NeverMore
26-ago-2008, 03:39
Hoy Joey me ha saludado, el mismo Joey sanzoni, ¿No sabéis quien es? ¿No lo conocéis?, vaya pues si planeáis venir a vivir a San Diego tendréis que conocerlo. Y digo que tendréis que conocerlo, porque tarde o temprano el te conoce, y creedme es mejor que tu te des a conocer. Si queréis que os recomiende una buena carta de representación, ir a la calle Murray y paraos en la casa 21, allí dejar sobre unos 300 dólares junto con una foto y los motivos que os traen a San Diego, si son razonables recibiréis una as de picas mediante correo. Guardad bien esa carta y no la perdáis nunca, es la bendición de nuestro querido Joey.
Tarde o temprano notareis que hay mucho gilipollas en esta ciudad, ya sabéis, inmigrantes y yanquis. Esa clase de mierda que invade las calles, o mejor dicho, que invade tu calle ahora mismo. Digamos que Joey es el barrendero y limpia toda la basura que cubre el territorio que marca su as de picas. Recordad llevar esa carta cada vez que abráis la puerta, si es alguna escoria intentando perjudicaros tan solo tenéis que enseñarle la carta. Creedme no dispararan hasta estar seguros de que esa casa no esta bendecida, y si le enseñáis la carta, por muy drogado que vaya saldrá corriendo como si el diablo estuviese persiguiéndolo y en cierto modo es así.
Recuerdo que al último, un tal marshall, un tipo que atraco a un bendito, le llevaron al zoo. Lo tiraron a las pirañas y lo sacaron justo a tiempo para tirarlo a los tiburones. Me acuerdo que decíamos que aquel tipo era tan desgraciado, que le habían comido los peces pequeños y los peces grandes. Eso paso hace 4 meses, los delincuentes saben que esta es la ciudad de Joey, y se aplica la Ley de Picas. Y no solo ellos, también lo sabe cada individuo de esta ciudad sin importar su profesión o estatus social. Y ahora también lo sabéis vosotros.
Como sabéis toda ley tiene sus derechos y sus deberes, ahora toca que os lea vuestros deberes. Veréis toda esta protección no es gratis, y tampoco es barata. Aunque eso ya lo sabíais de antemano, seguro que os estabais haciendo una idea. No soy un tipo muy charlatán, de modo que iré al grano, el tributo consta de 100 dólares cada mes con un suplemento de 50 dólares en cada fiesta extraordinaria, incluyendo la fiesta de San Genaro. Ya se que puede pareceros excesivo, pero pensadlo bien, os estamos ofreciendo la invulnerabilidad. Si sois chicos listos lo aceptareis, es una oferta que no podéis rechazar, o estáis con Joey o estáis fuera de San Diego. Porque si no estáis en una de esas dos eventualidades es que estáis descansando en un cajón de pino.
Aquello fue lo que me dijeron en cuanto entre en San Diego, que era la ciudad de Joey Sanzoni y que debía aprendérmelo de memoria. Me aseguraron miles de veces que debía ajustarme a las reglas, que hombres mejores que yo ya habían muerto. Que jugaba con el diablo y me iba a quemar tarde o temprano.
La verdad es que yo nunca tuve intención de vivir bajo el ala de Joey, yo era joven y venia a triunfar. Lo quería todo, venia a dar el gran golpe. Quería todo el pastel, y aunque me advirtieron que me empacharía, tiene un sabor delicioso, ¿Qué como lo se?
Me alegro de que os lo preguntéis, yo y los chicos comenzamos como comienzan todos los jóvenes traidores. Ganándonos la confianza de nuestra presa, comenzamos a jugar para Joey y el viejo estaba encantado. Reconozco que éramos los mejores, matábamos lo necesario, no abríamos la boca, éramos precavidos y sobretodo éramos leales. Nuestro compromiso nos llevo a vender hasta los peces gordos que nos prometían grandes sumas a cambio de traicionar a Joey. Pero siempre nos negamos y siempre delatábamos, durante una época Joey nos considero sus hijos perdidos. Incluso llegamos a vivir en la mansión de Joey.
He de admitir que aquella vida estaba muy bien, gozábamos de los beneficios y jamás había perjuicios. Las mujeres, la droga, la fama y el dinero venían como el agua de un riachuelo, éramos chicos listos. Éramos tan listos que ni el mismo viejo venia lo que se le acercaba por la espalda. Aunque el tipo también era un chico listo, yo estaba seguro de que sabía algo, aunque no me preocupaba. Por lo visto el viejo nos tomo tanto cariño que decidió intentar hacernos cambiar de opinión antes de intentar matarnos. Os juro que llegue a pensar en la posibilidad de seguir así, de no comer más pastel, sin embargo como mi padre me decía siempre fui un goloso.
Lo que me motivo por completo ocurrió la semana pasada, en una comida familiar, recuerdo que Joey se acerco a mi con los brazos abiertos y me abrazo con fuerza. Hasta aquí todo era normal, el problema vino después cuando me dio una pequeña bofetada en la cara, lo había hecho otras veces y no paso nada, pero esta vez sentí algo especial.
No os voy a engañar sentí una gran cantidad de menosprecio en aquella cachetada, como si me mirase desde arriba y contemplase a un crío que no entiende una mierda. Tuve que cerrar el puño con fuerza y salir a la calle tras eso. Aquello era una gran humillación por parte del viejo, y decidí que destaparía la sorpresa.
Al día siguiente conseguí reunir a mis tres chicos, mis chicos listos, mis hermanos. Basta decir que pasados diez minutos eran mis difuntos hermanos. Recuerdo que mientras el viejo lloraba en mi hombro durante el funeral, le lleve al coche y le deje inconsciente. Se despertó en el zoo, a punto de caer en el foso de las pirañas. Al fin y al cabo es una buena idea. Pero lo mejor no fue su muerte, ni mi ascenso gracias a su testamento.
Lo mejor fue sin duda, la bofetada que le di antes de caer al vacío. Y su mirada comprendiendo quien era yo y quien fui siempre. Su sucesor, su hijo, su confesor, su socio, su traidor, su asesino y ante todo un chico mas listo que el.
Tarde o temprano notareis que hay mucho gilipollas en esta ciudad, ya sabéis, inmigrantes y yanquis. Esa clase de mierda que invade las calles, o mejor dicho, que invade tu calle ahora mismo. Digamos que Joey es el barrendero y limpia toda la basura que cubre el territorio que marca su as de picas. Recordad llevar esa carta cada vez que abráis la puerta, si es alguna escoria intentando perjudicaros tan solo tenéis que enseñarle la carta. Creedme no dispararan hasta estar seguros de que esa casa no esta bendecida, y si le enseñáis la carta, por muy drogado que vaya saldrá corriendo como si el diablo estuviese persiguiéndolo y en cierto modo es así.
Recuerdo que al último, un tal marshall, un tipo que atraco a un bendito, le llevaron al zoo. Lo tiraron a las pirañas y lo sacaron justo a tiempo para tirarlo a los tiburones. Me acuerdo que decíamos que aquel tipo era tan desgraciado, que le habían comido los peces pequeños y los peces grandes. Eso paso hace 4 meses, los delincuentes saben que esta es la ciudad de Joey, y se aplica la Ley de Picas. Y no solo ellos, también lo sabe cada individuo de esta ciudad sin importar su profesión o estatus social. Y ahora también lo sabéis vosotros.
Como sabéis toda ley tiene sus derechos y sus deberes, ahora toca que os lea vuestros deberes. Veréis toda esta protección no es gratis, y tampoco es barata. Aunque eso ya lo sabíais de antemano, seguro que os estabais haciendo una idea. No soy un tipo muy charlatán, de modo que iré al grano, el tributo consta de 100 dólares cada mes con un suplemento de 50 dólares en cada fiesta extraordinaria, incluyendo la fiesta de San Genaro. Ya se que puede pareceros excesivo, pero pensadlo bien, os estamos ofreciendo la invulnerabilidad. Si sois chicos listos lo aceptareis, es una oferta que no podéis rechazar, o estáis con Joey o estáis fuera de San Diego. Porque si no estáis en una de esas dos eventualidades es que estáis descansando en un cajón de pino.
Aquello fue lo que me dijeron en cuanto entre en San Diego, que era la ciudad de Joey Sanzoni y que debía aprendérmelo de memoria. Me aseguraron miles de veces que debía ajustarme a las reglas, que hombres mejores que yo ya habían muerto. Que jugaba con el diablo y me iba a quemar tarde o temprano.
La verdad es que yo nunca tuve intención de vivir bajo el ala de Joey, yo era joven y venia a triunfar. Lo quería todo, venia a dar el gran golpe. Quería todo el pastel, y aunque me advirtieron que me empacharía, tiene un sabor delicioso, ¿Qué como lo se?
Me alegro de que os lo preguntéis, yo y los chicos comenzamos como comienzan todos los jóvenes traidores. Ganándonos la confianza de nuestra presa, comenzamos a jugar para Joey y el viejo estaba encantado. Reconozco que éramos los mejores, matábamos lo necesario, no abríamos la boca, éramos precavidos y sobretodo éramos leales. Nuestro compromiso nos llevo a vender hasta los peces gordos que nos prometían grandes sumas a cambio de traicionar a Joey. Pero siempre nos negamos y siempre delatábamos, durante una época Joey nos considero sus hijos perdidos. Incluso llegamos a vivir en la mansión de Joey.
He de admitir que aquella vida estaba muy bien, gozábamos de los beneficios y jamás había perjuicios. Las mujeres, la droga, la fama y el dinero venían como el agua de un riachuelo, éramos chicos listos. Éramos tan listos que ni el mismo viejo venia lo que se le acercaba por la espalda. Aunque el tipo también era un chico listo, yo estaba seguro de que sabía algo, aunque no me preocupaba. Por lo visto el viejo nos tomo tanto cariño que decidió intentar hacernos cambiar de opinión antes de intentar matarnos. Os juro que llegue a pensar en la posibilidad de seguir así, de no comer más pastel, sin embargo como mi padre me decía siempre fui un goloso.
Lo que me motivo por completo ocurrió la semana pasada, en una comida familiar, recuerdo que Joey se acerco a mi con los brazos abiertos y me abrazo con fuerza. Hasta aquí todo era normal, el problema vino después cuando me dio una pequeña bofetada en la cara, lo había hecho otras veces y no paso nada, pero esta vez sentí algo especial.
No os voy a engañar sentí una gran cantidad de menosprecio en aquella cachetada, como si me mirase desde arriba y contemplase a un crío que no entiende una mierda. Tuve que cerrar el puño con fuerza y salir a la calle tras eso. Aquello era una gran humillación por parte del viejo, y decidí que destaparía la sorpresa.
Al día siguiente conseguí reunir a mis tres chicos, mis chicos listos, mis hermanos. Basta decir que pasados diez minutos eran mis difuntos hermanos. Recuerdo que mientras el viejo lloraba en mi hombro durante el funeral, le lleve al coche y le deje inconsciente. Se despertó en el zoo, a punto de caer en el foso de las pirañas. Al fin y al cabo es una buena idea. Pero lo mejor no fue su muerte, ni mi ascenso gracias a su testamento.
Lo mejor fue sin duda, la bofetada que le di antes de caer al vacío. Y su mirada comprendiendo quien era yo y quien fui siempre. Su sucesor, su hijo, su confesor, su socio, su traidor, su asesino y ante todo un chico mas listo que el.