¡Bienvenido/a!

Pareces nuevo por aquí. Si quieres participar, ¡pulsa uno de estos botones!

¡Atención! Para conocer y opinar sobre la nueva plataforma de Foro de Literatura por favor haz clic aquí.

Cosa Mentale

Excusez MoiExcusez Moi Gonzalo de Berceo s.XIII
editado enero 2015 en Erótica
Ayer tarde, con Alicia, la amiga ninfómana de José Carlos, en el Café La Estrella. Sobre el asunto de las fantasías sexuales. Le confieso sin rubor que me masturbo a diario. Como un loco. Ningún problema con eso, la gente debería practicar más a menudo. Ella me mira a los ojos, divertida. Diría que le gusto. O bien le apasiona el tema, dice:

- Si tuvieras pareja, ¿seguirías tocándote?

Tocándote. Respondo que sí, por supuesto.

- Es otra forma de infidelidad- dice.

- Tu padre no estaría de acuerdo- interviene José Carlos. Al parecer, el padre de su amiga es psiquiatra forense.

- Mi padre está loco.

- Pero es psiquiatra.

- Ya.

La chica vuelve a dirigirse a mí.

- Oye, ¿y con quién...?

- Con quién, qué.

- Vas a obligarme a decirlo. Con quién te masturbas.

- Con todas, tarde o temprano.

- Jaja, ¡tarde o temprano!- gorjea de placer.

- Sí, en tu caso fue rápido.

Sonrío, sin dejar de mirarla a los ojos. Como un acto reflejo, Alicia vuelve a sostener el vaso de tubo en la mano, no aparta la vista. Luego bebe un sorbo, sigue mirándome fijo a través de la curva del vidrio. "Vaya un cerdo", comenta, como para sí misma.

- Y aún no has visto nada...

- ¿Por qué? ¿Qué más haces?

- ¿De verdad te interesa?

- En realidad no. Interés no sería la palabra. Soy una señorita. Siento curiosidad, solamente.

- Bueno, a veces me bebo el pis- digo.

- ¡El pis! Pero, ¿qué pis, tío? ¿El tuyo?- los ojos temblándole en las cuencas. José Carlos suelta una carcajada. Alicia parece fascinada.

- Eres un auténtico cochino. Guarro. Cerdo.

- ¡La tienes en el bote!- la voz de José Carlos, risueño.

- ¡Cierra la boca, idiota!- protesta ella, sin dejar de sonreír.- Oye, no tenía ni idea de lo loco que estabas.

- Ya ves....

José Carlos compone una mueca divertida, hace entrechocar los hielos en su vaso de tubo:

- ¿Os dejo solos?

- A ella le encantaría- contesto, sin dejar de mirarla, soltando una patadita a mi amigo por debajo de la mesa.

- A ti sí que te volvería loco, gilipollas-, protesta la chica. Ahora su voz suena líquida, lúbrica, como proyectada a través de las paredes de su propio rosado y dulce coño; el par de ojos de ninfómana atravesándome de parte a parte, mantenidos ahí, a la distancia de una mesa de café, cosquilleándome en la nuca.

Se hace un silencio eléctrico. Veo a José Carlos revolverse incómodo en su silla. Los pájaros pían en sus ramas. Se escucha el murmullo de la fuente al otro lado del parque y el ligerísimo rumor del tráfico al otro lado del seto. Siento de pronto -una certeza luminosa e incandescente, cegadora como la misma luz divina- que acabo de follármela, a su amiga. Un polvo mental, me digo.

Y noto húmedos los calzoncillos.
Accede o Regístrate para comentar.


Para entrar en contacto con nosotros escríbenos a informa (arroba) forodeliteratura.com