Pietro
10-mar-2008, 22:58
Parado junto a la puerta de la cocina, con el sombrero tomado del ala con las dos manos, el pantalón metido en las calcetas de lana y un suéter plagado de hoyos, Rogelio Medina Soto, esperaba.
La mujeres del servicio reían cómplices y murmuraban desprecios, que aun susurrados, él oía perfectamente. Los olores de la cocina alborotaban su sistema digestivo y los ruidos incontrolables de su estómago recrudecían las risas y las burlas de las dos empleadas, que se afanaban entre platos y tazas.
Rogelio cargaba el peso de su cuerpo de a ratos en cada pie, mientras mantenía baja la cabeza y fija la vista en el mosaico blanco y negro del piso de la cocina.
El caballero llegó desde el interior de la casa con paso seguro, precedido por el aroma de Colonia Inglesa y mientras se sentaba en una banqueta alta, frente a la barra de madera de Alerce, saludó al jardinero:
- Buenos días Rogelio, ¿ya están limpias las acequias?-
El jardinero no levantó la cabeza, apenas si movió los ojos para mirar a su patrón:
- Sí Don Patricio -
Una taza de café, un jarrito con leche, tres tostadas, mantequilla, mermelada y jugo de naranjas fueron dispuestos frente al caballero.
- Reguemos hoy los potreros bajos, Rogelio, y podemos las matas de Crateus del cerco del frente. – y ajustando el cinturón de su bata se dirigió a las mujeres – María aviva el fuego mujer que me congelo. -
Los dos interpelados superpusieron sus voces: - Sí Don Patricio -
Rogelio sintió el golpe del aroma del café casi como una bofetada y rezó en su interior para que su estomago no lo traicionara sonoramente, no delante del patrón.
- Esta tarde traen el auto nuevo de la Señora, así que despéjeme la cochera, y cuidadito con irse de boca, mire que es una sorpresa, regalo de aniversario ....-
Don Patricio seguía hablando, pero Rogelio ya no escuchaba, el hambre lo distraía y sus pensamientos volaron hasta su casa, sabía que la Eugenia estaría ya con la manos en el agua helada, lavando la ropa de sus patrones y los chicos en la escuela, temprano habían compartido el desayuno, té con unas marraquetas, justo antes de salir para el trabajo.
La voz de Don Patricio llegaba a ramalazos:
- ... que bien se lo merece, veinticinco años aguantándome ...-
¿Veinticinco dijo? Pensó Rogelio, parecería ayer que el Tata le contara del casamiento de la señorita, ahora “La Señora”. Pobre el Tata, le había dejado el trabajo como herencia un par de meses antes de morirse, ¡ese maldito café huele tan bien!.
- Así que los quiero a todos de punta en blanco, usted Rogelio se encargará de las luces del parque, y de la terraza, de las de la carpa se encargan los organizadores, serán como doscientos invitados, así que nada de .... – La voz volvió a alejarse.
¿Doscientos dijo?...Mierda, ¿cuánto comen doscientos invitados? Y ¡esas tostadas suenan tan crujientes!.
-Bueno Rogelio ya sabe y ponga en funcionamiento el filtro de la piscina ... ah hombre, casi me olvido, en la mesa de la entrada le dejé su sueldo, este mes le aumente cinco mil pesos –
- Gracias Don Patricio – Rogelio salió de la cocina con una sonrisa...¡qué contenta va estar la Eugenia!.Setenta y cinco lucas....
La mujeres del servicio reían cómplices y murmuraban desprecios, que aun susurrados, él oía perfectamente. Los olores de la cocina alborotaban su sistema digestivo y los ruidos incontrolables de su estómago recrudecían las risas y las burlas de las dos empleadas, que se afanaban entre platos y tazas.
Rogelio cargaba el peso de su cuerpo de a ratos en cada pie, mientras mantenía baja la cabeza y fija la vista en el mosaico blanco y negro del piso de la cocina.
El caballero llegó desde el interior de la casa con paso seguro, precedido por el aroma de Colonia Inglesa y mientras se sentaba en una banqueta alta, frente a la barra de madera de Alerce, saludó al jardinero:
- Buenos días Rogelio, ¿ya están limpias las acequias?-
El jardinero no levantó la cabeza, apenas si movió los ojos para mirar a su patrón:
- Sí Don Patricio -
Una taza de café, un jarrito con leche, tres tostadas, mantequilla, mermelada y jugo de naranjas fueron dispuestos frente al caballero.
- Reguemos hoy los potreros bajos, Rogelio, y podemos las matas de Crateus del cerco del frente. – y ajustando el cinturón de su bata se dirigió a las mujeres – María aviva el fuego mujer que me congelo. -
Los dos interpelados superpusieron sus voces: - Sí Don Patricio -
Rogelio sintió el golpe del aroma del café casi como una bofetada y rezó en su interior para que su estomago no lo traicionara sonoramente, no delante del patrón.
- Esta tarde traen el auto nuevo de la Señora, así que despéjeme la cochera, y cuidadito con irse de boca, mire que es una sorpresa, regalo de aniversario ....-
Don Patricio seguía hablando, pero Rogelio ya no escuchaba, el hambre lo distraía y sus pensamientos volaron hasta su casa, sabía que la Eugenia estaría ya con la manos en el agua helada, lavando la ropa de sus patrones y los chicos en la escuela, temprano habían compartido el desayuno, té con unas marraquetas, justo antes de salir para el trabajo.
La voz de Don Patricio llegaba a ramalazos:
- ... que bien se lo merece, veinticinco años aguantándome ...-
¿Veinticinco dijo? Pensó Rogelio, parecería ayer que el Tata le contara del casamiento de la señorita, ahora “La Señora”. Pobre el Tata, le había dejado el trabajo como herencia un par de meses antes de morirse, ¡ese maldito café huele tan bien!.
- Así que los quiero a todos de punta en blanco, usted Rogelio se encargará de las luces del parque, y de la terraza, de las de la carpa se encargan los organizadores, serán como doscientos invitados, así que nada de .... – La voz volvió a alejarse.
¿Doscientos dijo?...Mierda, ¿cuánto comen doscientos invitados? Y ¡esas tostadas suenan tan crujientes!.
-Bueno Rogelio ya sabe y ponga en funcionamiento el filtro de la piscina ... ah hombre, casi me olvido, en la mesa de la entrada le dejé su sueldo, este mes le aumente cinco mil pesos –
- Gracias Don Patricio – Rogelio salió de la cocina con una sonrisa...¡qué contenta va estar la Eugenia!.Setenta y cinco lucas....