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Apología de la parresía

SilenusSilenus Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
editado marzo 2015 en Guias, manuales y consejos
Enseñanzas unamunescas


“Bueno; pues déjate de mandangas y garliborleos, y cuando tengas que decir algo y no puedas guardarlo dentro de ti porque se te salga, dílo, y dílo derechamente. Sobre todo, dílo, ¿eh? Decir no es escribir. Una cosa es escribir y otra decir por escrito (...)”.
“Todo esto de las cacofonías y las asonancias y demás bobadas no son más que eso: bobadas. ¿De dónde has sacado que el repetir una misma sílaba en pocas palabras es cacofónico? Tonterías de preceptivos que, no teniendo nada que decir, inventan dificultades técnicas artificiosas para atribuirse el mérito de vencerlas.”
“¡Que se te quite la manía de la perfección, hombre! Si andas con eso de la perfección no acabarás nunca de hacer algo vivo. Y lo que no es vivo, ni se tiene en pie ni dura. (...) Déjate pues, de eso, y convéncete de que todo lo vivo, de veras vivo, es obra de dos, por lo menos. Y deja , por tanto, que hagan tus obras tus lectores tanto como tú.”
“Casi todos lo más grandes escritores han sido fecundos, muy fecundos, se han repetido mucho, muchísimo; a fuerza de repeticiones han llegado a la forma definitiva de expresión, y ha sido el público el que ha seleccionado sus obras. ¿Por qué has de ser tú quien seleccione lo tuyo? Déjate avasallar de ese modo”.
“En vez de andarles dando vueltas y más vueltas a las cosas, a la busca siempre de su expresión perfecta, deja que ellas rueden por el mundo (...)”
“Mira, has de modo que quién te haya oído hablar sienta dentro de sí al leerte el timbre y la entonación de tu voz, y sino te ha oído se figure una voz que le habla. Que te oigan al leerte, sobre todo esto, que te oigan, y no solo que te lean. Y para que te oigan y no solo te lean es preciso que les hables, que digas y no solo que escribas.”
“Ya sabes aquello que es tan antiguo, pero que hay que repetirlo tanto: ‘No un escritor, sino un hombre que escribe’. El escritor no es más que para los escritores, para los del oficio; el hombre que escribe es para los hombres que leen”.
“Déjate, pues, de garliborleos, y cuando no tengas nada que decir, cállate; y cuando sientas algo que decir, aunque sea lo que lo que muchos otros antes que tú han dicho, pero de decirlo, ¿eh?, de decirlo y no de escribirlo, dílo. De palabra o por escrito, lo mismo da. Pero dílo.”
“¡No hagas orfebrería literaria, por dios, no hagas orfebrería literaria!”.

De “Orfebrería literaria”, publicado en “El Imparcial”, Madrid, 5 de mayo de 1913.

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