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Inercia.

Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
editado mayo 2015 en Narrativa
Sentada en un banco doy la espalda a una plaza vacía. Hace tan sólo un momento se alejaba el autobús que me trajo hasta el pueblo donde he decidido vivir de ahora en adelante. Llevo un rato mirando a los costados y no se hacia donde ir. Despliego el mapa mientras apoyo mi brazo sobre la mochila naranja que dejé a mi lado y me distraigo anudando las tiras tontamente. Me invade de pronto por ella, por mi mochila de viaje naranja, un sentimiento de cariño que le da vida también a la maleta verde que dejé a unos pasos. Ellas son, sin duda testigos de mi largo viaje, lo único que traigo del pasado, y a la vez son todo lo que tengo. Miro a mí alrededor, no hay nadie. ¿Cuánto tiempo llevo aquí sentada? Leo de nuevo el nombre del pueblo que figura en el cartel de la parada del autobús. Me aseguro que esté bien. Si, lo está, es la parada correcta. Este es el lugar sobre el que mi dedo índice se posó aquél día, por azahar, cuando dejó de girar el mapa. Me froto las manos, he llegado. Sin embargo por alguna razón no consigo levantarme de este banco.

Continúo mirando hacia el cartel del autobús pero tengo la vista perdida, y es como si me hubiese ido de pronto a alguna otra parte. La verdad no se a donde se suele ir mi mente cuando esto me sucede. Supongo que a traer al presente las cosas no resueltas del pasado. Atrás quedó mi país, mis cosas, mi gente. Aquí nadie me conoce. Tengo que empezar todo desde cero. La idea que tanto me atraía, está golpeándole las puertas a mis dudas. Pero decido no pensar, sacudo la cabeza, me acomodo en el asiento poniéndome más recta, y respiro tranquila mientras concentro mi atención en un papel amarillo que se eleva con el viento y cae justo sobre la calma de un charco. ¿Qué hora es? Serán las tres o quizás las cuatro. Es esa hora del día en que parece que todo vaya mucho más despacio. Me levanto del banco y con las manos en los bolsillos camino hacia al cartel. -Que tonta-sonrío, claro que dice lo mismo también esta vez. Cómo si de pronto el cartel podría haberse cambiado desde la última vez que confirme el nombre del pueblo y el número de la parada. Al otro lado, un rayo de luz atraviesa una iglesia y proyecta una cruz que ensombrece el suelo de la plaza. Nadie, ni un alma más que la mía, -y quizá la de la mochila naranja y la de la enorme maleta verde-. Sonrío con la idea y las miro con complicidad. A lo lejos veo acercarse pequeño, un autobús rojo.!Uf! que calor está haciendo.- ¡¿Qué hago?! – lo pregunto en voz alta confirmando que aún tengo los oídos apunados y puedo sentir retumbando dentro de ellos al corazón agitado, Las piernas se aflojan y tiemblan. Sé que no tardaré en desmayarme. El autobús se acerca, tal vez sea mejor volver a casa.

¿Por qué? No lo se, pero me recupero y me quedo inmóvil junto al cartel del autobús. Me tapo los ojos con las manos y siento el calor de un motor que pasa con velocidad cerca de mi y me sacude el cabello un aire caliente. La boca abierta y reseca me sabe a tierra, entreabro los dedos y veo como se aleja el último autobús del día. Entonces rompo a llorar, La decisión está tomada. ¿Será que mi cuerpo se propuso no hacer caso a los intentos de abandonar el plan?, Llegué hasta aquí, hasta el banco de esta parada de autobús en medio de este pueblo, y ahora ni siquiera recuerdo que pensaba cuando compré el billete de avión. Siento como si me hubiese empujado hasta aquí, una inercia inexplicable, una fuerza endemoniada que se ha empecinado en hacer que crea que todo va a ser mejor así. ¡Pero si yo no quiero esto!, ¡no quiero estar sola!. Pero debo seguir. No se por qué, pero así lo he querido y elegido aquel día desde la habitación de la casa de mis padres, la imagen de la casa se me viene de repente a la cabeza, la veo desde afuera…lejana y la siento extraña, ya no me pertenece. Negocio conmigo misma y consigo un pacto: no voy a tratar de entenderme a cambio de no sentirme mal.

Con una sonrisa en los labios me giro en busca de la calle cercana que parezca más transitada. Dos veredas muy angostas suben una pronunciada pendiente en forma de escalones anchos y desnivelados. Por el tono de gris, el suelo está mojado. Habrá llovido. Justo donde comienza la cuesta se asoman los toldos, las mesas, las sillas y los carteles de algunos bares. Están abiertos pero vacíos. Me llama la atención el volumen alto de una televisión encendida que cuelga en la pared del bar de la esquina. El sonido es tan fuerte que se escapa por la puerta abierta y el viento lo trae como susurro hasta el silencio de la plaza. No hay nadie detrás de la barra. Más arriba de la callejuela un arco antiguo es la entrada a un pueblo que parece abandonado. Las humildes casas se alzan inclinadas unas sobre otras como si estuviesen construidas sobre una montaña de lodo. Hay bolsas de basura a los costados de las calles polvorientas que huelen a tierra mojada, a excremento de caballo y césped prendido fuego. Ahora distingo en lo más alto del cerro, un grupo de personas reunidas que se dispersan y comienzan a descender, como un niño jugando, bajaría a los novios muñecos de las tortas de bodas.
Me sorprende el buen humor con el que me acerco hasta el banco y cuelgo la mochila naranja sobre uno de mis hombros, doblo en cuatro partes el mapa y lo guardo en el bolsillo de la chaqueta. Un viento resopla espeso y caliente y me nubla la vista. Ahora las casas me parecen de acuarela.
Tiro del manillar de la maleta enorme y verde, y trato de que las ruedecillas giren por un camino de tierra seca. Me envuelve desde abajo un calor húmedo que se desprende del suelo. Seco el sudor de mi frente con la mano que tengo libre, levanto la vista hacia la cima y ya sin cuestionar, me predispongo a adentrarme en la Medina.
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Comentarios

  • Que bien lo cuentas, me gustó, se puede uno meter en la inercia, sin ninguna dificultad ;):):p
  • ZiorijiZioriji Pedro Abad s.XII
    editado abril 2011
    Me gusta como relatás lo que va pensando tu personaje, porque mayormente relatás pensamientos y no hechos concretos. Me gusta cuando un escritor hace eso.
    Me ha gustado.
    Un gran abrazo.-
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2011
    amparo bonilla escribió : »
    Que bien lo cuentas, me gustó, se puede uno meter en la inercia, sin ninguna dificultad ;):):p


    Amparo que más puedo decirte ++++++!!!! jajajja gracias por la buena onda cómo siempre ;) Saludos!
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2011
    Zioriji escribió : »
    Me gusta como relatás lo que va pensando tu personaje, porque mayormente relatás pensamientos y no hechos concretos. Me gusta cuando un escritor hace eso.
    Me ha gustado.
    Un gran abrazo.-

    Gracias!! muy amable de tu parte por tomarte la molestia de opinar!!;)

    Otro abrazo para vos!! Saludos.
  • Jack LondonJack London Garcilaso de la Vega XVI
    editado abril 2011
    Un relato muy introspectivo, con mucha descripción y que hace hincapié en los detalles más pequeños. Se nota que es un momento muy especial para la protagonista, en plena búsqueda de un sentido a la vida.
  • DragonDragon Lope de Vega s.XVII
    editado abril 2011
    El relato,es cuánto menos revelador a mi modo de ver y muy bien hecho.Me ha gustado mucho y me ha hecho recordar,no sé yo el porqué,de una canción de Ana Belen que se llama " Desde mi libertad ".No tiene nada que ver o talvez si,pero me hizo recordar esa canción.Me gustó mucho,saludos desde el sur.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2011
    Jajaja Me suena Ana belén, pero ni idea qué canta.. igual entré a leer la letra y es verdad.... empieza igual!! jajajja
    Muchas gracias Dragón por la buena onda!

    Jack Londón, es verdad un momento muy especial, gracias por leerlo y comentar!

    saludos a los dos!!...
  • ZiorijiZioriji Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2011
    Lara Terra escribió : »
    Gracias!! muy amable de tu parte por tomarte la molestia de opinar!!;)

    Otro abrazo para vos!! Saludos.

    No ha sido ninguna molestia, al contrario!.. ;)

    Un gran abrazo!.-
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Hola. Para mi sorpresa el relato no había terminado. Tenía vida propia y se movía por las noches dentro de mi cabeza. Así que ahora tengo una idea y algunos capitulos ya escritos.. Siempre estaré agradecida por sus críticas, por las buenas que acarician el alma, y por la malas que me enseñan crecer. Aquí expongo mi segundo capitulo, a vuestra valiosa opinión, ofreciéndome humildemente a opinar con placer también sobre sus escritos. Un saludo. Lara.


    Unas gaviotas blancas circundan en vuelo la cumbre del monte. Debo atravesar una empinada pendiente para llegar hasta donde se encuentra aquella gente. Cojo el equipaje con las dos manos para subir con más fuerza ¿En que estaría pensando cuando arme la valija? Al pasar por la ventana miro hacia adentro del bar de la esquina. Sigue si haber nadie dentro. Un cuadro retrata a un grupo de jóvenes atletas remando una canoa. Todos llevan la camiseta de color violeta y tienen estampado en el pecho la insignia del banderín que cuelga por encima de un hogar apagado. Sobre la vereda de enfrente, otro bar decorado con el mismo emblema también está vacío.

    Al llegar al arco antiguo, a la entrada del pequeño pueblo gris, un hecho increíble sucede de repente. Un acto único e impensable, que no creo pueda ser comprendido por el hombre y visto igual en algún otro sitio jamás acontecía en lo alto del cielo. El sol, que hasta hace un momento, alumbraba rabioso desde un despejado celeste, fue ennegrecido por una oscuridad absoluta, en tan solo unos segundos, de una manera espeluznante y extraña, como si de pronto el radiante color celestial, fuese cubierto por miles de pinceladas que a lo ancho y a lo largo desparramaban una espesa capa de tinta negra. Desconcertada bajo el amparo de la bóveda del arco, olvido la maleta que resbala por el suelo mojado y cae haciendo un gran estruendo contra el inicio de la calzada. Por unas milésimas de segundos siento el impulso de ir a buscarla, pero entonces, el cielo, en su más tenebrosa oscuridad, me brinda ahora un majestuoso y aterrador espectáculo. El firmamento ennegrecido se partía cómo un fino cristal y se rajaba abriendo caminos agrietados por los que se filtraba refulgente un resplandor color oro anaranjado, iluminándolo todo del color del ocaso. Surcos profundos y brillantes se expandían por el aire en medio de la inmensa penumbra, como corrientes impetuosas de luces doradas que fluyen en ríos caudalosos, como venas luminosas que se expanden velozmente rompiendo el negro del más negro cielo que había visto yo jamás.
    En la cima el grupo de personas parece no inmutarse ante las insólitas alteraciones del firmamento. Igualmente me tranquiliza verles y corro con la intención de unirme a ellos, pero en el momento en que avanzo oigo la voz penetrante de un hombre que me detiene: -¡Alto! No des ni un solo paso más.-

    Con la vista sigo el rastro que ha dejado la voz. La puerta de la primera vivienda que se encuentra al inicio del pueblo se abre haciendo crujir la madera. Al cabo de unos segundos un hombre con barba y traje negro sale con tanta prisa desde el interior de la casa que no consiguiendo frenarse ante un badén en la acera tropieza cayendo de rodillas en mitad de la calle, apaciguando la magnitud del golpe con las palmas de las manos. Luego se incorpora y acomoda hacia atrás su espesa melena roja, mira a donde estoy y grita furioso -¡¿Donde crees que vas?!
    La pregunta me atraviesa rozando una herida reciente de mi alma y le contesto con la mirada perdida: -La verdad es que no lo se.-. Aunque cierto es también que los sentimientos a flor de piel, tienen más que ver con el misterioso cielo que nos acecha. El hombre frunce la nariz y el entrecejo, y dice confuso - ¿¡Dices que no los sabes?! ¿¡Y para que subes entonces!?
    Le respondo distraída porque un cachorrito blanco asomaba el hocico por debajo de la puerta de la vivienda causándome gracia: - Pues supongo, por lo que ha ocurrido en el cielo.- El hombre pareció asombrarse con mi respuesta, - ¿Al cielo?- dijo mirando sorprendido hacia arriba, -¿Qué le ha pasado al cielo?- Luego con los ojos entrecerrados apuntándome con su dedo índice me indagó -¿¡Dime niña quien te manda?!
    En busca de esta respuesta se habrá ido mi mente en este momento, porque de pie frente a este hombre, bajo un cielo escalofriante, no hago más que pensar en que ya no puedo volver a casa. -Nadie.- contesto al cabo de unos segundos, lo cierto es que nadie me ha mandado venir a este lugar tan extraño. -He venido por mi misma.-
    Y contesta pues, y dime a dónde ibas!-
    - Quería llegar hasta esa gente - le señalo la cima. Algo en esta respuesta debió de alterar mucho al hombre porque llevándose la manos a la cabeza exclamó -¡Arriba! ¿Tu querías ir arriba?- reía alocadamente y decía-¡Tu estas chiflada, no puedes ir allá arriba! Cambió abruptamente de ánimo, y agregó con cierto sarcasmo:- ¿Acaso no ves que está “La Reunión”?! - Pronunció estas últimas dos palabras en voz muy baja. - Pues bien-, respondo ya sintiendo que el hombre exageraba con su comportamiento - Me esperaré a que acabe la reunión y subiré luego. ¿Sabe usted decirme cuanto tiempo les queda reunidos?- Al hombre lo enfurece mucho este comentario, y comienza a golpear nerviosamente sus zapatos contra el suelo mientras se arranca a mechones los cabellos rojizos. Luego grita con el rostro encolerizado -¿¡Qué cuando acaba La Reunión?! ¿¡Me preguntas que cuando acaba La Reunión!?-¡Nunca acaba una reunión!- ¡¿Que sentido tendría hacerla entonces si acabara?!-.
    Luego de recuperar la respiración me dice seriamente señalando la plaza de la parada de autobús. -Vete por donde has venido. Tú no puedes subir, no eres de este pueblo. -
  • TrasgoTrasgo Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Hola..
    me gusto tu relato, me gusta cuando cada capitulo puede ser un final, cuando la historia cambia y no es predecible, no tiene la lógica tìpica.

    Felicitaciones
    Saludos desde Chile
  • Eres la extranjera, a ver si sales en el libro de Esperanza:D:D:D:);)
  • ZiorijiZioriji Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2011
    Lo que parecía instrospectivo se va tornando en un relato de misterio... me gusta cómo lo has continuado en esta ocasión, la verdad es que no me lo esperaba...

    Un gran abrazo, se espera la tercera parte!...

    Jorge.-
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Amparo : no se cual es el libro de Esperanza, si está en el foro lo buscaré!..

    ¡Gracias Trasgo por tu comentario :)!

    Un saludo grande a los dos!! Lara.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Zioriji escribió : »
    Lo que parecía instrospectivo se va tornando en un relato de misterio... me gusta cómo lo has continuado en esta ocasión, la verdad es que no me lo esperaba...

    Un gran abrazo, se espera la tercera parte!...

    Jorge.-

    Heyy!!!! gracias otra vez por el ánimo!.. un saludo desde Euskal Herria Hasta las sierras cordobesas!...;)
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2011
    Estoy tan cansada que de un impulso me dejo caer rendida al suelo. Me quito la mochila y le apoyo los brazos como si fuese una almohada. El hombre me clava la vista sorprendido -Dígame señor una cosa,- con la cabeza de lado casi empiezo a quedarme dormida- Ya que el último autobús del día ha pasado, ¿no podría dormir aquí solo por esta noche?- El hombre murmura una queja y entra enfurecido dentro de la casa, lo escucho cerrar la puerta de un golpe seco. Durante algún momento soñé que me había librado del fastidioso hombrecito pero al cabo de unos pocos minutos me despierta de un sobresalto el sonido de una trompeta.
    El hombre está ahora de pie a mi lado, sostiene con ambas manos un instrumento más grande que su cuerpo y entona una desafinada melodía. Luego bajándolo a la altura del pecho eleva su cabeza y canta: -¡Tienes que iiiiirteeeee!, no puedes dormir aquíiiiii porque no eres de este pueeeeeblooooo.- la canción me provoca un ataque de risa, pero hago un esfuerzo por contenerme y tapo mi boca con la mano, está a punto de decirme algo pero lo detengo con una pregunta:-¿Y no podría quedarme sólo por esta noche, dormiré aquí sentada hasta…- me interrumpe haciendo sonar fuertemente de nuevo la trompeta . -¡No! ...¡Largo de aquí! Esto ya no lo dice cantando y comienza a ponerse nervioso de nuevo. Apoya el instrumento musical en el suelo, se coloca delante de mí, señala hacia atrás e indaga: -¿Ves esa calle que tengo a mi espalda?- Levantaba las cejas dos veces y ante mi silencio repite la pregunta: -¿La ves?. Afirmo haciendo un gesto con la cabeza.- Allí se reúnen todo los habitantes de este pueblo, ¿los ves? ¡Todos! ¡Y tu, niña entrometida, que yo sepa no eres de este pueblo!. Así que no puedes dormir aquí, no puedes subir nuestra calle y mucho menos asistir a La Reunión!
    Ya sin ninguna intención de continuar la disparatada discusión le digo: -Pues dormiré entonces en la plaza.- ¡¡NO!! No, no, no- El hombrecito decía esto mientras golpeaba la suela de sus zapatos contra el suelo dando vueltas sobre si mismo con los puños apretados. -¡No Puedes dormir en la plaza principal!-
    - Iré entonces a algún bar a pensar que hago- le respondo encogiéndome de hombros - ¡Tampoco! No puedes entrar a ninguno de esos bares porque son también del pueblo-
    Me levanto del suelo me sacudo la tierra de la ropa y encontrando un pequeño placer en saber que el siguiente comentario indignaría al hombre, digo sin mirarlo - No creo yo, que los dueños de los bares, tengan algún problema por eso, si el caso es que voy consumir.-
    -¿¡Es que no lo entiendes!? TODOS los habitantes del pueblo están reunidos, y eso incluye a los dueños de los bares.
    -¿Y por que no estas tu también en la reunión?- lo digo de mal humor ya cansándome de todo este embrollo.
    Estaba el hombre a punto de decir algo pero quedó boquiabierto con una mueca hacia el costado cuando escuchó mi comentario. Abrió sus ojos todo lo que pudo, y dijo tartamudeando un poco -¿Qui… quien no está en La Re… en La Reunión? Pues claro que lo estoy, ¿Qué no me ves?- Comenzó a marchar cómo un soldado atravesando la calle de un lado a otro, levantaba el mentón, erguía la espalda y me miraba de reojo: -¿O tú que crees que estoy haciendo? Decía mientras caminaba dando largos pasos con las piernas y las manos extendidas.:- ¡Alguien tiene que cuidar de la entrada del pueblo para que niñas impertinentes como tú no metan las entrometidas narices donde nadie las llama! Dijo esto último señalándome.
    -Ah! ¡Con que eres el guardián del pueblo! Bien, dime entonces cómo puedo marcharme.- noto que mi labio sonrie quizás contento con la decisión de irme de este sitio.

    El hombrecito se acerca dando pequeños saltos también alegre de escuchar que al fin me iría, recién ahora me doy cuenta que cojea de una pierna. Señala hacia donde está la plaza y dice: -Ves cruzando la calle, llega hasta la iglesia, Unas escaleras que hay detrás te llevarán al camino que atraviesa este cerro, serán unas tres horas, tal vez un poco más, es importante que no sigas las señales, sigue tu lógica haz caso a tu instinto.
    Luego al llegar a la base verás que hay una entrada del mar. Debes estar ahí antes de las veintitrés horas de la noche, esa es la última salida de la barca que te cruzara al otro lado.
    -¿Y a donde me lleva la barca?- El hombrecito ya se había girado en busca de su trompeta pero igualmente me contesta alejándose -¿A mi me lo preguntas? ¿Cómo crees que puedo saberlo?
    -¿Nunca has ido?- pregunto esbozando un leve grito mientras cojo la mochila naranja del suelo.
    -¡¿Que nunca he ido?! ¡Claro que he ido! ¡Pero nunca has ido tú!

    De camino en busca de la maleta sonrío con toda la certeza de que enfureceré al hombre con mi comentario: -¡Pues que aburrida debe ser una reunión que nunca acaba.- Esa gente no está reunida, está condenada. Lo miro de reojo, pero justo entonces, el perrito de color blanco había conseguido escaparse por una de las ventanas abiertas y el hombre escandalizado lo corría dando brincos con una pierna gritándole para que entrara a la casa.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado junio 2011
    Me llevó más de tres horas atravesar el monte, y llegar al otro lado. El camino estaba señalizado por insólitos carteles de letras rojas que no hacían otra cosa que confundirme cuando se bifurcaba. Algunos que recuerdo decían por ejemplo, lo siguiente:

    Si Ud llegó hasta aquí, sin saber cómo, llegará a otro lugar sin saber cómo tampoco
    Luego otros más adelante, en los que se leía:
    Cuanto más dudas, más caminos. No dudes. O duda también de esto
    Otro por ejemplo:
    Un hombre que sabe lo que quiere siempre está a mitad de camino

    Y cuándo al fín visualicé la costa y la barca amarrada moviéndose con la corriente, llegué a la conclusión de que posiblemente todos los caminos me hubieran traído a este mismo sitio.
    Hacia el otro lado del mar, se veía un pequeño poblado muy tranquilo. En total llegué a contar solo diez casas que se alzaban delante de otro monte de similares dimensiones a aquel que acababa de atravesar.
    Llegué a la arena y me dirigí hacia el mar. Un hombre con sombrero de paja dormía dentro del bote con los pies extendidos, mientras se impulsaba balanceándose con el vaivén del agua.
    Me acerqué todo lo que pude, y lo llamé:
    - Oiga, señor, despierte por favor.
    Pero el hombre se giró sobre si mismo y no haciéndome caso se puso de lado sin abrir los ojos, y continuó con su sueño.
    Me arrodillé y zambullí mi mano en el agua. Para mi sorpresa, no estaba fría y jugué un poco dando vueltas la muñeca mojada antes de levantarla repentinamente y con fuerza, salpicar de esta manera la cara del hombre que se despertó de un sobresalto.
    _¿¡Que pasa!? – gritó. Pero sin embargo no me miró. Por el contrario, se sentó de espaldas a mí y se puso acordonarse las botas.
    - Señor, ¿podría cruzarme con su barca? - dije sin reparar en que no me miraba.
    - ¿Por qué? – me preguntó.
    - para llegar hasta allí.- Apunté con mi dedo hacia al otro lado de la costa, y noté que el hombre, aún dándome la espalda alzaba su cabeza y miraba aquel pueblo de diez casa y balcones floridos contemplándolo como si jamás lo hubiese visto.
    Mientras tanto, el sonido de una ola que rompía a lo lejos, el grito seco de una gaviota que sobrevolaba el mar cerca de nosotros, el viento que se empecinaba con mi cabello y se infiltraba como en un caracol dentro de mis oídos, todo esto, fue el silencio de su respuesta.
  • Entonces, nos dejó a mitad del camino:confused::p

    Ah, y la Extranjera es un libro de Esperanza Aparicio Sanchez, compañera del foro, que esta en pleno apogeo, esta en youtube, facebook y desde alli, a cualquier lugar del mundo:D:D:D:p:)
    Aqui, la podrás ver

    http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=16574&highlight=esperanza+aparicio+sanchez
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2013
    Cuando me despertó soñaba que caminaba por el desierto. En mis veintinueve años trabajando sobre esta barca había transportado todo tipo de personas: científicos, intelectuales, ancianos retirados, amas de casa, músicos y por supuesto cantidad de niñas que llegaban a la costa y solicitaban el trasbordo al otro lado de la ría. Hecho que sin dejar de sorprenderme, había logrado acostumbrarme.

    Ese día, lo que mis ojos vieron, lo retuvieron unos pocos segundos, lo suficiente para comprender hacia donde me embarcaba y lo justo para no conservarlo en mi memoria por siempre. Era ésta la única manera de desempeñar mi labor y cruzar al próximo tripulante.

    - Bien- le dije sin mirar a la niña- ¿ Conque ahí es donde quieres ir, eh?… Pues sube.

    Reprimí un impulso de ayudarla al verla tambalear y subirse a la barca cogiendo con las dos manos una mochila de viaje naranja, pero me contuve puesto que sabía perfectamente que evitar cualquier tipo de contacto me salvaría y protegería de los encantamientos que la niña intentara conmigo durante el viaje.

    - Brujas- dije para mi- Ninfas, cazadoras,guerreras, sirenas,- ¡ Si las conoceré yo!

    Se sentó en una de las esquina del bote dándome la espalda, mirando hacia tierra destino absorta en sus pensamientos.

    - ¡ Venga, que empiece la función! – Impulsé uno de los remos con fuerza y el movimiento del agua espantó unos patos que nadaban cerca de la orilla, salieron volando hacía un cielo que, se ensombrecía nuevamente con nubes negras cargadas de destellos eléctricos, y se expandían a lo largo a punto de chocar entre si y estallar.

    -¡ Vaya cielo !-

    Si bien el cielo finlandés es curioso está dentro de lo conceptual, rozando el límite de lo abstracto.
    Cuándo crucé a Estonia desde Helsinski lo hice bajo un espectacular y asombroso fenómeno natural, y a pesar de la distancia que me encontraba del hemisferio polar, fui afortunado en presenciar aquella extraña luminiscencia de colores llamada aurora boreal.
    Pero este cielo que nos envuelve me resulta desconocido y por ende impredecible. Tanto, que soy incapaz de describirlo. Sólo se me ocurre una manera de hacerlo:- sugerir al lector que imagine el cielo más extraño a todos los cielos que alguna vez haya visto, sin llegar al surrealismo.
    No obstante, será muy diferente a mi cielo, pero habremos imaginado una combinación de elementos conocidos, única y diferente, mientras nos alejamos poco a poco de la costa.

    - Si continúo remando a buen ritmo, no tardaremos mucho en llegar
  • AlbatrossAlbatross Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado abril 2013
    Veo que has rescatado un texto de hace dos años para darle continuidad. Ya la primera parte me ha resultado de una lectura agradable y cautivadora, pero creo que con el tiempo has mejorado tu estilo aún más.
  • Es verdad y si continua a este ritmo llegaremos a donde nos lleve:rolleyes:
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2013
    Albatross escribió : »
    Veo que has rescatado un texto de hace dos años para darle continuidad. Ya la primera parte me ha resultado de una lectura agradable y cautivadora, pero creo que con el tiempo has mejorado tu estilo aún más.

    Hola Albatross, me alegra haber leído esto. Y es que en el cuento solo pasaron tres horas, pero en realidad atravesar el monte me ha llevado años.

    Muchas gracias, un saludo.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2013
    amparo bonilla escribió : »
    Es verdad y si continua a este ritmo llegaremos a donde nos lleve:rolleyes:


    Hasta donde nos lleve el ritmo, entonces.


    Gracias por seguirme Amparo. Un saludo.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado abril 2013
    (…Ya no puedo continuar escribiendo en presente, no tengo más la incertidumbre de no saber hacia dónde voy porque ya he ido. Lo que narraré a continuación es la historia tal como quiero recordarla, quizás no sea exactamente lo que sucedió, quizás sí, de cualquier manera no tiene importancia, sólo existe en mi memoria…)

    Mientras mi corazón sincronizaba con los semicírculos invisibles que marcaban los remos en el aire, me preguntaba por qué aquel señor me ignoraría de aquella manera, sin embargo algo dentro de mí parecía saber el motivo.

    Desde el bote podían apreciarse ambos montes en toda su magnitud, sus paredes rocosas estaban revestidas por musgos y algas, y a pesar del día tormentoso, desde los interiores selváticos se relucían las diversas tonalidades del color verde. Separados por una calma ría formaban una entrada natural del mar por la que navegábamos.

    Desde la costa de la que habíamos zarpado, dos hombres llevaron al agua una canoa encallada y navegaron en ella con velocidad sentados de espalda hacia nosotros. Uno de ellos se giraba de tanto en tanto para agitar los brazos y llamarnos:

    - ¡¡Niñaaaaaaa...niñaaaaa!!..

    El Remero echó hacia atrás su sombrero para optimizar la visión, al reconocer en la popa al guardián del pueblo y su roja melena al viento detuvo la marcha. Los esperamos en silencio, bajo la luz blanca de estridentes relámpagos que se propagaban con intermitencia cubriendo el cielo completamente. Sin embargo no había truenos, solo se oía de vez en cuando a las gaviotas y a las olas romper en algún rincón contra el acantilado. Cuando al fin el bote se nos aproximó lo suficiente vi que llevaban mi maleta verde en el compartimiento del medio.

    - ¡No puedes dejar nada de este lado!- dijo con euforia el hombrecito pelirrojo, mientras con uno de los remos atrajo los cascos de ambas embarcaciones hasta que se golpearon mutuamente, luego alzó la valija y de un brusco movimiento pasó un pie de un lado a otro, de inmediato comenzamos a desestabilizarnos casi perdiendo el equilibrio por completo…

    - ¡Quieto!- lo detuvo el hombre del sombrero- ¡¿Qué haces?! – El guardián volvió a sentarse en su asiento hasta recomponer la situación, luego señalándome dijo:-¡Tú, niña! ¡Tienes que llevarte la valija!

    Le contesté de manera tranquila que ya no la quería. Había tomado esta decisión en las puertas de las escaleras del pueblo.

    -¡Pero qué dices! ¡No puedes dejarla aquí. – Tambaleándose se había puesto de pie y alzaba nuevamente el equipaje.

    -¿Donde voy a dejarla sino?- Le pregunté.

    -Pero si no la llevas contigo quedará aquí, y eso no puede suceder – ¡Llévatela! ¡Te lo ordeno!

    - Ya he dicho que no la quiero. No la necesito - Al hombre, al igual que le había sucedido en la entrada del pueblo, se le da por tironearse los mechones mientras se le enrojece el rostro casi del mismo color que su pelo: - ¡Pues deja de pensarla entonces! – exclamó.

    -¡Que disparate! ¡Cómo podría dejar de pensar algo que conozco!

    Aquel insólito comentario me había provocado una respuesta automática y sin sentido aparente, aunque ambas cosas lo tenían, pero de esto no iba darme cuenta sino hasta dentro de algún tiempo.

    - Ese no es problema mío- Me respondió el hombre, y agregó: -ya tengo demasiadas cosas en que pensar, no quiero nada nuevo ¡Llévatela!...

    No quería la maleta, era una carga, un peso que había traído del pasado y del que me había desprendido al darme cuenta que no necesitaba, pero el hombre insistía obstinadamente en que me la llevara, de la misma terca manera que me había echado del pueblo. Podría haberle solicitado al remero que continuemos con el viaje, pero algo me decía que el hombrecito pelirrojo me seguiría con la maleta a cuesta hasta donde sea…

    Cuando dos egos se baten en duelo con pasión, convencidos de que pertenecen a la causa por la que pelean, no debaten, combaten. No están abiertos a intercambiar opiniones, solo están programados para obtener la victoria de cualquier manera. Los ejércitos más combativos, o que sorprenden por su gran resistencia, son aquellos a los que se les ha inculcado mayor amor por su tierra, los más patriotas, independientemente de las ventajas de armamento con las que se cuente. Pues en esta discusión yo notaba que un fanatismo obnubilaba al hombre de contemplar otra razón, por lo cual continuar este jaleo era, sin ninguna duda, en vano, y que lo mejor que podía hacer era ignorarlo.

    - Dámela.- Le dije extendiendo mis brazos y llevando mi cuerpo hasta el borde de la canoa.

    Su rostro mostró una mueca de duda que se esclareció enseguida provocándole una sonrisa victoriosa, y como si se tratase de una bomba de tiempo de la que hubiera que desprenderse con inmediatez, pasó la maleta de un bote a otro con la ayuda del hombre flacuchento que lo acompañaba, esta vez nos balanceamos apenas un poco y cuando al fin tuve el dichoso equipaje en mis manos sorprendí a ambos hombres con un fuerte grito: -¡Cerrar los ojos ahora mismo!

    El hombrecito que se apartaba el cabello del rostro se sobresaltó al escucharme. - ¡tú también!- le ordené al hombre flacuchento que me miraba extrañado.

    El guardián titubeo por algunos segundos, y luego con resignación -quizás por presentir lo que sucedería- Cerró los ojos e inclinó su cabeza mirando al cielo del que había comenzado a desprenderse una lluvia torrencial, dejando que el agua le golpee de manera incesante sobre el rostro. Al verlo, el hombre flacuchento hizo lo mismo también.

    Entonces deslicé suavemente la maleta verde en el agua hasta que se hundió completamente. Luego dije con voz calma: - Ya puedes abrirlos.-

    - ¡¿Dónde está?! ¿La has tirado? Preguntó moviendo la cabeza con desesperación al descubrir que no estaba.

    - Podría ser… aunque, tienes la oportunidad de creer que ha desaparecido. Tú eliges….

    Al rostro mojado del hombre se le sobresalían lo pómulos resaltando una profunda cavidad ocular, sin el volumen de su cabellera no parecía la misma persona:- ¿Ha desaparecido? ¿ Has dicho que la maleta ha desaparecido? Lo preguntó con la misma bendita inocencia con la que lo hubiera hecho un niño, y así fue como el guardián del pueblo festejó la solución que le había encontrado al problema aplaudiendo con las palmas de la mano y abrazándose a su compañero. Luego desaparecieron con su canoa en medio de la tormenta….

    - Ojos que no ven… dijo el hombre del sombrero comenzando a mover los remos con fuerza…
    - Ojos que no quieren ver… lo interrumpí para corregirlo.

  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013
    La misma extraña fuerza que me había impulsado a abandonar mi hogar, me traía ahora hasta un mundo fascinante y peligroso que tendría consecuencias irreversibles. Creía que la búsqueda de la verdad me haría libre, pero muy por el contrario, me había apresado en un camino sin retorno y aparentemente sin salida. Me encontraba naufragando por la fina línea que limita el delirio de la cordura y estaba a punto de traspasarla.


    La tormenta nos sacudía con rabia, y el pequeño pueblo de diez casas se había esfumado entre una niebla blanquecina y espesa. También había desaparecido en la nebulosa la costa de Pueblo del guardián (así los llamaré: Pueblo destino y Pueblo del guardián).

    El hombre movía los remos con destreza resistiendo al fuerte viento que nos empujaba, se distrajo apenas un instante para extenderme un chaleco salvavidas y golpeamos de lleno contra una roca que sobresalía unos centímetros del agua. Salí despedida del bote y mi cabeza golpeó muy fuerte contra ella.

    Cuando abrí los ojos el sol me encegueció. Había pasado la tormenta y las gaviotas rodeaban nuevamente la cima del monte destino, un fuerte dolor de cabeza me paralizó cuando quise incorporarme. El remero estaba sentado en el borde de la canoa con los pies sobre el asiento – ¿Ya se ha despertado la pequeña damita?- dijo bajando las botas al suelo y escupiendo al agua algo que masticaba. Cogió los remos y comenzamos a movernos.

    -¿Qué me ha pasado?- le pregunté todavía recostada con las piernas colgando hacia el agua, pero no me respondió. Con una mano sostenía mi cabeza mientras apoyaba el codo sobre la mochila que estaba abierta porque el hombre había sacado frutas de ella.

    - Disculpe señor ¿qué me ha pasado?- volví a insistir.

    - Nada, estás viva- Me contestó.

    Hacia la línea del horizonte divisé una nave de grandes dimensiones que parecía estática pero avanzaba lentamente en nuestra dirección, naufragábamos sobre la inmensidad del mar, nos habíamos salido de la ría e intentábamos regresar a ella bordeando monte destino, tras la curva, reapareció imponente el monte del guardián formando la magnífica entrada a la bahía, fue tan solo adentrarnos en ella nuevamente y el cielo otra vez se oscureció.

    Hay miradas que lo dicen todo, la comunicación no verbal realmente está subvalorada, no podría sino encontrar otra explicación a lo sucedido.

    - ¡Piensa en otra cosa, joder!- El hombre no pronunció esto, pero sus ojos sí.

    Sin detenerme a analizar la irracionalidad de este pensamiento concentré toda mi atención en los geranios de los balcones de Pueblo destino, tanto, que comenzaron a caer impetuosamente pétalos desde el cielo, llovían sobre el agua de todos los colores y flotaban como nenúfares, en cuestión de segundos se formó un colchón de ellos dentro de la canoa.

    Y yo, lejos de disfrutar de aquel magnífico espectáculo, estaba aterrada.

    Suelo temer que un día el mundo se vuelva irracional, carezca de lógica y se escape a nuestro entendimiento. Incluso le temo al surrealismo que tanto me maravilla porque lo considero una representación artística peligrosa a la que hay que contemplar sumergiéndose en los delirios ajenos, en los laberintos mentales de otras personas (como en este caso, ustedes deambulan en el mío).

    Pues aquella fantástica lluvia de pétalos de colores, era exactamente eso, fantástica, pero estaba sucediendo. O al menos eso yo creía.

    Sin embargo el remero no se sorprendió en ningún momento, con lo cual o bien en ese lugar llovían flores con frecuencia o estaba yo delirando.En cualquiera de los dos casos la realidad superaba finalmente la fantasía y ambos me aterraban.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013
    Sí en verdad llovían o no pétalos aquel día dependerá de cómo yo prefiera recordar esta historia. Como si fuera un ejemplar de elige tu propia aventura voy analizar las opciones:

    1 - Llueven flores sobre el mar, es porque algo ha cambiado en el mundo. Un fenómeno que no tiene explicación (al menos por el momento) que no obedece a las leyes naturales y por eso es maravilloso. Pero si hubiera pensado en residuos en lugar de flores ¿seguiría siendo igual de “maravilloso”?

    2- Algo ha cambiado en mí y estoy delirando. La visión que tenía del mundo ya no es la misma, no puedo entender la realidad desde la perspectiva que la ve el resto de las personas. Pueblo destino es el lugar a donde van todos aquellos que están pasando por lo mismo.

    3- Le pido al remero que me saque de aquella Bahía lo antes posible y volvamos al mar.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013


    Mi función era la de transportar. Lo que le pasara a cada pasajero durante el viaje no era asunto mio en absoluto. Y si la mala suerte hacía de ésta, una aventura sin retorno, ya no había tiempo para los arrepentimientos.

    Desde luego con tantos años de experiencia me resultaba fácil desprenderme de sentimientos como la culpa o la compasión. Me había convertido en un alma dura de roer impermeable a las manipulaciones humanas. De modo que casi ningún pasajero, ni siquiera hechiceros de alto rango, lograban provocar efecto alguno en mí.

    Solo que, una de mis muñecas estaba marcada por una cicatriz en forma de punto negro, tan diminuta como el pinchazo de un alfiler, por donde ciertas niñas, sobre todo las astutas cazadoras, solían filtrarse y rastrear con habilidad llagas en mi pasado.

    Pues el día de la extraña tormenta, cometí el desatinado acto de rescatar a la niña que había caído al agua luego de darse un buen golpe en la cabeza. Muy probablemente, haya aprovechado el momento en que la depositaba en el suelo de la canoa, para colarse por el punto negro de mi muñeca y viajar dentro de mí, hasta dar con un baúl cerrado que permanecía archivado, por alguna razón, entre todos mis recuerdos. Y lo estaba abriendo.

    El presente comenzó entonces a ser invadido por un caudaloso flujo de recuerdos, que me hicieron revivir con el cuerpo sentimientos del pasado y soñar despierto imágenes de situaciones ya vividas. No lograba despojarme de aquellos recuerdos ni siquiera sacudiendo la cabeza con fuerza, como si por hacer esto pudiera uno lanzar los pensamientos al agua.

    Cada vez me costaba más concentrar atención en las imágenes del tiempo real, habían desaparecido los montes y la niña. Ya no me encontraba sobre la barca, unas nubes blancas se movían lentamente en el cielo y yo las observaba tendido sobre la fresca hierba, mientras desde un árbol llegaba extasiándome el silbido de un ruiseñor…

    De pronto recordé quién estaba recostada a mi lado y una fuerte presión en el pecho me entumeció, quedé paralizado sin atreverme a girar para mirarla…
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013

    Alzó sus manos con delicadeza y sus dedos finos y largos taparon a las nubes.

    El dolor del pecho se transformó en líquido, rodó por ambos lados de mi sien, entró al oído y saló la comisura de mis labios. Curioso mecanismo del cuerpo el llorar.

    Otra vez me atormentaba este maldito recuerdo. Pero sabía lo que tenía que hacer, si algo había aprendido en todos estos años era razonar fríamente para salir de situaciones como ésta.

    Debía desmitificar al “amor”, entenderlo como si fuese un cuento de fantasías, al que luego de haber leído miles de veces, terminé considerándolo real.
    Aquel dolor en el pecho solo significaba que estaba ante una ilusión, a la que alguna vez, me había aferrado en un intento desesperado por encontrarle a la vida un absurdo sentido. Ahora, solo tenía que hallar la manera de volver a librarme de este sentimiento, y para ello debía guiar mi pensamiento hacía otra parte. ¿pero a dónde?

    - Haz una lista con diez cosas que te gusten- Me había dicho mi prima aquel verano en casa de la abuela mientras abría un estuche con lapiceras de colores y los desparramaba sobre un cuaderno abierto. – ¡Pero diez cosas que te gusten de verdad!- gritó enfatizando la consigna desde la mesa de madera que estaba en medio del jardín. Asentí con la cabeza y luego de mordisquear un rato el lápiz comencé a escribir: 1- Dormir, 2- reír, 3- los dulces, 4- …


    Intentaba salir de un recuerdo recurrente pero caía en otro, mi mente había emprendido un viaje hacia el pasado y estaba atrapado en él. ¿Y es que dónde me encontraba en realidad? ¿Donde el cuerpo o donde la mente?

    Si centraba toda mi atención en el cuerpo, ¿el pensamiento se iría entonces con él ? pero, ¿coincidirían de esta manera en tiempo y espacio?

    Volví a tenderme boca arriba sobre la hierba, el ruiseñor aún silbaba serenamente, sobre un fondo de cielo celeste levanté mis brazos y comencé a mover uno a uno los dedos de mis manos... cuando apareció de repente el rostro de la niña:

    - Despierte por favor… necesito que salgamos de la bahía.
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013
    A veces nuestros sueños nos atrapan, nos retienen dentro por un tiempo para demostrar que no los gobernamos.

    - ¡Que haces aquí! - conmocionado al verla me puse de pie de un sobresalto.

    - Disculpe, pero necesito que salgamos nuevamente de la bahía.-

    Miré hacia los costados confirmando que nos encontrábamos bajo aquel árbol del prado.- ¿¡Pero qué estás haciendo tu aquí?! Lo pregunté nuevamente rodeando a la niña con largos pasos -¡Un sueño, debe ser un sueño! dije al cabo de un momento- ¡Vamos despierta!.-

    Aunque deseaba salir de aquel sueño con todas mis fuerzas no lo conseguía, la niña me observaba moverme con nerviosismo a su alrededor– Esto no puede ser real, esto no puede ser real- repetía mientras caminaba rápidamente ¿y si ya no puedo despertarme nunca más? ¡¿ Acaso es esto la muerte?!

    Nos encontrábamos en el campo donde había crecido, a la hora en que una franja anaranjada se posaba sobre el horizonte y separaba al cielo del césped verde, no había dudas que era un recuerdo pero… ¿qué hacía allí la niña? , ¿Y dónde estaba Ella?

    - Se ha ido.- Me contestó, luego de mirarme pestañeó desviando las pupilas tímidamente.

    -¡¿Quién?! ¿Qué dices?- le pregunté temeroso de averiguar con su respuesta que había leído mis pensamientos.

    - La mujer que está buscando.-

    la niña tenía los brazos entrelazados detrás de su espalda y marcaba círculos en la tierra con la punta de los zapatos, quedé paralizado mirándola, el rubor en sus mejillas me hizo pensar que, detrás de aquella profunda mirada, se escondían las mismas incertidumbres abrumadoras que cargaban los demás pasajeros. Moví fuertemente mi cabeza como cada vez que un pensamiento inoportuno avanzaba -¡Despierta, vamos, despierta! , esto no puede estar sucediendo, joder, despierta…

    Pero entonces comprendí que la niña no había leído mi mente, que en situaciones proyectadas por la imaginación no es posible hablar en voz alta, porque en los mundos internos de la conciencia no hay sonido. Por lo tanto no es posible hacer distinción entre lo que se dice y lo que se calla, todo es una abstracción sin codificación sonora, todas las palabras son pensamiento al igual que las imágenes.

    Me senté angustiado en el suelo, me hubiera gustado poder cerrar los ojos, ¿pero cómo hacerlo? todo aquello que veía, el árbol, el campo, la línea del horizonte, la niña, todo, absolutamente todo, lo estaba viendo con mis ojos ya cerrados.

    De repente un atisbo de esperanza comenzó a engendrarse dentro de mí, un leve vislumbramiento al que no lograba comprender del todo, y por el que sin embargo, me dejé llevar impulsivamente y comencé a pensar en el color negro.




    Por cierto también ahora tengo un blog, aunque por ahora solo tiene este relato :o , luego, cuando logre comprender bien su funcionamiento ;) iré subiendo otros... .
  • Te felicito por tu blog, seguro prontamente tendrás muchos escritos:)
  • Lara TerraLara Terra Fernando de Rojas s.XV
    editado mayo 2013
    -Despierte por favor… necesito que salgamos de la bahía.-

    Le dije al hombre que remaba de pie dándome la espalda cuando se desplomó de repente sobre el asiento y quedó inmóvil con los ojos cerrados. Lo tomé por los hombros y suavemente recosté su cuerpo en el suelo de la canoa. Al entumecerse había dejado caer los remos al agua, aún continuaba la colorida lluvia de pétalos cayendo sobre nosotros, me recliné depositando mi pecho sobre el borde del bote y con los brazos comencé a remar. En cada brazada dejaba escurridizas huellas de agua que se abrían entre los pétalos que flotaban.

    Remé por un buen rato; al traspasar la boca de la desembocadura la lluvia de flores cesó, con la esperanza de que jamás regresaría me permití disfrutar el final de aquel grandioso delirio.
    Miré hacia atrás y supe en ese mismo instante, que atesoraría aquella imagen para el resto de mi vida como a una preciosa perla entre todos mis recuerdos:

    Los dos montes formando la bahía circular, las aves volando alrededor de las cimas, bajo un cielo rosa de un atardecer que encandecía a los millares de pétalos desparramados por el pequeño pueblo de diez casas, cubriendo con colores las orillas, balanceándose lentamente sobre las aguas calmas, espejadas, perennes de la ría...

    -Maravilloso mundo de los delirios- suspiré profundamente, miré de reojo el cuerpo del hombre que yacía en el suelo del bote tapado por pétalos mustios.

    Tenía que recuperar fuerzas, la inmensa nave naranja y negra, había anclado en medio del mar y hacia allí me dirigía…
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