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Ver la Versión Completa : Tres cuentos de Martín Villarroel.


Javincy
20-mar-2008, 19:29
Hola a todos.

Cuelgo aquí tres cuentos que he recibido de nuestro amigo Martín Villarroel: "Crónicas del Reino Vampiro Primigenio", "El Retorno" y "Música de Clave". Espero que os gusten.

Gracias Martín.

Javincy
20-mar-2008, 19:32
El Retorno.



Lo llamaban héroe por doquier, y la gloria había cubierto su nombre y lo había hecho resplandecer en el mundo conocido, pero el se sentía sucio, nada más que un asesino, todos los anhelos y el idealismo que lo habían manipulado lo suficiente como para hacerle recorrer medio mundo para pelear por recuperar la “sacrosanta tierra de nuestro señor”, yacían muertos y caídos como los pétalos de una rosa a la que el viento invernal hubiese zarandeado sin compasión. Toda aquella sangre y todo aquel odio de aquellos hombres pardos que lo llamaban “guiarro” y se precipitaban a atacarlo, para encontrar una muerte pronta. Y también habían contribuido en el proceso, la pestilencia el hambre y la muerte con la que se había enfrentado una vez al entrar en una ciudad cristiana sitiada tanto tiempo que solo los que habían recurrido al canibalismo habían podido salvarse; una y otra vez volvía a su mente el cuadro de una madre cadavéricas que se había puesto encima una cantidad impresionante de joyas y que había muerto famélica aferrando a su pequeña y elegante y prole en un último abrazo.

El Santo Padre, había visto por conveniente licenciarlo después de siete años de servicio, no sin antes tentarlo con una gran propiedad en las costas de Chipre para tenerlo cerca del lugar de los acontecimientos. No obstante Pietro, había declinado con toda la amabilidad y protocolo de la que había podido valerse e incluso había enviado dos hermosos caballos de raza a su Santidad, que no obstante se había sumido en la ira.

Pietro solo quería volver, se sentía asqueado y agobiado y le causaba mucha tristeza el hecho de haber partido tan inocente, con los claros ojos llenos de luz y el alma llena de fe y volver tan contaminado y envenenado.

No obstante en ese momento nada de aquello le preocupa, en su sueño era de nuevo el niño de apenas diez años, sonrisa abierta y cabello ceniciento que con su mejor casaca de terciopelo azul bordada en oro perseguía a la infanta Cristelle, en el atardecer de su noveno cumpleaños. Siempre jugaban el mismo juego, el la perseguía y si ella llegaba a la vieja haya antes que el, entonces cogía un palo y lo golpeaba con relativa fuerza mientras gritaba, triunfal y feliz “Estas muerto”. Pero aquella vez había sido distinto, después del golpe, el la había atraído hacia si y había replicado “si estoy muerto…tu has perdido” y luego la había besado, tímidamente en los labios.

El primer beso de muchos, pero aquel había sido especialmente mágico, por lo inocente y constituía el recuerdo más precioso y querido de Pietro y la propia Cristelle se había convertido en un idealizado valuarte, no había pasado un día en aquellos siete años que no la hubiera añorado con todo su corazón.

Y ahora en medio de la noche, mientras el soñaba con su amada, el barco llamado “Dama de los vientos”, lo llevaba a sus lejanas tierras, lo llevaba con ella.

Por supuesto una parte de él tenía miedo que al encontrarla y al verla, la mujer contrastara abiertamente con el ideal que se había formado en su mente y que el se sintiera abiertamente desilusionado y que perdiera toda esperanza de recuperar su inocencia y volver a ser feliz en la vida; no obstante trataba de espantar esos pensamientos, la historia no podía de ninguna forma acabar así, de alguna forma el desencanto era mas temible que la muerte.

La aurora lo sorprende de pie en la cubierta de “La dama..”, el viento frío golpeando los ángulos de su rostro extraordinariamente apuesto, la mirada de claros ojos perdida en el brumoso horizonte, en búsqueda de las familiares formas del puerto, el mismo puerto en donde hace siete años, le había despedido la familia real y entre ellos su prometida con su hondeante vestido de encaje y sus ojos azules como el mar, anegados en lágrimas. El corazón se le acelera y el entiende profundamente lo mucho que necesita a aquella mujer, vértice en el que confluyen todas sus esperanzas.

En apenas un instante, sus ojos vislumbran semiocultos por la bruma, los oscuros perfiles de navíos anclados, y apenas un cuarto de hora después se distinguen ya los enormes palos y los embarcaderos de un puesto que bulle en actividad, lo cual acaba de despertar el instinto de alarma que ha ido entrando en actividad desde que la “Dama de los vientos”, se ha ido cruzando, desde que el está en cubierta, con demasiadas embarcaciones, algunas incluso impropias para la navegación en mar abierto.

Media hora tan solo y como sonidos lejanos, los ecos de la algarabía del puerto, alcanzan a Pietro y a otros miembros de la tripulación que observan curiosos. Hay frenesí, por doquier, familias enteras cargadas de bártulos de toda naturaleza, en espera de tomar el siguiente navío. La multitud es abundante y heterogénea, como si se hubieran reunido a ver una espectacular regata, pero aquello no es Venecia, sino la Isla de Koldavia, en donde florecen flores de tal belleza y colorido, que maravillan al cielo y para acabar de descartar la comparación, el ambiente no es festivo, más por el contrario lleno de tensión y nerviosismo.

Pietro se siente perturbado y es natural, aquel manicomio al que se aproxima es su amada e idealizada tierra, la cual por derecho divino y ancestrales pactos, está destinado a regir, por intermedio de su matrimonio con la princesa Cristelle de Alushkin, lo cual es bendición entre las bendiciones.

Pietro ordena que su caballo, el también famoso Parisiense (este nombre es una vieja, vieja broma motivada por que otros comandantes nobles al ver las duras maneras de Pietro, habían comentado que hasta su caballo tenía mas posibilidad de ser parisiense, en alusión directa al duque francés que era demasiado refinado hasta el punto de parecer afeminado), sea enjaezado y preparado y mientras tanto se dirige a su camarote en donde extrae de una enorme bolsa de cuero una especie de turbante negro que una vez calzado envuelve también la parte inferior de su rostro dejando solo libre la zona de sus ojos de profunda mirada.

Aún “La dama de los vientos”, no ha arribado a puerto, cuando en el embarcadero a donde se dirige se empiezan a aglomerar un grupo de personas, sombras negras y fúnebres en contrate con el gris del cielo y la niebla matinal, lo cual los hacen parecer como muertas figuras de mal augurio, incluso las mujeres llevan las caras completamente cubiertas cual era costumbre en ese tiempo al arribar de grandes desgracias.

El correo era del todo caótico en esos tiempos, pero si tan solo Pietro, en lugar de huir en medio de la noche veneciana, hubiese aceptado un mes más la hospitalidad del joven Dux reinante, Marco Rimini, que al estar perdidamente enamorado de Pietro hubiera dado lo que sea por retenerlo más tiempo, entonces habría recibido la misiva del Senescal cifrada con el código de la casa Olagivel y entonces quizás todo aquel insólito cuadro hubiera tenido mas sentido, quizás Pietro no hubiere creído nada de todas formas, pero por lo menos habría estado advertido.

La carta decía después de aplicar nitrato de plata y ser sometida a un fuerte calor hubiera dicho “…el quinto ángel toco la trompeta, el caballo bermejo campea, la segadora levanta un ejército y escoge a sus víctimas…no debe venir…el mal ha coronado a su reina bruja, todo está perdido”.

Pietro nada sabe, en cuanto ha bajado el puente de la nave, su caballo avanza en medio de la multitud desesperada que aborda a “La dama…”. Pietro ha dado órdenes de que nadie sea lastimado, lo que pase después, poco le importa, de hecho ha preferido realizar una primera ronda de reconocimiento solo y de incógnito.

El avanza como en un clima de pesadilla irreal, nadie parece reconocerlo, y se recuerda que está embozado, pero de todas formas duda que alguien reparase en su presencia y ya ni hablar de un protocolar comité de bienvenida, pese a que dos naves más veloces, parte de su comitiva tendrían que haber llegado un par de días antes.

Pietro prefiere apartarse del tumulto y la aglomeración, ha visto el nerviosismo y tensión en la gente, todo eso mezclado con miradas de avidez y codicia dirigidas a su caballo.

Las sorpresas solo siguen a las sorpresas, el pueblo portuario de Korevjo se halla rodeado por trincheras como si se tratar de una época de guerra.

Es ya mediodía cuando cerca del borde del pueblo Pietro encuentra en a una anciana sola y a una pequeña niña, que no parecen amenazantes. No obstante la anciana se niega a hablar con el hasta que el ha descubierto su rostro, entonces ella lo reconoce y sus ojos se llenan de lágrimas y lo abraza y solo puede repetir, “príncipe” una y otra vez. Finalmente cuando ella se ha calmado un poco y puede articular palabra le cuenta una inconexa y demente historia que la niña que no deja de sorberse los mocos, escucha con ojos desorbitados. La vieja habla de horrendos muertos vivientes que asolan los campos devorando a los vivos, del fin del mundo, del castigo de Dios y del Apocalipsis. La anciana no puede dar ninguna noticia sobre la familia real pero le dice que la capital ha sido devastada y que ahora todos quieren huir de la maldición del diablo negro Pukhutu.

Pietro por supuesto que interpreta todo ello como superchería de vieja y trata de vislumbrar la verdad en el fondo de la historia, ha estado en el mas santo de los lugares, ha estado parado sobre el Gólgota, en el lugar mismo que le han señalado como el lugar de la crucifixión y en el muro de los lamentos, ha estado en la tumba de Jesús, y junto a su pecho lleva en un relicario una astilla de la verdadera cruz, o eso le han asegurado, pero nunca en su vida ha sido testigo de nada sobrenatural, ha buscado a Dios en todos esos lugares y no lo ha encontrado y tiene sus serias dudas sobre si en verdad existe principalmente por que le resulta contradictorio ver el mundo con toda su crueldad y miseria y tratar de atribuir la dirección y control del mismo a un todopoderoso Dios de Amor. Por tanto es naturalmente escéptico y concluye pensando que debe tratarse de una horrenda peste o una conspiración de vecinos invasores.

Ahora mas que nunca tiene el corazón angustiado por su amada, su precioso estandarte, su sacrosanta novia.

Es en su camino de retorno al navío a donde se dirige para recoger a sus lugarteniente más fieles cuando es testigo de una escena horrenda, en la parte central de la barricada que es como la puerta de ingreso al pueblo se acerca un grupo de unas doce personas y son recibidas por un contingente del pueblo de Korevjo, encabezadas por un sacerdote del bajo clero. Hay una conversación que Pietro no alcanza a oír y entonces el sacerdote mete un ramo de flores en un recipiente que alguien mas le sostiene y rocía con agua bendecida a los recién llegados. Entonces los recién llegados caen al suelo y se retuercen en horribles convulsiones gritando, aullando.

Pietro está seguro de saber que es lo que ocurre ahora, de conocer cual es la causa del terror y los acontecimientos, piensa que es el mal de rabia que tantas veces ha visto en sus viajes haciendo presa de humanos y animales que se sienten horrorizados a la sola visión del agua. El piensa en ir a hablar con el grupo del pueblo y explicarles que se trata de una peligrosa plaga que no deben dejarse morder y tampoco…, más nunca llega hacerlo, el cura retorna al pueblo pero el resto de los hombres desenfundan rústicos machetes y antes de que el pueda hacer nada empiezan a matar a los caídos, hombres mujeres, y niños, por lo menos tres de ellos, la sangre roja salta a chorros y cae sobre la ávida tierra reseca.

Pietro está como en un trance, piensa que su tierra está siendo asolada por una epidemia de rabia, ha visto la barbarie que la superstición provoca y piensa en su novia, la dulce e inocente Cristelle en medio de toda aquella locura. Quizás lo mas prudente hubiera sido terminar de retornar a “La dama…” y apertrecharse, recoger hombres y emprender travesía, pero lo recientemente atestiguado y el hecho de ver como algunas personas empiezan a poner en su lugar los objetos que forman la entrada de la barricada, hacen que el tome una decisión precipitada, pues piensa que enloquecida de miedo como está la gente, quizás no lo dejen partir al encuentro de su amada, por tanto espolea a su caballo con innecesaria fuerza y este emprende el galope y salta la barricada a medio armar en su punto mas bajo y se cruza a todo correr con el grupo que retorna después de su cruenta faena. Un hombre mayor y agobiado pregunta al sacerdote si aquel no era el príncipe Pietro Olagivel y el sacerdote después de ver la figura heroica y gallarda que se aleja en la distancia contesta plenamente conciente de la gravedad de sus palabras: - “Si el era…era…Dios tenga piedad de su alma”. Y luego hace una señal de la cruz en el aire con dirección a la nube de polvo que aquel que parte va dejando tras de sí, con un hondo suspiro da la vuelta y sigue caminando hacia el pueblo.

Pietro cabalga por horas y solo hace dos altos en Pazhenko y Corlovia, dos aldeas completamente desiertas a la vista pero que en el despiertan un hondo desasosiego y una sensación de ominoso horror.

Después cuando el atardecer empieza a extender sus grises dedos por sobre la tierra, la sensación no hace mas que intensificarse, el caballo parece sentir lo mismo pues no necesita ser espuelado, corre y corre, cubierto de espuma, Pietro tiene la sensación de ir volando y según sus cálculos llegará al castillo Krupov, fortaleza de la casa Real de Alushkin alrededor de la media noche.

No obstante cuando la oscuridad empieza a cubrir el espeso bosque que viene atravesando su corazón se llena de dudas sobre si alguna vez podrá alcanzar el castillo y ahora siente un hondo arrepentimiento por haber partido solo y con tanta precipitación, el miedo se ha adueñado de su corazón y es que escucha rumores a ambos costados del camino, gruñidos horribles y rumores de ramas al romperse al paso criaturas que van increíblemente rápido.

Por primera vez es el miedo a lo desconocido, que hace que cuanto miedo sentido hasta el presente momento luzca solamente como un pálido preludio al sentimiento real, que ahora lo asalta, trata de decirse que se trata solo de una jauría de lobos o perros rabiosos, pero mientras la noche se hace mas profunda todo empieza a adquirir los tintes de una insana pesadilla, distingue siluetas un instante que al segundo siguiente se han esfumado como espíritus intermitentes, rumores de alas enormes parecen poblar el aire encima de él, gruñidos por doquier que ni un ejercito de lobos podría producir, ojos luminosos de malicia y avidez inconcebibles, siempre en torno de el, como la más espesa y la lujuriosa oscuridad, ansiosa de cerrarse en torno suyo y aplastarlo. Parisiense está fuera de si corre y corre lanzando espumarajos por la boca, con los ojos casi saliendo de sus cuencas en un par de ocasiones corcovea como para tratar de deshacerse del peso que representa Pietro, pero este permanece aferrado al pescuezo del animal.

Pietro es ahora como un niño de nuevo, llamando a gritos a Dios, Jesús, la Virgen, el Apóstol Santiago, Santa Bárbara doncella y cuanto nombre de santo su memoria pueda traer a la superficie o su imaginación inventar, abrazado con fuerza al cuello del corcel aspirando como si cada bocanada fuese la última.

Es entonces cuando, la pata delantera izquierda del caballo tropieza contra una pequeña pirámide de piedras que parecen dejadas allí con todo propósito por una precognitoria mano siniestra, astuta y maligna. Pietro sale despedido y sus brazos se extienden como si quisiera volar, su casaca de fino damasco negro se rompe en varios lugares y luego cae pesadamente cubriéndose el rostro en el último momento, no obstante, recibe un golpe en la cabeza y queda inconsciente.

Parisiense rueda por el polvo y luego queda allí extenuado, adolorido y sin fuerzas para siquiera moverse. Su final llega rápido aunque con increíble dolor y violencia, muchas cálidas cavidades rodean el cuerpo peludo, húmedo y salado e instantes después las agujas se clavan en la piel, con avidez, sin misericordia.

Horas después en la hora de las brujas, Pietro abre los ojos y sale de una pesadilla para entrar a otra, inmediatamente todos los horribles recuerdos acuden prestos a su mente y su corazón da un vuelco, no obstante todo parece calmo y silencioso a su alrededor como la mas ordinaria de las noches en el bosque, a tal punto que llega a dudar de su cordura. El no se ha dado cuenta que ya no lleva consigo su relicario.

Con los nervios en tensión, la mirada tratando en vano de penetrar la oscuridad, Pietro se levanta atento a cada ruido, mas todo es silencio. El permanece paralizado en pie, escrutando cada detalle hasta que está seguro que definitivamente aquel no es lugar de su caída, pues conoce el terreno como la palma de su mano a fuerza de recorrerlo lúcido y los últimos siete años en sueños, el palacio se encuentra cerca, así como pronto el amanecer.

La ansiedad y una sensación de irrealidad se apoderan de él, primero un paso y luego otro más rápido, al cabo de un momento corre desbocado, la brisa al acariciar las hojas de los árboles y arbustos susurran con un adorable rumor, un sonido agudo y añorante, es como si su dulce amada le llamara, es un sonido anhelante como el pedido de un corazón que caería destrozado de serle negado lo que pide, es casi un canto musical.

Las formas del Castillo de Krupov son claramente visibles, pero parece mas negro, oscuro y extrañamente amenazante, como si fuera un magneto que atrae la negrura, Pietro apenas si presta atención, no sabe ya que es sueño ni que es real pero sabe que ella lo llama.

Las enrejadas puertas están abiertas, de la torre mayor cuelga un objeto informe, en el que Pietro apenas repara, con solo un poco más de luz, el hubiera podido incluso reconocer la forma del Rey colgando suspendido del cuello en sus mejores galas como una extraña fruta, pero ese no es el caso, la puerta de acceso al castillo está abierta y entornada, no hay una sola alma a la vista, ni siquiera los guardias de presencia obligatoria, lo que provoca la alarma del príncipe, mas entonces el sonido dulce como el susurro de mil rosas acariciadas por el viento lo golpea de plano y el olvida todo.

Hacia arriba y hacia arriba, franqueando los escalones de dos en dos o hasta de tres en tres, con el agitado corazón bombeando con fuerza, hasta franquear con paso veloz el desierto salón del trono, el salón rojo y el de plata hasta cruzar la puerta de la torre mayor y empezar el ascenso por la gran escalera interna en espiral, y una vez arriba continuar por un largo y alto puente de piedra hasta la entrada de la capilla privada de la familia real, el punto mas alto del castillo, guiado, llevado, arrastrado.

Esta puerta está también abierta pero es difícil de mover como si se hubieran enmohecido los goznes o como si una velada fuerza hiciera presión en sentido contrario.

Finalmente Pietro traspone el umbral y su primer pensamiento es que dentro de la capilla ha amanecido ya, anticipadamente, allí dentro hay demasiada luz, increíble luz dorada.

Pietro avanza atontado y agotado, un brazo levantado, haciendo sombra sobre los ojos de esa faz sudorosa. Lo siguiente de lo que se percata es que resuena una música intrincada de clave, maravillosa como la misma aurora y ejecutada con tanta maestría que Pietro está a punto de reaccionar a raíz de la curiosidad despertada por encontrar al interprete, pero entonces su mirada se fija en el altar mayor y se sorprende al no distinguir en lo alto las formas del enorme y vívido crucifijo, con la enorme y algo tétrica figura de nuestro señor tallada en madera, que le había provocado temores de niño y en el lugar de la mesa de mármol cosa curiosa hay como una flama envuelta en nieblas que la luz torna dorada.

Entonces como si la flama envuelta en su nube, tuviera un poder hipnotizante todo empieza a cambiar y aquella ya no es más la capilla privada, es un hermoso bosque otoñal pues por doquier caen las hojas amarillentas llevadas por caminos sin nombre por un tibio viento juguetón.

En medio del bosque, donde es pleno día un cono de luz surge desde una nube, con la suficiente fuerza como para filtrarse por el tupido techo de hojas amarillas y caer sobre la extraña llamarada. Entonces un fuerte viento que provoca varios remolinos de hojas amarillas disipa la nube y ante los atónitos ojos de Pietro que estaba a punto de caer de rodillas pensando que se encontraba ante una visión del Santo Grial, aparece como una maravillosa visión de dorada gloria, la figura de Cristelle.

Al principio no está seguro pero luego todas sus emociones se desbordan y un involuntario quejido casi infantil sale de los labios de aquel príncipe guerrero que tanto temor había inspirado en los enemigos de la cristiandad.

Ella yace allí en un vestido blanco con muchas aplicaciones del dorado más puro, en medio de la luz. El traje extrañamente recuerda a una túnica sacerdotal de muchos pliegues y algo piramidal, cuyos bordes se extienden por el suelo del bosque en un amplio círculo, el cabello está recogido en un elaborado y amplio moño que es como una aureola que circunda el rostro de angelicales rasgos, en el cual como zafiros de increíble pureza relucen sus azules ojos con un fuego sobrenatural.

El sonido se repite y esta vez es irresistible, un millón de pliegues de seda, susurrando, suplicando el pedido de un alma muy dulce con ecos que se extienden de forma infinita y Pietro avanza hacia ella y en un determinado instante cuando no tiene otra opción que pisar el vestido que se extiende de forma perfecta sobre la hierba algo marchita, la mira algo turbado, como un niño a quien se le ha sorprendido realizando una travesura. Pero los ojos de ella, dos iridiscentes prodigios de azul profundo, le dicen sin palabras, dulcemente, que no importa, que lo ama, que necesita ser abrazada, que lo quiere a su lado.

El vestido hace un sonido crepitante e irreal mientras Pietro tembloroso avanza, hasta que al final, como alguien demasiado extenuado que no tiene otra opción que entregarse al dulce sueño, el hombre se abandona entre sus brazos en ese abrazo tantas veces soñado, los cuerpos se juntan y el reclina su sudorosa frente en el hombro de la amada. Pero cosa extraña y directamente enconada con la regla general ese momento para Pietro es inmensamente más bello intenso y puro que cualquiera de sus sueños (y ha soñado mucho sobre esto) y el Príncipe siente tanto alivio y alegría que casi le resulta doloroso y se siente algo molesto con el mismo al haber considerado la posibilidad de la decepción y una sensación de maravilla lo sobrecoge mientras rodea la cintura de ella con sus fuertes brazos, en ese momento su amor es tan grande que se siente inundado de una confianza interior, piensa que no importa que oscuridad se haya abatido sobre el reino, en la fuerza del amor que comparten, hay suficiente luz para hacerla retroceder.

Ella cierra los brazos en torno al cuello de su amado, el levanta la cabeza y se produce el beso tan añorado e inmediatamente en la mente de Pietro se produce una superposición con aquel beso primero y temprano, el tiempo y el espacio desaparecen, es algo tan intenso que no existe nada mas que el beso, la calidez húmeda y sensual de aquel toque tan íntimo. Pietro está tan absorbido por las sensaciones que aquel beso despierta que no se da cuente que un fino hilillo de sangre empieza a fluir de la comisura de su labio izquierdo.

Pietro empieza sentirse débil y sus rodillas se doblan, las de ella también al interior del suntuoso traje cuyos pliegues susurran secretos sin nombre y el queda recostado en su regazo, el torso apoyado sobre sus rodillas, con las piernas abiertas y uno de los brazos cayendo laxo a un costado,

Entonces cuando Pietro mira un momento hacia arriba, observa el bello prodigio de que casi cubriendo todo el cielo, hay un millón de hojas de roble del mas puro dorado cayendo en organizados espirales y el siente que se eleva hacia el cielo en los brazos de Cristelle, mientras ella lo besa de nuevo y ávida traga y traga.

“Debo estar en el cielo y ella es un angel, no…, es mi angel” piensa Pietro y es su último pensamiento, el emergente sentimiento de alarma, nunca llega a salir a la superficie de lo consiente, el príncipe ha muerto un instante antes.

Horas después el sepulcral silencio de la capilla privada de la familia real (el clave ha callado) es solo perturbado por los desgarradores sollozos de la princesa, en su mente escucha una y otra vez las palabras del Pietro de diez años en aquella ocasión que la había besado por primera vez: “si estoy muerto…tu has perdido”. El hermoso cadáver, intensamente pálido, permanece en sus faldas (salvo la lengua que ha sido arrojada un poco más allá), la cabeza caída en un ángulo no natural, y ella, sentada en los escalones del altar mayor, se abraza a si misma y se mece una y otra vez mientras vuelve a escuchar nuevamente de forma casi audible “si estoy muerto…tu has perdido”. A lo cual añade con los ojos llenos de lágrimas de sangre que se deslizan por su hermosas mejillas “tu siempre fuiste mi juguete favorito”.

Javincy
20-mar-2008, 19:33
Música de Clave.



Tintineos gráciles, notas de cristal, puntos de intrincado tejido de vaporosas espirales. Barroco intrincado de alegro envuelto en nubes de gloria.

El cielo está inflamado de un rojo prodigio, el sol se marcha.

Un etéreo vapor inunda el ambiente, al parecer proveniente de la vegetación circundante, el ambiente es irreal, mágico.

Y al son de la música de clave bailan un grupo de niños en una amplia ronda y van a veces a la izquierda y cambian súbitamente el rumbo de sus giros a la derecha de a cuerdo a los barrocos designios del clave.

Y en medio de ellos una visión de ensueño, su rostro es hermoso y terrible en su hermosura, lleva los ojos vendados con un lienzo, ella es blanca como la nieve, su piel es bella y lozana y parece emitir luz propia, su cabello rubio es larguísimo y se expande como una red de oro al viento mientras ella gira también con elegancia sobre su propio eje, su figura es hermosa y opulenta y esta envuelta en un traje que es todo espuma y encaje de un blanco fulgurante como espuma de un mar agitado en el amanecer del mundo, su falda de amplios vuelos majestuosa y hondeante, amplísima en contraste con la ceñida parte superior del traje y las mangas semi transparentes que cubren los níveos brazos con un sinuoso diseño estilizado hasta los guantes blancos de piel de armiño.

Ella sostiene una larga vara en las manos, graciosamente tallada, también en color blanco y mientras gira la punta de la vara está extendida al numeroso grupo de niños que danzan en torno a ella mano en mano. Ella ríe con una risa embelesada e inocente, que llena el aire con notas de cristal.

La música de clave paulatinamente se hace mas animada, mas veloz y salvajemente intrincada, los danzantes casi están corriendo y ella sigue en sus giros de majestuosa flor, la velocidad aumenta y súbitamente como un acorde maestro, casi una estocada, la música se detiene y los ecos y resonancias tardan en extinguirse.

Ha caído la noche.

Con el cesar de la música los niños se han detenido y el báculo ha quedado apuntando a uno de ellos, hay un momento de silencio y luego un grito de desesperación totalmente fuera de contexto rompe el aire.

La expresión de ella no se altera mientras retira el blanco lienzo que cubre sus ojos y cuando los abre son dos enormes joyas azules que brillan de forma inverosímil, con la profunda sabiduría de todo el tiempo del universo los que se fijan en la figura del niño señalado, de piel blanca, cabello castaño ensortijado y una expresión de completa ausencia en sus ojos negros como la noche.

A cierta distancia el grito se repite, esta vez mas agudo, mas cerca de los umbrales de la locura expresando una negativa que no puede desvirtuar la conclusión de la ronda, los giros del destino.

Tanto el elegido, como los demás niños, así como la princesa de la noche parecen no escucharlo, los ojos de los niños están vacuos y sus cabezas vacías de todo pensamiento consiente, los de ella encendidos con una salvaje luz que podría iluminar el mundo.

Su mano se abre y el gran báculo cae con un ruido sordo, sus azules ojos se encuentran con los negros y una voz que es como la de mil rozas de seda azotadas por el viento musita -Ven- No es mas que un susurro pero es repetido y ampliado hasta niveles desesperantes por un eco sobrenatural, el sonido es adorable, tierno y dulce, el niño del cabello ensortijado avanza hacia ella con los brazos extendidos como queriendo agarrar a tientas un sueño anhelado en una habitación oscura, sus manos regordetas han alcanzado el blanco traje y ella hagachándose rodea sus hombros con sus brazos y luego tomando el cuerpo lo levanta en vilo como a un niño de brazos. Ella sonríe con ternura, es hermosa y adorable y su rostro no refleja ningún esfuerzo por el hecho de haber levantado y sostener en sus brazos a un niño grande y robusto como un ángel regordete, los ojos de ambos se encuentran de nuevo y luego de un breve momento la expresión de ausencia desaparece de los ojos del niño y este empieza a frotarse los ojitos con las manos como si estuviera despertando de un largo sueño y entonces encuentra la mirada de la dama y en ella se pierde la observa en toda su belleza, observa que le sonríe y su ser se llena de arrobamiento, piensa que está en los brazos de un ángel.

Y como si los pensamientos del niño estuviesen revestidos de algún poder mágico, o ella pudiera leer en su mente como en un libro abierto, los pies de la dama empiezan a perder contacto con el suelo y ella se eleva sin ningún aparente esfuerzo unos seis metros por encima del suelo y de su espalda brotan dos enormes alas blancas, un murmullo de asombro se escucha a cierta distancia.

El niño está perdido en esa mirada, absorto y extasiado en el prodigio. Ella es como Isis, luna primera suspendida en el cielo, madre divina, fértil y generosa, una visión de gloria.

El niño es el primero en darse cuenta del cambio, los ojos azules, partiendo del centro se tornan negros como la noche y en lugar de irradiar seráfica paz irradian la avidez de los fuegos del infierno, el niño se sobresalta y su corazón se paraliza.

Las alas se tornan oscuras y correosas, y la metamorfosis va avanzando en todo el cuerpo, el blanco inmaculado ser rompe en el color de la corrupción, el traje se desgarra se tiñe del amarillo de un sudario viejo lleno de jirones colgantes. El rostro se torna en una grotesca mezcla entre el del humano y el de un murciélago, las orejas puntiagudas, las fauces babeantes llenas de dientes agudos culminando un hocico puntiagudo, crueles arrugas de expresión en torno a los ojos.

El niño que de ausencia, pasó al éxtasis y de este al terror de la pesadilla mas abyecta trata de repeler a la criatura con frenéticos esfuerzos de sus manos y piernas, todo es inútil, las manos gráciles se han transmutado en garras brutales cuyas uñas se hunden en su hombro derecho y en su glúteo izquierdo.

Con un movimiento veloz y un sonido inhumano la criatura hunde sus fauces en el descubierto cuello del pequeño y su abrazo se hace mas estrecho mientras el olor y sabor de la sangre del infante inundan sus sentidos, su mente está concentrada en el latido enloquecido del pequeño corazón, su espíritu puede sentir su terror como un olor agrio y esto solo aumenta su avidez, la succión se incrementa.

El tercer grito, no articula palabra es solo un agudo alarido de desesperación y la madre del pequeño pierde el sentido y cae exánime en los brazos de los otros aldeanos que la estaban sujetando detrás de la alta reja ornamentada que flanquea el jardín de la princesa

Los esfuerzos del niño decrecen, y en un momento peculiar su corazón se rompe, un tercer cambio se ha producido en los ojos de la criatura, ahora son plateados y emiten una luz de fuego fatuo, el tambor sincopado del corazón del niño ha cesado en su mente, pero aún puede sentir su desesperación y angustia en su espíritu conectado al alma del niño, sigue succionando disfrutando cada instante con total sensual intensidad. Hasta que no hay mas que silencio en su mente, un vació en su espíritu y ni una gota de sangre en el cuerpo del niño.

Se queda un momento con sus dementes ojos lunares escrutando el vacío y luego sus brazos se abren en cruz, y el niño cae como un fruto de su seno, provoca un sonido vago al caer sobre la hierva del jardín, Anton, dulce Anton y ya nunca mas Anton.

No obstante este solo sonido tiene la virtud de despertar a los demás niños que sobresaltados miran al cuerpo y luego a la criatura, hay chillidos y sollozos y niños que flanquean a toda carrera las enrejadas puertas del castillo y caen en brazos de sus sollozantes padres que los abrazan y se alejan a toda prisa internándose en la amurallada oscuridad, evitando incómodos, culpables el amorfo bulto de ropas que es la madre del pequeño, Isobela.

La Criatura flota un instante mas en el espacio con sus alas extendidas que han permanecido estáticas todo el tiempo y luego cae de cuclillas con las grandes alas como una capa cubriendo una porción de hierva, los ojos están apagados.

En el breve instante en que la criatura se pone de pie ha vuelto a ser una vez mas la hermosa mujer que se cubre el pecho en ademán pudoroso, el traje esta desgarrado y amarillento. Gira velozmente y se adentra corriendo en el castillo abierto.

Podrían acaso haber sido lagrimas, aquello que relumbraba salvajemente en sus ojos?.

Javincy
24-mar-2008, 18:36
Crónicas del Reino Vampiro Primigenio.



Su secreto, Ballastarax – decía Lucifer, en su trono – Es que ella es inocente.

Ballastarax por supuesto estaba tocando el clave, con una maestría propia del plano espiritual, con una belleza y un poder de seducción tal, que aún se creería que pertenecía al tercer coro, como en los lejanos días de lo que los demonios denominaban “la esclavitud”.

No ha de creerse que Satanás estaba con pijama rojo y un gigante tenedor. Mas al contrario era una visión angelical de luz, el cabello rubio y largo, los ojos de penetrante color azul, y el mas fino de los brocados en un traje que haría sentirse miserable a cualquier rey terrenal de la época, Ballastarax también estaba impecable, un hombre alto de corto cabello rojo y ojos verdes y refulgentes como esmeraldas.

La estancia iluminada con barrocos y altos candelabros que surgían del suelo, la alfombra roja cubriendo tanto suelo como el ojo podía ver, etéreos cortinajes dorados flotando en un tibio viento juguetón. No aquello no parecía el infierno, ni Satanás en absoluto Satanás.

Jugueteando con una exquisita copa de cristal, balanceando un ambarino líquido de izquierda a derecha, el señor de las tinieblas continuó hablando.

“Por supuesto no te es desconocido el tiempo que he tardado en llegar a este punto, ni la cantidad de entes asignados a este asunto desde hace tres generaciones, incluso he tenido que poner a la superficie mi Decacronomikodio, pero al final mi fiel Adanatria ha hecho los rituales y me ha entregado a su segunda hija recién nacida, según los viejos rituales, bañándola en la sangre de su primogénito a quien colgó de los pulgares por enormes cadenas. A propósito, está Adanatria sufriendo adecuadamente??? – Pregunta Lucifer levantando la ceja izquierda.”

La música se interrumpe, Ballastarax levanta la mirada, y sonríe con malicia, mientras sus ojos relucen con fuerza, a tiempo que dice, como si saboreara cada sílaba: “Inconmensurablemente”

“Como te decía mi dulce Cristelle, es inocente a diferencia de su madre que era la imagen de la inocencia pero con un perverso corazón negro, que tuvo a todos engañados por tanto tiempo, la princesa fue entregada cuando era demasiado pequeña como para que exista cualquier consentimiento y desde pequeña solo se ha alimentado cuando el hambre la obligaba y en total inconciencia, tu música se ha encargado de ello, por tanto arrebatando uno de los pilares al mortal pecado, el edificio entero se derrumba y si ahora muriese las sacras jerarquías estarían forzadas a recibirla en su seno. Ese es el secreto, siendo inocente, mi dulce títere que baila al son de tu música, ha puesto en delicado entredicho a todas las huestes celestiales que podrían estar discutiendo hasta el fin de la eternidad y probablemente lo hagan, sobre la licitud de las medidas en su contra y mientras ellos discuten mi reino crece en la tierra e incluso puede que podamos abrir las puertas del infierno.”

“He depositado en ella muchos poderes e incluso he usado la cepa del mal original y con el tiempo sé que desarrollará todos los poderes dignos de un emperador liberto, incluso podrá tornarse incorpórea, como niebla, por tanto me estoy jugando mucho en esta carta, no sabes cuan alta es la apuesta, ni cuanto me va en ello. Pero estoy confiado, ella misma ha destruido al príncipe cuyo amor era el único antídoto al veneno que corre por sus venas, el cuento por tanto, mucho me temo, no tendrá un final feliz y sin un paladín legítimo y envestido, que por supuesto no se atreverán a mandar, solo debemos mirar y esperar, hasta que mi reino engrandezca y luego se expanda en una guerra profana que barra como fuego a los reinos terrenales.

Lucifer levanta nuevamente la mirada distraído de su monólogo y dice – A propósito ha llegado nuestro Príncipe???.

Ballastarax sin dejar de tocar un arrebatado adagio mueve la cabeza de un lado al otro.

Entonces ha quedado pendiente, puesto que en su alma habitaba el pecado y no pudo haberse ido al paraíso – Dice Lucifer más para si, en tono meditabundo, para luego añadir en tono coloquial – Mantendrás un ojo pendiente verdad Balty???

Ballastarax por supuesto asiente mientras su música se eleva en espirales florecientes.


Epílogo de la Trilogía: Negro Génesis.



Por supuesto se habían liberado a los doce, escogidos de entre los mas perversos seguidores de la iglesia Satánica, de la cual Adanatria, la reina, era la enmascarada suma sacerdotisa, que habían sido infectados ni más ni menos con la poderosa sangre de Cristelle y que habían muerto inmediatamente para convertirse en los zombis más abyectos posibles y que habían sido encerrados en las más profundas y oscuras catacumbas en donde periódicamente los miembros de la iglesia arrojaban víctimas de toda edad y género, destinados a la muerte más atroz imaginable, crimen perpetrado por siete años en los que las criaturas habían ido evolucionando del muerto viviente básico al vampiro refinado que bien podía contener sus apetitos y ejercer control sobre sus actos.

Desde su liberación, ellos habían estado organizando todo para el reinado de Cristelle, los sacrificios de los niños primogénitos que cada aldea debía ofrecer a las rondas del destino y que también habían estado tomando cuidadosas medidas para el momento de la gran epidemia, ya que un muerto viviente es incapaz de contener su apetito y al acabar los “suministros” luego de un paroxismo de canibalismo acababa extinguiendo a su propia especie.

A los cinco años se producía la “eclosión” y de la carroña surgía una criatura de belleza marmórea y con capacidad de desarrollar determinados poderes, de acuerdo a su clase.

No obstante tal grado de conspiración no había podido ser escondida a los ojos del buen rey Ardal de la casa Alushkin que había empezado a sospechar en la primavera y ya para el corazón del invierno al descubrir que su reina Adanatria a quien él amaba por encima de todas las cosas en la tierra, era la cabeza de aquella serpiente que amenazaba con estrangular el reino y que había cometido crímenes tan atroces como el de los campos de cosecha, su corazón había estallado en millones de pedazos, destruyendo por completo su voluntad de luchar y empujándolo a colgarse de la torre más alta del castillo Kuprov y allí lo había encontrado Adanatria colgando como un extraño fruto carmesí y al verlo allí, sin vida y sin ojos (que se habían desayunado los cuervos), sosteniendo como muda acusación aquel brocado de azul y oro, por el cual se rebelaba que él la había descubierto, aquella que se había consagrado al odio, había descubierto un amor tan grande dentro de ella que se había sentido simultáneamente herida en su fuero más íntimo y traicionada por su propio negro corazón y el dolor y el asco había sido tal que se había lanzado de la misma torre, para esparcir sus sesos en el piso de piedra mucho más abajo.

Y mientras un número grande de aldeanos era llevado a fortificaciones especiales, los campos de cosecha, en donde se los cultivaba para servir como ganado, en el nivel más alto del castillo Cristelle vivía en un etéreo mundo de ilusión generado por la más hermosa música de clave, ignorante de la muerte de sus padres y de su prometido, con quienes cree vivir feliz en un hermoso circulo de luz que es todo mentira. Algunas tardes sale a jugar con los niños y se entristece cuando ellos se cansan y deben dormirse, pero de alguna manera le hacen creer que todo está bien y con el filo de la verdad en su lengua, demonios que encarnan personajes de bondad en esa mascarada sin fin le dicen que no es su culpa y ella les cree y vive tan feliz y agradecida con la vida por esa felicidad que ninguna sombra de duda empaña su vida, ignorando por completo al monstruo, al monstruo que es ella misma.

Mientras tanto la plaga de Pukhutu como la han denominado los supersticiosos habitantes se expande sin control hasta adquirir la virulencia propia de una epidemia por toda la isla, y los únicos que pueden hacer algo son los miembros del bajo clero que han escogido quedarse y que son protegido rabiosamente por los pobladores sanos.

Pronto esta situación es de conocimiento del resto de Europa, a donde han escapado las familias pudientes y en donde se producen algunos brotes de la enfermedad que al ser contenida revela datos que los mas sabios de estos reinos analizan.

Poco después y con carácter de urgencia se reúnen los ocho grandes y el Papa, en Venecia y deliberan en turnos forzados por una semana entera, se establecen convenios oscuros se toman graves decisiones y en consecuencia ocurren los siguientes hechos históricos:

Se negocia con los otomanos la rendición de Jerusalén, que estaba siendo ganada.

A cambio el Gran Sultán subordina toda su flota de naves a Jaques de Priés, el gran almirante francés, que unida a las embarcaciones de la cristiandad forman el “Cerco del Fuego de Dios”, que impide que cualquier navío entre y salga de la isla de Koldovia y a nadie en el mundo le es desconocido que esa decisión le ha costado la vida a innumerables inocentes a los que no se les ha permitido abandonar la isla infectada y han debido afrontar un final horroroso, pero la epidemia ha sido justamente medida en su peligrosidad y se ha decidido contener la enfermedad a cualquier costo.

Adicionalmente los sabios han observado que esas criaturas poseídas por una cólera demente, no siembran, ni cosechan y que a la larga al haber acabado la fuente de su sustento mueren de inanición. Los sabios han calculado con todos los márgenes de prudencia, que se requerirán siete años para que la plaga se haya extinguido por si sola, obviamente los sabios desconocen la existencia de los doce y así la cristiandad comete su mas grave error, pues contra los muertos vivientes al menos habrían podido tener una oportunidad.

El cerco continúa, en efecto por siete años, pero a partir del quinto ha sido un cerco tan tranquilo, que se cree a la amenaza superada y las potencias mundiales empiezan a reclamar para sí el dominio de la isla.

No obstante ha nacido el primer reino vampiro y se apresta para su profana guerra.