Pietro
05-mar-2008, 20:05
Cruzó la calle como si el parque automotor le debiera ciega obediencia y le rindiera pleitesía, y sin embargo llegó a la acera de enfrente, que en el acto perdió esa condición.
El hombre que había cautivado su atención hasta el punto de hacerla olvidar su inveterada costumbre de usar en forma casi religiosa el paso de cebra, seguía en la misma posición y sin visibles intenciones de cambiarla.
Describirlo en detalle seria una perdida de tiempo, pero en rasgos generales era común: ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni feo ni lindo, un promedio bastante ajustado a la realidad del sexo masculino en la raza humana.
Ella, en cambio, que puso en riesgo su vida por acercársele, era hermosa.
De esas mujeres que nos arrancan furtivos suspiros y ostensibles piropos, excelente ejemplo de los actuales estándares de belleza.
Finalmente frente a él, supo que no tenia nada inteligente que decir, nada ingenioso, nada creativo y como si la compulsión que había sentido, tomara el mando, pronunció con pausadas palabras lo que sintió en su corazón como una auto condena:
- Señor, es usted muy apuesto -
Él la sopesó con la mirada y agradeció el cumplido con una sobria sonrisa y una gentil inclinación de cabeza.
La joven sintiéndose envuelta en una situación por demás embarazosa, continuó caminando por la vereda en apresurada marcha.
Nunca más volvieron a verse.
El hombre que había cautivado su atención hasta el punto de hacerla olvidar su inveterada costumbre de usar en forma casi religiosa el paso de cebra, seguía en la misma posición y sin visibles intenciones de cambiarla.
Describirlo en detalle seria una perdida de tiempo, pero en rasgos generales era común: ni alto ni bajo, ni gordo ni flaco, ni feo ni lindo, un promedio bastante ajustado a la realidad del sexo masculino en la raza humana.
Ella, en cambio, que puso en riesgo su vida por acercársele, era hermosa.
De esas mujeres que nos arrancan furtivos suspiros y ostensibles piropos, excelente ejemplo de los actuales estándares de belleza.
Finalmente frente a él, supo que no tenia nada inteligente que decir, nada ingenioso, nada creativo y como si la compulsión que había sentido, tomara el mando, pronunció con pausadas palabras lo que sintió en su corazón como una auto condena:
- Señor, es usted muy apuesto -
Él la sopesó con la mirada y agradeció el cumplido con una sobria sonrisa y una gentil inclinación de cabeza.
La joven sintiéndose envuelta en una situación por demás embarazosa, continuó caminando por la vereda en apresurada marcha.
Nunca más volvieron a verse.