Tom Brahe
07-mar-2008, 14:10
Este pequeño relato que presento a continuación fue escrito hace un par de meses,con la intencion de formar un pequeño libro de varios relatos del mismo estilo. Siempre jugando con la historia y con simetrias en los hechos acontecidos. podriamos llamarlo ficción historica realista
En este relato mi intención es demostrar que el bien y el mal no estan definidos, que a veces es muy dificil discernirlos claramente, y que el unico Juez es el tiempo.
EL BIEN Y EL MAL
"El Bien y el Mal"
Sólo, en un remoto lugar. Recordó como al mirar derredor la mañana del día de navidad del año 2012, la expedición al completo yacía inerte en un valle antártico a -60ºC.
Recordó esos extraños bubones de sus compañeros muertos. Dos días después se hinchó de valor y con su trineo a motor avanzó tres días más hacia la bahía de Admunsen.
Fueron tres jornadas de esfuerzo continuo contra las inclemencias meteorológicas de la zona. No había vaticinado ni en sus peores pesadillas que tuviese tan tempestiva experiencia, ni que en esa expedición dejaría atrás a su propia novia, que yacía kilómetros atrás acompañada de otros siete expedicionarios por culpa de una extraña enfermedad de la que solo el había podido sobrevivir, sin saber a qué motivo se debía su inmunidad.
Estudió en Tel Aviv un módulo de primeros auxilios, pero jamás vio en ningún tratado o libro los síntomas y bubones de sus compañeros o de su novia. Descartó la peste negra, puesto que a él también le habría infectado y dudaba que la enfermedad resistiese las temperaturas antárticas.
Absorto en sus recuerdos, al segundo día deambulando con la motonieve no le sorprendió encontrar lo que habían venido a estudiar.
Una cortina mágica de color verde y morado se contoneaba en el horizonte a una velocidad fantasmal.
Ahí estaba la Aurora Austral que habían venido a fotografiar.
Lástima que las cámaras estuviesen asidas a los cuerpos de sus compañeros muertos.
Detuvo su motonieve y durante unos segundos contempló el fenómeno majestuoso. Comprobó con horror que la brújula estaba loca, y él, perdido en un vasto desierto helado, con sólo 2 bidones más de combustible, y una docena de cápsulas caloríficas.
Decidió avanzar hacia el sur, la dirección donde la cortina colorida seguía su loco danzar. Fueron muchos kilómetros de viaje sin rumbo a través de una llanura prácticamente lisa y sin accidentes geográficos mas allá de montones de nieve caóticamente ubicados.
Estaba totalmente solo a miles de kilómetros de distancia, ajeno al ajetreado mundo civilizado. Llevaba ya dos días de viaje sin dormir, ya que la luz solar invadía las veinticuatro horas del día el firmamento antártico. Unas horas mas tarde, le pareció observar sobre su cabeza varias luces rojas que no volvió a ver, pero que misteriosamente pusieron colofón a la aurora austral, que desapareció al instante.
Otra vez sin rumbo.
Pero al mirar desesperado al cielo divisó por el rabillo del ojo una especie de montículo con un letrero rojo en una especie de compuerta negra.
La alegría le invadió y se dirigió a toda velocidad que permitía la motonieve hacia ese posible oasis en el desierto austral.
Y entonces vio el montículo desde cerca.
Lo que divisó le heló la sangre. Una cruz esvástica, y junto a ella, un botón rojo.
Él era judío.
Sin dudar pulsó el interruptor rojo. Como si de la nada apareciese, un extraño búnker emergió en la inmensa blancura.
La puerta se abrió mostrando un largo pasillo subterráneo. Y tras la última puerta a 300 metros de la entrada, allí se encontraba con un libro en la mano, con los ojos saliendo de las cuencas releyendo una y otra vez aquellas trágicas líneas:
"Parece que hoy si ha llegado mi día. Más de 29 años escondido del mundo, solo, condenado a la soledad más exabrupta. Por desgracia aún no han llegado, y hoy se acabó mi tiempo. Al menos me consuela haber cumplido mi cometido, lo que ellos me dictaron. He acabado con muchos de ellos, pero no con todos, y cuando llegue el día en que los Algolianos lancen su ofensiva, espero que Churchill arda en el infierno. Los judíos serán los que limpien la tierra de toda señal humana y concedan la supremacía a esos malditos Algolianos. Y los propios judíos serán exterminados cuando estos se alcen con su propósito. Quedan 32 años para que esto ocurra, al menos espero que recojan mi cadáver y los dioses de Orión me concedan la vida eterna en su mundo, tal y como prometieron"
Adolf Hitler
Sus manos temblaron, su cuerpo se erizó y durante minutos contempló la caligrafía impoluta en la que estaba escrito el texto.
Entonces tiró el cuaderno al suelo y salió gritando de furia corriendo como loco hasta alcanzar la blanca luz.
Una vez en la superficie de nuevo, tomó aliento y quedó petrificado al ver lo que se aproximaba por el horizonte celeste.
Un artefacto en forma de pirámide pero con un tamaño gigantesco rotaba sobre sus cuatro vértices a mas de quince kilómetros de altura.
La motonieve voló en formación espiral hacia la superficie de aquel polígono gigantesco. Los dos barriles de combustible estallaron a varios kilómetros de altura mientras la motonieve seguía subiendo hasta que se perdió de vista.
Entonces notó como se le caía un diente.
Sorprendido, rápidamente intentó sacar este, que se alojó debajo de la lengua, y con los dedos al realizar esta operación, sintió como todos sus dientes cedían al más ligero roce.
En cuestión de segundos su boca solo escupía dientes.
Y entonces gritó.
Sus ojos cambiaron a rojos y de las orejas salieron unas horribles mandíbulas.
Todo su vello corporal desapareció y las dos piernas se unieron en una única pierna macabra. Sin emitir sonido alguno, fue abducido a una velocidad vertiginosa, la misma a la que se alejó la pirámide.
La extracción del hierro de la Tierra estaba a punto de comenzar, y con ella, la destrucción total del planeta.
En este relato mi intención es demostrar que el bien y el mal no estan definidos, que a veces es muy dificil discernirlos claramente, y que el unico Juez es el tiempo.
EL BIEN Y EL MAL
"El Bien y el Mal"
Sólo, en un remoto lugar. Recordó como al mirar derredor la mañana del día de navidad del año 2012, la expedición al completo yacía inerte en un valle antártico a -60ºC.
Recordó esos extraños bubones de sus compañeros muertos. Dos días después se hinchó de valor y con su trineo a motor avanzó tres días más hacia la bahía de Admunsen.
Fueron tres jornadas de esfuerzo continuo contra las inclemencias meteorológicas de la zona. No había vaticinado ni en sus peores pesadillas que tuviese tan tempestiva experiencia, ni que en esa expedición dejaría atrás a su propia novia, que yacía kilómetros atrás acompañada de otros siete expedicionarios por culpa de una extraña enfermedad de la que solo el había podido sobrevivir, sin saber a qué motivo se debía su inmunidad.
Estudió en Tel Aviv un módulo de primeros auxilios, pero jamás vio en ningún tratado o libro los síntomas y bubones de sus compañeros o de su novia. Descartó la peste negra, puesto que a él también le habría infectado y dudaba que la enfermedad resistiese las temperaturas antárticas.
Absorto en sus recuerdos, al segundo día deambulando con la motonieve no le sorprendió encontrar lo que habían venido a estudiar.
Una cortina mágica de color verde y morado se contoneaba en el horizonte a una velocidad fantasmal.
Ahí estaba la Aurora Austral que habían venido a fotografiar.
Lástima que las cámaras estuviesen asidas a los cuerpos de sus compañeros muertos.
Detuvo su motonieve y durante unos segundos contempló el fenómeno majestuoso. Comprobó con horror que la brújula estaba loca, y él, perdido en un vasto desierto helado, con sólo 2 bidones más de combustible, y una docena de cápsulas caloríficas.
Decidió avanzar hacia el sur, la dirección donde la cortina colorida seguía su loco danzar. Fueron muchos kilómetros de viaje sin rumbo a través de una llanura prácticamente lisa y sin accidentes geográficos mas allá de montones de nieve caóticamente ubicados.
Estaba totalmente solo a miles de kilómetros de distancia, ajeno al ajetreado mundo civilizado. Llevaba ya dos días de viaje sin dormir, ya que la luz solar invadía las veinticuatro horas del día el firmamento antártico. Unas horas mas tarde, le pareció observar sobre su cabeza varias luces rojas que no volvió a ver, pero que misteriosamente pusieron colofón a la aurora austral, que desapareció al instante.
Otra vez sin rumbo.
Pero al mirar desesperado al cielo divisó por el rabillo del ojo una especie de montículo con un letrero rojo en una especie de compuerta negra.
La alegría le invadió y se dirigió a toda velocidad que permitía la motonieve hacia ese posible oasis en el desierto austral.
Y entonces vio el montículo desde cerca.
Lo que divisó le heló la sangre. Una cruz esvástica, y junto a ella, un botón rojo.
Él era judío.
Sin dudar pulsó el interruptor rojo. Como si de la nada apareciese, un extraño búnker emergió en la inmensa blancura.
La puerta se abrió mostrando un largo pasillo subterráneo. Y tras la última puerta a 300 metros de la entrada, allí se encontraba con un libro en la mano, con los ojos saliendo de las cuencas releyendo una y otra vez aquellas trágicas líneas:
"Parece que hoy si ha llegado mi día. Más de 29 años escondido del mundo, solo, condenado a la soledad más exabrupta. Por desgracia aún no han llegado, y hoy se acabó mi tiempo. Al menos me consuela haber cumplido mi cometido, lo que ellos me dictaron. He acabado con muchos de ellos, pero no con todos, y cuando llegue el día en que los Algolianos lancen su ofensiva, espero que Churchill arda en el infierno. Los judíos serán los que limpien la tierra de toda señal humana y concedan la supremacía a esos malditos Algolianos. Y los propios judíos serán exterminados cuando estos se alcen con su propósito. Quedan 32 años para que esto ocurra, al menos espero que recojan mi cadáver y los dioses de Orión me concedan la vida eterna en su mundo, tal y como prometieron"
Adolf Hitler
Sus manos temblaron, su cuerpo se erizó y durante minutos contempló la caligrafía impoluta en la que estaba escrito el texto.
Entonces tiró el cuaderno al suelo y salió gritando de furia corriendo como loco hasta alcanzar la blanca luz.
Una vez en la superficie de nuevo, tomó aliento y quedó petrificado al ver lo que se aproximaba por el horizonte celeste.
Un artefacto en forma de pirámide pero con un tamaño gigantesco rotaba sobre sus cuatro vértices a mas de quince kilómetros de altura.
La motonieve voló en formación espiral hacia la superficie de aquel polígono gigantesco. Los dos barriles de combustible estallaron a varios kilómetros de altura mientras la motonieve seguía subiendo hasta que se perdió de vista.
Entonces notó como se le caía un diente.
Sorprendido, rápidamente intentó sacar este, que se alojó debajo de la lengua, y con los dedos al realizar esta operación, sintió como todos sus dientes cedían al más ligero roce.
En cuestión de segundos su boca solo escupía dientes.
Y entonces gritó.
Sus ojos cambiaron a rojos y de las orejas salieron unas horribles mandíbulas.
Todo su vello corporal desapareció y las dos piernas se unieron en una única pierna macabra. Sin emitir sonido alguno, fue abducido a una velocidad vertiginosa, la misma a la que se alejó la pirámide.
La extracción del hierro de la Tierra estaba a punto de comenzar, y con ella, la destrucción total del planeta.