Walter
20-ago-2008, 20:26
He leído con mucha atención el cuento mencionado (http://www.forodeliteratura.com/showthread.php?t=3161), y lamento no poder comentarlo con Rebeca, que ha sido baneada.
En frases cortas, como ráfagas, Rebeca nos muestra las últimas horas de Carolina. Encerrada en un mundo “perfecto”, a su imagen y semejanza. Todo está ordenado “cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa”, así vive la protagonista, entre superficies pulidas y latas colocadas en fila.
Carolina sabe que hay otro mundo “ahí fuera”, pero trata de evitarlo despreciando a sus vecinos. Cualquier alteración de su rutina es vivida como una cuestión trascendental y, sobre todo como una perturbación del orden establecido.
Sin embargo, Carolina “escucha ruidos”. Ruidos provenientes de no se sabe dónde (es ella quien no lo sabe). Algo parece acecharla. La acecha.
Carolina muere por la ruptura casual de esa estructura rígida. La mata un inocente muñeco de peluche que no está en el lugar asignado.
Freud habla de lo siniestro como algo familiar que, de pronto, se vuelve amenazador.
Oscar Wilde dijo “la realidad imita al arte”. Esa frase, por su valor, alcanzaría para justificar cualquier otra que el escritor hubiera acuñado.
“La realidad imita al arte”
Traje esto a colación porque se me ocurrió establecer un paralelismo entre este foro, el departamento de la protagonista, los temores de Carolina y el accionar de la administración.
Lo perturbador, lo siniestro, parece ser el que cualquier usuario, si vierte una opinión contraria al canon impuesto, pasa de amigo a enemigo ipso facto, y se vuelve objeto de observación y vigilancia.
Quien quiera oír, que oiga.
Walter
En frases cortas, como ráfagas, Rebeca nos muestra las últimas horas de Carolina. Encerrada en un mundo “perfecto”, a su imagen y semejanza. Todo está ordenado “cada cosa en su lugar y un lugar para cada cosa”, así vive la protagonista, entre superficies pulidas y latas colocadas en fila.
Carolina sabe que hay otro mundo “ahí fuera”, pero trata de evitarlo despreciando a sus vecinos. Cualquier alteración de su rutina es vivida como una cuestión trascendental y, sobre todo como una perturbación del orden establecido.
Sin embargo, Carolina “escucha ruidos”. Ruidos provenientes de no se sabe dónde (es ella quien no lo sabe). Algo parece acecharla. La acecha.
Carolina muere por la ruptura casual de esa estructura rígida. La mata un inocente muñeco de peluche que no está en el lugar asignado.
Freud habla de lo siniestro como algo familiar que, de pronto, se vuelve amenazador.
Oscar Wilde dijo “la realidad imita al arte”. Esa frase, por su valor, alcanzaría para justificar cualquier otra que el escritor hubiera acuñado.
“La realidad imita al arte”
Traje esto a colación porque se me ocurrió establecer un paralelismo entre este foro, el departamento de la protagonista, los temores de Carolina y el accionar de la administración.
Lo perturbador, lo siniestro, parece ser el que cualquier usuario, si vierte una opinión contraria al canon impuesto, pasa de amigo a enemigo ipso facto, y se vuelve objeto de observación y vigilancia.
Quien quiera oír, que oiga.
Walter