar tantas cosas pero, claro, también es bastante tonto aquí. Sí, el año lo empezamos más cerca de Australia, pero es que las tiendas llenas de boomerangs son las mismas que rebosan farolillos durante los Bones de verano porque, por supuesto, estamos cerca de Japón. ¿Por qué no iban a hacerlo las tiendas de cualquier sitio? Más pasta para vender cada época. El verano se lo vendo a Rusia, la privameva a China, el invierno más barato a algún país europeo. Un chollo para la economía, la que manda, la de las empresas globales. ¿Cómo no se le había ocurrido nunca a nadie? Al final siempre se le acaba ocurriendo a alguien cualquier cosa.
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