Alois Boerges
04-may-2008, 19:17
CUENTOS EN VERSO PARA NIÑOS PERVERSOS
Roald Dahl
Blancanieves y los siete enanos
Cuando murió la madre de Blanquita
dijo su padre, el Rey: <<Esto me irrita.
¡Qué cosa tan pesada y tan latosa!
Ahora tendré que dar con otra esposa…>>
–es, por lo visto, un lío del demonio
para un Rey componer su matrimonio–.
Mandó anunciar en todos los periódicos:
<<Se necesita Reina>> y, muy metódico,
recortó las respuestas que en seguida llegaron a millones…
<<La elegida ha de mostrar con pruebas convincentes
que eclipsa a cualquier otra pretendiente>>.
Por fin fue preferida a las demás
la señorita Obdulia Carrasclás,
que trajo un artefacto extraordinario
comprado a algún exótico anticuario:
era un ESPEJO MAGICO PARLANTE
con marco de latón,limpio y brillante,
que contestaba a quien le planteara
cualquier cuestión con la verdad más clara.
Así, si, por ejemplo, alguien quería
saber qué iba a cenar en ese día,
el chisme le decía sin tardar:
<<Lentejas o te quedas sin cenar>>.
El caso es que la Reina, que Dios guarde,
le preguntaba al trasto cada tarde:
<<Dime Espejito, cuéntame una cosa:
de todas, ¿no soy yo la más hermosa?>>.
Y el cachivache siempre:
<<Mi Señora, vos sois la más hermosa,
encantadora y bella de este reino. No hay rival
a quien no hayáis comido la moral>>.
La reina repitió diez años la estupida pregunta
estúpida pregunta y sin engaños le
contestó el Espejo, hasta que un día
Obdulia oyó al cacharro que decía:
<<Segunda sois, Señora.
Desde el jueves es mucho más hermosa
Blancanieves>>.su majestad se puso furibunda,
armó una impresionante barahúnda
y dijo: <<¡Yo me cargo a esa muchacha!
¡La aplastaré como a una cucaracha!
¡La despellejaré, la haré guisar
y me la comeré para almorzar!>>.
Llamó a su Cazador al aposento
y le gritó: <<¡Cretino, escucha atento!
Vas a llevarte al monte a la Princesa
diciéndole que vais a buscar fresas
y, cuando estéis allí, vas a matarla,
desollarla muy bien, descuartizarla
y, para terminar, traerme al instante
su corazón caliente y palpitante>>.
El Cazador llevó a la criatura,
mintiéndole vilmente, a la espesura
del Bosque. La Princesa, que se olió
la torta, dijo: <<¡Espere! ¿Qué he hecho
yo para que usted me mate, señor mío?
–el brazo y el cuchillo de aquél tío
erizaban el pelo al mas pintado–
¡Déjeme, por favor, no sea pesado!>>.
El Cazador, que era mala gente,
Se derritió al mirar a la inocente.
<<¡Aléjate corriendo de mi vista,
porque, si me lo pienso más, las lista…!>>
la chica ya no estaba – ¡qué iba a estar! –
cuando el verdugo terminó de hablar.
Después fue el hombre a ver al carnicero,
pidió que le sacara un buen cordero,
compró media docena de costillas
amén del corazón y, a pies juntillas,
Obdulia tomó aquella casquería
por carne de Princesa.
<<¡Que mi tía se muera si he faltado vuestro encargo,
Señora…! Se hace tarde… Yo me largo…>>.
<<Os creo, Cazador. Marchad tranquilo –dijo la
Reina–. ¡Y ese medio kilo de chuletillas y ese corazón
los quiero bien tostados al carbón!>>,
y se los engulló, la muy salvaje,
con un par de vasitos de brebaje.
¿Qué hacía la Princesa, mientras tanto?
Pues auto-stop para curar su espanto.
Volvió a la capital en un boleo
y consiguió muy pronto un buen empleo
de ama de llaves en el domicilio de siete divertidos hombrecillos.
Habían sido jockeys de carreras y eran muy majos todos,
si no fuera por un vicio que en
sábados y fiestas les devoraba el coco:
¡las apuestas! Así, si en los caballos no atinaban
un día, aquella noche no cenaban…
Hasta que una mañana dijo Blanca:
<<Tengo una idea, chicos, que no es manca.
Dejad todo el asunto de mi cuenta,
que voy a resolveros vuestra renta,
pero hasta que yo vuelva de un paseo
no quiero que juguéis ni al veo-veo>>.
Se fue Blanquita aquella misma noche de nuevo en auto-stop
–y en un buen choche– hasta Palacio y,
siendo chica lista, cruzó los aposentos sin ser vista;
el Rey estaba absorto haciendo cuentas
en el Despacho Real y la sangrienta
Obdulia se encontraba en la cocina
comiendo pan con miel y margarina.
La joven pudo, pues, llegar al fin
hasta el dichoso Espejo Parlanchín,
echárselo enun saco y, de puntillas,
volver sobre sus pasos dos mil millas
–que eso le parecieron, pobrecita–.
<<¡Muchachos, aquí traigo una cosita
que todo lo adivina sin error!
¿Queréis probar?>>. <<¡Sí, sí!>>, dijo el mayor:
<<Mira, Espejito, no nos queda un chavo,
Así que has de acertar en todo el clavo:
¿quién ganará mañana la tercera?>>.
<<La yegua Rifífí será primera>>,
Le contestó el Espejo roncamente…
¡Imaginad la euforia consiguiente!
Blanquita fue aclamada, agasajada,
despachurrada a besos y estrujada.
Luego corrieron todos los Enanos hasta
el local de apuestas más cercano y no
les quedó un mal maravedí
que no fuera a para a Rifífí:
vendieron el Volkswagen, empeñaron relojes y colchones,
se entramparon con una sucursal de la Gran Banca
para apostarlo todo a su potranca.
Después, en el hipódromo, se
vio que el Espejito no se equivocó, y ya
siempre los sábados y fiestas
ganaron los muchachos sus apuestas.
Blanquita tuvo parte de beneficios
por ser la emperatriz del artificio,
y, en cuanto corrió un poco el calendario,
se hicieron todos superbillonarios
–de donde se deduce que jugar
no es mala cosa… si se va a ganar–.
Caperucita Roja y el lobo
Estando una mañana haciendo el bobo
le entró un hambre espantosa al SeñorLobo,
así que, para echarse algo a la muela,
se fue corriendo a casa de la Abuela.
<<¿Puedo pasar, Señora?>>, preguntó.
La pobre anciana, al verlo, se asustó
pensando: <<¡Este me come de un bocado!>>.
Y, claro, no se había equivocado:
se convirtió la Abuela en alimento
en menos tiempo del que aquí te cuento.
Lo malo es que era flaca y tan huesuda
que al Lobo no le fue de gran ayuda:
<<Sigo teniendo un hambre aterradora…
¡Tendré que merendarme otra señora!>>.
Y, al no encontrar ninguna en la nevera,
Gruño con impaciencia aquella fiera:
<<¡Esperaré sentado hasta que vuelva
Caperucita Roja de la Selva
–que así llamaban al Bosque la alimaña,
creyéndose en Brasil y no es España–.
Y porque no se viera su fiereza,
Se disfrazó de abuela con presteza, se dio
laca en las uñas y en el pelo,
se puso gran falda gris de vuelo,
zapatos, sombrerito, una chaqueta
y se sentó en espera de la nieta.
Llegó por fin Caperu a mediodía
y dijo:<<¿Cómo estás, abuela mía?
Por cierto, ¡me impresionan tus orejas!>>.
<<Para mejor oírte, que las viejas
somos un poco sordas>>.
<<¡Abuelita, qué ojos tan grandes tienes!>>.
<<Claro, hijita, son las lentillas nuevas que me ha puesto
Para que pueda verte Don Ernesto
El oculista>>, dijo el animal mirándola con
gesto angelical mientras se le ocurría
que la chica iba a saberle mil veces más
rica que el racho precedente.
De repente Caperucita dijo: <<¡Qué
imponente abrigo de piel llevas este invierno!>>.
El Lobo, estupefacto, dijo: <<¡Un cuerno!
O no sabes el cuento o tú me mientes:
¡Ahora te toca hablar de mis dientes!
¿Me estás tomando el pelo…? Oye, mocosa,
te comeré ahora mismo y a otra cosa>>.
Pero ella se sentó es un canapé
y se sacó un revólver del corsé,
con calma apuntó bien a la cabeza
y – ¡pam! – allí cayó la buena pieza
Al poco tiempo vi a Caperucita
Cruzando por el Bosque… ¡Pobrecita!
¿Sabéis lo que llevaba la infeliz?
Pues nada menos que un sobrepelliz
que a mí me pareció de piel de un lobo
que estuvo una mañana haciendo el bobo.
La Cenicienta
<<¡Si ya nos la sabemos de memoria!>>,
diréis. Y, sin embargo, de esta historia
tenéis una versión falsificada, rosada, tonta, cursi,
azucarada, que alguien con la mollera un poco rancia
consideró mejor para la infancia…
El lío se organiza en el momento
en que las Hermanastras de este cuento
se marchan a Palacio y la pequeña
se queda en la bodega a partir leña.
Allí entre ratones llora y gruta,
golpea la pared, se desgañita:
<<¡Quiero salir de aquí! ¡Malditas brujas!
¡¡Os arrancaré el moño por granujas!!>>.
Y así hasta que por fin asoma el Hada
por el encierro en el que está su ahijada.
<<¿Qué puedo hacer por ti, Ceny querida?
¿Por qué gritas así? ¿Tan mala vida te dan esas
lechuzas?>>. <<¡Frita estoy porque ellas van al baile
y yo no voy!>>. La chica patalea furibunda:
<<¡Pues yo también iré a esa fiesta inmunda!
¡Quiero un traje de noche, Un paje, un coche,
zapatos de charol,sortija, broche,
pendientes de coral, pantys de seda
y aromas de Paris para que pueda
enamorar al Príncipe en seguida
con mi belleza fina y distinguida!>>.
Y dicho y hecho, al punto Cenicienta,
en menos de tiempo del que aquí se cuenta,
se personó en Palacio, en plena disco,
dejando a sus rivales hechas cisco.
Con Cecy bailó el Príncipe rocks miles
tomándola en sus brazos varoniles
y ella se le abrazó con tal vigor que allí perdió
su Alteza su valor, y mientras la miró
no fue posible que le dijera cosa inteligible.
Al dar las doce Ceny pensó: <<Nena,
como no corras las hemos hecho buena>>,
y el Príncipe gritó: <<¡No me abandones!>>,
mientras se le agarraba a los riñones,
y ella tirando y él hecho un pelmazo
hasta que el traje se hizo mil pedazos.
La pobre se escapó medio en camisa,
pero perdió un zapato con la prisa.
El Príncipe, embobado, lo tomó y
ante la Corte entera declaró:
<<¡La dueña del pie que entre en el zapato
será mi dulce esposa, o yo me mato!>>.
Después, como era un poco despistado,
dejó en una bandeja el chanclo amado.
Una Hermanastra dijo: <<¡Esta es la mía!>>,
y, en vista de que nadie la veía,
pescó el zapato, lo tiró al retrete
y lo escamoteó en un periquete.
En su lugar, disimuladamente,
dejó su zapatilla maloliente.
En cuanto salió el Sol, salió su Alteza
por la ciudad con toda ligereza
en busca de la dueña de la prenda.
De casa en casa fue, de tienda en tienda,
e hicieron cola muchas damiselas
sin resultado. Aquella vil chinela.
Incómoda, pestífera y chotuna,
no le sentaba bien a dama alguna.
Así hasta que fue el turno de la casa
de Cenicienta… <<¡Pasa, Alteza, pasa!>>,
dijeron las perversas Hermanastras y,
tras guiñar un ojo a la Madrastra,
se puso la de más cara de cerdo
su propia zapatilla en el pie izquierdo.
El Príncipe dio un grito, horrorizado,
pero ella gritó más: <<¡Ha entrado! ¡Ha entrado!
¡Seré tu dulce esposa!>>. <<¡Un cuerno frito!>>.
<<¡Has dado tu palabra, Principito,
precioso mío!>>. <<¿Si? –rugió su Alteza. –
¡Ordeno que le corten la cabeza!>>.
Se la cortaron de un único tajo
y el Príncipe se dijo: <<Buen trabajo.
Así no está tan fea>>. De inmediato
gritó la otra Hermanastra: <<¡Mi zapato!
¡Dejad que lo pruebe!>>. <<¡Prueba esto!>>,
Bramó su Alteza Real con muy mal gesto
y, echando mano de su real espada
le descocorotó de una estocada;
cayó la cabezota en la moqueta,
dio un par de botes y se quedó quieta…
En la cocina Cenicienta estaba
quitándoles las vainas a unas habas
cuando escuchó los botes –pam, pam,
pam– del coco de su hermana
en el zaguán, así que se asomó desde la puerta
y preguntó: <<¿Tan pronto y ya despierta?>>.
El Príncipe dio un salto: <<¡Otro melón!>>,
y a Ceny le dio un vuelco el corazón.
<<¡Caray! –pensó– ¡Qué bárbara su alteza!
Con ese yo no me juego la cabeza…
¡Pero si esta completamente loco!>>.
Y cuando gritó el Príncipe: <<¡Ese coco!
¡Cortádselo ahora mismo!>>, en la cocina
brilló la vara del Hada Madrina.
<<¡Pídeme lo que quieras, Cenicienta,
que tus deseos corren de mi cuenta!>>.
<<¡Hada Madrina –suplicó la ahijada–,
no quiero ya ni príncipes ni nada
que pueda parecérseles! Ya he sido
Princesa por un día. Ahora te pido
quizás algo más difícil e infrecuente:
un compañero honrado y buena gente.
¿Podrás encontrar uno para mí,
Madrina amada? Yo lo quiero así…>>
Y en menos tiempo del que aquí se cuenta
se descubrió de pronto Cenicienta
a salvo de su Príncipe y casada
con un señor que hacia mermelada.
Y, como fueron ambos felices,
nos dieron con el tarro en las narices.
Dafne Laurel
12-may-2008, 16:01
Hola!
No sabía que Roald Dahl había escrito poemas para niños... Gracias, Alois.
Pues yo he disfrutado mucho leyendo algunos libros de relatos cortos. De hecho, es uno de mis autores favoritos.
Si no los habéis leído, os recomiendo "Relatos de lo inesperado" o "La venganza es mía, S.A" Algunos son tan ingeniosos, tan irónicos y crueles... pero siempre te dejan con una media sonrisa en los labios, como diciendo "qué mala leche, qué hábil...". Si los leeis, fijaos en el papel que en ellos tienen muchas mujeres: las pobres, sometidas en un mundo machista, normalmente supeditas al marido, que un día, simplemente se cansan, pero de qué manera ; ) En especial hay alguno tan bueno...
Estos libros que he puesto aquí no son infantiles, pero sí pueden ser para chicos jóvenes, no creo que les haga nada de daño leerlos, y yo creo que se lo pueden pasar muy bien haciéndolo. Pero por favor, si esta sección es sólo para libros que cumplan las dos opciones (infantiles y juveniles) me perdonáis y para la próxima ya lo sé.
Si hay alguien que haya leído a este escritor, y le apetece, que diga lo que le parece, a ver si estamos de acuerdo
Un abrazo
Dafne
fanderaimi
27-sep-2008, 00:38
Soy admirador de Roald Dahl desde que leí Charlie y la fábrica de chocolate, a los catorce años (ya tengo 32 y me sigue pareciendo un libro fabuloso). Junto con ese, La maravillosa medicina de Jorge y Las brujas son las tres novelas cortas de Dahl que me entusiasman. También he leído Charlie y el gran ascensor, Los cretinos, James y el melocotón gigante, y de sus libros para adultos Relatos de lo inesperado y Mi tío Oswald, que es bastante marranete.
Ultimamente estoy loquito de contento con sus poemas, que vale más que os los leais en inglés que en la traducción tan distinta (comprendo que iba destinado a los niños y que es difícil conservar a la vez el significado de los juegos verbales y las rimas) de Revolting Rhimes (algo así como "Poemas nauseabundos"), que aquí se llamó, como ha dicho muy bien Alois Boerges, Cuentos en verso para niños perversos. Tiene también dos libros de poemas más, este Roald Dahl: uno, Rhime Stew, todavía no me lo he leído, pero Dirty Beasts sí (creo que también tiene traducción al español, pero no recuerdo cuál), aunque este último es flojillo, a pesar de que contiene un poema fenomenal, The ant-eater, absolutamente tronchante si lo leeis sólos o con el adiolibro recitado por Pam Ferris y Geoffrey Palmer de estos poemas (también hay audiolibros de Revolting Rhimes y Rhime Stew: el primero es absolutamente formidable, el segundo todavía no me lo he comprado)
Bueno, eso es lo que quería decir sobre nuestro amigo Dahl. Un saludo a toda la peña
fanderaimi
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