Mao20
22-ago-2008, 03:10
Soy nuevo por estos lados, Un saludo.
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La muerte es el peso que todos cargamos para poder ser la existencia y procrear lo que somos y lo que tenemos a nuestro alrededor, de cómo se desvanece su significado en un objeto; una silla, una mesa, un lápiz, una cancha monótona, llena de abstracciones efímeras en el devenir propio de nuestro materialismo garrafal. Somos inmensos si queremos ser estudiados, pasamos tiempos buenos y el autoestima o el psicoanálisis adquirido del yo, el ello y el súper-yo, empiezan con las ordenes, hasta que desde el diminuto musculo de la cara hasta el más prolongado de aquella se retuerza y forme algo parecido a una sonrisa. La angustia nos corroe, la tristeza. La esperanza nos da la luz en lo que hacemos con nuestros sentidos, que a veces parece castigo de un tercero.
Ultrajamos de nuestra propiedad del tiempo y acaso el instante, se nos llena y estamos incapaces de contabilizarlo, en un minuto, detenernos, para ver los años que el hombre recorre en sus menos de 100 años (pues la peste nuestra, es tan nuestra que ya nos disponemos) y ver desde lejos; rezar, arrodillarse, mirar al cielo, a un Dios mudo, sigiloso, indiferente de lo que aquí pasa, o porque no mejor, ver como desde la cuna los niños se mueren agonizantes, se mueren no de una muerte distinta a la que nos espera, es la misma que esta parada junto a nosotros en el parque de arboles tácitos, baldosas secas y frías, en el bus que nos trae a casa, desde la ventana ¿alguien ha pensado? (no, “quiénes somos”, pues sería ridículo plantear una filosofía decorativa en plena época… ) ¿En nuestra muerte? ¿En la de los otros? Pues somos plenamente vida y nada le hace daño al otro, si a nosotros no nos pasa nada: … se nos está muriendo el humanismo…
Mauro Uribe
Derechos de autor
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La muerte es el peso que todos cargamos para poder ser la existencia y procrear lo que somos y lo que tenemos a nuestro alrededor, de cómo se desvanece su significado en un objeto; una silla, una mesa, un lápiz, una cancha monótona, llena de abstracciones efímeras en el devenir propio de nuestro materialismo garrafal. Somos inmensos si queremos ser estudiados, pasamos tiempos buenos y el autoestima o el psicoanálisis adquirido del yo, el ello y el súper-yo, empiezan con las ordenes, hasta que desde el diminuto musculo de la cara hasta el más prolongado de aquella se retuerza y forme algo parecido a una sonrisa. La angustia nos corroe, la tristeza. La esperanza nos da la luz en lo que hacemos con nuestros sentidos, que a veces parece castigo de un tercero.
Ultrajamos de nuestra propiedad del tiempo y acaso el instante, se nos llena y estamos incapaces de contabilizarlo, en un minuto, detenernos, para ver los años que el hombre recorre en sus menos de 100 años (pues la peste nuestra, es tan nuestra que ya nos disponemos) y ver desde lejos; rezar, arrodillarse, mirar al cielo, a un Dios mudo, sigiloso, indiferente de lo que aquí pasa, o porque no mejor, ver como desde la cuna los niños se mueren agonizantes, se mueren no de una muerte distinta a la que nos espera, es la misma que esta parada junto a nosotros en el parque de arboles tácitos, baldosas secas y frías, en el bus que nos trae a casa, desde la ventana ¿alguien ha pensado? (no, “quiénes somos”, pues sería ridículo plantear una filosofía decorativa en plena época… ) ¿En nuestra muerte? ¿En la de los otros? Pues somos plenamente vida y nada le hace daño al otro, si a nosotros no nos pasa nada: … se nos está muriendo el humanismo…
Mauro Uribe
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