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Encuentro en fase animal

rocinanterocinante Garcilaso de la Vega XVI
editado junio 2008 en Ciencia Ficción
ENCUENTRO EN FASE ANIMAL



Era una noche fría de crudo invierno cuando en la espesa oscuridad del cielo un punto luminoso se traslada en la lejanía del firmamento. Una bola de fuego incandescente y luminoso viaja a tan vertiginosa velocidad, que en escasos segundos cruza el aire y se estrella en la mansa superficie del mar.

En el lugar en donde ha colisionado el agua aún hierve por la fuerza del impacto, mientras que por los alrededores, por entre el turbulento remolino que se va calmando por momentos, se ven restos de una extraña nave voladora, que flotando se van alejando en todas direcciones. Mientras, no muy lejos de allí, un bulto de ropas negras se aleja, meciéndose suavemente al compás de las olas que lo arrastran hacia la costa. Cerca de tierra, casi junto a las olas de el rompiente, la fuerza del agua parece que se lo va a tragar, pero al primer embate el bulto informe de ropas arrugadas parece que cobra vida y se despliega sobre sí mismo, formándose en su lugar una especie de figura humana que desafiando a la fuerza de la corriente camina erguido y solemne en dirección a tierra firme. Una vez allí, la figura de negro, que tiene los rasgos de la cara cubierto por una especie de capucha del mismo color, parece dudar, mira a su alrededor y tras unos minutos de vacilación se interna en la espesa vegetación del bosque. Cuando después se aleja en silencio, el cuerpo oscuro y brillante por la humedad parece una aparición fantasmal a la vez que sus pies ocultos a la vista, que van pisando suavemente, van dejando marcadas por entre las hierbas del suelo una estela fluorescente.

Caminando por la impenetrable vegetación, adivinando los obstáculos en la oscuridad y pareciendo conocer el camino, llega hasta un claro de la maleza que parece aclarar la noche. Allí la figura humano se detiene como buscando algo y cuando parece que lo ha encontrado, se mueve con pasos rítmicos y ligeros hacia un árbol cercano que está inclinado, casi caído en tierra, allí mismo, en la parte más alta de su tronco, en la especie de cuna que forma su madera carcomida se tiende, se acuesta impasible y como ausente del peligro y la soledad que le rodea. Parece que duerme pero no es así, las dos rendijas luminosas que tiene en el lugar de los ojos permanecen encendidas vigilantes y tan atentas que ahora parecen que se animan porque en esos momentos han detectado en la lejanía una forma de vida que se acerca, a un ser desconocido que se aproxima por momentos. El lobo que se acerca es un lobo viejo y solitario, cojea de una pata y a simple vista parece inonfesivo. Desde lejos viene con el hocico entre los matorrales y venteando el aire, porque desde hace tiempo husmea el rastro de una presa. Mientras camina absorto en su búsqueda, unas finas gotas que le caen en su espesa pelambrera le hacen presagiar una próxima lluvia. En aquel momento el lobo se detiene, el rastro que desde hace rato viene siguiendo está aumentando a medida que se está acercando a aquel árbol caído. El aroma, aunque suave y desconocido, que no sabe catalogar, le atrae de tal forma que a cada paso que avanza le parece más nuevo y apetitoso. Un trecho más adelante se detiene bajo el tronco y mira hacia arriba. Entonces lo ve. Allí arriba divisa una forma tan rara de vida que no sabe acertar a que clase de animal puede pertenecer, no obstante como parece que aquello duerme ajeno totalmente a su presencia, comienza a trepar por el tronco carcomido, sin miedo, sigiloso y atento como lo han hecho antes que él generaciones de lobos. Al llegar arriba y casi tocar con el hocico a aquel revuelto montón de ropas arrugadas, duda. Aquello que está viendo y oliendo no es una presa conocida. Aquel animal o lo que fuera no forma parte de su catálogo de caza. Su instinto le dice que huya, que salga corriendo y se olvide de aquello, pero como cada día tiene que demostrarse a sí mismo que aún está fuerte, que todavía conserva la ferocidad heredada, se dispone a atacar, a morder, a clavar su todavía fuerte mandíbula, más que nada por instinto, más por orgullo que por ferocidad.


En aquel momento cuando ya sus dientes se acercaban, de pronto el bulto se movió y de repente una intensa luz blanca cegadora salida de no sabía dónde le paralizó de tal forma que aunque hizo enormes esfuerzos para huir no pudo. Algo invisible y potente lo retenía allí en aquella ridícula posición de ataque. Al mismo tiempo veía como la figura de negro, lentamente y en completo silencio, se incorporaba y como en sus facciones oscuras y ocultas por una especie de velo negro se animaban dos rendijas de luz. Ante esta situación extraña y de pesadilla, el animal, el viejo lobo, cree que ha llegado su fin, que desgraciadamente ha llegado su hora. Que desgraciadamente ha caído en alguna nueva y sostificada trampa de los humanos. Aquello que estaba viviendo, no era una fantasía de su mente animal, ni ninguna pesadilla de sus noches de hambruna, aquello era una cruda realidad y en la que que se encontraba ridículamente atrapado por una potente luz y que un ser extraño y desconocido lo miraba de forma vaga a través de unos finos pero mortíferos rayos de luz. Mientras, la lluvia, que hacia rato caía con fuerza, lo estaba mojando y no podía ni tan siquiera moverse para sacudirse el agua de su pelo que ya empezaba a estar empapado

Al cabo de unos interminables minutos, cuando parecía que aquel extraño ser lo había estudiado con detalle, una potente voz metálica seca y autoritaria tronó dentro de su cabeza.

-¿Quién eres?

La frase que resuena clara y potente entre sus orejas, lo deja tan asombrado y asustado que al cabo de unos minutos como despertándose de su asombro acierta a responder

-¡ Quién voy a ser !¡Un lobo, un simple lobo, viejo y solitario que no piensa hacerte ningún daño!.

La figura de negro pareció comprender porque seguidamente y sin tan siquiera mover un pliegue de sus ropas siguió hablando dentro de la peluda cabeza.

-¿Qué quieres de mí?


-Pues que voy a querer, ¡nada!

Respondió rápidamente el raposo, dando al tono de su voz un tono lastimero y suplicante.

-He subido a este árbol a conocerte. Nada más que para eso. Y como viera que el ser extraño se quedaba silencioso y como pensativo, el lobo aprovechó para añadir seguidamente

.-Verás, es que hace días que no como nada y claro como a uno le obliga el hambre y el instinto y eso es algo de lo que uno no puede escapar... Pues ya ves, buscando algo para comer, te he encontrado, aunque ya veo que eres un ser inteligente y poderoso. Por eso si me dejaras marchar no volverías a verme.-


-¿Qué es comer?


Sonó de pronto la voz metálica como si saliera de una maquina electrónica. Aquel lobo era veterano en el vivir. Perseguido a muerte en miles de cacerías, herido, mordido y escopeteado en un sin fin de aventuras. Superviviente de cepos, venenos y peleas. Único testigo viviente de incontables generaciones de lobos, no pudo evitar quedarse asombrado, al comprender tamaña pregunta. Ante la enorme ingenuidad de la pregunta, su primera sensación era la de que se estaban burlando de él, pero mirando con detenimiento las amarillentas rendijas de los ojos de su compañero que lo observaban parpadeando, ahora con mayor rapidez, pensó que la pregunta tenía que ser contestada rápidamente".


Por eso dijo:

-¡Mira!-

mentalmente y más animado, Inexplicablemente expresándose en el mismo lenguaje telepático del extraterrestre

.-Si al menos me dejaras moverme un poco me sacudiría de encima toda esta agua que está cayendo, y así te podría responder con más comodidad-.


-¿ No querrás escaparte, verdad? Te prevengo que si lo intentaras tendría que eliminarte. -

-No voy a escaparme. Además no te veo armas a la vista, ¿cómo podrías detenerme?

Lentamente el extraño ser levantó en el aire lo que parecía ser su brazo cubierto totalmente de tela y sin mano en su extremo, disparando de pronto un rayo de luz tan luminosa y silenciosa que al estrellarse contra los matorrales vecinos levantó una nube de tierra y humo blanco que mansamente se fue dispersando bajo la lluvia. El cánido, asustado y tembloroso ante tan convincente como inesperada demostración de fuerza, añadió enseguida telepáticamente.


-Vale tío, te prometo que no voy a huir. Cualquiera se escapa, soy un lobo y viejo pero no estúpido. Además quiero llegar a jubilarme, aunque la pensión de lobo pensionista no dé para mucho.

-¿Te burlas de mi?

Tronó ahora con más fuerza la voz metálica.


.-Era una broma, hombre, o lo que seas. Para que lo sepas, en este planeta los animales salvajes como yo, somos seres inferiores, tan pobres y desgraciados que no tenemos ni tan siquiera la suerte de encontrar comida cuando tenemos hambre.-


Como si aquellas sencillas palabras hubieran desconectado algún invisible resorte, por arte de magia la luz que lo retenía prisionero desapareció. Al momento, al sentirse libre, la repentina reacción del animal fue la de escapar, huir de allí, pero la figura de negro espiaba sus más mínimos movimientos. Entonces, ante su impotencia el raposo disimuló sus intenciones añadiendo con entusiasmo:


- Pregunta todo lo que desees, que te contestaré a todo lo que tú quieras y de todo lo que yo sepa
.

Mientras, el ser de negro esperó pacientemente a que su compañero de árbol se sacudiera el agua de pelo agitándose con frenesí, a que se lamiera con fruncción una pata, y a que éste cogiera una posición más cómoda en la rama para hacerle una nueva pregunta.

-¿Los habitantes de este planeta son seres como tú?

-¡Nada de eso, ya me gustaría a mí!

Respondió rápidamente y decidido el carnívoro.

- Yo soy de una de las razas más despreciadas y perseguidas de este planeta. Por eso ahora somos los más escasos, los más odiados y perseguidos en estos parajes. Aquí en la montaña malvivimos multitud de animales llamados salvajes. Aunque también están los llamados domésticos, los obedientes, los que viven con los humanos y que perdieron su orgullo. Esos son los que cambiaron su libertad por el pienso diario y seguro. A esos se les enseñan desde cachorros que tienen que obedecer y ser dóciles, a cambio tienen la comida asegurada para toda su insulsa vida. Pero nosotros, los salvajes, los que estamos libres, somos cada día más perseguidos y aniquilados por venenos, cepos y por las armas de fuego de los hombres, animales que son dueños y señores de este mundo.-

-¿ A pesar de que estáis en guerra y de que sois dos culturas diferentes? ¿Os comunicáis entre vosotros?

El aullido que soltó el canido fue tan fuerte que asustó a varios pájaros que se habían refugiado de la lluvia entre las ramas vecinas. Resonó por los alrededores y retumbó en la cabeza del humanoide, sobresaltándole de tal forma que la luz de las rendijas de su cara parpadearon más seguido que nunca. El lobo no obstante, creyéndose más culto que aquel ser venido del cielo, alargó el cuello, y afíló el hocico para decir.

-Qué va, que poco te lo imaginas. Te daré un ejemplo. Para que veas hasta qué punto estamos incomunicados: Yo fui criado desde muy tierno cachorro en una granja avícola, en donde el dueño tenia la peregrina intención de domesticarme y con el tiempo convertirme en un perro faldero y baboso. Pero es bien conocido de que mi raza es fiera e indomable. Así que antes de que me salieran del todo los colmillos, ya había intentado de comerme a una apetitosa gallina. Gallina de las muchas que allí había y que como pavos reales se paseaban delante de mis hocicos. A resultas de aquello fui echado de allí con tal mala patada en mis cuartos traseros que quedé inútil de una pata para los restos de mis días, dando con mis huesos al final en el lugar de donde nunca me tuvieron que haber sacado, el bosque. En donde, a pesar de los múltiples contratiempos, no se me da tan mal del todo y puedo ir tirando. Aunque pasado el tiempo, sigo pensando que la gallina aquella, se lo mereció por orgullosa y por sus aires de princesa, y sus carnes aún las recuerdo. Que jugosa y que blanca su pechuga, aunque pensándolo bien al no tener todos mis dientes completos la desperdicié un poco.


Llegado a este punto del discurso, algo en la negra vestimenta del forastero se movió dejando al lobo callado y temeroso de cualquier inesperada y peligrosa demostración de impaciencia. Así que adivinando el enfado del otro telepateo.
..

.-De acuerdo tío, vale, no te enfades., Es que para una vez que consigo comunicarme con otro ser, que no es de mi especie, pues me aprovecho. Compréndelo, son muchos años de lobo solitario y vagabundo.-


Al momento se hizo un denso silencio en la mente de los dos seres. Cada uno por su lado se entregó a sus pensamientos El ser inteligente, venido del espacio infinito, viajero de las galaxias, parecía que registraba, que comparaba y con ello se estaba asombrando de su propia ignorancia. En aquel planeta que acababa de conocer malvivían insignificantes seres como el que tenía a su lado, que almacenaban en su pequeño cerebro conocimientos tan valiosos y tan importantes, que superaban con creces a los líderes de su mundo, que lo obligaban a viajar y lo guiaban por todo el universo. Contemplaba con admiración y envidia aquella forma de vida, y se asombraba por sus habilidades y conocimientos. En la mente de su nuevo amigo, había visto un arsenal de sabiduría. En aquella pequeña cabeza, cubierta de una extraña piel, se almacenaban escalonadamente y en orden perfecto predicciones del tiempo, técnicas de caza y de camuflaje. De lucha y de conservación. Un sentido exacto de la orientación. Fuerza moral y de lucha. Instinto fraternal de familia y de grupo. De supervivencia. De odio, de temor y de una rabia feroz y asesina. Ese ser que se consideraba a sí mismo primitivo e inferior atesoraba una inteligencia y una sabiduría que para sí querrían los habitantes del mundo de donde procedía. Su planeta, perdido en el confín del espacio, dependía de una energía cósmica heredada y, con sus formas de vida, aunque inteligentes, vacías de los sentimientos e instintos naturales y hereditarios que había encontrado en aquella criatura, que además era libre e independiente. Todo muy al contrario de los de su especie, que se dejaban dominar por programas establecidos y obedecían ciegamente las órdenes impuestas de una técnica anónima y contra la que no sabían rebelarse. Por otro lado el animal, el lobo, el mamífero carnicero, se sentía por unas horas necesario para aquel ser, Su instinto, aquel instinto que nunca le había fallado, le decía una vez más que no tenía nada que temer, y que él con sus palabras y explicaciones le había impresionado y se sentía orgulloso, por eso, entre las ganas de aprender de uno y las de agradar del otro se formó entre ellos un lazo de entendimiento que les unió durante días. Un tiempo que pasó sin que el animal sintiera ganas de acabar con aquella amistad, y sin que el ser de negro diera muestra de cansancio o aburrimiento. La extraña imagen de los dos juntos, arriba en el árbol caído, se perfilaba en los atardeceres y por entre las ramas de aquel bosque. El animal, sentado sobre sus cuartos traseros y su compañero, visto desde la distancia, como un bulto indefinido y atento siempre a los movimientos de orejas de su amigo. Con el paso del tiempo se intercambiaron conocimientos, recuerdos, anécdotas y vivencias que creían olvidadas, formándose entre una fuerte amistad que se hizo patente cuando sin previo aviso el extraterrestre sé incorporó en el tronco, mostrando sus dos metros de altura y, in emitir ningún sonido, hizo ademán de
bajarse. Entonces, su amigo movió nerviosamente el rabo para decir:

-¿A dónde vas?


.-Quiero conocer tu extraño planeta.-

Le contestó, dándole la espalda

.-y si es verdad cuanto me has contado de él.-


-¿Quieres conocer al hombre?

Prosiguió el lobo buscando al mismo tiempo la mejor manera y más fácil de saltar del tronco. Pero a esa pregunta el otro no respondió aunque pareció dar su consentimiento, esperando y siguiendo con la mirada a que su amigo acabara de una vez de estar en el suelo. Una vez juntos, partieron y se adentraron caminando por entre los árboles del bosque bajo el brillante sol de un nuevo día. Los dos caminaban silenciosos y atentos a sus propios pensamientos. El ser robotizado, pendiente de sus ruidos internos, grabando nuevos sonidos, comparando y analizando en sus memorias las nuevas y variadas formas de vida que se cruzaban a su paso. Por su limitado campo de visión desfilaban las plantas, los pájaros, los insectos. Los charcos de agua que mansamente brillaban bajo el sol. Aquel sol que le calentaba su piel metalizada. Todo eso hacía que por unos minutos se olvidara de su amigo y de la misión que lo había llevado hasta allí. El lobo mientras tanto, siempre hambriento y siempre buscando, caminaba, unas veces de detenía y otras se perdía por entre los matorrales, olisqueando aquí y allá, a veces desapareciendo del sendero, para aparecer al rato con su característico trote cojitranco, royendo algo invisible entre los dientes.


Juntos y sin comunicarse con aquel lenguaje sin sonidos que les unía, llegaron a lo que parecía ser el limite de la arboleda. La espesa vegetación del bosque terminaba de pronto, en el borde de un alto precipicio en donde tuvieron que detenerse. Desde aquel lugar se divisaba un paisaje sin límites. Bajo el cielo despejado de un día claro se veían montañas lejanas, casas de labor desperdigadas como parches oscuros en el ocre del campo, una carretera negra y sinuosa que como una serpiente trepaba en la lejanía por valles y campos, de labranza, con interminables surcos que se hacían infinitos y se perdían a la vista. Y fue allí en donde la lejana visión del tractor trabajando en la lejanía sacó al extraterrestre de su concentración. La mole oscura se agitó para dirigirse a su canino compañero, que en aquel momento andaba muy atareado buscándose una pulga por entre los pelos de la barriga. Dejando repentinamente de rascarse, sintió dentro de su cabeza- ¿Qué es aquello?

-¿Que cosa? -

Contestó rápidamente el lobo, molesto, porque no alcanzaba a ver lo que el enigmático ser le indicaba. Al fin, levantándose con esfuerzos sobre sus patas traseras y esforzando su gastada vista alcanzó a ver lo que el de negro le indicaba. En la lejanía, el tractor tan pequeño como una hormiga se movía en su trabajo de remover la tierra de labor.

.-Aquello de allí es simplemente una maquina de labranza, que escarba en la tierra para que después enterrar semillas en ella, que pasado un tiempo germinarán en frutos que servirán para alimentar a hombres ya animales.-

El de negro continuó con sus preguntas.


-Si el hombre es un animal Como tantas veces me has asegurado, ¿cómo es que ellos manejan maquinas y vosotros sois tan primitivos?


-Te aseguro que ellos también son animales-

Apostilló el lobo, dando a su voz silenciosa y telepática un tono de suficiencia y gravedad.

.-Ellos los humanos, los hombres.-

Siguió telepáticamente el lobo.

.-tienen las mismas necesidades físicas que nosotros. Somos mamíferos y necesitamos comer y dormir para vivir, aparearnos para tener descendencia. Padecen de frío en Invierno y se fríen de calor en verano. Dependen del clima para sus cosechas, lo que pasa es que en el fondo se avergüenzan y les cuesta admitir que son animales como nosotros, con la diferencia, según ellos, de que son inteligentes. Una rara inteligencia, difícil de entender, para nosotros, los animales irracionales, pues la utilizan para darnos caza y exterminarnos-.

Al llegar a este punto de la charla, los muchos recuerdos de persecuciones, cacerías y encerronas a que ha sido sometido durante su larga vida hace que calle y que un ligero temblor sacuda su hocico y que las orejas, aquellas orejas que siempre lleva tiesas, le caigan lacias sobre los ojos. Al final y como para alejar los triste recuerdos, sacude la cabeza y mira al suelo. El ser del espacio mientras tanto registrando el temor repentino que ha sobresaltado la mnete de su amigo, animó las rendijas de los ojos para dirigirlas hacia los de sus compañero, con un brillo que pareció taladrar el cerebro del animal, comunicándole e infundiéndole una nueva y extraña fuerza moral. Inesperadamente, sonó de nuevo la voz metálica en la pequeña cabeza peluda. Pero ahora parecía tener otro timbre. Ahora, era de una tonalidad más suave. Parecía que las frases eran adornadas con un toque melodioso. Como si aquellos sonidos trasladaran un mensaje fraterno y de amistad.

-¿Como podéis ser tan diferentes?

-No lo sé, ni te lo puedo demostrar.

Siguió su amigo.


.-Pero es así como me lo dijo mi padre y a él se lo trasmitió el suyo.-

Acabó el lobo orgulloso de saberse culto y necesario.


-¿Te gustaría no ser nunca cazado y morir de viejo ?


El peludo, incrédulo ante tamaña promesa, quedó callado afirmando con la cabeza, y sin atreverse a mover un músculo, sin tener la mínima seguridad de que una cosa así pudiera convertirse en realidad. De pronto y sin previo aviso, una luz potente y cegadora lo deslumbró, salió de pronto del cinturón de su compañero, inundándolo completamente y haciéndolo desaparecer de propia vista. Su viejo y peludo cuerpo no
existía, y hasta su rabo, su querido rabo, no parecía por ninguna parte, y de él mismo no quedaba ni tan siquiera la sombra en el suelo
.

- ¿Cómo lo has hecho?-

Preguntó atropelladamente. Nadie le contestó, sino que cuando se quiso hacer entender en la cabeza de su compañero, se miró de nuevo y se vio como siempre, de pie, en la hierba, con todo su cuerpo ocupando el lugar de donde antes había desaparecido. Mientras tanto su amigo, en silencio y como flotando en el aire, descendía por el peligroso terraplén que le había cortado el paso. La figura de negro se desplazaba a una velocidad asombrosa, en dirección hacia la maquina que tanto le atraía. Bajar por donde lo había hecho el viajero de las estrellas era un seguro suicidio. Así que sin poder hacer otra cosa, vociferaba mentalmente. Gritaba mentalmente con la esperanza de que el otro le escuchara.


-¡No!. Espera. Detente. Te matarán. Los humanos desconfían de todo lo extraño. Ellos no son como yo. Espera, no sigas.¡¡.


Era imposible detenerlo. Su amigo de otro mundo no le escuchaba o parecía ignorarlo porque había acabado de bajar la empinada cuesta y ya se encaminaba, resuelto y sin importarle el peligro hacia el tractor. El cánido mientras ladraba con todas sus fuerzas, daba saltos en el aire, hacía lo imposible para llamar la atención de su amigo. Pero era inútil, aquel extraño ser desconocía el miedo, o era de una temeridad suicida. El lobo mientras, reaccionó, sacó fuerzas de no sabía dónde y empezó a correr como nunca lo había hecho, dando a sus viejas patas una velocidad y una fuerza olvidada para salvar el barranco. Mientras, no muy lejos de allí, el hombre del tractor se daba cuenta de que, a lo lejos, por entre los surcos, una silueta de negro se le acercaba cada vez más. Entonces paró el motor y esperó. También divisó que a lo lejos una especie de perro salvaje sorteaba corriendo los montículos de tierra. y se acercaba como enloquecido hacia ellos. De pronto. de repente, el lejano ronroneo de una avioneta apareció en el silencio de la tarde, alterando la quietud del campo. La avioneta no tardó en aparecer.


Empezó su trabajo en el lindero de los surcos y siguió vertiendo su veneno hacia el centro del campo. La nube toxica que rápidamente se formó impidió que el lobo, que momentos antes se había escondido tras un matorral, viera a su amigo. A la segunda andanada de fumigante, el aire se hizo tan irrespirable, que el viejo lobo tosió. esperando con los ojos brillantes a que el aire que el mismo avión había levantado al pasar se lo llevara y poder llegar hasta su amigo del espacio para intentar convencerlo de lo peligroso de la situación. No tardó en evaporarse la nube toxica, lo que sirvió para que el animal saliera corriendo de su improvisado escondite hacia el lugar en donde hacía poco había visto la negra figura. Pero lo que vio al llegar lo dejó clavado en el suelo, lleno de rabia. De incomprensión, deespanto y de una profunda pena. De su gran amigo, de su enorme silueta, de aquel ser venido del espacio y con el que se había llegado a entender como un hermano de raza, no quedaba nada. Si acaso algunos jirones de aquella tela negra que lo cubría que iban de un lado para otro, esparcido por la tierra y que el vientecillo que había empezado a levantarse iba arrastrando. Entonces un profundo sentimiento indefinible y que nunca en su vida había sentido le inundó todo su cuerpo, entristeciéndolo de tal forma que unas gruesas gotas como de una agua saladas, parecidas a las que se quedaban en las hojas de las plantas por las mañanas, salieron de sus ojos y cayeron en la tierra seca y allí se mezclaron con el polvo reseco que momentos antes había sido el cuerpo de su amigo. El potente y atronador ruido del tractor acercándose le sobresaltó, avisándole de que tenía que escapar de allí. Cuando se marchaba, no pudo evitar mirar hacia atrás, con la cara triste y nublada de un perro faldero.

fin

ROCINANTE (Reservados todos los derechos)

Comentarios

  • mariaelenamariaelena Francisco de Quevedo s. XVII
    editado junio 2008
    Roci, la idea en si, del cuento es excelente...que imaginación tienes!!!...has logrado un relato apto para todo publico...,con un significado importante y de enorme reflexión.

    Te felicito!!!

    un abrazote,
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