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Ovni (hec 1)

DanieduardoDanieduardo Pedro Abad s.XII
editado mayo 2012 en Relatos Encadenados
[FONT="]Hacía ya cuatro horas que Johnny se encontraba en un sueño profundo en el cual se había sumido en un imaginativo sueño cuando los gritos desesperantes de su esposa Emma Blumentritt lo interrumpieron de su fantasía. Abrió la puerta de la habitación y vislumbró a la espantosa mujer en el angosto pasillo con una cara blanca como de cadáver, tétrica y lúgubre. De su bata a sus piernas se escurría sangre y su barriga de embarazada había desaparecido por completo. Por su enmarañado pelo parecía mas una insana que la mujer alemana, elegante y trabajadora que era, como lo había sido esa mañana en la reunión semanal de su empresa. << Ellos me han hecho esto >> Repetía Emma, “Ellos” utilizaba pero ¿quienes eran ellos? Se preguntaba Johnny. El resplandor de una gran luz blanca y segadora pasó por el ventanal del pasillo que hizo que los dos se taparan los ojos con las manos. La extraña luz desapareció rápidamente alejándose de allí y elevándose al estrellado cielo. Los gritos de dolor de Emma estresaban a Johnny que por la sangre regada en el suelo se resbaló, se recuperó del golpe y fue en busca de las llaves de su automóvil. Su esposa se encontraba echada en el piso, el esperaba lo peor, pero, ¿Qué rayos había sucedido?[/FONT]

Comentarios

  • Nicholas FlamelNicholas Flamel Pedro Abad s.XII
    editado mayo 2008
    Sin el mínimo aviso, sin la más mínima advertencia, se hizo la oscuridad. Volvía a fallar la electricidad y Johnny apenas soportaba tanta desesperación. Como un loco busco la linterna que tradicionalmente utilizaba en estos casos, siempre estaba situaba cerca de su habitación en un mueble que recibía directamente la luz de la luna.
    Rápidamente la encontró, sin pensarlo la encendió y lanzó al suelo. Su esposa, más lúgubre que nunca, yacía desmayada en el piso.
    Se había olvidado de pensar, sin siquiera notarlo ya cargaba a su mujer en dirección a la puerta principal de su hogar. Y entonces, justo antes de llegar a la entrada, la puerta se abrió de improviso. Sorpresa, más que sorpresa, una figura alta y recia aparecía extrañamente delante de él y su esposa. Pasaron segundos o tal vez minutos antes de que Johnny fuera de reconocer aquella figura. Era el, su envidioso hermano menor al que no veía hace más de 10 años.
    No entendía que hacía en un lugar como ese y a tan extraña hora, pero no era momento de conversar; debía seguir. Está listo el auto, apresúrate –dijo el hermano con una fría y potente voz-. ¿Cómo era posible?, ¿Cómo sabía lo que sucedía? No es momento de pensar –se repetía una y otra vez Johnny-. Y siguiendo el consejo del hermano, con gran velocidad subió y acomodo a su esposa en el auto. Y la sorpresa no terminó, al momento siguiente notó que su hermano empezaba a manejar ignorando por completo que era él el que conocía el camino al hospital y que era él el dueño del auto.
  • editado mayo 2008
    - Ya sabes cuál es el procedimiento en estos casos.
    El joven médico residente asintió al comentario del adjunto, plenamente consciente de la gravedad de la situación.
    Por suerte, lograron salvar la vida de aquella mujer agonizante, llevada en un sangriento abrazo por su marido y su cuñado.
    Era evidente que algo raro trascendía en todo aquello, más cuando el marido resultaba incapaz de hablar coherentemente. Mostraba una sincera perturbación, la cual el residente sospechaba podía ser la causa del estado de la mujer. Multitud de razones cabían.
    Con el gesto fruncido, marcó el teléfono de la policía, todo ello observado desde la distancia por una enigmática presencia oscura.
  • KKV321KKV321 Anónimo s.XI
    editado mayo 2012
    Esperó unos segundos, pero no obtuvo una respuesta de la policía, sino que oyó una voz lúgubre y tétrica hablando desde el otro lado. Gritaba mientras hacía unos ruidos incomprensibles.
    –¡¿Quiénes sois? ¿Qué le habéis hecho a Emma?!–gritó Johnny furioso.
    De repente se hizo silencio en la oscura habitación. Ya no se oía nada por el auricular... Excepto un fuerte pitido que penetraba en la cabeza de Johnny dejándolo paralizado. Intentó moverse pero sentía sus piernas fuertemente ancladas al suelo. Su cuerpo no podía moverse por la horrible sensación que le había dejado aquella voz, y el teléfono se deslizó entre las manos de Johnny cayendo al suelo con un fuerte estruendo.
    Entonces lo volvió a oír. El mismo sonido de antes, agudo y chirriante...
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