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El mar se comportara

licomanuellicomanuel Pedro Abad s.XII
editado mayo 2015 en Ensayo

EL MAR SE COMPORTARA

Hace un tiempo (que ahora parece una eternidad) viví en Irlanda durante dos años y medio, más o menos. En Irlanda hay un gran contraste entre la zona de costa y la de interior, sobre todo debido a una de las características más importantes del país, la naturaleza. Dicho así, se podría pensar que hay árboles hasta debajo de las mesas. Nada más lejano a la realidad pero si es cierto que en el corazón de todo irlandés hay un árbol como los del anuncio de la cerveza guinness, concretamente de los comerciales previos a los partidos de las 6 naciones de aquel año 2009 en que Miguel Ángel y yo aprendimos a devorar el rugby (unión) e Irlanda barrió haciendo Grand Slam.
La naturaleza, en definitiva, está presente en toda la isla y hasta en la televisión. Pero hay otro tipo de manifestación de ésta que tampoco pasa desapercibida: la gente vive pegada a la tierra. Los usos y costumbres son los de un pueblo que está acostumbrado a vivir de ella y en ese marco, cada vecino del pueblo no deja de ser un personaje tan raso como uno mismo. Desgraciadamente, en la actualidad está ocurriendo un trasvase de población del campo a las ciudades y la identidad de los habitantes como gentes de la campiña decae, al mismo tiempo que la falta de ella aumenta. Al menos así me lo explicó uno de los operarios que conducía una pala. A este tipo de naturalidad me refería antes, la cercanía de las personas a la hora de relacionarse. Este gesto en Irlanda también es muy común y se pone de manifiesto cuando te llaman "lad" o "ya" o mi preferido "good man".
Así pues, yo solía vivir en un pueblo a las afueras de Dublín, a unos 16 kilómetros hacia el norte, llamado Malahide. En sus comienzos, el pueblo fue conocido por los balnearios y pronto se convirtió en un santuario, sobre todo, para gente pudiente. Justo al lado de donde se encontraba nuestra urbanización había un spar y en la esquina un starbucks. He frecuentado esa cafetería en innumerables ocasiones: cuando los amigos de Miguel Ángel vinieron a visitarlo, para escribir, con otros amigos en fin de semana, en las visitas de mis padres, etc. En una de las paredes de este establecimiento está una de las cosas que diferencia a este starbucks del resto de los que he estado: hay un fragmento de un poema de un poeta irlandés, Pat Ingoldsby (en.m.wikipedia.org/wiki/Pat_Ingoldsby). Este poeta de origen dublinés y afortunadamente todavía vivo (para su propio disgusto), es una leyenda viva de este país, de este sorprendente país que puede contar sus autores famosos con ambas manos: Jonathan Swift, Oscar Wilde, Bram Stoker, George Bernard Shaw, James Joyce, William Butler Yeats, etc. La proporción de las letras en esta isla se pone todavía mas de manifiesto cuando tenemos en cuenta que la población de Irlanda en la actualidad, con suerte, puede llegar a los 5 millones, es decir, hay mas vacas que irlandeses, dicho esto por ellos mismos.

El poema si tengo que ser completamente sincero no lo recuerdo ahora mismo pero le he pedido al blogger Darragh Doyle (darraghdoyle.blogspot.com) que me eche una mano tratando de identificar la obra a la que corresponde el fragmento. He dejado un mensaje incluso al mismísimo Pat en Facebook pero seguramente no lo verá hasta dentro de un tiempo porque andará como siempre vendiendo libros de su antología poética por la calle. Si queréis, daos una vuelta por su pagina de facebook: Pat Ingoldsby, my poems come out to play. Yendo al grano, este poema habla acerca del comportamiento y la estructura del mar, de los distintos elementos que lo conforman y por supuesto, de como se comporta el mar desde un punto de vista digamos "humano". Este es un tema recurrente en su lírica:

DO YOU KNOW WHAT THE SEA IS ABLE TO DO
"Do you know what the sea is able to do?
For all of her millions and billions and trillions of tons,
her rocks and her wrecks, her seaweed and stones,
her mermaids and serpents, mysterious bones,
her tempests to test you, fish that can fly,
pinkeens that are gone in the wink of an eye,
whirlpools to suck you as if you’re a sweet,
sharks who would shred you like yesterday’s wheat,
do you know what the sea is able to do?
She is able to lie perfectly still
without uttering a sound,
quiet as a feather adrift on the ground".

"Sabes lo que el mar es capaz de hacer?.
Para todos sus millones y billones y trillones de toneladas,
sus rocas y sus pecios, sus algas y piedras,
sus sirenas y serpientes, huesos misteriosos,
sus tempestades para probarte, su pez que puede volar,
pececillos que desaparecen en un parpadeo,
remolinos succionándote como si fueras un caramelo,
tiburones que te cuartearían como al trigo de ayer,
sabes lo que el mar es capaz de hacer?
La mar es capaz de yacer perfectamente quieta,
sin producir un sonido,
silenciosa como una pluma moviéndose sobre el suelo".

Lo que ocurre es que esta visión quizá no sea la más justa ni la más equitativa y digo esto con gran pesar de mi corazón porque como representante del genero humano que soy me encantaría poder decir que mis congéneres en los múltiples naufragios y desastres naturales donde el agua lo ha engullido todo (maremotos, tsunamis, riadas, etc) no han sido más que tristes y desdichados espectadores en todas las ocasiones pero desgraciadamente, no ha sido así.

Cuando me enteré del naufragio y la muerte de las 400 personas que intentaban alcanzar la costa italiana, lo primero que me vino a la cabeza fue:

-Que era otro episodio más de la eterna huida de africanos en busca de una vida mejor que como muchas otras veces había acabado mal,
-Que siempre habrá gente que pase lo que pase los verá como una amenaza potencial para ocupar los puestos de trabajo de sus compatriotas (en este caso italianos),
-Que esta vez habían sido 400 pero como me dijo una amiga hoy, estamos anestesiados y podrían haber muerto 1000 y se nos habría quedado la misma cara.

Esta es la retahíla de pensamientos que me asaltan en relación al tema de la inmigración, cada vez (y son bastantes) que se hace presente. Pero esta vez ha sido distinto, quizá porque últimamente saco los pies del tiesto o simplemente porque mi mente hace esfuerzos ímprovos por recordar pasajes amables de mi vida. La cuestión es que me acorde de Pat Ingoldsby y su poema "Other time the sea will behave" y de aquella explicación del vecino de Muxía cuando la catástrofe del prestige que curiosamente coincide con la explicación de mi monitor de teatro acerca de las reacciones de la tarima, "la tarima escupe aquello que no es cierto, lo accesorio simplemente lo muestra, lo expone". El mar, como decía el del pueblo marino, escupe lo que no quiere y se queda lo que le interesa.

Digo todo esto porque es común, frecuente, encontrar comentarios del tipo "el mar se los tragó" o "el mar se cobra otra vida". El mar es un objeto inanimado, gigantesco por otra parte pero inerte al fin y al cabo, lo cual debería darnos qué pensar: tres cuartas partes del planeta están muertas pero albergan un minúsculo (en comparación) cosmos de seres vivientes. La vida, por tanto, es difícil de encontrar. Aún así la especie humana, vista desde fuera, se empeña en banalizarla. El mar no se ha tragado nada, antes bien, ha acogido lo que los hombres no han querido, lo que nuestra sociedad ha desahuciado y se lo ha llevado hacia dentro de sí preparando el funeral óptimo. La vida salio del mar y como tal volvió a su nido mas antiguo. No escondamos tras palabras elegantes nuestra ineptitud para con los de nuestra propia especie.
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