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La Leyenda Titánica Marina (Rol)

Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
editado febrero 2013 en Rol
La Leyenda Titánica Marina


En los inicios de la vida, cuando las tierras aún no estaban pobladas por humanos, quienes dominaban el mundo eran los seres del agua. Distintas razas convivían en las profundidades de los mares, algunas en armonía y otras en disputas constantes.

Cuenta la leyenda, que distintas colonias de krakens, leviatanes y otros monstruos marinos se aliaron para obtener el gobierno de todas las aguas. Estos seres estaban dotados con una inteligencia superior, casi divina, que los diferenciaba de los simples peces, ballenas o tiburones que pudiesen habitar también esas zonas.

En los comienzos de esta alianza, las criaturas ganaron el poderío de las aguas del sur y del este, dejando sin opción a las colonias más débiles, que tuvieron que mudarse hacia el noroeste.

Cansados de ser víctimas, y de la constante pérdida de miembros de sus grupos, las sirenas se unieron con los hipocampos, las ondinas y los mirrows para combatirlos. Pero no hubiesen logrado nada sin la intervención de un grupo de nagas acuáticas, seres semidivinos.

Se dice que estas serpientes, de rasgos hindúes, poseían una vara o báculo con una piedra mágica, muy poderosa, que fue la encargada de vencer y recluir hasta los mares del sur a los monstruos, quedando congelados en las profundidades de esas aguas.

El paradero de la vara es desconocido, y no se ha tenido un conocimiento real de ella.

Algunas fábulas menores que se desprenden de esta leyenda hablan, a modo de profecía, de cómo el hombre ha actuado en contra de la naturaleza, creando recalentamiento en las aguas y que esto desataría una segunda batalla. Otras, narran las historias de grupos de piratas que surcando mares furiosos han dado con el paradero exacto de las nagas, luchando contra ellas y obteniendo la vara mágica. Pero no dejan de ser fábulas y leyendas.





Comenzando la historia

mapa2d.jpg

Por la mañana zarparon rumbo a Isla Tortuga, esa semana habían asaltado dos barcos sin obtener grandes botines, y como se aproximaba el invierno y las aguas se espesaban en esa zona, disminuían el flujo de comercio y por ende, la cantidad de flotas en la mar.
La tripulación de Francis no era de la más numerosa, sólo ocho personas contándolo a él. Cuando había algún caído en las batallas, reclutaba a alguien nuevo de cualquier isla para mantener esa formación par de personal. Su padre era supersticioso, y decía que las formaciones impares traían desdicha.
Al llegar al puerto, amarraron el barco en una cuenca que estaba libre y cada uno de los hombres se fue a vaguear por la feria que nacía en el muelle y luego se adentraba por las calles principales de la cuidad.
- ¿Por qué no hemos venido antes, capitán? – preguntó entusiasmado el contramaestre.
- Porque nuestros bolsillos no estaban abultados, Rich….- contestó Francis desviando su mirada hacia una casa de burdel.
En altamar, arreglaban sus necesidades básicas como podían, pero cuando pisaban tierra firme lo primero que hacían era ir por mujeres, y esta ocasión no sería diferente. Así que el filibustero se encaminó al local.
Dejó a Rich solo, y se mezcló entre la muchedumbre que comerciaba en la feria. Iba por la mitad de la calle, esquivando un cúmulo de frutas podridas de algún vendedor ambulante, cuando la puerta se abrió y una figura encapuchada salió. La mujer, que era más baja que Francis, cruzó la acera y se dirigió por una calle angosta.
Se atusó el cabello y miró de nuevo el local, y luego a la mujer que se alejaba a pasos agigantados. Subió una ceja y una sonrisa pervertida se le dibujó en el rostro. Le gustaba corretear a las mujerzuelas, y si quería propasarse con alguna de ellas qué mejor que hacerlo fuera del “lugar de trabajo”. Afuera de los burdeles sólo regía la ley de la supervivencia callejera, y si la mujer se ponía ruda podía matarla.
A medida que se alejaban del centro, las calles se volvían más solitarias. Francis estaba seguro de que no conocía esa parte de la isla, ya que sus visitas a Isla Tortuga eran siempre rápidas: llegaban, se emborrachaban y se iban.
Mantuvo una distancia prudente de la muchacha para no delatarse, sin embargo ella no volteó en ningún momento durante el trayecto, al parecer sabía a dónde se dirigía. Al cabo de unos minutos la mujer se frenó en seco y revisó algo entre su escote. Francis oteó la fachada de las casas y pudo leer que se encontraban en la acera llamada “San Pablo”. Luego la mujer avanzó hasta una taberna, y sacando una llave, abrió cerradura.
- Taberna “La Sirenita”….- leyó en voz alta el marinero. - ¡Por favor! ¿Es esto una gastada? “La Sirenita” ¿A quién se le ocurre?
Por la postura de la mujer, desenvuelta y rápida con la cerradura, era obvio que se trataba de su hogar, o por lo menos su lugar de trabajo.
- Así que no eras una prostituta – exclamó el hombre con aire de superioridad, como si acabase de descubrir algo maravilloso. – Si no la dueña de esta taberna… Te seguiré, el oportunismo es mi aliado.
Cuando la figura de la encapuchada desapareció tras el umbral, Morgan cruzó la calle, y con sigilo fue hasta la puerta de entrada, giró el portillo y no se asombró al ver que no había nadie más que él adentro, el único cliente por el momento.
- Tráeme tu bebida más fuerte, linda. – le pidió a la mujer luego de acomodarse en una mesa. - ¿Qué es esto?
Debajo del pergamino que contenía los precios del menú, había un diario de apenas unas 6 hojas. En la portada se podía observar el dibujo mitológico de un kráken sujetando con fuerza un barco.

Noticias desde Aguas Negras.
Nuevos rumores sobre calamares gigantes
llegan desde el norte del Caribe. Esta vez,
la víctima dice ser la Armada Marítima de España.
Aparentemente, mientras buscaba nuevas tierras
para conquistar, la tripulación del Capitán Marcos Fernández,
fue interceptada por un molusco gigante que rompió
estribos y velas, provocando grandes rupturas en
las maderas de dos de sus barcos.
La criatura fue vencida, pero dejó a su paso un
saldo de más de 60 muertos.
¿La Leyenda Titánica Marina, será cierta?”
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Comentarios

  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    En ese mismo instante un barco mercante termina de amarrar en el puerto, se puede ver una figura vestida de negro, se gira para hablar con el capitán de la nave.
    -Gracias por el viaje, espero que no os venga demasiado mal atracar en este puerto, al fin y al cabo insistí y.
    -No pasa nada, y mas teniendo en cuenta el pago tan generoso que habíais ofrecido…
    -Ah si, eso me recuerda…
    El hombre de negro saca unas cuantas gemas de brillantes colores de una bolsita de cuero y se las deposita en la mano al capitan.
    -Lo único que os recomendaría seria no gastaros esto cerca de ningún puerto bajo control de la Armada.
    -Gracias por el consejo.
    El hombre baja del barco y se pierde entre la multitud del puerto.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    -Fiestas en Isla Tortuga...No me gusta este ambiente. Demasiado sobrecargado. Seguro que en cada esquina o rincón hay vicio, corrupción, ponzoña y toda clase de venenos que corrompen a los seres humanos.

    Lord Julian Brennan, gobernador de Santa Ana, se encontraba en una lujosa habitación del ayuntamiento local que, aún así, distaba mucho de ser como su Palacio de Gobierno en Santa Ana. Estaba allí como invitado a las fiestas de la Isla Tortuga, ya que había llegado recientemente para sustituir al gobernador anterior, que resultó muerto tras sufrir una terrible enfermedad degenerativa que le llevó a perder sus facultades mentales y, después, la vida. Este joven gobernador pronto se ganó a las gentes de su isla y no dudó en aceptar la invitación para extender sus influencias pero el objetivo de su viaje no era solo diplomático.

    -Señor, es una perspectiva un tanto negativa. Una fiesta es alegría.- Dijo Garblitz, su consejero, un hombre de ideas claras y lealtad inquebrantable que era, además, una persona casi tan carismática como el propio Brennan pero bastante menos ambicioso. Era rubio y de piel muy blanca, noble de nacimiento.

    -Las fiestas hacen perder la rectitud y la compostura si no se llevan bien. Pero son una excelente manera de ganarse a la gente.

    -Ya que lo comenta. Le recuerdo que tiene que dar su discurso en una hora, milord.

    -Tranquilo, Garblitz, no se me olvidará. Pero recuerde que tenemos otro objetivo, amigo.

    Lord Brennan se dirigió a una mesa y, tras apartar varios papeles de índole burocrática, sacó un diario pequeño, de 6 páginas. Luego extrajo de una carpeta marcada con el emblema de una cruz y dos espadas dos sobres lacrados y se los entregó a Garblitz.

    -Este clima es ideal para encontrar otras cosas además de diversión. Amigo Garblitz, usted más que nadie sabe que, desde mi ascenso a gobernador, ya no puedo movilizar flotas ni barcos sin motivo justificado y que todavía tengo cosas que hacer por estos mares. Eso me lleva a tener que contratar mercenarios y corsarios que luchen por mí. Es el momento de dar el primer paso con el trabajo.

    Brennan le entregó a Garblitz los sobres lacrados y éste se los guardó en su chaqueta inmediatamente.

    -Recuerde.-Ordenó Brennan con su talante autoritario -Quiero que reclute a los mejores mercenarios y guerreros de esta isla. Ahora con las fiestas llegará más gente. Cualquier capitán, aventurero, luchador, buscatesoros de prestigio me vale. Mueva estas cartas por los bajos fondos y las tabernas. Las cartas les hablan de mi proyecto y les cita conmigo aquí.

    El consejero asintìó y abandonó la sala para cumplir su misión. Brennan, por su parte, se acercó a la ventana y contempló el ambiente festivo de la isla. Su vista se centró en el muelle central donde había atracadado un nuevo barco cerca de su galeón particular, el Aurora.
  • editado febrero 2011
    Kahena estaba realmente agotada, no quería seguir viviendo bajo el mar y defendiendo a humanos de los ataques de criaturas marinas que no respetaban los convenios y querían atacar no solo a su propia especie, sino también a todo aquel que estuviera sobre o cerca al mar, sin embargo los humanos cada vez se acercaban más al peligro y era difícil no poder ayudarlos.

    Después de la muerte de sus padres y del gran sacrificio que tuvieron que hacer, había intentado mantenerse en la línea entre el bien y el mal, sin cruzar del todo ningún extremo, había prometido nunca hacer hechizos pues gracias a ellos su padre había llegado a hacer cosas muy malas cuando fue separado de su madre, así que para evitar que esto suceda decidió quedarse bajo el mar y aprender a luchar con sus hermanos, sin embargo la tierra la llamaba, tenía muy buenos recuerdos de su infancia allí y demasiadas ganas de estar en una lucha entre humanos, aprender más de ellos, quería experimentar otras cosas y en este momento ya podía hacerlo, sabía que los tiempos fuera del mar también eran difíciles, pero quería salir y como nadie afuera sabia su verdadera naturaleza no tendría problemas en pasar desapercibida, por eso tras la lucha con el gigante calamar había decidido seguir a los supervivientes y pisar tierra firme, después de tantos años…
  • LuliLuli Anónimo s.XI
    editado febrero 2011
    Al llegar a la isla, bajaron todos, a los heridos los apoyaron sobre la arena, algunos se pusieron a tratar a los heridos, otros a llorar desconsoladamente por las perdidas, pero el capitán, sin quebrar su espiritu, gritó bien fuerte:

    -¡Atención todos! Sé que es doloroso, hemos perdido casi la mitad de la tripulación y la mitad de nuestros barcos, y muchas provisiones que había en ellos... por lo tanto, debemos hacernos de nuevas provisiones.

    -¿Y de donde las vamos a sacar? -preguntó uno que se estaba lamentando, Hernán- ¿como vamos a ir a buscarlas si la mayoria de nuestros hombres estan heridos y otros tantos cuidando de ellos?

    -Tú, -dijo señalandolo algo enojado- que lo único que estas haciendo es lamentarte, podrías levantarte de la arena, e ir a buscar comida entre los árboles, esta isla tiene muchísimos de ellos... Tú y todos ustedes los que solo se lamentan, podrian ir, mientras los otros se quedan con los heridos... ¡Es una orden! -gritó aún mas enojado.

    -¡Sí capitán! -gritaron todos los que se estaban lamentando, con los ánimos renovados.

    Se pararon y se adentraron en la espesura de las palmeras de la isla. Horas despues, muchos de los heridos estaban curados, y todos los que fueron en busca de comida volvieron. Marcos, subió al barco para divisar la isla, mientras los demás cargaban las provisiones obtenidas recientemente. De pronto, el capitán vio algo a lo lejos sobre la orilla del mar que captó su atención, algo que no habia visto antes, algo, que no podia creer. Esto tenía cola, pero parecia una mujer...

    -¿Será una sirena? -se preguntó en voz baja.

    Entonces, rapidamente, detuvo el trabajo de sus hombres, y ordenó, que junto a él, fueran a investigar lo que había visto... al ir acercándose, Marcos, se dio cuenta que sus sospechas eran ciertas... era una sirena
  • RossbonesRossbones Anónimo s.XI
    editado febrero 2011
    Isla Tortuga estaba en pleno festejo de fiestas. Por lo general era una zona concurrida con las más diversas gentes pero ahora estaba repleta, costaba transitar por las calles sin tropezar o chocar con la multitud.


    -La isla llena y yo atrasada para abrir el local… creo que debería pasar las noches en “La sirenita” en vez de ir donde mis “novios” ..


    Ante la sola idea de “novio”, Rossete no pudo evitar pegar una risotada, ganándose algunas miradas extrañadas de los transeúntes mañaneros. Ella no era alguien que se amarrara a algún hombrecito..


    -Brrr no, mejor llegar un poco más tarde que perder mi privacidad.


    Mientras pensaba esto, avanzaba rápidamente entre la multitud para llegar a la taberna-posada “La Sirenita”. Era época de festival, oportunidad única en el año para recaudar sus buenos dineros y chismes de las otras islas. Está de más decir que el mercadeo negro llegaba a su punto máximo. De hecho, esa misma mañana debía recibir una carga de contrabando de tabaco, que se vendería más barato...


    Rossete parecía frágil, por su estatura pequeña, pero en realidad era astuta y atenta, por lo que a pesar de pensar en estas trivialidades se dio cuenta de que la seguían. Quien la seguía era un hombre específicamente, alto, moreno y con cara de pocos amigos. Leyó en su rostro sus intenciones, pero siguió caminando, era una mujer dura que sabia como manejar cualquier situación que involucrara cuidarse a si misma.


    -Acércate más de la cuenta y verás con quien te encuentras… -Pensaba mientras sujetaba firmemente su daga escondida.


    Llegó donde “La Sirenita”, su territorio. Abrió rápidamente el local y entró. A los pocos minutos entra el hombre:


    Tráeme tu bebida más fuerte, linda. – le escuchó decir- Ja, por lo menos sabe reconocer bellezas jaja – pensó divertida


    -Aquí tiene el grog de 12 años, traído directamente de las Bahamas


    Cuando le dejo el jarrón sobre la mesa, se dio cuenta que era observada a la vez que vio al hombre sostener en sus manos las noticias de la semana:


    -¿Buscador de aventuras? No tiene que irse muy lejos para encontrar alguna, menos en época de fiestas aquí en Tortuga


    Mientras decía esto, lo analizó rápidamente, le gustaba conocer a sus clientes, frecuentes y esporádicos. Un rostro nunca se olvida y menos uno como ese, manchado por el sol y con unos ojos profundos pero cortantes. Y Rossete nunca olvidaba, por eso piratas y contrabandistas acudían a ella para obtener cualquier tipo de información. Claro, tenían que pagar, nada es gratis en esta vida, además era divertido formar o incentivar intrigas en la isla o en sus alrededores.
  • editado febrero 2011
    Unos ojos verde intenso brillaron de repente en las penumbras del fondo del mar. Eran lo único que delataba que ahí había algo más que algas creciendo dentro de una formación rocosa de extraña silueta.

    Aquellos ojos parpadearon. Las largas pestañas se deslizaron en el agua, creando pequeñas, casi imperceptibles ondas alrededor de esos dos puntos de luz. Suspiró.

    Ella llevaba un largo tiempo recostada sobre esas piedras, reflexionando. El profundo pesar que acongojaba su alma parecía haberse apropiado de su cuerpo también, lo sentía en cada célula del mismo. No podía creerlo, en verdad que no.

    Todos los Hijos de los Mares estaban en perfecta sintonía con la naturaleza, por lo tanto, ella también lo estaba, y comprendía el movimiento de la energía en el universo. Sabían, todos ellos, que todo en este mundo tiene un ciclo que, inevitablemente, se ve obligado a terminar. Por eso, a diferencia de los humanos, quienes se habían alejado de la naturaleza tanto como es posible, ellos no lloraban a sus muertos. Simplemente los despedían con todo el afecto que habían sentido hacia ellos en vida, sin desperdiciar la suya en sufrir al respecto. Esto es, porque conocían y entendían el equilibrio perfecto de todo, en que la vida se acaba por causas naturales, prescritas desde el momento del nacimiento. Sin embargo…

    Unas horas antes, cuando la comunidad de los Mares Centrales, y algunos de las zonas aledañas, se habían juntado para despedir a la bella Lis, ella era una de las que estaban más próximas al Foso. La gente del agua no enterraba a sus muertos, debido a las difíciles condiciones ambientales para eso; lo que hacían era llevarlas al Foso del Eterno Descanso, un lugar en lo profundo del océano en donde las propiedades físicas de éste estaban totalmente alteradas; una fosa tan profunda que era negra como la noche, y succionaba, cual torbellino, todo lo que estaba cerca. Lo que hacían con los cuerpos de los muertos era colocarlos sobre una hoja de Pleita, una planta con propiedades somníferas, porque se creía que ayudaba al descanso del cuerpo, para que le llegue al alma, y tirarlos como por un tobogán hasta el Foso, para que éste los succionara y les permitiera descansar por siempre en él. Se realizaba una ceremonia solemne en que, la sirena más allegada al difunto depositaba un lirio blanco sobre sus manos y lo dejaba caer. Cuando Laodamia depositó la flor sobre las manos de su hermana, rozó su piel, y por un instante, vio lo que en verdad había sucedido: Lis no había perecido a causa de un maleficio ni de un ataque animal, había sido un asesinato. La gente del agua jamás habría osado hacerse daño entre ellos, eran una raza muy pacífica; por lo tanto, el autor de ese horroroso crimen debía de ser alguien de fuera del mar.

    Volvió a pestañear. Con la espalda apoyada contra la roca, la princesa de las sirenas estaba pensando en todas estas cosas, y en la visión que había tenido al despedir a su ser más querido. Se encontraba en el lugar que ellos usaban para rezar, el Sagrado Santuario, en donde crecían los lirios para los difuntos, y con la cola acariciaba los pétalos de algunas de estas flores, distraída en sus pensamientos. Conectada como estaba con la naturaleza, era consciente de su destino, y entendía que debía emprenderlo de inmediato.

    Sabía lo que tenía que hacer. Debía acercarse a los humanos.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    Tomó el jarrón con la mano izquierda y bebió un sorbo que consumió la mitad del vaso, estaba completamente sediento. Secó su bigote con el reverso de su mano, y si no fuese porque acababa de beber, cualquier hubiese creído que se estaba quitando mucosidades.

    - ¿Ah sí? ¿Qué tipo de fiestas me propones? – intentó hacer que su voz sonara seductora.

    La mujer no tenía cara de muy buenos amigos, pero a Francis no le importó. Atado a su cinturón llevaba una pequeña bolsa de cuero con algunos objetos imprescindibles: una navaja de doble pluma, una cajilla de papelillos, un frasco metálico con tabaco y un encendedor a bencina.

    - Hemos estado con mi tripulación navegando los últimos meses, recién hoy ponemos pie en tierra firme… y supongo que conocerás las pretensiones de los hombres… - decía mientras se armaba un cigarrillo.

    La mujer le devolvió una mirada fulminante, o eso le pareció a Morgan, así que decidió cambiar de tema y dejar de insistirle. Aparentemente con ella no podría sesear más que su sed por un buen trago.

    - Tú que tienes pinta de saber más de lo que aparentas… ¿Qué rumores tienes sobre esto? – preguntó al tiempo que extendía el periódico sobre la mesa dejando la noticia del ataque a la vista de la dama.
  • Gessias IIGessias II Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    El reloj de oro, colgando de su mano, marcaba las nueve en punto. Con gesto adusto, el muchacho comenzó a recorrer con la vista las ranuras en la madera que conformaba el techo de aquella habitación. Por entre ellas siempre podía observar zuelas y pies que surcaban el camino hacia donde se encontraba la barra de aquella taberna. No era común, a esas horas, ver nada más que los pequeños zapatos de la dueña del lugar.
    Aguardó unos instantes conteniendo la respiración cuando oyó rechinar la puerta en el piso superior.

    Allí estaba la joven tabernera, tan peligrosa como hermosa, según le habían contado. No podía darse el lujo de que esta se enteráse que había vuelto a escabullirse en el sótano para pasar la noche. Velozmente tomó su gorro de capitán, desgastado y con la tela raída, se colocó la espada enfundada en el cinturón y se deslizó silenciosa y ágilmente hasta quedar cubierto por un gran barril de Grog. La puerta del sótano se abrió al instante. Era la tabernera, que en un segundo llenó una jarra del barril tras el cual se escondía el hombre y volvió a salir por la misma puerta. Entre el dolor de cabeza y el mareo por la resaca, le sería difícil salir de ahí, pero lo intentaría.

    Escuchaba arriba las voces de dos personas que conversaban, pero no les prestó la más mínima atención. Con cuidado, paso por paso, se acercó al portal de madera y suavemente atinó a abrirla, pero la misma rechinaba de una forma que no pasaría nada inadvertida. Al momento siguiente escuchó que el hombre, que parecía estar sentado al otro lado de la barra, comenzaba a hablar nuevamente.

    - Tú que tienes pinta de saber... - Era su oportunidad, con suavidad y procurando mantener el sigilo se deslizó fuera del sótano y, cruzando a gatas la taberna, que gracias a dios se encontraba sumida en una oscuridad casi total a excepción de una ventana detrás del mostrador, el hombre abrió la puerta y se puso de pie. Al instante comenzó a caminar en sentido contrario, como si acabara de llegar al lugar.

    Con un movimiento un tanto brusco, acercó un banco hacia donde se encontraban la mujer y el hombre charlando y, sin ningún problema de cortar su charla, tomó asiento. Miró a la chica y le dijo:

    - Un jarro de Ron, mujer, y mejor que esté lleno, no estoy de humor para que me andes con bromas como la de la otra noche. - Hacía dos noches atrás, la muchacha, en vista de la borrachera de James, le entregó una jarra sin fondo, con tal de que este dejara de tomar. - Otra de esas y te cortaré la garganta.

    Al instante sintió cómo la mirada del hombre que los acompañaba se había posado en él, con una pizca de desdén en ella.

    - ¿Y tú qué miras, vago? ¿Acaso es tu novia? - Rió y continuó - ¡Si no bajas o corres esa mirada de mi vista te voy a enseñar lo que es bueno! - Estaba cansado de los visitantes de Isla Tortuga. Todos se creían capaces de hacer lo que quisieran. Si eso creían, estaban muy equivocados.
  • editado febrero 2011
    Kahena recorrió la Isla dónde estaban, pero lamentablemente se encontraba vacía. Había comida y un hogar pero no veía más humanos, salvo los que venían de la lucha, así que difícilmente podría pasar desapercibida. Además, todo el lugar se encontraba rodeado de sirenas de sirenas y otros animales del mar, pacíficos todos ellos, así que los guerreros no tendrían problemas. Pero para ella sería muy difícil cambiar de forma sin ser vista, teniendo en cuenta que no todas las de su tipo pueden pasar a ser humanas de un momento a otro, era mejor no exponerse. Por lo cual decidió alejarse de este lugar y buscar, gracias a un mapa que le robo a un tripulante de la embarcación, otra isla que tuviese menos seres del mar y los hombres no estuvieran pegados a la orilla.

    Mirando el mapa pudo ubicarse fácilmente. Descubrió que la isla donde estaba no se encontraba en el mapa, algo curioso, debe ser que hay algo escondido allí, pensó. Siempre era así o al menos era lo que escuchaba. El dibujo de esa ballena despistaba un poco pero ahí había una pequeña isla, muy diminuta, rodeada de muchos seres del mar, algo sospechoso...

    Siguió observando el mapa y descubrió que estaba muy cerca de una gran isla llamada Santa Ana y otra más pequeña llamada Isla Tortuga, decidió irse a la más pequeña, algo le decía que podía ser mejor para pasar desapercibida, descansar un poco y luego buscar contactos para darse a conocer. Sabía que en las embarcaciones normalmente no había mujeres, pero con sus habilidades, tal vez podría ser admitida “hay que intentarlo”, se dijo.

    Esperaba que al estar lejos de esta isla sin nombre no encontraría más criaturas marítimas y así fue, lo cual era bueno, ya que podría salir del mar sin problema. “La ventaja de estar siempre sola y no tener amigos en ningún mundo”, se dijo. Claro que extrañaba las pocas veces que en un tiempo atrás pudo conversar con su “amiga” Lis. La recordó por un momento y se preguntó: ¿dónde estará, que será de ella?. Sus caminos se habían separado muchos, pero muchos años atrás, sin embargo siempre que se sentía sola la recordaba. Fue una gran amiga y sobre todo le enseño muchas cosas tanto de los humanos como de los seres del mar…

    Cuando al fin pudo volver en sí, decidió que este era el lugar perfecto para salir, había muchas luces en la orilla y la gente que se veía estaba concentrada en el baile, nadie parecía mirar el mar; así que se deslizo con cuidado y salió a la superficie. Tenía un traje oscuro, largo y aunque al principio le costó un poco ponerse en pie, pudo adentrase en la feria. Ya estaba en tierra, ahora debía buscar un lugar para descansar, estaba realmente agotada...
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    -...es por esto, compatriotas, es por esto por lo que debemos estar orgullosos de nosotros mismos. ¡Es por esto por lo que los humanos somos la raza dominante y por lo que Gran Bretaña es el más grande los países humanos!... He visto vuestras preocupaciones, impuestos, delincuencia, piratas...Y para eso estoy yo. ¡Para que la gente pueda andar tranquila por las calles! ¡Para que nadie tenga motivos para robar! ¡Para que nadie tenga motivos para herir! ¡Para que nadie tenga preocupación alguna que le quite el sueño por las noches! No os engañaré, amigos, amigas...el mundo perfecto está lejos. La piratería es un problema que tardaremos en resolver. ¡Pero por el momento bajaremos los impuestos! ...

    Una ovación ahogó la poderosa voz de Brennan. La mayoría de Isla Tortuga se había apelotonado alrededor del Ayuntamiento para escuchar el discurso. El gobernador anterior no solía preocuparse mucho por las necesidades de la gente y Brennan, sabedor de eso, había decidido ganarse a la población. Cuando los aplausos cesaron, el gobernador de Santa Ana volvió a hablar.

    -...De modo que disfrutad más aún de esta fiesta. El mundo perfecto es posible si creemos en él. Mientras no desistamos lograremos todo lo que nos propongamos. Ásí que no les entretengo más, ya me he presentado y no está en mi intención quitarles tiempo para festejar así que, sin más me despido. Ah, una cosa más...Que ese tabernero de ahí sirva dos barriles de mi parte.

    Con una gran ovación el gobernador se introdujo de nuevo en su habitación, abandonando el balcón desde el que había hablado. Si no se había ganado a la gente con promesas, fantasmas de orgullo y superioridad ni con una bajada de impuestos se los ganaría con cerveza. Julian sonrió. Los impuestos que pagaban eran altos, los bajaría bastante pero aún tras la bajada serían mayores que los que pagaban en otras colonias. Necesitaría fondos para pagar la expedición y su proyecto. Se quitó la chaqueta, acalorado tras los nervios del discurso y se sirvió una copa.


    Mientras tanto, en las zonas más alejadas del Ayuntamiento donde la política no es más que un espectro, una figura con un largo abrigo negro del que solo salía la cabeza, blanca y de pelo rubio buscaba por las calles una famosa taberna local ´´La Sirenita´´ en la que se reunían los más variados y afamados cazarrecompensas, mercenarios y aventureros en general. El hombre del abrigo llevaba en su bolsillo varias cartas lujosamente lacradas. En apenas una hora había preguntado mucho e indagado y sabía a ciencia cierta que en aquel local encontraría a mucha gente dispuesta a hacer el trabajo.

    Sus pasos se detuvieron frente al local. Una sonrisa afloró en sus labios antes de abrir la puerta y entrar. Efectivamente allí encontró bastante gente con el aspecto que él esperaba. El siguiente paso era entregarles las cartas sin desvelar su identidad ni la de quien le enviaba.

    En las cartas había una propuesta para un ´´trabajo´´ en altamar de riesgo moderado-alto por el que se ofrecía una recompensa superior a los posibles peligros. Citaba a los interesados en un viejo almacén abandonado cerca de los puertos para dentro de tres días por la noche. Todo ello estaba escrito con un lenguaje culto pero a la vez comprensible y bastante convincente.

    El hombre rubio de negro procedió con su misión: entregar esas notificaciones. Este individuo no era otro que Garblitz, consejero de Brennan.
  • editado febrero 2011
    Un vínculo se había creado entre la raza de los humanos y la de los Hijos del Mar, y ese vínculo debía cerrarse. Laodamia sabía perfectamente esto, y sabía que debía ser ella quien desempeñara esta tarea. También entendía perfectamente bien lo que debía hacer. Debía matar a un ser humano, más específicamente, al que había matado a su hermana.

    El problema residía en que sus conocimientos del mundo de los humanos eran muy escasos. Decidió consultar a la Sabia Energía, quien gobernaba el universo, algo que se les daba bastante bien a las sirenas, pero sobre todo a ella, la nieta de la bruja del clan.

    Se sentó en el lugar sagrado en donde estaba recostada y se sacó la pulsera de oro que llevaba en la mano derecha, regalo de su abuela. Parecía una inocente arandela de metal brillante, pero no era así. También se quitó la tiara de su frente, y de su centro extrajo una piedra negra, oriunda de los mares del sur. Colocó la piedra en el medio de la pulsera, y encajó perfectamente. Las tomó con ambas manos y cerró los ojos, esperando la conocida y fluida conversación con la Sabia. Sus mensajes solían ser un tanto confusos, pero al rato de reflexionar sobre ellos, uno entendía perfectamente bien lo que había querido decir.

    Esta vez no fue así. Este fue un mensaje corto y conciso, claro hasta para el más torpe de los humanos, esa raza que jamás entendía nada. Lo que ella vio fue la imagen de una mujer, cabello negro como el azabache y largo hasta la cintura, piel blanca nívea, y un tatuaje en todo su brazo izquierdo. Lo que le llamó la atención es que se trataba de una mujer de raza humana, pero con ojos de un verde intenso, como los que sólo poseían las sirenas. Entendió al instante que su misión era encontrarla, y que ella la ayudaría y la guiaría hacia el asesino de Lis.

    Existía un sólo inconveniente: cómo convencerla. Nunca había tenido contacto directo con un ser humano, esta iba a ser su primera vez. Bueno, ya vería cuando la encontrara, la Sabia siempre sabía por qué pedía lo que pedía. Ahora su misión era clara, y decidió partir de inmediato.
  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    El hombre de negro había llegado a lo que parecía la plaza central del pueblo, frente al ayuntamiento, había un hombre recitando un discurso frente a la multitud de juerguistas.

    …. es por esto, compatriotas, es por esto por lo que debemos estar orgullosos de nosotros mismos. ¡Es por esto por lo que los humanos somos la raza dominante y por lo que Gran Bretaña es el más grande los países humanos!... He visto vuestras preocupaciones, impuestos, delincuencia, piratas...Y para eso estoy yo. ¡Para que la gente pueda andar tranquila por las calles! ¡Para que nadie tenga motivos para robar! ¡Para que nadie tenga motivos para herir! ¡Para que nadie tenga preocupación alguna que le quite el sueño por las noches! No os engañaré, amigos, amigas...el mundo perfecto está lejos. La piratería es un problema que tardaremos en resolver. ¡Pero por el momento bajaremos los impuestos!...

    El hombre que acababa de llegar a la plaza se baja la capucha, aparece un pelo rubio alborotado remarcando una cara que a simple vista parece común pero la mirada le delata, una mirada de un azul muy frio…

    “Jajá otro político ganándose al pueblo”Penso

    Se acerca a un grupo que estaba cogiendo cerveza de dos barriles que acababan de sacar de una taberna adyacente

    -Hola, ¿alguno de vosotros me podría decir donde hay una posada decente pero que no cueste una fortuna?

    Uno de los integrantes del grupito se dirige a el.

    -Claro, danos unas monedas y estaremos felices de contestar.

    “Como le canta el aliento a alcohol…”se dijo a si mismo

    El hombre saca de su bolsa de cuero una gema y se la entrega al hombre.

    -ahora, seriáis tan amables de indicarme el camino?

    -claro, baja por esa calle y gira a la izquierda en el tercer callejón…

    Después de conseguir entender un par de indicaciones mas el hombre se puso en marcha al local que le había indicado aquel hombre.
    Un pensamiento cruzo su cabeza

    La sirena… Menudo nombre mas original”
  • GileblitGileblit Fernando de Rojas s.XV
    editado febrero 2011
    La oscuridad parecía ser su única compañera por el momento, ella y su fiel botella de licor rojo. Quizá había llegado demasiado pronto, pero lo cierto es que no veía a nadie más.

    Por fortuna se encontraba cerca de La Sirenita cuando encontró a aquél joven borracho en un callejón cercano a la taberna. El muy charlatán iba presumiendo a voz en grito de que ganaría una fortuna gracias a una misión secreta para la que le habían citado en el almacén del Viejo Truhán, y que después de aquel golpe "se dedicaría a seducir mujeres y a disfrutarlas durante todo el día".

    Lo que no sabía el desprevenido muchacho era que Henry Shettle, marinero avezado como pocos, buscaba desesperadamente una nueva tripulación a la que unirse, pues su último trabajo le había dejado en tierra hacía semanas. Aquellos míseros cobardes habían creído la historia del kraken y habían dado por finalizada la travesía. Al menos le habían dejado en Tortuga, se dijo encogiéndose de hombros y besando a su más fiel compañera.

    Henry no sabía leer, pero en cuanto había echado mano al legajo que ahora estaba prendido a su fajín, había reconocido en él la letra de un hombre distinguido, y, en tinta de color granate, las únicas palabras que sabía interpretar: gran recompensa.
  • editado febrero 2011
    “Ochocientos cincuenta hombres durante veintiséis días de travesía, desde la vieja isla hacia los nuevos suelos, dónde las mañanas tardan más en acabar según cuentan los viajeros, y donde el calor es intenso al mediodía. Donde los mares están plagados de fuertes bestias, inmersos de misterio y vastedad.”

    Capitán, los grumetes acaban de divisar tierra.

    Dígales a los demás que estén listos.

    Sí, señor.

    “Recuerdo que mi padre me dejó escrito en su testamento que éstas tierras eran mágicas, y que algún día yo las recorrería. Que sus mares estaban encantados y que su clima era distinto. Tenía once años cuando lo leí por primera vez al lado de Chiara, escondidos bajo la mesa enorme del comedor central de su casa. Mi padre no quería que lo leyese sino hasta los doce; todavía me pregunto por qué lo habría querido así. Ahora el destino me encuentra aquí cumpliendo los anhelos de él, y también los míos propios, tan grandes y a la vez, tan puros e infantiles. Es ahora cuando pienso que mi vida es verdaderamente una gran ironía.”

    Todos listos, capitán.

    Perfecto. Ahora dígales a todos los que puedan que suban a cubierta.

    "Mi amada Chiara, ¿por qué te fuiste? Tu sonrisa todavía se dibuja en mi mente cuando la situación me diluye como azúcar en agua, y el agua salada penetra como aroma en mis fosas. En todo momento sé que no importa lo mal que esté, porque tú vales mis penas. Allá en el otro mundo, donde quiera que te encuentres, jamás me cansaré de imaginarte, jamás me cansaré de pensarte, porque eres mi única medicina, mi agua bendita, mi ostia sagrada, mi cura santa. Porque lucho por Gran Bretaña, pero vivo por ti.”

    Hombres. Muchos de nosotros no hemos pisado éstas tierras antes. Considérense afortunados. Este es el mundo del que me habló mi padre, el mundo que promete una nueva vida. Siéntanse seguros sabiendo que pronto llegará el resto de la flota. Cuatro barcos más son suficientes para hacerle frente a cualquier insurrección. La consigna sigue siendo la misma: defender el honor de la corona británica, y vigilar el avance de los piratas hacia territorio nacional. Por ahora caballeros, disfruten de su estadía, los demás están cerca cuidando nuestras espaldas. Este es el nuevo mundo señores, y es suyo también. Qué Dios nos bendiga.

    Mabyn se retiró de la escena a seguir escribiendo en su diario, y apenas lo hizo el resto de la tripulación rompió filas, entendiendo que ahora tenían el día libre. Nadie cuestionaba sus acciones. Los hombres esperaban ansiosos el momento de anclar, y se mostraban confiados de las circunstancias. Todo parecía normal, tranquilo, sin contratiempos. Era muy temprano en la mañana, tras una noche fresca. Pero Dylan no había podido dormir durante ella, y en vez de bajar, se disponía a tomar una siesta.

    Mientras descansaba plácidamente en aquel camastro del siglo XVII, una extraña presencia irrumpió en la habitación. Dylan pudo sentirla, y abrió despacio los párpados. No podía creer lo que veía.

    (Dylan desembarca en la isla más al este del mapa, que no sea la isla del tesoro)
  • Lady Chiara se sentía muy desafortunada al haber sido arrancada tan abruptamente del seno de su hogar. Sus padres adoptivos la habían criado con todas las comodidades y nunca le ocultaron su verdadera procedencia. Sin embargo no podía buscar a su verdadera familia ya que su tío la daba por muerta. Por lo cual sus “padres” no querían exponerla a que le pasara algo y aunque tenía deseos inmensos de conocer a su hermana, prefirió obedecer y dejar para más a delante el anhelado encuentro. Lamentablemente este nunca llego, pues contó con tan mala fortuna de ser poseedora de una enfermedad que acabo con su corta vida. Dorothy no tenía ni idea de su otra hermana, pues sus padres no le quisieron contar nada esperando a que fuera mayor, algo que tampoco pudieron ver, pues su tío John Slater personaje siniestro y ambicioso, los asesinó, haciendo creer que fue un accidente.

    Cuando Lady Chiara conoció a Dylan, en la casa de sus padres adoptivos, se enamoraron al instante, sintieron una atracción avasalladora. Los dos eran muy jóvenes, bellos, la vida les sonreía, solo opacaba tanta felicidad el pasado de ella, al no poder compartir con su hermana esta felicidad. Dylan se comprometió a ayudarle en su búsqueda, pensó que no le sería difícil, al ser gemelas se suponía que serian iguales. Luego, al saberse la enfermedad de Chiara y que con ayuda de su hermana podría ser salvarla, con mayor ahínco la quiso encontrar, sintiéndose frustrado al no conseguirlo, viendo impotente como la vida de su amada se escapaba sin remedio. Eran tan jóvenes...

    En su lecho de muerte él le prometió que buscaría a su hermana por cielo, tierra y mar hasta encontrarla, ella le dijo de su tatuaje particular en el tobillo izquierdo para que lo tuviera presente y le pidió que le dijera que siempre la llevó en su pensamiento y en su corazón.

    Chiara estaba recordando estos duros momentos de su vida y seguía sin entender porque aún estaba en la tierra, llevaba mucho tiempo vagando en ella de una manera diferente, pero igualmente podía sentir todo el dolor, la tristeza, pero sobre todo el amor que sintió por Dylan, tal vez eso era lo que la sostenía aún en este mundo, pensó.

    Mi amado Dylan, como te extraño y quisiera no separarme nunca de tu lado, pero sólo puedo aparecer en alta mar, cuando estás agotado y tus pensamientos me pertenecen. Nuestro amor fue algo único, ni la muerte ha sido capaz de borrarlo. Pero me tortura ver que no eres feliz, desearía que me recordaras, pero que encontraras a quien amar…

    Te veo y soy feliz, me gusta recostarme a tu lado porque sé que sientes mi presencia y recuerdas mi perfume. Me gusta cómo me platicas todos tus planes y como esperas que yo te escuche y aconseje. Mi adorado, mi amor, mi fuente de calor, no hay mayor placer, ni mayor tortura al mismo tiempo que los momentos que puedo estar cerca a ti, desearía eternizar el tiempo, que el reloj se detuviera que pudieras ver que estoy aquí, que aún te quiero...


    Estaba ensimismada en sus pensamientos cuando se dio cuenta que Dylan la miraba fijamente...
  • editado febrero 2011
    Kahena caminaba sin rumbo, observando maravillada el lugar donde estaba. Había luz, ruido, la gente bailaba, cantaba, algunos gritaban, reían y muchos estaban embriagados. Llevaba bastante tiempo en el mar y no recordaba cómo era estar en este mundo y la sensación le gustaba. Empezó a recordar a sus padres. La mejor época de su vida la vivió en tierra con ellos... Antes de entrar en un estado de depresión decidió buscar un lugar donde pasar la noche.

    Después de recorrer muchos locales entró a uno llamado “El ojo tuerto”. Estaba a rebozar. Mujerzuelas, hombres borrachos, olor a alcohol y ninguna habitación libre. -Que mala suerte-, pensó. Eran ya las 10 de la noche y temía que no encontraría dónde dormir, pero igual la gente seguía en fiesta. Al parecer celebraban algo, así que decidió seguir buscando.

    Cuando salía se le acerca una prostituta muy guapa, con ojos negros como el carbón, el cabello rubio hasta los hombros y le dice: “¿Qué necesitas dulzura? Me llamo Melody. Puedo ser todo lo que quieras. Hasta tu guía en esta inmunda isla”.

    Kahena sonrió. Era realmente una mujer hermosa, aunque tenía una vida muy difícil. Después de mirarla fijamente le dijo: “Busco un lugar para descansar. Si me llevas te puedo invitar a comer”.

    La mujer sonrió encantada, pero la noche era joven y tenía mucho trabajo. Estaba pensando en ello cuando Kahena le dice: “Te pagaré por la compañía y algo de información. Así no perderás la noche. ¿Qué me dices?

    Melody no lo podía creer. Después de lo duro que estaba el trabajo, tener paga por no hacer nada le parecía una bendición, aunque ella estaba dispuesta a retribuir muy bien tan amable propuesta.

    Mientras caminaban en medio de la montonera, Melody no paraba de hablar, le contó cosas de la isla, de la gente. Le habló hasta del motivo del festejo y sobre todo de un tipo que había hablado en el ayuntamiento “El Gobernador, si vieras qué guapo es y cómo hablaba…” decía. Cuando Kahena le preguntó a dónde iban le dijo: “Te llevaré al mejor sitio. La dueña es un sol de mujer. "Rossby", se llama. Nadie la conoce bien. Dicen que anda metida en negocios sucios. Eso sí, nadie puede demostrarlo. Pero lo importante es que siempre es buena con las mujeres como yo, así que creo que te va a encantar”.

    De un momento a otro para en seco y dice: “hemos llegado”. Kahena levantó la vista y vio el nombre del local: “La Sirenita”. “¿A que es bonito el nombre?”, dijo Melody. Kahena no pudo dejar de sonreir. -“Hasta en la tierra encuentro sirenas”-, pensó mientras entraban al local.
  • ValeVale Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2011
    La llama se apagó de repente y luego la puerta se cerró despacio, colocó la llave en la cerradura y le dio dos vueltas. Lentamente recorrió el pasillo de las habitaciones y bajó las escaleras de la taberna, concentrándose solo en la puerta y no en lo atestada que se encontraba esta.

    Al salir se encontró a dos mujeres dispuestas a entrar, por un lado estaba la amiga de Rossby, quien era la dueña del lugar, pero por el otro quien la acompañaba definitivamente no era de la isla. La muchacha extrañamente pálida, y de cabellos larguísimos llamo su atención de inmediato, pues Dorothy conocía muy bien a la gente, después de todo había pasado todos estos años huyendo de isla en isla recordado todos los rostros que pasaban ante ella.

    Les dedicó una fugaz mirada y bajó por el callejón, la noche estaba ya avanzada pero los festejos no cesaban. Se dirigió hacia la playa, al contario de todos en la isla, necesitaba estar sola.

    De todos los días en el año ese era el peor, era el momento en el cual realmente se daba cuenta de donde estaba. Esa noche en la playa no hizo más que mirar las estrellas, caminar despacio por la orilla y pensar, pensar en lo sola que estaba en el mundo. Su mundo era ella misma, no había nadie más, ya no.

    Usando ambas manos apretó con todas sus fuerzas su único tesoro, el cual colgaba de su cuello desde hacía ya tantos años, y deseo con todo su ser que alguien en este gigantesco mundo pudiera verla realmente y cuidar de ella.

    No faltaba mucho para que el sol saliera, cuando se encontraba ya a unas cuadras de La Sirenita, no obstante algo en su interior le hizo cambiar el camino y como si alguien más la guiara se dirigió hacia la gran plaza.
  • Rosa NegraRosa Negra Gonzalo de Berceo s.XIII
    editado febrero 2011
    Como si se tratase de un fantasma, un hombre apareció en la taberna. Francis estaba seguro de que no había oído rechinar la puerta de entrada, ni tampoco había bebido lo suficiente como para perder ya algunos de sus sentidos. Por ello arqueó una ceja cuando el recién llegado se acomodó en su mesa.

    El filibustero barrió, de arriba abajo, con la mirada al hombre mientras este parloteaba prepotentemente. Decidió ver hasta dónde podían llegar sus comentarios y se limitó a tomar lo que le quedaba del grog. Observó su vestimenta y pudo notar que se trataba de un capitán de barco, eso no le gustaba.

    - ¿Y tú qué miras, vago? ¿Acaso es tu novia? – Increpó de un momento- ¡Si no bajas o corres esa mirada de mi vista te voy a enseñar lo que es bueno!

    Ya era suficiente para Morgan. Su orgullo tenía un límite y no se dejaría sobrepasar por nadie y menos en su semana de descanso. Torció su cuello de izquierda a derecha para hacer sonar sus cervicales, luego comprimió sus nudillos con las palmas de su mano y sin pensarlo ni demorarse un segundo, corrió la mesa de un manotazo y cogió por la camisa al capitán haciendo que este tambalease en su silla.

    - ¡¡Vamos!! Muéstrame lo que es bueno – espetó Francis – Juguemos a “junta los treinta y dos dientes”…

    Ambos portaban armas de filo, así que en el caso de armarse una trifulca, estarían parejos. Pero en ese momento la puerta de “La Sirenita” se abrió por primera vez desde la llegada de Morgan. Un hombre de cabellos claros, trajeado de negro, se presentó. Dio una reverencia haciendo caso omiso a la situación de pelea que se presentaba, y se dirigió a la dueña del lugar. Le entregó una docena de cartas que llevaba guardadas en el interior de su frac y continuó su viaje.

    Francis volvió a mirar al capitán para medir bien la distancia entre el mentón de este y su puño, cuando la puerta se abrió una segunda vez. En esa oportunidad un joven de rasgos caucásicos ingresó. Parecía un poco desorientado, por como miraba podía notarse que era su primera vez en la posada.

    - Lugar indicado, momento indicado – le gritó Morgan para que se fuera.

    Pero, por tercera vez, la puerta rechinó. Esta vez entraron dos mujeres. La primera, saludó con un “¡¡Hola Rossby!!” a la posadera, su voz era algo aguda..., mientras que la segunda se quedó pasmada viendo la escena.

    - ¡¡Grrrr!! – bufó con furia el del puño cerrado, se había cansado de tantas interrupciones.
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    Brennan estaba sentado en la silla de su habitación leyendo un libro bastante grande cuya portada grisácea estaba tan desgastada que solo se podía distinguir la silueta de una espada ardiente. Era un antiguo tratado que contenía información sobre la magia y las criaturas extraordinarias así como un auténtico compendio de leyendas y creencias locales sobre temas de esa índole. Había tenido una extraña sensación: su sangre templaria ardió durante un momento advirtiéndole la cercanía de una criatura mágica pero optó por calmar esa sensación leyendo su libro.

    Solo había sentido esa sensación cuando tuvo que someterse a la ´´Prueba´´ de los templarios a los 20 años en la que tuvo que enfrentarse con su espada familiar a una criatura marina monstruosa que fue la causante de las dos cicatrices que tiene en la mejilla y que él atribuyó a una bayoneta aunque es difícil que una arma así de dos cortes tan parecidos y tan próximos. Tuvo suerte de escapar del enfrentamiento contra aquella criatura monstruosa parecida a un lagarto humanoide, muchos podían salir con un miembro menos o directamente no salir. Pero no podía permitir que esos pensamientos le distrajesen. Tenía demasiadas cosas entre manos como para recordar aquellos momentos de angustia y gloria. Siguió leyendo.

    Cuando el gobernador estaba enfrascado en su lectura sonó la puerta.

    -Milord.

    -Pase, Johnson. - Brennan ocultó rápidamente su libro en un cajón y lo cerró con llave.

    Un oficial de la Armada entró en la sala, sonriente.

    -Milord. Uno de nuestros avistadores ha informado de la cercanía del Saviour. El capitán Dylan Mabyn parece haber llegado ya.

    -Excelente. Necesitaré la ayuda de un hombre competente y experimentado como él y de su gente para paliar la amenaza pirata. No podía haber llegado en mejor momento. Prepare mi escolta. Iré a saludarle personalmente. Los hombres de valor como él escasean.
  • Gessias IIGessias II Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    Una mano ruda y poderosa lo tomó por el sobrante de camisa que tenía en el lugar del pecho. Repentinamente las caras de ambos hombres se encontraban tan cerca que pudo observar los ojos del pirata con odio sin forma alguna de que este gesto pudiera pasar inadvertido.

    - ¡¡Vamos!! Muéstrame lo que es bueno, juguemos a “junta los treinta y dos dientes”… - El tono molesto en la voz de su retador le causaba simplemente diversión, por lo que soltó una leve carcajada que, por la expresión que apareció en la cara del pirata, seguramente venía acompañada del espantoso aliento que dejaba la mezcla de litros y litros de grog y ron. Con tranquilidad en sus ojos, observó con gracia que la gente irrumpía en el lugar y que a cada momento la tención aumentaba en la cara de quien aún lo sostenía de la camisa.

    Cuando dos mujeres entraron al bar y el joven pirata gruñó de rabia, James actuó de forma intuitiva: Con su mano derecha obligó al brazo que lo apresaba a soltar su camisa, mientras que la otra mano subía a toda velocidad hacia el pómulo derecho de su adversario. Al mismo tiempo que los nudillos de Londridge golpeaban la zona apenas abajo del ojo derecho del otro luchador, escupió la cara del hombre y dio un salto hacia atrás, aguardando la reacción del mismo.

    - Vamos muchachito... ¿Acaso quieres que un capitán inglés te enseñe un poco de buenos modales? Pues no lo haré, te daré tu merecido, gusano. - Y antes de que este pudiera si quiera reaccionar del golpe recibido, añadió - Vamos. ¿Qué esperas? ¿Dijiste que a juntar los treinta y dos dientes? Haré que te junten hueso por hueso. - Por si acaso, acercó su mano derecha a la funda de su espada, y su mano izquierda hacia el pecho del uniforme, donde, entre los pliegues, guardaba la pequeña navaja.
  • RossbonesRossbones Anónimo s.XI
    editado febrero 2011
    Rossby pensaba responderle con alguna broma ingeniosa al borracho de James, podría ser un pedante cargoso cuando estaba ebrio, pero a un cliente frecuente y más encima con fama de su facilidad con la espada... se le perdonaban algunas cosas.. Pero no contaba con que se le iba a ocurrir provocar al recién llegado

    -"Estúpido James que no es capaz de quedarse callado cuando debe"- Pensaba un tanto alarmada por el cariz que estaba tomando la situación. Tomó por debajo del mesón los dos pistoletes, fieles amigos.

    Entró de pronto un joven rubio vestido entero de negro, y se fue directamente donde ella :

    -Que desea joven,¿ algo en especial? ahora mismo estamos sirviendo peleas de borrachos al dente- Le preguntó exasperada ya por estos hombres ¿Acaso no podía tener algún día tranquilo?

    -Estoy algo apurado señorita, pero tome estas cartas porfavor y repártalas cuidadosamente..estamos reclutando marineros para una expedición...

    -¿Y qué gano yo con esto?- le preguntó entrecerrando los ojos. Pero el joven ya habia dado media vuelta hacia la puerta, por donde justo entró otro muchacho, el cual quedó un tanto perplejo por la trifulca del interior.

    -¡¡¡Rossby!!!!- una aguda voz gritó, provocando la que la atención se centrara sobre ella y su compañera.

    Para la joven tabernera fue demasiado. Ella no tenía problema en que hubieran peleas en su recinto, pero que se pelearan los primeros clientes, que unas cartas del demonio, que el joven cliente que no entendía nada y más encima llegaba una amiga suya con otra joven... ¡Su taberna era barata y de mala junta, pero nunca brindaba malos servicios! Eso no lo podía tolerar.

    Se paró de un ágil salto sobre el mesón a la vez que con el pistolete de la mano izquierda pegaba tres tiros al aire, y con el de la mano derecha apuntaba directamente a la sien de James.

    -James querido, ¿¿¿nos calmamos???? - le dijo mientras lo fulminaba con sus verdes ojos, y luego dirigiendose al resto, que estaba en profundo silencio - Si alguien más tiene problemas aquí en La Sirenita, vaya a resolverlos afuera... QUE YA ESTOY HARTA.

    Se bajó tranquilamente del mesón. Sentía la mirada de odio de James, pero bah, si la mataba ¿quién le iba a dar uno que otro trago gratis?.

    -Amiga mía!! - le dijo mientras la abrazaba - ¿Que te trae por aqui?
    -Ayy Rossby que espanto... bueno, me encontré con esta joven, Kahena, la pobre anda buscando alojamiento y comida, y le dije que este era el lugar perfecto!
    -Me alegra que la hayas traído para acá, disculpa la pelea anterior... si eres capaz de manejar a hombres borrachos para que no te molesten, este es el lugar perfecto. En un rato más van a llegar los músicos y las meseras, verás como prende "La Sirenita" - le dijo Rossby a Kahena con su más encantadora sonrisa y la dirigía a una de las mesas para que tomara asiento.

    Se acercó también al joven desorientado, le sirvió dos jarras de ron "Por cuenta de la casa querido, para que no se nos espante"- y se fue a sentar tras la barra.

    "Uff ya estoy agotada, tengo 28 años y parezco una abuela ya, que me vine a meter a estas islas del demonio... creo que para desquitarme, voy a poner algún menjunje en la próxima jarra que me pidan.. ¿laxante o cianuro? jejeje "- se decía a ella misma mientras sacaba de uno de sus tantos bolsillos las cartas que le había pasado el joven de negro -"¿Qué tengo que repartir estas cartas?.. primero voy a leerlas yo, uno nunca sabe que puede ganar con estas cosas..."
  • AljanAljan San juan de la Cruz XVI
    editado febrero 2011
    Mientras tanto, en ´´La Sirenita´´, Garblitz se armaba de valor para entrar hasta que, con un enérgico empujón, abrió la puerta de la taberna y nada más entrar se encontró con dos hombres en cuyos rostros estaba grabada la furia a flor de piel y que parecían y estaban a punto de comenzar una pelea. El prudente consejero, viendo que las miradas convergían en él, optó por hacer una reverencia y evitar la pelea. Discretamente se dirigió hacia la dueña del local y le entregó media docena de cartas, que ésta miró con desconfianza. Pensó irse pero luego pensó que quizá allí sucedería algo interesante así que, en lugar de ir hacia la puerta, se sentó al final de la barra para ver como acababa la pelea y para ver si podía reclutar más miembros. Lo demás podía esperar porque su misión era prioritaria.

    Mientras los dos hombres medían distancias se abrió la puerta y entró un joven caucásico que parecía desorientado. Una ventolera levantó su capa y relucieron dos espdas extrañas que Garblitz nunca había visto. Viendo en él a un posible combatiente se acercó.

    -Buenas, caballero. He visto que porta dos armas interesantes

    El joven caucásico le miró sin demasiado interes mientras se acomodaba en el taburete.

    -Gracias, supongo. ¿Puedo ayudarle en algo?

    -Es posible. Estoy reuniendo una tripulación y necesito combatientes.

    Le entregó uno de los sobres lacrados, el forastero lo miró y se lo guardó entre los numerosos pliegues de su capa.

    -Ahí va todo explicado.

    -Me lo pensaré...

    En ese momento entraron dos mujeres alegres que parecían conocer a la dueña. Los dos hombres se molestaron.

    -Hay una imporante recompensa. -Azuzó Garblitz. El joven rubio acrecentó su interés pero cualquier posible conversación fue cortada por el sonido de un puñetazo. La pelea había comenzado. El consejero pensó que sería mejor esperar a que acabara para seguir reclutando. Ya le había dicho a la tabernera que repartiera esas cartas a los mejores luchadores y mercenarios y le había dado, junto a las cartas, varias monedas para que cumpliera su labor con más eficacia.
  • editado febrero 2011
    Las sirenas eran rápidas nadadoras, comparadas con los seres humanos. Sin embargo, había muchos otros habitantes del mar que las superaban en velocidad. Es por esto que Laodamia, si quería llegar rápido a destino, tenía que conseguir ayuda.

    Salió del Sagrado Santuario, habiendo devuelto sus accesorios a su lugar, y se acercó al borde de un acantilado. Con los ojos cerrados lanzó su llamado personal y, tras esperar unos segundos, apareció junto a ella Dag, uno de los seres más maravillosos y gentiles que podrían haber existido.

    Muchos se habrían asustado de él por su aspecto un tanto desagradable, pero Laodamia sabía que había una historia detrás: existía una hechicera un tanto malvada en algún confín oculto de aquellos mares que un buen día robó un pequeño feto de delfín. Su idea era diseñar un delfín súper veloz, y consiguió que fuera tres veces más rápido que sus hermanos, pero también creció y quintuplicó el tamaño de un delfín normal, se volvió azul oscuro, con algunas partes grisáceas, y le crecieron dos grandes tentáculos en forma de bigotes.
    Como sintió repulsión ante su criatura, la dejó en libertad, obligándolo a valerse por sí mismo. El pobre Dag nunca encontró un hogar, pues los demás delfines lo dejaban de lado por sus deformidades, hasta que conoció a la bella princesa de las sirenas, quien se encargó de cuidarlo y criarlo. Desde entonces se hicieron mejores amigos, y cada vez que Laodamia necesitaba viajar con celeridad, él la ayudaba.

    Por eso lo llamó esta vez. Montó sobre su lomo y se tomó de sus tentáculos, y debido a la conexión que había entre ambos, ya que ella conocía tan a la perfección la frecuencia de sus pensamientos, le transmitió mentalmente el lugar a donde se dirigían, conocido por ella gracias a la Sabia Energía.

    Al cabo de una hora de viaje en el que ambos amigos se regocijaban en su mutua compañía, llegaron a una bahía tropical, en una pequeña isla. Laodamia bajó del lomo de Dag y éste volvió al océano, ya que era muy grande como para ocultarse por ahí.

    Ella asomó su cabeza fuera del agua, asegurándose de que cualquier humano que la viera la confundiría con un pez azul de considerable tamaño. Lo que vio fue una playa llena de palmeras de un verde intenso, coronada por un cielo azul sin nubes y un sol un tanto apagado, poniéndose en la lejanía. Se sentó sobre una roca para descansar, y sintió que sus amuletos, la pulsera y la piedra en su frente, vibraban casi imperceptiblemente, señal que estaba cerca de la humana que tenía ojos de sirena. Ahora sólo le quedaba encontrarla, lo que le resultaría difícil si ésta se encontraba sobre la isla, ya que ir por tierra era peligroso para los seres del mar.

    Se recostó sobre la piedra y cerró los ojos. Escuchaba el rumor lejano de humanos, oía claramente sus pisadas con sus oídos tan desarrollados, y fragmentos de sus conversaciones, aunque le eran incompresibles. También percibía las olas del mar rompiendo contra la orilla, y el aletear de algunas gaviotas, regresando a sus nidos al anochecer.

    De pronto abrió sus verdes ojos. Sabía cómo encontrar a su humana.
  • OcatoOcato Pedro Abad s.XII
    editado febrero 2011
    El joven de la capa negra tomo asiento al fin cuando el tumulto ceso, entonces la que parecia ser la dueña de la taberna se acerco a su sitio con dos jarras en las manos.

    Por cuenta de la casa querido, para que no se nos espante.

    "A pesar del ambiente la jente parece ser amable"se dijo para sus adentros.

    Empezo a tomarse una de las copas mientras sacaba y abria el sobre lacrado que aquel chico le habia entregado, despues de leerlo dio un par de tragos mas a la copa, volvio a guarddarse la carta.

    "Parece una propuesta interesante."penso

    En aquel instante se levanto y se dirigio a la barra para hablar con la dueña.

    ¿Teneis habitaciones libres?. Me gustaria alquilar una durante tres dias.
  • RossbonesRossbones Anónimo s.XI
    editado febrero 2011
    -Pues claro, me quedan dos libres, una con vista al mar, pero es compartida y me queda una que está en la planta baja, esa es "single" pero te llega toda la bullanga de la taberna- Respondió Rossby aún leyendo una de las cartas que tenia en sus manos, pero al segundo levantó la vista y gritó:

    - BLANCA!!! donde se habrá metido... disculpe la demora, mis meseras deberían instalarlo pero aún no llegan... - Salió disparada fuera de la taberna, tenía un presentimiento e impulsiva que era, no se molestó en cerrar la puerta, provocando que todos escucharan:

    -Con que aquí estas bribona!! ¿para que crees que te pago? ¿para andarte besuqueando fuera de mi taberna? (se escuchaban sonidos de forcejeos)
    -¡Vieja locaaa!
    -¡Vieja tu abuela! que tengo unos pocos años más que tú, pero más cerebro al parecer! no tengo problema con que andes con tus pololitos, pero no en horas de trabajo!

    Mientras decia lo último, Rossby entró agarrando de la oreja a una jovencita muy atractiva, largos rizos rubios, ojos grises y muy bien formada. Entraron entre las risas del local, era un cuadro bien pintoresco ver a la dueña de 1,65 mt sujetando a esta joven de 1,75. Rossby hizo una reverencia (aún sujetando a la joven) y dijo:

    - Joven, aquí esta Blanquita, ella lo instalará. La noche cuesta una moneda de plata, y como se va a quedar tres, necesito que me pague por adelantado una de plata y otra de bronce. Ya Blanca, partiste. Ah! y no olvide registrarse! - dijo en dirección a su nuevo cliente, guiñandole un ojo - Me gusta conocer a mis inquilinos, tratarlos con su nombre, Ud me entiende.

    Blanca se peinó un poco y miró de arriba a abajo al joven. Le dedicó una sonrisa picarona y lo acompañó a mostrarle su dormitorio.

    Divertida, Rossby pensaba "Será un poco tonta, pero sabe reconocer a los hombres con atractivo, creo que su novio de la puerta ya está partiendo al olvido Ja Ja Ja"

    El ambiente fiestero ya se estaba armando en "La Sirenita". Los músicos ya estaban instalados, las meseras servían las mesas atestadas, borrachos por aquí, mujeres por allá... en fin, un día normal en la taberna. A Rossby le encantaba, muchos se preguntaban cómo una mujer de su edad no estaba casada, con hijos, instalada en una casita a la orilla del mar o en un campo. Sin embargo, ella nunca creció en un ambiente tradicional. Con un padre ausente y una madre media chiflada que solo tenia tiempo para sus hierbas y químicos, vivió practicamente sola, jugando con los niños del puerto de Londres, nunca con muñecas o caballitos.... por lo que ejemplos de una vida normal nunca tuvo.

    -"Ay que lata... ya me bajó la melancolía"- Pensó ella, por lo que sacudió fuertemente su cabeza para ahuyentar los malos espírituos, tomó una de las cartas y se acercó a Morgan.

    -¿Le importa que la dueña del local lo acompañe un momento? - Le dijo con una sonrisa, a la vez que se sentaba - Bueno, creo que partimos con el pie izquierdo... para que sepa, soy Rossete Bonaphie, pero todos me conocen por Rossby. Antes de cualquier cosa, no crea que no me di cuenta de sus .."necesides" jajajaja, yo no soy de esas, pero mire, se fijó en la mesera rubia? ¿Blanquita? bueno, ella es más fácil que sumar dos más dos, asi que dele nomás...

    Mientras le hablaba Rossby pensaba: "Creo que fue un poco desleal ese comentario de Blanquita... pero bueno, ya hartas le he soportado, para que aprenda"

    ...¿En que iba? Ah, si, bueno Sr...digame su nombre después... Le tengo una propuesta.. luego de ver su interés en la noticia del kraken y más aun por su prestancia para la lucha, creo que le va a gustar esto... -Mientras le decía esto, tomó una de sus manos, sintiendo lo ásperas que eran y le dejó una de las cartas que le había entregado el joven de frac... a Rossby le gustaba cumplir a cabalidad los encargos, y más aun si le habian pasado unas monedas de oro por ello.
  • editado febrero 2011
    “Antes de partir del puerto de Londres, busqué entre mis pensamientos aquello que me alentaba en primera instancia a seguir en esta travesía. Busqué esperando encontrar en la profundidad de mis recuerdos, un sentimiento; y en el albor de mi existencia, hallé a mi musa favorita: mi amada Chiara. Pero la hallé en la tragedia, hacia el final, en el último momento, cuando ya era demasiado tarde y me dictaba entonces su más preciada voluntad. Y me pedía lo imposible, lo que difícil me sería de lograr, pero entonces no lo sabía. Sólo años después, luego de buscar por toda Europa y no haber encontrado a aquella hermana suya de sangre, supe que tal vez era así, como en un principio me negaba a aceptar.


    Ahora me miro desde afuera y me cuestiono: “¿cuál es la causa de esta cofradía?” y entonces luego de mucho pensar concluyo que esta misión, además de servir a los intereses de la corona británica, sirve también a la memoria de mi amada. Porque aquí descansa mi última esperanza, como el anhelo de su última voluntad, y aquí se funden todos nuestros recuerdos, los suyos y los míos. Las ganas que teníamos de que la felicidad, algún día la pudiéramos alcanzar.


    Ahora es mi oportunidad para estar en paz conmigo mismo, porque ella y yo éramos y seguimos siendo uno. Como polvo descansando sobre la Tierra soy ahora si no cumplo sus deseos, si pierdo la esperanza, si me pierdo a mí en el intento.


    Este es el destino que me obliga a continuar.”


    Cerraba el diario de una vez con la mirada perdida entre sus cosas, a un lado de la habitación, sobre la mesa de madera frente al camastro del siglo XVII. Sentado sobre la única silla allí del mismo material, no notaba su propio divagar, en tanto que sus manos albergaban aquel librillo, dueño de sus más profundas cuestiones.

    Algunos minutos después, dejaba todo sobre la mesa, se ponía de pie, y se dirigía hacia el camastro dispuesto a descansar. Antes de cerrar los párpados, pensó en Chiara, y balbuceó unas palabras lentamente, como si estuviese falleciendo: “Si tan solo estuvieras aquí Chiara, qué orgullosa estarías de mí”.

    Mientras descansaba plácidamente en aquel camastro del siglo XVII, una extraña presencia irrumpió en la habitación. Dylan pudo sentirla, y abrió despacio los párpados. No podía creer lo que veía.


    - ¿Chiara? Esto no es verdad - Tenue como el sol cuando amanece, la silueta de una mujer hermosa se mostraba frente a él. Confundía a Dylan que ahora se sentía como en sueños, y no distinguía el subconsciente de la realidad.

    - Dime algo, dime que no estoy soñando - Un movimiento tal vez de labios, pero ningún vibrar asomándose hasta sus oídos. Dylan creía alucinar. Vio que podía levantarse de la cama, y entonces supo que no estaba soñando. Todavía la escena era difusa, empezaba a desvariar.


    - ¡Responde! ¡¿Quién eres?! - Se tomó el rostro con las dos manos durante un rato. Se acercó a la silueta que ahora parecía desvanecerse, y el vacío tomaba su lugar.

    - ¡Maldición! ¡¿Qué quieres de mí?! - Tres segundos y desenvainó su espada. En eso la puerta fue abierta, cosa que en su desidia no avisó.

    - ¡¿Qué ocurre capitán?! - Su segundo al mando lo halló con la espada en la mano izquierda, aparentemente retando a un ser invisible o que no estaba. Sus ojos se abrieron amplios, y luego se fruncieron al presenciar la escena. En eso Dylan reaccionó, notó que no estaba bien, frunció el seño, botó su espada al piso, miró al hombre, miró al piso y dijo:


    - Necesito tomar aire -

    - Como diga, señor -
  • editado febrero 2011
    Cuando estaban a punto de entrar a “La Sirenita” iba saliendo una hermosa joven de cabello marrón rojizo. Pudo ver que a pesar de su corta edad había vivido muchas cosas difíciles y este día en particular estaba realmente triste. La chica salió rápidamente y cuando pisaron el local Kahena no pudo dejar de observar la escena que se ejecutaba en ese momento. Había dos hombres rubios, que al parecer habían entrado justo antes que ellas. Lo notó porque aún no tenían bebidas en sus puestos y observaban fijamente a los dos hombres corpulentos que estaban en la barra a punto de pelear. Todo paso muy rápido, pero Kahena era buena observadora y en esos pocos segundos se fijó en varias cosas:

    Por ejemplo, que debajo del contorno de la capa del joven rubio se divisaban dos espadas poco comunes y un arma de fuego. Además llevaba puesto un colgante con una extraña perla de color rojo sangre. Estaba segura que esa perla la había visto antes, en alguna parte. Pero en ese momento no logro identificar dónde.

    Luego observó a los dos hombres que estaban a punto de pelear. Uno tenía un rapier de acero con una empuñadura de plata y en su mano derecha un anillo de oro con un rubí. Se veía que tenía una buena resaca, pero estaba sumamente tranquilo. El otro lleva consigo un arco y tenía puesto un medallón de oro. Este último gruño a penas las vio entrar. Algo que le causó mucha gracia. Notó que era impulsivo y al parecer le hacía falta un poco de acción ya que llevaba mucho tiempo en el mar.

    Al fondo de la barra había un hombre rubio que empezó a acercarse al joven que estaba solo. Su aspecto le decía que no era habitual de estos lugares. Estaba bien vestido, aunque se notaba que estaba camuflado. Era refinado en su andar y estaba de paso, definitivamente.

    Se encontraba en esas cuando de en un momento a otro Rosbby saltó sobre el mesón con mucha agilidad. Tenía un pistolete en cada mano. Puso en su sitio a los dos hombres. Con esa misma rapidez pasó a saludar a Melody y le brindó a Kahena una gran sonrisa. Atendió al rubio mientras volvía a la barra. Kahena no podía dejar de mirarla. Las mujeres con carácter, seguras e independientes llamaban mucho su atención. Además era muy joven, con una gran vitalidad y el color verde de sus ojos le causó una gran curiosidad.

    Observando la situación se dio cuenta que necesitaba un arma, no era apegada a los objetos, traía consigo todo lo que necesitaba: una pequeña daga entre sus pechos, su anillo y algunas perlas escondidas en su corpiño. Pero no estaba de más adquirir un par de sais. – “Seguro en el mercado negro encontraría algo”- pensó. Así que mientras se sentaba en la mesa que Rosbby les había ofrecido le preguntó a Melody:

    - ¿Mañana podrías acompañarme a comprar armas, buscar un buen comerciante y conocer un poco más la isla?

    Melody la miró un poco incrédula, no sabía que pensar. Será que creía que una mujer como ella podría salir de las calles, qué más quisiera. Pero lamentablemente su vida era esta y así seguiría hasta que ya no pudiera trabajar más. Además como así que armas. No parecía la clase de mujer que supiera cómo utilizarlas.

    El silencio hizo que Kahena entendiera lo que sucedía. Así que le dijo:

    - No tienes por qué preocuparte, te pagaré por la ayuda, la compañía y cuando me vaya podrás volver a tu trabajo. O hacer lo que quieras. Al fin y al cabo eres tú la que decide como será tú vida y siempre las cosas pueden cambiar

    Melody le sonrió. Teniendo aclarado lo del pago, se sentía más tranquila. Aunque aún debía preguntarle sobre el tema de las armas. Pero pensó que no sería en este momento. Además esta mujer parecía muy segura de sí misma y eso le daba confianza. Nunca antes la había visto, ni había escuchado hablar de ella. Seguro la recordaría, su aspecto no era muy común y estaba convencida que si hubiese estado antes en Isla Tortuga algo se sabría de ella.

    Kahena se levantó para ir a la barra. Estaba hambrienta y quería pedir algo de comer. Pero Melody la detuvo y le preguntó a dónde iba. Cuando le explico lo que iba a hacer, ella misma se paro y dijo:

    - No te preocupes yo me encargaré de pedir algo. Tú ponte cómoda. Como nos contó Rossby ya están llegando los músicos y las meseras, así que abra mucha más gente en el local. Igualmente te pediré una habitación para que después puedas ir a descansar. Si alguien te molesta estaré pendiente para avisarle a Rossby. Le guiño el ojo y se retiró.

    Kahena le sonrió, eso era lo que menos le preocupaba. Aunque parecía muy frágil sabía perfectamente cómo cuidarse. Lo había hecho durante años. Cuando al fin quedó completamente sola se puso a pensar en la perla de color rojo sangre y tuvo un extraño presentimiento…
  • Por un momento olvido donde se encontraba, quién era y que hacía en ese lugar. Miró a su amado y quiso decirle tantas cosas. Pero se quedó pasmada de la emoción. Dylan empezó a comportarse de una manera extraña y Chiara empezó a desvanecerse en ese momento.

    Cuando se dio cuenta de lo que pasó: que “Dylan la había visto”. No lo podía creer. Era algo que había pedido con desesperación a los guardianes celestiales. Pues le torturaba sentir la desesperación que percibía en él al no tenerla. Su amor era tan intenso, apasionado y aunque no se consumo, ellos eran felices teniéndose cerca el uno al otro, planeando sus vidas juntos. Se veían en un futuro como la pareja más feliz del planeta. Soñaban con sus hijos, el lugar dónde vivirían, con su hermana. Eran tan bonitos esos sueños y en su inocencia eran tan felices.

    A Chiara le entró una gran nostalgia y tristeza al sentir todo lo que había perdido. Al ver que nada de eso se podía realizar ya. La acongojaba ver que Dylan no era feliz y solo quería tratar de hacerle un poco más llevadero este sufrimiento. Hasta que otra ocupe su corazón, pues no creía que la dejara de recordar.

    Quiso acercarse, tocarlo, hablarle, pero las palabras se le atoraron en la garganta, solo pudo, mirarlo y sentir que se desvanecía en el aire. Seguramente todavía no estaban preparados para ese encuentro. Él creerá que es su imaginación la que le hace desear verla y ella seguirá intentando poder comunicarse con él.

    Seguía sin comprender muy bien lo que pasaba y por un momento creyó ver a su hermana. Estaba muy triste caminando a la orilla de una isla. No pudo acercase, pero la Sintió tan cerca que quiso abrazarla. Se sentía tan sola y Chiara no podía hacer nada, quiso gritar y en ese momento un tripulante del barco la vio y salió despavorido dando grandes voces. No sabía dónde meterse al parecer ya no era invisible………
  • editado febrero 2011
    De un momento a otro el local se lleno de gente. Los músicos empezaron a cantar y había una gran algarabía alrededor. Sin embargo Kahena comenzó a sentirse mal, el dolor de alguien se hacía agudo a sus sentidos. No podía identificar quien era, ni dónde estaba y con tremenda bulla era imposible concentrarse. Así que le dijo a Melody que se verían en la mañana mientras le daba dos perlas. Supuso que estaría bien, y así fue, porque la joven le aclaraba que era demasiado.

    La dejó en la mesa y fue a buscar el lugar que le habían indicado para registrarse. Solo quedaba libre una habitación con vista al mar. Era doble, lo que significaba que debía compartirla. Pero Kahena necesitaba estar completamente sola para meditar, así que le dijo a la mujer que pagaría lo necesario para tener ese espacio para ella. La rubia la miró un poco extrañada y se alejó un segundo mientras le preguntaba a Rosbby. Al momento llegó y le comentó:

    - Mi nombre es Blanquita. Serán entonces 3 monedas de plata por noche.

    Kahena sacó una perla y se la ofreció, diciéndole que de momento no tenía dinero, pero pensaba que con eso sería suficiente hasta conseguir algo de monedas. Blanquita observó la esferilla y susurró:

    - Creo que te sobra

    La guerrera sonrió y contestó:

    - Déjalo de reserva para lo que vaya necesitando. ¿Te parece bien?

    Blanquita le devolvió la sonrisa y empezaron a caminar escaleras arriba rumbo a la habitación.

    Mientras se alejaban, Kahena sentía que alguien la observaba y estaba pensando en ella. Pero en ese momento necesitaba realmente estar sola. Cuando al fin se ubicó en el cuarto vio que tenía una buena vista al mar, dos camas, una mesa en medio de ambas, dos taburetes y una pintura sobre una de las paredes. –“Sencillo pero acogedor”- pensó. Luego, observó por la ventana un momento. Nunca pudo entender como los seres del mar lograban comunicarse con la Sabia Energía. Ella lo podía hacer, sin necesidad de pulseras y esas cosas, pero los mensajes eran difíciles de descifrar. Tal vez por ser una mestiza no le llegaban con total claridad.

    Mientras esto se le ocurría, se recostó en una de las camas, mirando fijamente al mar. Se sentía extraña, agotada de una manera que no podía entender y poco a poco empezó a caer en un profundo sueño. No percibía ya el ruido a su alrededor, solo se concentró en el azul intenso del océano, las olas que rompían suavemente y la tranquilidad.
  • ValeVale Juan Ruiz, el Arcipreste de Hita s.XIV
    editado febrero 2011
    Por las calles empedradas circulaban unas carretas, llevando frutas y verduras, que hacían un sonido imposible de pasar desapercibido. Fue en ese momento que Dorothy se dio cuenta donde estaba y confundida siguió con la mirada el camino de uno de los carros, se sintió realmente hambrienta al darse cuenta de su contenido.

    Definitivamente era hora de volver a la posada a comer, después de todo había pasado mucho tiempo fuera y era hora de decidir el plan a seguir. Hacia unos días que se encontraba en la isla tortuga ya que había huido rumbo a ella desde la isla Santa Ana.

    Dejando atrás la plaza volvió a La Sirenita, cuando entró vio que el lugar estaba atestado de gente bebiendo, bailando, cantando, en fin festejando. Sin pensarlo busco a la dueña del lugar para pedirle algo de comer, su estomago no paraba de molestarle, la diviso en la barra sirviendo a unos hombres y se acercó por entre la multitud.

    - Hola Rossby!! Sé que estas muy ocupada, ¿pero por favor no me prepararías algo de comer? – mientras le preguntaba la mujer le devolvió una sonrisa algo burlona, dando a entender que estaba algo ocupada en ese momento, Dorothy sonrió y continuó – no hace falta que lo hagas ahora, es mas estaré en mi habitación asique súbemelo cuando puedas, ¿de acuerdo? – con un movimiento de cabeza esta acepto entonces se dirigió hacia las escaleras.

    Estaba cansada de caminar sin mencionar hambrienta, pero tenía que comportarse, no podía ofrecerle a la posadera más dinero por un trato especial o se delataría, tampoco podría tratarla mal, tenía que mantener una buena relación con todos, después de todo así confiarían en ella y no sospecharían nada.

    Recorrió el tranquilo pasillo de las habitaciones, agradeciendo que todo el barullo había quedado allí abajo y se dirigió a su habitación.
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