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Ver la Versión Completa : I parte: un Corcel en la noche (cuento-xXxMaoxXx20-)


Mao20
01-ene-2008, 00:13
Aqui os dejo las aventuras de Miguel eusse.
Aun no lo termino. por que ando disque dandole "estetica a mis relatos"xD

Espero que les guste.


Un Corcel en la noche


La brisa de esa tarde se paseaba en pequeños torbellinos que circundaban el espesor total de la rampa de arena. Ya el tímido sol comenzaba a esconderse en el final de la montaña donde emanaban sus voluptuosos rayos iluminando el cielo. Habíamos estado saltando cicla, pero había una rampa. La magistral; El Tiburón. Ya Castañeda la había saltado en honor a Maria Camila. Estábamos ahora mirando la rampa; bastante alta por cierto. Yo. Midiendo mi valentía. Me imaginaba las miles de caídas posibles. Me imaginaba, un brazo partido, una pierna, todo menos, salir victorioso de ese montón de arenilla.
¡Vamos salta! –Me decía castañeda tocándome el hombro- Hazlo por Angélica, tu puedes.
¡No puedo! –Dije con convicción- Yo siempre me parto algo o me pasa lo peor, pero nunca salgo bien librado.
-Vamos, ¿ No dices que la amas?
Me quede pensando esa pregunta, así que lo peor, que me puede pasar, es tragarme un bultazo en la caída.
Si la amo –Dije mientras me subía a mi cicla- y ¡voy hacerlo!
Me aferré fuertemente al manubrio, sentía la palmadita de Castañeda en mi espalda, respire hondo, saque fuerzas, eche un escupidazo al piso y grite fuerte mientras pedaleaba con fiereza.
¡ ¡ ¡Por Angélicaaaa!!!
El viento golpeaba mi cuerpo y hacia sacudir mi camisa. La cicla se tambaleaba de lado a lado. Cada vez mas cerca estaba la Rampa –El Tiburón. No especulé en nada hasta que llegue a la falda de la rampa. “Me voy a partir la madre”-Pensé. Salté.
En el aire todo era fresco. Pero ese mismo aire, se me subió a la cabeza e hizo que soltara la cicla y caí como una plasta dando botes contra el bulto de arena.
Después, en el piso, todo fue quieto. Me atonte del golpe, pero no sentía dolor, era como una cama. Mire acostado, hacia atrás y vi la cara de Castañeda que hacia señas de Silencio mientras corría hacia mi.
Iba a decirle que me ayudara a parar pero presurosamente me puso sus dos manos en mi boca y me susurro: -Es mejor que no nos vean.
No me levante, pues esas palabras me asustaron. Mas bien. Me senté retirando sus manos.
¿Nos vean quienes? –Dije.
Los paracos –Me dijo mientras mi cuerpo completo se enfriaba, una palabra tan fuerte, tan pequeña y con tanto valor, tanto terror.
Miraba el rostro de Castañeda, que con pequeñez e inocencia se alargaba para mirarlos. Estaban detrás –donde había una pendiente hacia arriba y mas aya la carretera -. Pensé en ellos. Me los imagine en las pupilas de Castañeda. Con su terror. Con su prepotencia. Me acorde de todos esos secuestros. Aun los podía ver. En el reflejo destellante que producían los ojos de mi amigo. Luego, de repente, Castañeda se tiro al piso, como escondiéndose.
¡Hey niño! –Se oyó una voz gruesa.
Mejor salimos –susurro Castañeda.
Nos pusimos de pie( al no tener mas condiciones) y los voltee a mirar. Era una camioneta negra y varios hombres dentro de ella, pero uno solo, se había bajado, era el que nos estaba mirando; se le podía ver, el revolver que descansaba en la cadera.
¿Han visto a una mujer? –Pregunto el tipo, tratando de ser cordial.
Yo en realidad no pude decir una sola palabra.
¡No! –Afirmo Castañeda.
Luego se subió a la camioneta y se escucho una grosería seguida de : ¡Se nos voló!. Arrancaron a toda.
Nuestras miradas se quedaron en el polvo que dejo la fuerza de la desdicha. Ambos recogimos nuestras ciclas.
Te felicito, saltaste el Tiburón –Dijo Castañeda sonriente.
-Si, pero me caí bien bueno.
Después avanzamos hacia el parque Parroquial, donde esperábamos sentarnos y dejar que cayera la noche. Charlamos en el camino. Nuestros cuerpos se perdieron en el final del llano donde vagaba el remolino de recebo.
Llegando al parque(pues faltaba una cuadra), doña Magola venia con Juancho agarrado de la mano, parecía que fueran a visitar al cura.
¿ que onda compadre ? –grito castañeda.
Juancho le dijo algo en el oído a su mama e inmediatamente se vino corriendo hacia nosotros mientras ella seguía su camino.
¿Qué cuentan? –pregunto Juancho.
Mientras escuchábamos a Juancho yo le señalaba a Castañeda que su cicla estaba pinchada, hizo una expresión de “orita la arreglo” y no le presto mucha atención.
Ahí saltando el Tiburón –dije- ¿y usted?
Aburrido en la casa, lo mismo de siempre –Dijo mientras se frotaba el pelo- ¿Tienen algo para hacer esta noche?
Por que no hacemos un campamento y dormimos en la “Montaña” –Dijo castañeda mientras se le iluminaba la mente, parecía tan convencido - Juancho le dice a su mama, que se va quedar en mi casa y Miguel le dice a Doña patricia que se va quedar donde Juancho y yo le digo a mi mama que voy a quedarme con mi nona. ¿trato hecho?
Castañeda lo había dicho con una facilidad que yo, si hubiera tenido miedo alguno ( a ser pillado) no tendría posibilidad a oponerme.
Si –Dije <por que dije que si> pensé, Don Alirio siempre me ha dicho que una respuesta se debe dar con argumentos, yo no tenia alguno. <Coño> volví a pensar.
Yo miro haber si voy –Dijo Juancho mientras corría en dirección por donde se fue su mama- me queda mas fácil a las 10 ¡
Bueno. yo mejor me voy para mi casa a preparar lo de esta noche –Dijo castañeda mientras me daba su mano para despedirme- Lo espero a las 10.

Esta bien, yo le caigo a las 10 en su casa –Dije dándole la mano.
Luego Castañeda se fue por el callejón del “Peluquero”; le decimos así por que en la noche siempre se cuadra Don Fausto (el peluquero del centro, por cierto, amigo de mi mama) con una minifalda y sacándole la mano a todos los carros. Yo le pregunté a mi mama por que él, siendo hombre, hacia eso. Ella me decía que nació así. Le volví a preguntar días después (constantemente), hasta que de un grito me dijo: ¡Por que es Maricon!.

Pero aun seguía la incertidumbre de saber mas aya de lo que me decían, días después le comente a mi papa lo dicho por mi mama. Hubo una discusión en casa.

Vete a donde los pineda –Dijo mi Papa.
Yo no le hice caso alguno. Me pare frente a la casa y me quede escuchando todo pero no entendí nada. Al rato salió mi papa y me vio husmeando.
Ven miguel –Me llamo.
Me dijo: ¿ que quieres saber sobre don Fausto?
Entonces entendí que el problema era por haber preguntado. –¿Tiene Cura?-Dije.
No, en realidad eso no es una enfermedad. El es así por que quiere –Dijo con cierta propiedad mientras prendía un cigarrillo y se entraba de nuevo a la casa. Nunca mas volví a preguntar cosas así.


Comencé el largo trayecto hacia mi casa. Me puse a pensar en todas las poesías que me declamaba Don Alirio. <Si el mundo fuera como el lo dice, todo seria mejor> pensé. También recordé el día que sentados frente al lago de los Monsalve, oí las palabras que emanaron de su cuerpo e hicieron que ambos –Niño y hombre- fuéramos iguales.
Te digo que este Lago, frente a mis ojos, no lo toco aun su imagen este en mi pupila –Me decía Don Alirio mientras yo lo miraba con fascinación- ¿Puedes oír sus ondulaciones que aun sean débiles, fueron causadas por el tormentoso viento?
No –Dije.
Entonces nunca podrás ser Poeta –Me dijo.
Me sentí ofuscado y trate de todas las maneras, responderle como un poeta pero me quede callado, entonces el me dijo:
Sabes, cuando fui niño, mi padre me sentó en este mismo lado –dijo Don Alirio tirando una piedra al lago- y me dijo que la vida es como un lago. Nunca pude entender por que. Pero esas palabras las oigo en mi poesía, son palabras de un viejo campesino. Luego me quede mirando su rostro y una lagrima cayo fértilmente contra el agua. Le pregunte que por que lloraba y el me dijo: Estoy dando un nuevo hijo al lago. Entonces, ahora que estoy grande, puedo recordar esa conversación como poética. Por que fue entre niño y adulto, entre inocencia y dolor.
La tarde completa se paso hablándome de su niñez, eso aun lo recuerdo, por que fue el día que me castigaron por haberme volado de casa.
Ya habiendo caminado bastante y recordado demasiado, llegue a mi casa; de un solo piso, pintada de rosa y con muchas flores en el porche. No había nadie, pero la puerta siempre permanece abierta. Tenemos un perro inmenso de color negro que se para con su lengua afuera y babeando, a vigilar la casa. Se llama rex, el nombre viene de esa ultima palabra de un Dinosaurio que orita no recuerdo.
Entre y recogí algunas cosas, las amontone al lado del televisor. Luego me fui a mi cuarto, donde me bañe y me acosté a dormir un poco.
Soñé algo de verdad muy raro. Todo estaba oscuro por un instante, luego se iluminaba con los rayos del sol, una llanura inmensa –pero seguía oscura-. Después veía hormiguitas caminar en fila militar hacia un árbol, yo no me podía ver, como si fuera una cámara. De repente aparecía una de las hormigas sentada al lado de una tapa de coca cola y aparecía la bandera de los estados unidos. <Bien raro>
Al levantarme eran las 9:45, <Me cogió el tarde> Pensé. Me pare rápidamente y fui al televisor donde estaban todas mis cosas. Mi Papa ya había llegado y estaba metiendo cerveza en la nevera, le había subido volumen al equipo. Mi mama estaba en el patio guardando a Rex, me le acerque y le dije:
-Mama, Juancho me invito a quedarme en su casa
¿Y la mama de Juancho autorizo que te quedaras? –Me pregunto mientras le daba comida a Rex.
Si –Dije( la mama de Juancho, estudio bachillerato con la mía, siempre han sido muy buenas amigas).
Esta bien –Dijo, dándole ánimos a mi suspiro futurista.
Bendición –dije con una sonrisa de oreja a oreja.
Dios lo bendiga –haciéndome la cruz con sus manos en mi cara.
Corrí como una ardilla hacia la casa de Castañeda. Pase por la casa de mi tía Felicia que estaba descansando en la mecedora (se quedo mirándome, pero no me saludo); un día me quede con ella y mi tío ( que en paz descanse). Aun recuerdo. Cuando la puerta se golpeaba fuertemente.
¡Habrá Cabron! -Gritaba Lachito, el Compadre de mi Tío- ¡Habrá! ¡El que las hace, la paga Pendejo!
Yo estaba viendo televisión solo en la sala. Salió del cuarto de mis tíos, mi Tía Felicia. Me hizo señas que le bajara volumen y asomo su delicado rostro por la ventana.
Ya Lachito, por el amor de Dios, no haga mas escándalos –Suplicaba mi Tía, mientras yo podía ver esa lagrima que se sostenía fuertemente- Ya por favor.
Luego, creo que caí en razón. Apague el televisor y comencé a llorar. Cuando de repente sale mi Tío de su cuarto con el revolver del abuelo en la mano. Mi Tía trato detenerlo, pero fue en vano. La retiro del camino, él abrió la puerta, pero antes. Tratando de quitar el candado. La mirada, por ultima vez, de mi Tío Claustro, se quedo fija en la mía. Nos comunicamos en silencio. Su rostro con el mío. Mi dolor con la fuerza de él. No lo detuve.
Salió de la casa.
Escuche muchos tiros sin gritos. Tiros silenciosos.
Toses de muertos. Pude oler el traspaso del balín metálico a la piel. La sangre derramarse.
Mi Tía no quiso salir a mirar que paso. El único fui yo. Salí con mi pijama de cuadritos, en chanclas y vi el cuerpo tirado de mi Tío. Mirando hacia arriba con la boca abierta. Tratando de respirar. Me le senté al lado. No le quise decir nada. Ya todo lo habíamos dicho en una sola mirada. Por eso nunca jamás he vuelto a quedarme en su casa. Solo oía de mis papas que me decían: Tienen malos negocios.
Pero si digo que estoy de malas, el día que me quedo y el día que matan a mi Tio.


Al llegar, Castañeda me estaba esperando en el anden (sentado y con algunas bolsas) , comenzamos la travesía hacia la “Montaña”; aquella se le llamaba así por que es un mini monte, que esta al lado de la carretera –Perdón redundancia-. Tiene arriba, un llano, bastante fastuoso. Con está, era la tercera vez que nos quedábamos una noche allí en ese lugar donde el sonido de los carros que no pasan se quedan como fantasmas en la penumbra. El camino no era muy largo, solo era cruzar el campo de los Bermúdez y se llegaba rápido. Así que no fue mucha demora. Por que corrimos presurosos, pues la ultima vez nos espantaron.
¡Corra, Miguel! –Gritaba Castañeda.
Yo corría como un loco, no podía y no tenia agallas de mirar hacia atrás.
¡Corra Hermanito que las animas! –Seguía gritando.
-¿Cuáles animas? –Dije mientras corría.
-¡Corra, Miguel! ¡Corra!

Partimos con todas las fuerzas, pasamos ese campo sin importar la dirección. Solo escuchaba el zumbido de un grito que fue –Por deducción- un espanto.
Al llegar sin retraso a la Montaña comenzó a sacudirse la oscura noche, por los vientos que se revoloteaban por aquel frondoso llano, donde nos encontrábamos tirados en el verde pastar Castañeda y yo. Un ambiente sombrío y acogedor empapaba nuestro contorno facial con su tenuidad. Seguíamos mirando como pequeños e inocentes, las estrellas. Atendíamos fielmente a los sonidos penetrables que emanaban del silencio. De vez en cuando nos pasamos comida, no para llenarnos, sino para tener algo en que entretenernos. Castañeda acostumbraba a tener malos modales, era un poco grosero y por esa misma razón mi mama no lo quería, siempre me decía –No te juntes con ese niñito, es un mal amigo- Pero en realidad, yo pienso lo contrario.

¿Será que le dieron permiso a Juancho? –Susurro Castañeda mientras tragaba de forma burda, dejando caer pizcas de comida.

¿y por que lo dudas? –dije. Pero no podía contener el molestoso sonido, de la forma de comer de Castañeda e hice una mueca para que se diera cuenta de los asqueroso que se veía.

Pues por que la otra vez que íbamos a jugar fútbol con el combo de Roger, Doña Magola se apareció con la correa y levanto a golpes a el pobre de Juancho, por que dizque no le pidió permiso –Dijo Castañeda Riéndose y abriendo su bocota llena de comida y yo, ya comenzaba a hipnotizarme con el cielo de esa noche- Además, se tiro 7 materias este periodo, no creo que le den permiso.

Es que muy bruto, ¡¡tirarse 7 materias!! –Dije levantándome del pasto- Oiga, deje de comer así de feo, mire que no me deja concentrar.

¿Concentrar en que? –Pregunto Castañeda, dejando la bolsa de comida a un lado.

Pues en las estrellas – Dije con convicción al no tener respuesta oportuna.

Y acaso. ¿usted que mira en las estrellas? –pregunto.

-No se, pero Don Alirio me dijo que si te quedabas mirando una de ellas, te concederían un deseo. –Dije al haber recordado las palabras de Don Alirio, entonces comenze a mirar con mis pequeños ojos –Las estrellas-.

No le creas todo a ese loco –Dijo Castañeda- Es desaseado, aun mas que yo. Además ¿Has leído sus poemas? Meras pende jadas, solo escribe lo que tiene en esa cabeza. Un tornillo suelto.

Me quede callado por un momento, escuchaba las palabras de Castañeda retumbando febrilmente por mi cabeza, pasaban en sus ondulaciones, golpeando –como si eso fuera- un tambor. Luego pude ver a esa hermosa estrella, desplegarse y disolverse por mi pupila abarcando toda la magnitud de mi vista con su blanco destellante. Me quede atónito a la idea de pensar, “Si pides un deseo, se te concederá” Dijo ese poeta loco y desaseado, que vivía al frente de mi casa. El tiempo que dure en transe, aun no lo recuerdo, solo, dificultosamente, repaso ese aullido sollozo que gritaba en silencio, mientras el frió de esa noche, se quedaba adherido a mi piel, como otra capa. Luego caí en razón e iba pedir mi deseo cuando...

¡Llego Juancho! ¡Llego Juancho! –Gritaba Castañeda mientras le hacia señas- ¡Juancho! Aquí...Aquí!

Juancho se vino corriendo hacia nosotros.

Creo que me saludo y luego a Castañeda. Pero volví a mirar, a esa estrella, que ahí quieta, me llamaba. Me quede observándola, mientras veía borrosamente a Juancho y Castañeda mirar algo con extrañes, pero seguí de nuevo en mi transe. Seguí mirándola, mientras tambaleaba bruscamente, de lado a lado, mi deseo. No sabia que pedir, no tenia nada que pedir, todo lo tengo, una familia, buenos amigos. Luego, me acuerdo que por un momento me quede solo, no veía a ninguno de mis amigos, pero no podía dejar de mirar... Mis ojos cansados, pero la fuerza del querer observar a ese objeto inmóvil que iluminaba sutilmente la noche, era mucha, demasiada. Luego creo, que susurre -<estrella>-, si, eso hice. No estoy seguro.
Pero después un grito me saco jalado de ese transe.

¡Venga! ¡Venga! –Me dijo Juancho haciendo me señas. Camine hacia ellos, que se encontraban tirados en un matorral mirando a la carretera.
¿Qué pasa? –Pregunte con exilies.
Pero ninguno me respondió, por que al instante, mire la carretera y vi una camioneta negra( la reconocí de inmediato, era la misma de la tarde) ; los mismos hombres, tenían el baúl abierto y borrosamente podía ver, una bolsa con algo muy grande, estaban mirando el baúl y hablando entre ellos. El pelo de mi piel se erizo, comencé a sentir esa debilidad que inundo rápidamente todo mi cuerpo, no dije nada, por que tampoco ninguno dijo nada. Nos limitábamos, a mirar.
Luego vi, que esos hombres sacaban la bolsa, que se movía de lado a lado. Tuve el instante de salir corriendo o decirles a mis amigos que dejáramos de mirar. pero un sentimiento, embriagaba mis acciones. Uno de los hombres, arranco una parte de la bolsa y dejo ver el rostro frágil de una mujer. El mismo, que se encontraba parado al frente de ella. Saco un Revolver y le disparo fríamente un tiro en la cabeza.
Todos nos quedamos sorprendidos. Solo recuerdo la grosería de Castañeda.
¡Ahí marica, la mato!.
Luego vi que Juancho salió corriendo sin mediar una sola palabra, yo lo seguí como alma en pena y castañeda corrió junto a mi, llorando.
No le pregunte, por que lloraba, solo corría y corría. Sin cansarme.
De vez en cuando escuchaba las palabras sabias de Castañeda que salían descarriadas entre tanta lagrima que se resbala por su mejilla.
¡La mato huevon! ¡La mato!

Llegamos al poblado e inmediatamente al barrio, seguíamos corriendo. Castañeda ya había dejado de llorar. Llegamos al parque León y ahí nos separamos, solo las palabras de Juancho:
-Nadie vio nada, ¡ cayetano!
Corrí a mi casa y aun no estaba cansado. Llegue y la puerta estaba abierta, mis papas estaban afuera con unos amigos, tomando cerveza y escuchando vallenato. Entre sin decir palabras, solo mi mama me dijo:
¿No te ibas a quedar en la casa de Juancho?.Pero su mensaje paso despavorido por mi mente.
Pase de largo, entre a mi calmado y sereno cuarto, bastante agitado estaba. Me puse la pijama, arregle la cama
No me molesten -grite e inmediatamente me acosté a dormir.

La música seguía tronando dentro de mi cuarto. No me dejaba concebir sueño. Vi que las ventanas estaban abiertas, me levante con las sabanas en mano y las cerré. Luego me volví a acostar.
Ya el tono del ruido había cesado. Comencé un largo trayecto de cansancio. Que me dejo privado en la completa y total quimera. Soñé; Un llano inmenso ( igualito al anterior divagado), otra vez las hormigas caminando en fila india (militar –si se le puede decir-), marchaban a compás de los estruendosos y tormentosos huracanes de viento que resoplaban a lo largo del césped. Después, de tanto mirarlas, apareció la hormiga sentada al lado de la tapa de coca cola y de un cisco me levante presuroso de la cama.

Cojones, otra vez las hormigas –Dije, mientras me quedaba estupefacto al ver que ya era de día. Me estire un poco mientras bostezaba con orgullo desaliento. Tendí la cama (pues la ultima vez, me castigaron una semana, por no hacerlo). Me bañe y me puse la camisa del Cúcuta Deportivo que me había regalado el tío Claustro, pocos días antes de su muerte.
Luego salí victorioso de mi cuarto –bien perfumado- y me di cuenta que la casa estaba en silencio.
¡Papa! –Grite asustado- ¡Mama! ¡Desayuno!
Fui al cuarto de ellos y ahí estaban tirados como un desperdicio mas del alcohol. <Me tocara hacerles el desayuno>Pensé. Fui al patio y saque a Rex.
Tu me cuidas –Dije.
Después salí al frente de la casa, donde estaban un centenar de latas de cerveza, regadas por todos lados. Tuve la ardua tarea de ponerme a recogerlas, cuando de repente pasa por donde mis ojos estaban viendo;
Angélica, acompañada de sus padres. Me quede mirándola con ese estupor que mi poca valentía emanaba al saber que no seria capaz nunca de hablarle. Mientras recogía con una bolsa de Basura, las latas de cerveza, Angélica se quedaba mirándome con esa sonrisa angelical que irradia su delicado rostro. Don Fernando –así se llamaba el papa de Angélica-, era buen amigo de mi Tío Horacio ( que por cierto se había ido de cura en el extranjero).

Miguel, crea una cuenta en Internet para que nos podamos comunicar –Dijo mi Tío Horacio (Vestido ya con sotana), mientras deslizaba su brazo hacia mi bolsillo para darme dinero.
“Por favor, El vuelo a España” –Se oyó la voz de una maquinita.
Si tío, yo mismo lo haré –Dije mientras mis papas lo abrazaban.
Agarro su maletera, camino hasta la puerta del avión y desde allí nos volteo a mirar, sacudiendo su brazo derecho.
Se esta despidiendo –Dijo mi Papa al ver que a mi mama se le dificultaba observarlo con claridad.
Días después, camine con mis 10 mil pesos, al café Internet de la esquina. Iba acompañado de Juancho y de Paco.
Paco tenia en sus manos el billete y lo admiraba con esa inocencia:
¿ Como los harán? –Pregunto.
Los mandan hacer –Afirmo con evidencia Juancho- Por eso el Presidente es Rico, manda hacer todos los que pueda.
¿ Como le pagan al que hace los billetes? –Pregunto impaciente Paco.
Lo amenazan –Replico Juancho con propiedad- Aquí en este país amenazan a todos.
¿Y si lo matan? –Insistía Paco- ¿Quién los hace?
Le sacan fotocopia a los que ya están hechos –Decía Juancho con un poder de convencimiento Bárbaro, que hizo esfumar la idea que yo tenia; los billetes vienen de los árboles, <Como me pude imaginar esa tontada> Pensé.
Entramos al café Internet; Tenia 3 computadores (de color blanco y enormes), uno de ellos tenia cámara: El de Cámara –Afirmo Paco.
Nos sentamos mientras Paco le mostraba el Billete al dueño del local. Al ver que teníamos dinero para pagar, nos puso tiempo. Quedamos unos 5 minutos sin saber manejarlo. ¿Cómo se usa? –Pregunto Juancho al Dueño.
El se acerco muy amablemente: ¿qué quieren hacer? –pregunto el Dueño.
Yo quiero ver nalgas –Me susurro Paco.
Nada de eso –Dije- Mi tío esta en España, quiero crear una cuenta para poder hablar con el.
En fin, el dueño nos hizo la cuenta. Pero no pude hablar con el (y los motivos sobraron). Nos entretuvimos mirando la pantalla y moviendo el mouse. Terminamos apostando carreras con esa flecha blanca que se movía dentro.

Miguel ¿ No quieres ir a misa? –Dijo Don Fernando mientras se detenía un rato frente a mi casa. Yo quede totalmente congelado, pues no aguantaba la mirada de Angélica.
No, Señor –Dije mientras ponía la bolsa de latas en el pote de la basura.
-Bueno, tu sabes que siempre serás bienvenido.
Siguieron su camino. Yo entre a la casa, me estaba preparando para hacer el desayuno, cuando de la puerta sale mi mama con una cara –de haber sido atropellada-:
¡Deja! ¡Deja!, yo lo hago. Toma y compra algo para ti, por que tu papa y yo no tenemos mucha hambre –Dijo mientras contaba el dinero con los ojos medio cerrados.

Salía de la casa con el dinero en la mano. Entonces se me apareció un hombre flaco y desgarrado por la vejez que aparenta, con una ropa desmigajada, un rosario colgando en el pecho y con los brazos arriba en los cuales tenia una Biblia.
¡Todos vamos a morir! ¡Todos vamos a morir! –Gritaba mientras yo me escondía detrás de un árbol. No había nadie caminando por esa calle, solo ese tipo y yo. Entonces paso lo que estaba presintiendo. El tipo se quedo mirándome (al ser el único que estaba cerca) y se fue acercando en un silencio que ya me estaba preocupando. Se puso en el otro lado del árbol y acerco su oído al tallo marrón y esbelto. Se quedo callado y tuve la mala fortuna de preguntar:
-¿Qué quiere?
¡Todos vamos a morir! ¡Todos vamos a morir! –Grito mientras me correteaba por toda la calle. Yo corría como alma en pena. Cruzando la calle de Niza (tres cuadras mas de mi casa), estaba la pareja perfecta. Yo corriendo como un endemoniado y un verdadero endemoniado corriendo detrás mío. Me sentía asfixiado con la respiración que podía percibir tan cercana. No tuve tiempo de pensar, solo corría. Vi a castañeda que empezaba a tirar le piedras al Loco (Como se le bautizo), entonces seguía gritándole pero ya había cesado su tropel.
¡vaya muérase usted! –Gritaba Castañeda mientras tiraba piedras con esa habilidad que lo distingue.

Nicholas Flamel
01-ene-2008, 02:36
Esta muy bueno ^^
Eres capaz de superar todos los errores que suelo cometer en mis escrituras. Me gustaria escribir como tu XDD
Creo que uno de mis grandes problemas es mi inpaciencia, que por lo que veo tu no la posees.
Te felicito y te admiro, escribes muy bien.
Solo me gustaria hacer pequeñas observaciones, con la intención de ayudarte a mejorar.
Una de las observaciones es que me dio la impresion de que no separaste de forma correcta lo que era un recuerdo y lo que no, en fin un pequeño detalle.
Otra observación es el error que cometiste al desarrollar ampliamente ciertas escenas y otras describirlas rapidamente, se crea una "asimetria"
Esas son mis humildes criticas, esperando a que te sirvan, me despido

Mao20
04-ene-2008, 03:38
Gracias por tus palabras.

Este cuento lo pienso dejar en remojo un tiempo determinado.
Pues como dije, ando escribiendo mas serio (sin tanta alegria xD -ya llevo un relato bastante melancolico- claro que a mi manera :)).

Me gusta escribir un proyecto, dejarlo aislado y luego revisarlo, corregirlo y seguir su segunda parte. Pues no es que tenga el tiempo suficiente para escribir, mis padres me lo impiden.

de todos modos un Abrazo desde colombia Mauro.