rocinante
23-mar-2008, 21:42
ME MORÍ HACE UN AÑO
Regresaba de mi excursión a la City. Había visitado un mercado antiguo, de la Edad Media, de cuando la ciudad estaba rodeada de altas murallas.
Aquella mañana había recuperado olores perdidos de las verduras y hortalizas al Sol y había contemplado como los turistas impresionaban en sus maquinas digitales, los puestos de coloridas frutas, como si en sus respectivos países estas cosas no existieran
En el Metro, una pareja, ya entrada en años con una hija veintañera, al entrar al bagón, se me quedaron mirando fijamente, como si vieran una aparición. La mujer se desvaneció y cayó presa de un ataque de nervios, mientras que el hombre tembloroso, no se inmutó, y la chica al ver a la madre caída, comenzó a gritar enloquecida.
En la siguiente estación alguien apretó la maneta de alarma y acudieron dos vigilantes jurados que sacaron el cuerpo desmayado de la mujer y atendieron como pudieron a la alocada joven, y como el hombre no paraba de mirarme como estando fuera de si y a señalarme con el dedo tembloroso, los vigilantes me rogaron que saliera del vagón yo también.
No pude acercarme a ellos porque parecía que mi presencia era la causa de su espanto y ataque de pánico. Esperé en unos de los asientos más alejados hasta que uno de los guardias se me acercó para decirme que yo era o que me parecía como una gota de agua a otra, al hijo y hermano fallecido de aquellas gentes. Me enseñaron su foto y efectivamente, era yo idéntico sin duda alguna el que aparecía en aquella cartulina. Pero yo estaba vivo, y aquello era una macabra coincidencia
Más tarde, y mas tranquilizado, y allí mismo, en los andenes del Metro, el hombre y padre del fallecido, mas recuperado y con mas valor que las mujeres, me contaba la larga enfermedad de su hijo, y cuando le di mi pésame y contesté, mi voz lo volvió a sobresaltar, porque era la de su hijo, y curiosamente el fallecido tenia mis costumbres, mis aficiones y mis gustos para todo, y tanto me sugestionó aquel hombre con la muerte de su hijo, que hubo un momento que dudaba de mi estado vital y mis miradas a los espejos cercanos, se hicieron muy continuas
Al final quedamos en vernos para visitar la tumba de su tan recordado hijo, y visitar a la mujer que veía en mí a su hijo resucitado
Cuando ya más tarde volvía solo y triste para casa, interiormente me felicitaba de la suerte de estar vivo, y no tardé en celebrarlo en la cervecería del Nano, con media docena de cañas de cervezas y una mariscada para mi solo.
Rocinante
Regresaba de mi excursión a la City. Había visitado un mercado antiguo, de la Edad Media, de cuando la ciudad estaba rodeada de altas murallas.
Aquella mañana había recuperado olores perdidos de las verduras y hortalizas al Sol y había contemplado como los turistas impresionaban en sus maquinas digitales, los puestos de coloridas frutas, como si en sus respectivos países estas cosas no existieran
En el Metro, una pareja, ya entrada en años con una hija veintañera, al entrar al bagón, se me quedaron mirando fijamente, como si vieran una aparición. La mujer se desvaneció y cayó presa de un ataque de nervios, mientras que el hombre tembloroso, no se inmutó, y la chica al ver a la madre caída, comenzó a gritar enloquecida.
En la siguiente estación alguien apretó la maneta de alarma y acudieron dos vigilantes jurados que sacaron el cuerpo desmayado de la mujer y atendieron como pudieron a la alocada joven, y como el hombre no paraba de mirarme como estando fuera de si y a señalarme con el dedo tembloroso, los vigilantes me rogaron que saliera del vagón yo también.
No pude acercarme a ellos porque parecía que mi presencia era la causa de su espanto y ataque de pánico. Esperé en unos de los asientos más alejados hasta que uno de los guardias se me acercó para decirme que yo era o que me parecía como una gota de agua a otra, al hijo y hermano fallecido de aquellas gentes. Me enseñaron su foto y efectivamente, era yo idéntico sin duda alguna el que aparecía en aquella cartulina. Pero yo estaba vivo, y aquello era una macabra coincidencia
Más tarde, y mas tranquilizado, y allí mismo, en los andenes del Metro, el hombre y padre del fallecido, mas recuperado y con mas valor que las mujeres, me contaba la larga enfermedad de su hijo, y cuando le di mi pésame y contesté, mi voz lo volvió a sobresaltar, porque era la de su hijo, y curiosamente el fallecido tenia mis costumbres, mis aficiones y mis gustos para todo, y tanto me sugestionó aquel hombre con la muerte de su hijo, que hubo un momento que dudaba de mi estado vital y mis miradas a los espejos cercanos, se hicieron muy continuas
Al final quedamos en vernos para visitar la tumba de su tan recordado hijo, y visitar a la mujer que veía en mí a su hijo resucitado
Cuando ya más tarde volvía solo y triste para casa, interiormente me felicitaba de la suerte de estar vivo, y no tardé en celebrarlo en la cervecería del Nano, con media docena de cañas de cervezas y una mariscada para mi solo.
Rocinante