Vixen
26-ago-2008, 04:04
No estoy seguro de publicar este relato en Narrativa o en Ensayo, pido a los moderadores mis disculpas si lo publiqué en sitio erróneo.
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Luchador nato, contribuyente del espíritu liberalista y colaborador abierto de los derechos humanos, cometió en 18xx un crimen ilegitimo teniendo origen este en una falsa legitimidad inherente a todo ser humano…
El joven con aspiraciones, comenzó su lucha contra las leyes discriminatorias a las que estaba sumida su gente. Siempre sujeto a la fidelidad del sentido común, consciente de sus principios y derechos empezó a redactar sus ideas y de este modo reclamó su resistencia. Abolía la supremacía del hombre tirano sobre cualquier otro, y daba esperanzas a cientos de personas que se defendían como podían contra la injusticia. Por este motivo fue condenado a varios años de prisión, que no hicieron otra cosa que su caso fuera de repente mundialmente conocido. Numerosos escritores, periodistas, intelectuales y seguidores de la declaración de los derechos humanos reclamaron la liberación inmediata, pero, él se encontraba en un país dominado por un régimen totalitario que no permitía el desarrollo de un poder minoritario que entorpecía con los pensamientos absolutistas del gobierno.
El muchacho sonreía impávido ante sus secuestradores, sentía que sus ideas atraían a grandes multitudes a luchar por la libertad y la liberación. Sus palabras concitaban al pueblo contra la injusticia y contribuyeron a reformar e instituir una nueva forma de gobierno.
Torturado en varias ocasiones para obtener su silencio, no tuvieron garantía de ello. En su celda escribía con el candor de un niño, palabras que se clavaban en las hojas, incrustándose en estas como si estuviesen hechas para esas letras, espirando con fuerza y redactando las ultimas palabras inenarrables. Aunque sabía que esa misma noche iba a morir y que su último escrito podría con toda garantía ser pasto del fuego, él se sentía pleno, y aciago por las luchas armadas que se estaban dando en su pueblo. Así el destino lo quiso y un fatídico día de abril nuestro disidente murió de la manera mas perversa posible.
Su último escrito fue deportado y descubierto en unas excavaciones recientes, a pesar de tener las hojas agrietadas y deterioradas, el significado permanecía intacto, su pensamiento explotaba así:“[...] la consciencia de la revolución es el único modo para conocer la verdad, y la verdad nos hará libres... [...]” estas palabras provocaron numerosos actos de solidaridad con la libertad de opinión y resonaron profundamente y con un gran eco. Sosteniendo como evidente una verdad legítima e inherente a todos, teniendo origen a su vez en una ilegítima verdad. La libertad.
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Luchador nato, contribuyente del espíritu liberalista y colaborador abierto de los derechos humanos, cometió en 18xx un crimen ilegitimo teniendo origen este en una falsa legitimidad inherente a todo ser humano…
El joven con aspiraciones, comenzó su lucha contra las leyes discriminatorias a las que estaba sumida su gente. Siempre sujeto a la fidelidad del sentido común, consciente de sus principios y derechos empezó a redactar sus ideas y de este modo reclamó su resistencia. Abolía la supremacía del hombre tirano sobre cualquier otro, y daba esperanzas a cientos de personas que se defendían como podían contra la injusticia. Por este motivo fue condenado a varios años de prisión, que no hicieron otra cosa que su caso fuera de repente mundialmente conocido. Numerosos escritores, periodistas, intelectuales y seguidores de la declaración de los derechos humanos reclamaron la liberación inmediata, pero, él se encontraba en un país dominado por un régimen totalitario que no permitía el desarrollo de un poder minoritario que entorpecía con los pensamientos absolutistas del gobierno.
El muchacho sonreía impávido ante sus secuestradores, sentía que sus ideas atraían a grandes multitudes a luchar por la libertad y la liberación. Sus palabras concitaban al pueblo contra la injusticia y contribuyeron a reformar e instituir una nueva forma de gobierno.
Torturado en varias ocasiones para obtener su silencio, no tuvieron garantía de ello. En su celda escribía con el candor de un niño, palabras que se clavaban en las hojas, incrustándose en estas como si estuviesen hechas para esas letras, espirando con fuerza y redactando las ultimas palabras inenarrables. Aunque sabía que esa misma noche iba a morir y que su último escrito podría con toda garantía ser pasto del fuego, él se sentía pleno, y aciago por las luchas armadas que se estaban dando en su pueblo. Así el destino lo quiso y un fatídico día de abril nuestro disidente murió de la manera mas perversa posible.
Su último escrito fue deportado y descubierto en unas excavaciones recientes, a pesar de tener las hojas agrietadas y deterioradas, el significado permanecía intacto, su pensamiento explotaba así:“[...] la consciencia de la revolución es el único modo para conocer la verdad, y la verdad nos hará libres... [...]” estas palabras provocaron numerosos actos de solidaridad con la libertad de opinión y resonaron profundamente y con un gran eco. Sosteniendo como evidente una verdad legítima e inherente a todos, teniendo origen a su vez en una ilegítima verdad. La libertad.