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Ver la Versión Completa : Todo llega a su fin.


Adrián
10-mar-2008, 23:06
Llego a mi casa, dejo caer la pesada mochila y digo con aire alegre, como aparentando simpatía: <<¡Hola!>>, y la premio con la sonrisa de cada día.

Enciendo el ordenador, veo juegos que ya tenía instalados y que ya no son de mi agrado. Miro mi silueta en el espejo. No puedo determinar mi aspecto.

Me paseo por algunos foros y descubro relatos sin emoción alguna, pero veo que los comentarios son muy buenos aunque estoy seguro de que esa mierda no les ha podido gustar.

Puede que sea por la adolescencia, o puede que así sea mi manera de ser, pero lo cierto es que al leer aquel ''relato'' me entró una rabia por dentro que me obligó a escribir estas líneas:


<<Iba un día un viajero por las nobles y agobiadas tierras de lo que un día fue Constantinopla. Andaba tan distraído que cuenta no se dio de los pasos que le seguían.



Al no aparecer, mandaron a varios soldados a vigilar por la zona, más para contentar a la muchedumbre que por pesar propio. Corrían bajo la luz del sol. Les sofocaba el cuello. El viento, al calentarse, ascendía, dejando un vacío que era ocupado por aire ''frío''. Todo ese proceso agitaba las sinuosas hojas de los árboles. Escuchaban su silbar sereno, sus últimos pasos.

Encontraron rastros de sangre. Un rastro que se alejaba del camino. Cada vez más lejos. Perdieron la orientación. No sabían ni cuánto tiempo hacía que habían partido, ni cuándo habían decidido aceptar aquel trabajo, ni qué hora era.

Pero allí estaban ellos, con el arma en la boca, esperando impacientes. Se abalanzaron sobre ellos, tapándoles la visión del sol. Los caballos se agitaron y huyeron al galope. Ahora estaban solos. Consiguieron aguantar la primera embestida y desenvainaron la espada.

Rellenaron sesenta segundos de combate bravío. La malla contra el turbante. La espada contra el sable. Cristianismo contra islamismo. Libertad contra ansia de poder. Imperio contra Imperio.

Era una lucha justa. La espada perforó la minúscula tela del árabe. Se quedó tumbado en el suelo. Uno menos. Pero eran expertos en el arte del combate. Movidos con una fuerza descomunal, los portadores de sable atravesaron el leal escudo romano. Otro menos. Nada podía detenerlos. Soltaron la letal bestia. Se avalanzó contra ellos. Les desgarró la malla y fue directo a la yugular. Letal como ninguno. Cuando hubo acabado el festín, se dirigió hacia sus amos con una ensangrentada sonrisa. Ojos infernales miraban aquellos desgraciados seres. La que una vez su noble criatura, ahora se volvía contra ellos. Doble festín por parte de la bestia.>>