rocinante
04-mar-2008, 17:27
Este relato que muestro a continuación es la clara evidencia de que un escritor por vocación puede escribir
de cualquier cosa, y motivos no le faltan para hacerlo.
Puede hacerlo mejor o peor, puede incluso hacer de algo emocionante una simple lectura anodina y sosa sin interés, pero de lo que no cabe la menor duda es que para escribir no se necesita correr grandes aventuras, ni hacer grandes viajes, ni inventarse complicadas historias, si no que alrededor nuestro, en nuestra vida cotidiana tenemos un montón de temas para contar.
Rocinante
INCERTIDUMBRE ANTE UNA MAQUINA DE CAFÉ
Después de largas, interminables horas, de estar sentado en blancas butacas de anodinos, solitarios y largos pasillos, el olorcillo reconfortante y embriagador de delicioso café, me acarició con mimo las papilas olfativas y gustativas, de forma que como hipnotizado, y como en la busca del arca perdida, lo busqué.
Y anduve, recorrí, y hasta me perdí por laberínticos pasillos del grandioso hospital hasta encontrar la maquina de mis sueños. Mi cuerpo entumecido frio y hambriento se estremeció ante su vista. Un sabrosillo y dulzon aroma a café con su cremosa crema, llenaba el aire y me esperaba
Alrededor de la maquina expendedora, semioscuridad, rumor de frases como gruñidos, y un grupo, de varios cuerpos soñolientos, algunos con batas blancas y en sus caras, el rictus de tragedia que distingue a los urbanitas de las grandes ciudades
De todo había allí, y se ofrecía al consumidor a través de ventanitas iluminadas. Bocadillos, pastas, agua cervezas variados caldos, chocolates diferentes batidos, y café en todas su variedades
Con leche, descremado con o sin azúcar, con sacarina, solo, cortado, largo corto, descafeinado, de sobre, de maquina.
Yo solo quería un simple café pero aquello era complicado de buscar así que plantado allí frente a las lucecitas de varios colores, no tardó una agria voz en gruñir detrás mío
¿Va a sacar algo?-
.-Si.-
Respondí como ausente y fijamente inmerso en mis lucubraciones
-¿Que vale el café
]Me pregunté a mi mismo, pero que alguien contestó, diciendo
.- apriete el botón de lo que vaya a sacar y en la pantallita le aparecerá el precio
Claro eso era muy fácil de saber, pero.
¿Donde estaba el lugar de aquella interminable lista de artículos la correspondiente a mi café?
MI vista recorría la interminable lista de nombres de artículos con lucecitas de colores como en una noria, pero nada, no lo encontraba. Los demás mientras, juntos a mi, sacaban de las diferentes ranuras, aguas, batidos, pastas, ¡pero juer,! ninguno se sacaba un sencillo y humilde café.
Les seguía con lña mirada sus movimientos para imitarlos, pero ninguno se sacaba mi esperada bebida. Todos estaban compichandos para hacerme de aquello, la sencilla tarea de sacar un café de la maquina, una tarea imposible
¿Oiga va a sacar algo, si no, apártese
Rugió otra voz detrás de mí, pero yo seguía mirando obsesivamente y leyendo los letreritos, pero aún así me aparté ligeramente. Lo encontré al fin, y ya iba a apretar la tecla, pero la voz, protestó,
.-Oiga esperesé, que me toca a mí.-
Esperé nervioso, ansioso, soportando el rico aroma del café recién hecho azotándome el olfato, y cuando el de delante se apartó, me lancé hacia la maquina como un poseso, y empecé a apretar la tecla.
Oiga que no lo regalan, tendrá que echar las monedas, ¿No le parece?
Me espetó alguien con la gracia de los ciudadanos de las grandes capitales
¡Ostras, claro, las monedas. 40 Céntimos, a ver en el bolsillo, nada, ¡Ha! en la cartera llevaba solo billetes de cinco de diez de veinte, de cincuenta Euros ¿pero y las monedas,? en donde las tendré, ¡ha! ya sé en el parking, pagando, allí dejé todo lo suelto,
¿? Y ahora que?-
Mientras la misma vozse dejó oír para decir
.-Oiga va a sacar algo, si no apártese.-
.- No espere ya mismo estoy.-
Dije, evitando perderme el momento del tan deseado saboreo de un caliente y reconfortante café.-
.-¿Algunos de Uds. tiene cambio, por favor necesito monedas, mi reino por cuarenta céntimos.-?
Pedí, rogué imploré a los concurrentes.
.- Todos buscan cambio, pues tráigaselo de casa.-
Rumoreó alguien en al semioscuridad, mientras las acostumbradas caras de apatía, tristeza y desolación de los urbanitas, me miraron indiferentes, y mientras tanto alguien ya se me había adelantado en mi puesto de delante de la maquina.
Al final derrotado, compungido, con las ganas en la cara, y el estomago en los pies, me fui retirando de la maquina, poco a poco buscando un cambio de monedas que nadie tenia.
Rocinante 12/07/2005
de cualquier cosa, y motivos no le faltan para hacerlo.
Puede hacerlo mejor o peor, puede incluso hacer de algo emocionante una simple lectura anodina y sosa sin interés, pero de lo que no cabe la menor duda es que para escribir no se necesita correr grandes aventuras, ni hacer grandes viajes, ni inventarse complicadas historias, si no que alrededor nuestro, en nuestra vida cotidiana tenemos un montón de temas para contar.
Rocinante
INCERTIDUMBRE ANTE UNA MAQUINA DE CAFÉ
Después de largas, interminables horas, de estar sentado en blancas butacas de anodinos, solitarios y largos pasillos, el olorcillo reconfortante y embriagador de delicioso café, me acarició con mimo las papilas olfativas y gustativas, de forma que como hipnotizado, y como en la busca del arca perdida, lo busqué.
Y anduve, recorrí, y hasta me perdí por laberínticos pasillos del grandioso hospital hasta encontrar la maquina de mis sueños. Mi cuerpo entumecido frio y hambriento se estremeció ante su vista. Un sabrosillo y dulzon aroma a café con su cremosa crema, llenaba el aire y me esperaba
Alrededor de la maquina expendedora, semioscuridad, rumor de frases como gruñidos, y un grupo, de varios cuerpos soñolientos, algunos con batas blancas y en sus caras, el rictus de tragedia que distingue a los urbanitas de las grandes ciudades
De todo había allí, y se ofrecía al consumidor a través de ventanitas iluminadas. Bocadillos, pastas, agua cervezas variados caldos, chocolates diferentes batidos, y café en todas su variedades
Con leche, descremado con o sin azúcar, con sacarina, solo, cortado, largo corto, descafeinado, de sobre, de maquina.
Yo solo quería un simple café pero aquello era complicado de buscar así que plantado allí frente a las lucecitas de varios colores, no tardó una agria voz en gruñir detrás mío
¿Va a sacar algo?-
.-Si.-
Respondí como ausente y fijamente inmerso en mis lucubraciones
-¿Que vale el café
]Me pregunté a mi mismo, pero que alguien contestó, diciendo
.- apriete el botón de lo que vaya a sacar y en la pantallita le aparecerá el precio
Claro eso era muy fácil de saber, pero.
¿Donde estaba el lugar de aquella interminable lista de artículos la correspondiente a mi café?
MI vista recorría la interminable lista de nombres de artículos con lucecitas de colores como en una noria, pero nada, no lo encontraba. Los demás mientras, juntos a mi, sacaban de las diferentes ranuras, aguas, batidos, pastas, ¡pero juer,! ninguno se sacaba un sencillo y humilde café.
Les seguía con lña mirada sus movimientos para imitarlos, pero ninguno se sacaba mi esperada bebida. Todos estaban compichandos para hacerme de aquello, la sencilla tarea de sacar un café de la maquina, una tarea imposible
¿Oiga va a sacar algo, si no, apártese
Rugió otra voz detrás de mí, pero yo seguía mirando obsesivamente y leyendo los letreritos, pero aún así me aparté ligeramente. Lo encontré al fin, y ya iba a apretar la tecla, pero la voz, protestó,
.-Oiga esperesé, que me toca a mí.-
Esperé nervioso, ansioso, soportando el rico aroma del café recién hecho azotándome el olfato, y cuando el de delante se apartó, me lancé hacia la maquina como un poseso, y empecé a apretar la tecla.
Oiga que no lo regalan, tendrá que echar las monedas, ¿No le parece?
Me espetó alguien con la gracia de los ciudadanos de las grandes capitales
¡Ostras, claro, las monedas. 40 Céntimos, a ver en el bolsillo, nada, ¡Ha! en la cartera llevaba solo billetes de cinco de diez de veinte, de cincuenta Euros ¿pero y las monedas,? en donde las tendré, ¡ha! ya sé en el parking, pagando, allí dejé todo lo suelto,
¿? Y ahora que?-
Mientras la misma vozse dejó oír para decir
.-Oiga va a sacar algo, si no apártese.-
.- No espere ya mismo estoy.-
Dije, evitando perderme el momento del tan deseado saboreo de un caliente y reconfortante café.-
.-¿Algunos de Uds. tiene cambio, por favor necesito monedas, mi reino por cuarenta céntimos.-?
Pedí, rogué imploré a los concurrentes.
.- Todos buscan cambio, pues tráigaselo de casa.-
Rumoreó alguien en al semioscuridad, mientras las acostumbradas caras de apatía, tristeza y desolación de los urbanitas, me miraron indiferentes, y mientras tanto alguien ya se me había adelantado en mi puesto de delante de la maquina.
Al final derrotado, compungido, con las ganas en la cara, y el estomago en los pies, me fui retirando de la maquina, poco a poco buscando un cambio de monedas que nadie tenia.
Rocinante 12/07/2005