mariaelena
31-ene-2008, 18:49
Charlando con un amigo virtual me dijo aproximadamente esto y quiero compartirlo con ustedes;
"Hace mucho tiempo aprendí que casi todas las batallas están perdidas de antemano, y no hace poco tiempo comprendí que no por ello hay que dejar de lucharlas.
En lo que respecta a la táctica y a la estrategia para mantener la esperanza bien afilada, llegué a la conclusión de que cuando se descubre - como a la larga se descubre - que el camino no es camino ni el proyecto realizable; o cuando la verdad nos pone de rodillas - como casi siempre lo hace - una de dos: o inventamos una razón de peso para todo lo que pensamos y hacemos, o nos hundimos para siempre en el pántano de los hechos consumados.
Recuerdo con nitidez el lejano día en el que contemplando el mundo desde la epidermis de mi primera juventud, llegué a la conclusión definitiva de que la vida no tiene ninguna justificación, y ante tal descubrimiento decidí plantarle cara al "destino", inventándole un sentido al sinsentido.
Con el pasar de los años llegué al punto de olvidar que ese fundamento que le atribuimos tanto a los actos que practicamos como a las ideas que fabricamos; tanto a las conductas que explicitamos como a los proyectos que desarrollamos, no es más que un desesperado ejercicio de supervivencia, y algunas veces hasta llegué a imaginar que el muchachito de 15 años que todavía dirige la orquesta de mi vida estaba completamente equivocado.
Hoy, lo único que sé es que si no luchamos contra la parte oxidada de nosotros mismos - ésa que insiste para que aceptemos pasivamente la esclavitud que nos encadena con discursos bien escritos e intenta subyugarnos con promesas seductoras - perdemos la guerra de la vida sin siquiera pelearla, y si bajamos los brazos en un gesto de impotencia y rendición, hacemos lo único que nuestros enemigos esperan de nosotros: morir sin haber vivido."
mis cariños
"Hace mucho tiempo aprendí que casi todas las batallas están perdidas de antemano, y no hace poco tiempo comprendí que no por ello hay que dejar de lucharlas.
En lo que respecta a la táctica y a la estrategia para mantener la esperanza bien afilada, llegué a la conclusión de que cuando se descubre - como a la larga se descubre - que el camino no es camino ni el proyecto realizable; o cuando la verdad nos pone de rodillas - como casi siempre lo hace - una de dos: o inventamos una razón de peso para todo lo que pensamos y hacemos, o nos hundimos para siempre en el pántano de los hechos consumados.
Recuerdo con nitidez el lejano día en el que contemplando el mundo desde la epidermis de mi primera juventud, llegué a la conclusión definitiva de que la vida no tiene ninguna justificación, y ante tal descubrimiento decidí plantarle cara al "destino", inventándole un sentido al sinsentido.
Con el pasar de los años llegué al punto de olvidar que ese fundamento que le atribuimos tanto a los actos que practicamos como a las ideas que fabricamos; tanto a las conductas que explicitamos como a los proyectos que desarrollamos, no es más que un desesperado ejercicio de supervivencia, y algunas veces hasta llegué a imaginar que el muchachito de 15 años que todavía dirige la orquesta de mi vida estaba completamente equivocado.
Hoy, lo único que sé es que si no luchamos contra la parte oxidada de nosotros mismos - ésa que insiste para que aceptemos pasivamente la esclavitud que nos encadena con discursos bien escritos e intenta subyugarnos con promesas seductoras - perdemos la guerra de la vida sin siquiera pelearla, y si bajamos los brazos en un gesto de impotencia y rendición, hacemos lo único que nuestros enemigos esperan de nosotros: morir sin haber vivido."
mis cariños