Luisbubok
20-feb-2008, 13:00
Si nunca has salido de tu país -en este caso España- y sales al extranjero por primera vez y encima tienes un digamos respeto al intento de imitación de ciertos animales con alas y si encima donde vas hablan raro -en alemán, en francés, en italiano, en inglés, en retorromano pero no es español-, hace frío -mucho ¿eh?-, comen raro -todavía no sé lo que comí sólo sé cómo se llamaba: rosti-puedo asegurar que la experiencia es molto gratificante. Y extraña. Como es pasar un fin de semana en una ciudad suiza: BASILEA.
Este enclave centroeropeo, cuna de la cultura y del dinero, tiene un encanto especial. Especial por su aspecto descargado del medievo -casas de madera con tejados de pico y ventanas bonitas pero cerradas-, por la tranquilidad que se respira. Tranquilidad. Aquí decimos que en nuestros pueblos parece que la gente no tiene reloj, no llegan tarde a ninún sitio. Allí, en Basel la gente tiene unos relojes de puta madre. Unos pelucos de la hostia como dirían en mi barrio. Pero les da igual. No llegan tarde a ningún sitio. Ni pronto.
Especial también por sus tranvías, por los ojos de hielo de sus gentes -lo reconozco: cuesta mirar a esas morenas con ojos turquesas brillantes a los ojos- por la calidad de vida que hay allí -triste si se indaga un poco el porqué de su riqueza: capitalismo y protestantismo puro y duro- y por que en media hora andando pasas a Francia o a Alemania puesto que superlimita con estos dos países europeos.
Lo pasé bien -lo mejor: la fondue de queso-. Lo peor: hay que tener dinero.
Este enclave centroeropeo, cuna de la cultura y del dinero, tiene un encanto especial. Especial por su aspecto descargado del medievo -casas de madera con tejados de pico y ventanas bonitas pero cerradas-, por la tranquilidad que se respira. Tranquilidad. Aquí decimos que en nuestros pueblos parece que la gente no tiene reloj, no llegan tarde a ninún sitio. Allí, en Basel la gente tiene unos relojes de puta madre. Unos pelucos de la hostia como dirían en mi barrio. Pero les da igual. No llegan tarde a ningún sitio. Ni pronto.
Especial también por sus tranvías, por los ojos de hielo de sus gentes -lo reconozco: cuesta mirar a esas morenas con ojos turquesas brillantes a los ojos- por la calidad de vida que hay allí -triste si se indaga un poco el porqué de su riqueza: capitalismo y protestantismo puro y duro- y por que en media hora andando pasas a Francia o a Alemania puesto que superlimita con estos dos países europeos.
Lo pasé bien -lo mejor: la fondue de queso-. Lo peor: hay que tener dinero.