Mao20
30-ene-2008, 03:20
Aqui dejo mi ultimo desparche, :) es un relato un poco largo de una manera un poco rara que se me ocurrio entre esos lapsos en que me voy. Obviamente lo seguire escribiendo, por que, creo tener, para esto que hice, muchas cosas en mente. Asi que espero que les guste.
Un abrazo :)
El fondo
Cuando en la eternidad de una soledad queda el cielo en plena cúspide de nuestra frente. Ahí que besarlo y palparlo, para luego clavarle el puñal. Pues el silencio gran amigo es.
El aire se sucumbe en los pequeños robles, sembrados al lado de la tienda; Mesas de color marrón, adheridas al piso con estelares bancas, flores enmantadas sobre las rejas negras y un parque cruzando la calle. Baten sus verdes hojas encimadas en el alto crecimiento del tallo, que paraliza con su estático material a la muchedumbre que circula presurosa por las calles pintadas de enladrillados andenes. Una calle con edificios no muy altos y con estilo antiguo; de tejas marchitas, paredes opacas y balcones inmensos. Rubén y Sotelo, sentados en simples sillas que contrastan sus perfumados colores con un mausoleo incesante de las sombras que pasan como fantasmas sin dejar rastro alguno, –sino- la neblina pavorosa que sucumbe la tarde; la cual amenaza con su nublado cielo al poco sol que logra reflejar las pequeñas gotas de lluvia.
La tienda es un lugar melancólico al aire libre, las carpas, es el único refugio que tienen de las pizcas de agua.
Rubén prende un cigarro y botando el humo encima del rostro del otro, comienza la conversación:
-¿Qué dijo?-
-Nada-
-¿No lloro? –Insistía Rubén mientras fumaba locamente y recostaba un maletín negro sobre la mesa.
-Ya dije que nada. No hizo mayor cosa ¿Mi dinero?-
-pero ¿lo hiciste bien?-
-Como se lo prometí. -
-Me imagino que nadie sabe sobre esto.-
-Claro que no.-
-Tome –Dijo Rubén mientras votaba el cigarro; que cayo fértilmente dando botes de suspiro, sobre la cañería que macilenta recogía las gotas de lluvia.
Sotelo agarró el maletín, dejo unas monedas de propina y corrió chapoteando el anden que dejaba reflectar la gabardina negra mientras que Rubén se puso de pie y camino con un regocijo implacable, una sonrisa temeraria que ocultaba sus dientes y decía sacando otro cigarro:
-¡Siempre te quise Ingrata!
-¡Siempre te quise!
Mientras su cuerpo se perdía entre el azul titilante que soslayaba el verde intenso, adherido del parque León.
Esa tarde Rubén camino por el parque; árboles inmensos, piedras golpeadas contra el piso que hacían el papel de camino, sillas sucias con un verde implantado de la humedad, un puente que traspasaba el rió que ya estaba seco y alguna que otra pareja.
Se quedo un momento quieto en la mitad de ese puente deshilachado por los años. Se frotaba los brazos con la camisa manga larga de color gris que ya empapada con la lluvia, hacia titilar la piel.
La lluvia ceso. Entonces esa tarde, Rubén Aicarde recordó el día que por motivos de coincidencia se conoció con la única persona, que sostenía fielmente su portentosa lujuria hacia la vida buena.
Eran las 8 de la noche, Rubén llegaba a su apartamento de una reunión bastante formal que valía la fuerza de mantenerse en su puesto, había tomado algunas copas pero seguía con esa coherencia intelectual. Caminando a tientas y sosteniéndose por la pared, entro al elevador; entonces apareció una mujer de pelo negro, delgada pero con un cuerpo atlético, su rostro relucía entre las luces que iluminaban sutilmente la noche y Rubén no tuvo mas que decir:
-Buenas Noches.-
-Buenas Noches –Dijo la mujer tocando con sus delicados dedos de piel fina, los botones del ascensor.
-vamos al mismo piso –Dijo Rubén con un tono afirmante. La puerta del elevador se cerro y la mujer lo miraba a los ojos, con esa plena sequedad - ¿Ud. como se llama?
--Guadalupe Cisneros Villa—Ahí mirando el arco iris que relucía el ámbar de su pupila con mil colores deslumbrantes en lo alto del cielo, retumbaba brutalmente...
El sol comenzaba a esconderse entre los altos árboles del parque, una que otra pareja caminaba de un lado a otro, una brisa contundente esparcía su elemento sobre manchas que dejaba el humo del cigarrillo.
--Guadalupe Cisneros Villa---
¡Cuánto te quise Ingrata!
¡Cuánto te quise!
Dijo soltando el suspiro que mantuvo fiel en los pulmones para estallar en la gravedad de la tarde donde las nubes se esparcían como un proyectil en pequeños orificios para dejar que el sol iluminara con su fiereza... al puente.
Entonces la cabeza de Rubén se preguntaba miles y miles de veces “¿ que hice?” mientras botaba y prendía otro cigarro en un momento de repetidos instantes.
Andrea Villa ; pelo negro y malgastado, con arrugas superficiales por todas partes del cuerpo, de estatura promedio. Cerraba la puerta con suficientes candados, “no quiero que nos vuelvan a robar”, pensó mientras sacaba del bolsillo interminable numero de cadenas y las amontonaba alrededor del pasamanos. Luego de terminar la extenuante labor. Camino hacia la cocina y limpio los platos. El paso sencillo, con permiso de cada pierna. Tenia el equipo con música antigua y romántica de Jolly pack, le bajo volumen, dejándolo como fondo. Minino, el gato de ella, estaba tirado sobre la alfombra de la sala “como duerme de bien”-pensó. Luego se acerco al cuarto de su hija que acababa de llegar y la miraba con ojos dulces mientras recogía la ropa que ella iba tirando burdamente alrededor de la pieza.
¿ y como te fue? –pregunto Andrea.
-Nada –Dijo Guadalupe. Andrea puso en su lugar algunas cosas de la gaveta. Guadalupe se acostó con los ojos abiertos. Y sobrepuso una mirada tierna donde se notaba claramente una preocupación.
-¿Cómo que nada?-
-No pude hablar, estaba ocupado-
-Pero mañana iras, tienes que insistir-
-Mejor busco trabajo-
-Estas estudiando hija, no puedes descuidarte-
-No me quiere hablar, no puedo controlar eso-
El silencio tomo parte sobre el cuarto. Andrea termino con su trabajo y lentamente con el caminado pausado se fue hiendo.
-No podemos seguir así, hija- Dijo en la puerta.
Apago la luz.
Guadalupe se levanto y cerro la ventana. “algo tendré que hacer. Él tiene responsabilidades, no puede ser que sea tan egoísta y tacaño, pero ya vera, mañana le armare un escándalo, es que no mas, me hierve la sangre”. Camino entre la oscuridad y se acostó de nuevo. “ pero tengo que salirle con algo, tendré que charlarlo con valores, esto me sofoca y no quiero que mi madre se preocupe. Mínimo se negó, para no hablarme, es que es mas.... entonces tendré que caerle de sorpresa, la secretaria debe estar ocupada con todas esas hojas y trabajos, camino rápido y entro, haber si esta o no. Por que nunca esta y todo el tiempo que gasta en el trabajo, como dice mi madre, -le gusta la plata y el trabajo- y no creo que tenga vacaciones, ese nunca descansa, esta por ahí, haciendo sus fechorías. Debería de contarle a mi abuela para que lo reprenda pero esa vieja es rara, siempre que voy, esta con sus males, - que me duele aquí, que me duelen los pies ( de caminar solo en la casa) por que esa no hace mas, es una vividora, se nota que no conoce lo duro” Guadalupe se volvió a levantar, en plenas sombras descubrió las pantuflas y se las puso. Camino –sin hacer ruido- hacia la cocina, allí, se preparo un café. Luego se sentó en el balcón, sobre una silla que alargo del comedor.
“ no puede ser que tenga tanta suerte mi mama, es que ¿qué pudo verle?, tiene todos los defectos físicos y todo, es un kit completo, es un holgazán, eso es lo que es, con tanta plata, y no puede mantener a su hija, debería de insultarlo, así no tendría que volver a verle esa carota de puerco, si, voy y le grito, bien fuerte, le muestro todo lo que siento, haber que hace, no me importa. Pero después a quien le pido...”
Termino el café y se fue al cuarto con todo y taza. Trato de pensar en cosas fáciles, para que el sueño fuera algo ligero. Entonces quedo dormida.
20mil pesos –Dijo Pedro; un cuerpo desmesurado, raza negra, ojos saltones, labios gruesos, una gorra de medio lado, jugador de ajedrez en potencia.
-No tengo- Contesto Rubén.
Pedro levanto las piezas que estaban fuera del tablero y las acomodo rápidamente.
-Entonces una de mentiras ¿Listo?-
-Listo-
Pedro movió el peón del medio con esa seguridad. Luego tosió fuertemente, agitado, saco unos cigarros.
-¿quieres?-
-No gracias, no fumo –Dijo Rubén mientras movía su pieza.
-Deberías emprender un entrenamiento. De verdad tienes madera para esto-
-No creo-
-claro que si-
-Además, tengo mucho trabajo con el consultorio-
Ya cada uno tenia su apertura echa. Pedro voto el cigarro e inmediatamente prendió otro. Señalo con el mechero las otras mesas; unas 7 en fila.
-Primera vez que están llenas-
-Si-
-La gente de hoy en día es antipática para estas cosas-
El juego comenzó con una ofensiva fuerte de parte de Pedro. Rubén se masajeaba el cabello sin quitar la mirada en cada ficha. Se oyó en la mesa del lado “Jacke Mate”. Ambos miraron.
-Es nuevo –Dijo Pedro.
El perdedor se levanto y seguidamente se sentó otro.
La noche estaba en su pleno apogeo de silencio y desplegaba en cada respiración un poco de su melancolía. La mama de Octavio, prendió el televisor. Luego camino con esa fuerza imperante hacia la cocina, apago el fogón, sirvió la comida y con un ferviente equilibrio la puso en la mesa. Ya se estaban disecando las palabras sobre el mutismo donde solo estaban las señas de los rayos que reflectaba un globo de luz tenue sobre la calle y que se colaba entre el roto de la ventana. . Eugenio Sotelo, se acerco y puso unos papeles junto a Octavio. Se sentó al lado y sobrepuso su brazo en la espalda de su hijo.
¿y eso, a que viene? –Pregunto Sotelo.
-Con tu mama y yo, hemos llegado a una conclusión sobre tu futuro. Queremos que estudies en el externado-
-No me pueden hacer esto –Exclamo Sotelo.
-Somos tus padres –Dijo la mama.-
-pero ¿y mi vida?-
-¿Cuál vida?-
-Pues esta....-
-¿a esto le llamas vida?-
-Por favor, no me hagan esto-
-Es por tu bien-
-Voy y busco un trabajo normal, gano plato y luego monto mi propio negocio. Vamos, mi papa no estudio y mira que esta bien-
Eugenio se levanto y apago el televisor. Sotelo miraba a su padre que se quedo taciturno sobre la levedad de su ira observando por la ventana sin mas remedio de un grito iracundo: ¡Eres un desgraciado! Yo me mato trabajando para que estudies en una buena universidad y tú, por andar de Vago, te despabilas y rechazas un gran porvenir.
-vamos hijo, no te ira mal- Dijo la mama- aya encontraras un buen trabajo y te encarrilaras.
Los ojos de Sotelo quedaron tiesos. El cuerpo comenzó a transpirar sin remedio alguno y la mente completa se nublo por un gran blanco teñido sobre su pupila.
-Si quieren me puedo dar el estudio solo, sin necesidad de ustedes. Además, lo que quisiera estudiar, esta aquí no aya.-
-Mira hijo, tu haces lo que yo te diga y si quieres dártela de rebelde nos tenemos que moler a golpes –mostró el puño en su rostro- ¿entendido?
-Si, papá.
La mama se interpuso.
-Eugenio, no me trate de esa manera al niño.
-Usted es la que se lo tira, el ya no es un niño, que aprenda de la vida –su brazo derecho se poso sobre el hombro de Sotelo- Ahora termine esa comida juicioso y vera como soy capaz de tratarlo de bien.
Todos comenzaron a comer. Pero la rabia era impotente en ese momento, “mi padre todo lo resuelve a golpes –pensó- es un descerebrado” levantaba cuidadosamente sus cubiertos y digería el alimento sin demostrar sentimiento alguno pues Sotelo se acordó –viendo el puño de su padre- el día que lo golpeo .
El cuarto solo con sus llagas de silencio en cada suspiro que emanaba el viento. Sotelo con todo su cuerpo en el piso y recostado en la cama, sugería en cada lagrima a la ira que estaba reflectando su ego. Un grito inmenso, sonó por detrás de la puerta. Pasos y golpes en cada peldaño. Sotelo, asustado, se levantó y apagó la luz de su habitación, camino a ciegas en la oscuridad y se metió en el closet. Se abrió un rayo de luz en los ojos donde se podía divisar ilegiblemente el cuerpo ancho y alto de Eugenio. El olor a licor era interminable. Sotelo, quedo en un total mutismo. Un sudor bajó por la mejilla y marcó el camino de otros más. La respiración continua y agitada. La pijama se empapó completa y cada vez el closet, se achicaba y se convertía en una pesadilla, en algo inconcluso. Después comenzó a irse el aire, y el poco que se colaba, perdía su existencia.
-¿Dónde esta Octavio? –grito Eugenio. Camino hacia la mesa de estudio, agarró un cuaderno y comenzó a romperle hojas- ¿Dónde esta?-seguía gritando.
La mirada no descansó. Se quedo fija en su padre. Por todas partes bajaba una gota, a ratos, se metía en los labios y esté la pasaba, quedando salado su paladar.
Eugenio se tiró en la cama, alzo los brazos y cerro los ojos. 30 minutos quedo Sotelo en el closet sin salir, pero su columna no aguanto la carga de ese lugar tan estrecho y lentamente fue abriendo la puertita.
Silencio en su totalidad, Rubén abrió la puerta y la cerro. Prendió las luces, camino entre la sala; un espacio completamente vació, sin ningún objeto, solo las ventanas con sus barrotes. Se acerco a la nevera y saco una caja de comida china del día anterior. Apago las luces y fue un muerto mas entre ese apartamento, se lo conocía de memoria. Llego hasta el cuarto y prendió un bombillo que estaba atado con unos cables a unas anchas pilas. Encontró papeles amontonados. Busco entre aquellos, un diario. Y comenzó:
“No debería de escribir una vida sobre esto, ni tampoco contar nada en palabras, por que es ira algo que me atormenta, no es un fantasma, ni enfermedad con su cura, es ira.
Parece que he llegado al punto de mi existencia como persona, ya no encuentro en mi apellido algo, que intente, de una u otra manera, salvar de lo que ya hice, y de lo que ya no me pueden salvar. Es algo simplemente ilógico encontrar en mi frustración un perdón, por que no quiero perdonar las circunstancias de lo que fue, ya todo esta hecho. No creo que haya vuelta de hoja, por que en definitiva he sido el constructor permanente de esta farsa, hubiera querido, retroceder tanto el tiempo, pero creo de nuevo, desembocar esta fuerza y seria muy peligroso intentar de nuevo, el comienzo de un asalto sin rifle en mano de mi vida”
Acelero el paso entre el pasillo que une los cuartos. Todas las cosas tiradas en el piso. Se resbalo repetidamente con los pies descalzos a causa del sudor que bajaba. La pupila no descanso, siempre abierta, mirando todo, percibiendo. Miro distraídamente al cuarto de sus papas; Su mama acostada en la cama, viendo televisión y con los ojos aguados.
-Maa –Balbuceo Sotelo.
-Escóndete hijo, tu papa esta bravo-
Otra vez esas palabras en el mismo lugar, eran un tormento, rutinario, que afligía fuerte. Quiso callar un momento para salir corriendo de su casa. Pero ese rostro de su madre, compasión y ternura, lo ataba con cadenas. Se sentó al borde de la cama y quedo con la vista plasmada en la pared.
-Ve hijo, escóndete-
-No puedo-
-¿Por qué?-
-Él esta en mi cama-
-Él es tu padre y esta pasando por un momento difícil-
-Es un borracho-
-Entiéndelo hijo-
-Nunca-
-Por eso te golpea, hijo-
-Él me golpea por que no sabe educarme, es lo único que sabe-
La madre de Sotelo se levanto y abrió un gaveta. Saco bastante papeles, varios, se le cayeron en la exaltación. Luego miro un sobre, lo leyó, metió la mano, la saco, volvió a leerlo y se lo entrego a Sotelo.
-Toma hijo-
-¿y esto?-
-Para que duermas en la residencia del frente, solo por hoy-
-¿Siempre así?-
-¿Cómo?-
-Yo solo me entiendo-
-¡Hijo! –Grito la madre.
Un golpe por detrás azoto la cara de Sotelo. Se tumbo al suelo y quedo aturdido, sin moverse, estático. Un zumbido fuerte en el rostro. Era Eugenio, lo levanto y lo empujo a un rincón. Lanzo una patada que muy fácil, Sotelo la esquivo. Un proyectil de puños se le aventó.
Los primeros días después del encuentro, en cada uno hubo intuición de hablarse. Rubén camino repetidamente sobre el piso donde esta el apartamento de Guadalupe. En cambio Guadalupe, subió seguidamente en el mismo ascensor y procuraba en demorarse pulsando el botón “abrir la puerta”.
Llegando del consultorio, Rubén, vio en la otra acera a Guadalupe con unos papeles a cuestas. Camino unas cuadras mas, sin el poder de convencimiento total para acercársele.
Un abrazo :)
El fondo
Cuando en la eternidad de una soledad queda el cielo en plena cúspide de nuestra frente. Ahí que besarlo y palparlo, para luego clavarle el puñal. Pues el silencio gran amigo es.
El aire se sucumbe en los pequeños robles, sembrados al lado de la tienda; Mesas de color marrón, adheridas al piso con estelares bancas, flores enmantadas sobre las rejas negras y un parque cruzando la calle. Baten sus verdes hojas encimadas en el alto crecimiento del tallo, que paraliza con su estático material a la muchedumbre que circula presurosa por las calles pintadas de enladrillados andenes. Una calle con edificios no muy altos y con estilo antiguo; de tejas marchitas, paredes opacas y balcones inmensos. Rubén y Sotelo, sentados en simples sillas que contrastan sus perfumados colores con un mausoleo incesante de las sombras que pasan como fantasmas sin dejar rastro alguno, –sino- la neblina pavorosa que sucumbe la tarde; la cual amenaza con su nublado cielo al poco sol que logra reflejar las pequeñas gotas de lluvia.
La tienda es un lugar melancólico al aire libre, las carpas, es el único refugio que tienen de las pizcas de agua.
Rubén prende un cigarro y botando el humo encima del rostro del otro, comienza la conversación:
-¿Qué dijo?-
-Nada-
-¿No lloro? –Insistía Rubén mientras fumaba locamente y recostaba un maletín negro sobre la mesa.
-Ya dije que nada. No hizo mayor cosa ¿Mi dinero?-
-pero ¿lo hiciste bien?-
-Como se lo prometí. -
-Me imagino que nadie sabe sobre esto.-
-Claro que no.-
-Tome –Dijo Rubén mientras votaba el cigarro; que cayo fértilmente dando botes de suspiro, sobre la cañería que macilenta recogía las gotas de lluvia.
Sotelo agarró el maletín, dejo unas monedas de propina y corrió chapoteando el anden que dejaba reflectar la gabardina negra mientras que Rubén se puso de pie y camino con un regocijo implacable, una sonrisa temeraria que ocultaba sus dientes y decía sacando otro cigarro:
-¡Siempre te quise Ingrata!
-¡Siempre te quise!
Mientras su cuerpo se perdía entre el azul titilante que soslayaba el verde intenso, adherido del parque León.
Esa tarde Rubén camino por el parque; árboles inmensos, piedras golpeadas contra el piso que hacían el papel de camino, sillas sucias con un verde implantado de la humedad, un puente que traspasaba el rió que ya estaba seco y alguna que otra pareja.
Se quedo un momento quieto en la mitad de ese puente deshilachado por los años. Se frotaba los brazos con la camisa manga larga de color gris que ya empapada con la lluvia, hacia titilar la piel.
La lluvia ceso. Entonces esa tarde, Rubén Aicarde recordó el día que por motivos de coincidencia se conoció con la única persona, que sostenía fielmente su portentosa lujuria hacia la vida buena.
Eran las 8 de la noche, Rubén llegaba a su apartamento de una reunión bastante formal que valía la fuerza de mantenerse en su puesto, había tomado algunas copas pero seguía con esa coherencia intelectual. Caminando a tientas y sosteniéndose por la pared, entro al elevador; entonces apareció una mujer de pelo negro, delgada pero con un cuerpo atlético, su rostro relucía entre las luces que iluminaban sutilmente la noche y Rubén no tuvo mas que decir:
-Buenas Noches.-
-Buenas Noches –Dijo la mujer tocando con sus delicados dedos de piel fina, los botones del ascensor.
-vamos al mismo piso –Dijo Rubén con un tono afirmante. La puerta del elevador se cerro y la mujer lo miraba a los ojos, con esa plena sequedad - ¿Ud. como se llama?
--Guadalupe Cisneros Villa—Ahí mirando el arco iris que relucía el ámbar de su pupila con mil colores deslumbrantes en lo alto del cielo, retumbaba brutalmente...
El sol comenzaba a esconderse entre los altos árboles del parque, una que otra pareja caminaba de un lado a otro, una brisa contundente esparcía su elemento sobre manchas que dejaba el humo del cigarrillo.
--Guadalupe Cisneros Villa---
¡Cuánto te quise Ingrata!
¡Cuánto te quise!
Dijo soltando el suspiro que mantuvo fiel en los pulmones para estallar en la gravedad de la tarde donde las nubes se esparcían como un proyectil en pequeños orificios para dejar que el sol iluminara con su fiereza... al puente.
Entonces la cabeza de Rubén se preguntaba miles y miles de veces “¿ que hice?” mientras botaba y prendía otro cigarro en un momento de repetidos instantes.
Andrea Villa ; pelo negro y malgastado, con arrugas superficiales por todas partes del cuerpo, de estatura promedio. Cerraba la puerta con suficientes candados, “no quiero que nos vuelvan a robar”, pensó mientras sacaba del bolsillo interminable numero de cadenas y las amontonaba alrededor del pasamanos. Luego de terminar la extenuante labor. Camino hacia la cocina y limpio los platos. El paso sencillo, con permiso de cada pierna. Tenia el equipo con música antigua y romántica de Jolly pack, le bajo volumen, dejándolo como fondo. Minino, el gato de ella, estaba tirado sobre la alfombra de la sala “como duerme de bien”-pensó. Luego se acerco al cuarto de su hija que acababa de llegar y la miraba con ojos dulces mientras recogía la ropa que ella iba tirando burdamente alrededor de la pieza.
¿ y como te fue? –pregunto Andrea.
-Nada –Dijo Guadalupe. Andrea puso en su lugar algunas cosas de la gaveta. Guadalupe se acostó con los ojos abiertos. Y sobrepuso una mirada tierna donde se notaba claramente una preocupación.
-¿Cómo que nada?-
-No pude hablar, estaba ocupado-
-Pero mañana iras, tienes que insistir-
-Mejor busco trabajo-
-Estas estudiando hija, no puedes descuidarte-
-No me quiere hablar, no puedo controlar eso-
El silencio tomo parte sobre el cuarto. Andrea termino con su trabajo y lentamente con el caminado pausado se fue hiendo.
-No podemos seguir así, hija- Dijo en la puerta.
Apago la luz.
Guadalupe se levanto y cerro la ventana. “algo tendré que hacer. Él tiene responsabilidades, no puede ser que sea tan egoísta y tacaño, pero ya vera, mañana le armare un escándalo, es que no mas, me hierve la sangre”. Camino entre la oscuridad y se acostó de nuevo. “ pero tengo que salirle con algo, tendré que charlarlo con valores, esto me sofoca y no quiero que mi madre se preocupe. Mínimo se negó, para no hablarme, es que es mas.... entonces tendré que caerle de sorpresa, la secretaria debe estar ocupada con todas esas hojas y trabajos, camino rápido y entro, haber si esta o no. Por que nunca esta y todo el tiempo que gasta en el trabajo, como dice mi madre, -le gusta la plata y el trabajo- y no creo que tenga vacaciones, ese nunca descansa, esta por ahí, haciendo sus fechorías. Debería de contarle a mi abuela para que lo reprenda pero esa vieja es rara, siempre que voy, esta con sus males, - que me duele aquí, que me duelen los pies ( de caminar solo en la casa) por que esa no hace mas, es una vividora, se nota que no conoce lo duro” Guadalupe se volvió a levantar, en plenas sombras descubrió las pantuflas y se las puso. Camino –sin hacer ruido- hacia la cocina, allí, se preparo un café. Luego se sentó en el balcón, sobre una silla que alargo del comedor.
“ no puede ser que tenga tanta suerte mi mama, es que ¿qué pudo verle?, tiene todos los defectos físicos y todo, es un kit completo, es un holgazán, eso es lo que es, con tanta plata, y no puede mantener a su hija, debería de insultarlo, así no tendría que volver a verle esa carota de puerco, si, voy y le grito, bien fuerte, le muestro todo lo que siento, haber que hace, no me importa. Pero después a quien le pido...”
Termino el café y se fue al cuarto con todo y taza. Trato de pensar en cosas fáciles, para que el sueño fuera algo ligero. Entonces quedo dormida.
20mil pesos –Dijo Pedro; un cuerpo desmesurado, raza negra, ojos saltones, labios gruesos, una gorra de medio lado, jugador de ajedrez en potencia.
-No tengo- Contesto Rubén.
Pedro levanto las piezas que estaban fuera del tablero y las acomodo rápidamente.
-Entonces una de mentiras ¿Listo?-
-Listo-
Pedro movió el peón del medio con esa seguridad. Luego tosió fuertemente, agitado, saco unos cigarros.
-¿quieres?-
-No gracias, no fumo –Dijo Rubén mientras movía su pieza.
-Deberías emprender un entrenamiento. De verdad tienes madera para esto-
-No creo-
-claro que si-
-Además, tengo mucho trabajo con el consultorio-
Ya cada uno tenia su apertura echa. Pedro voto el cigarro e inmediatamente prendió otro. Señalo con el mechero las otras mesas; unas 7 en fila.
-Primera vez que están llenas-
-Si-
-La gente de hoy en día es antipática para estas cosas-
El juego comenzó con una ofensiva fuerte de parte de Pedro. Rubén se masajeaba el cabello sin quitar la mirada en cada ficha. Se oyó en la mesa del lado “Jacke Mate”. Ambos miraron.
-Es nuevo –Dijo Pedro.
El perdedor se levanto y seguidamente se sentó otro.
La noche estaba en su pleno apogeo de silencio y desplegaba en cada respiración un poco de su melancolía. La mama de Octavio, prendió el televisor. Luego camino con esa fuerza imperante hacia la cocina, apago el fogón, sirvió la comida y con un ferviente equilibrio la puso en la mesa. Ya se estaban disecando las palabras sobre el mutismo donde solo estaban las señas de los rayos que reflectaba un globo de luz tenue sobre la calle y que se colaba entre el roto de la ventana. . Eugenio Sotelo, se acerco y puso unos papeles junto a Octavio. Se sentó al lado y sobrepuso su brazo en la espalda de su hijo.
¿y eso, a que viene? –Pregunto Sotelo.
-Con tu mama y yo, hemos llegado a una conclusión sobre tu futuro. Queremos que estudies en el externado-
-No me pueden hacer esto –Exclamo Sotelo.
-Somos tus padres –Dijo la mama.-
-pero ¿y mi vida?-
-¿Cuál vida?-
-Pues esta....-
-¿a esto le llamas vida?-
-Por favor, no me hagan esto-
-Es por tu bien-
-Voy y busco un trabajo normal, gano plato y luego monto mi propio negocio. Vamos, mi papa no estudio y mira que esta bien-
Eugenio se levanto y apago el televisor. Sotelo miraba a su padre que se quedo taciturno sobre la levedad de su ira observando por la ventana sin mas remedio de un grito iracundo: ¡Eres un desgraciado! Yo me mato trabajando para que estudies en una buena universidad y tú, por andar de Vago, te despabilas y rechazas un gran porvenir.
-vamos hijo, no te ira mal- Dijo la mama- aya encontraras un buen trabajo y te encarrilaras.
Los ojos de Sotelo quedaron tiesos. El cuerpo comenzó a transpirar sin remedio alguno y la mente completa se nublo por un gran blanco teñido sobre su pupila.
-Si quieren me puedo dar el estudio solo, sin necesidad de ustedes. Además, lo que quisiera estudiar, esta aquí no aya.-
-Mira hijo, tu haces lo que yo te diga y si quieres dártela de rebelde nos tenemos que moler a golpes –mostró el puño en su rostro- ¿entendido?
-Si, papá.
La mama se interpuso.
-Eugenio, no me trate de esa manera al niño.
-Usted es la que se lo tira, el ya no es un niño, que aprenda de la vida –su brazo derecho se poso sobre el hombro de Sotelo- Ahora termine esa comida juicioso y vera como soy capaz de tratarlo de bien.
Todos comenzaron a comer. Pero la rabia era impotente en ese momento, “mi padre todo lo resuelve a golpes –pensó- es un descerebrado” levantaba cuidadosamente sus cubiertos y digería el alimento sin demostrar sentimiento alguno pues Sotelo se acordó –viendo el puño de su padre- el día que lo golpeo .
El cuarto solo con sus llagas de silencio en cada suspiro que emanaba el viento. Sotelo con todo su cuerpo en el piso y recostado en la cama, sugería en cada lagrima a la ira que estaba reflectando su ego. Un grito inmenso, sonó por detrás de la puerta. Pasos y golpes en cada peldaño. Sotelo, asustado, se levantó y apagó la luz de su habitación, camino a ciegas en la oscuridad y se metió en el closet. Se abrió un rayo de luz en los ojos donde se podía divisar ilegiblemente el cuerpo ancho y alto de Eugenio. El olor a licor era interminable. Sotelo, quedo en un total mutismo. Un sudor bajó por la mejilla y marcó el camino de otros más. La respiración continua y agitada. La pijama se empapó completa y cada vez el closet, se achicaba y se convertía en una pesadilla, en algo inconcluso. Después comenzó a irse el aire, y el poco que se colaba, perdía su existencia.
-¿Dónde esta Octavio? –grito Eugenio. Camino hacia la mesa de estudio, agarró un cuaderno y comenzó a romperle hojas- ¿Dónde esta?-seguía gritando.
La mirada no descansó. Se quedo fija en su padre. Por todas partes bajaba una gota, a ratos, se metía en los labios y esté la pasaba, quedando salado su paladar.
Eugenio se tiró en la cama, alzo los brazos y cerro los ojos. 30 minutos quedo Sotelo en el closet sin salir, pero su columna no aguanto la carga de ese lugar tan estrecho y lentamente fue abriendo la puertita.
Silencio en su totalidad, Rubén abrió la puerta y la cerro. Prendió las luces, camino entre la sala; un espacio completamente vació, sin ningún objeto, solo las ventanas con sus barrotes. Se acerco a la nevera y saco una caja de comida china del día anterior. Apago las luces y fue un muerto mas entre ese apartamento, se lo conocía de memoria. Llego hasta el cuarto y prendió un bombillo que estaba atado con unos cables a unas anchas pilas. Encontró papeles amontonados. Busco entre aquellos, un diario. Y comenzó:
“No debería de escribir una vida sobre esto, ni tampoco contar nada en palabras, por que es ira algo que me atormenta, no es un fantasma, ni enfermedad con su cura, es ira.
Parece que he llegado al punto de mi existencia como persona, ya no encuentro en mi apellido algo, que intente, de una u otra manera, salvar de lo que ya hice, y de lo que ya no me pueden salvar. Es algo simplemente ilógico encontrar en mi frustración un perdón, por que no quiero perdonar las circunstancias de lo que fue, ya todo esta hecho. No creo que haya vuelta de hoja, por que en definitiva he sido el constructor permanente de esta farsa, hubiera querido, retroceder tanto el tiempo, pero creo de nuevo, desembocar esta fuerza y seria muy peligroso intentar de nuevo, el comienzo de un asalto sin rifle en mano de mi vida”
Acelero el paso entre el pasillo que une los cuartos. Todas las cosas tiradas en el piso. Se resbalo repetidamente con los pies descalzos a causa del sudor que bajaba. La pupila no descanso, siempre abierta, mirando todo, percibiendo. Miro distraídamente al cuarto de sus papas; Su mama acostada en la cama, viendo televisión y con los ojos aguados.
-Maa –Balbuceo Sotelo.
-Escóndete hijo, tu papa esta bravo-
Otra vez esas palabras en el mismo lugar, eran un tormento, rutinario, que afligía fuerte. Quiso callar un momento para salir corriendo de su casa. Pero ese rostro de su madre, compasión y ternura, lo ataba con cadenas. Se sentó al borde de la cama y quedo con la vista plasmada en la pared.
-Ve hijo, escóndete-
-No puedo-
-¿Por qué?-
-Él esta en mi cama-
-Él es tu padre y esta pasando por un momento difícil-
-Es un borracho-
-Entiéndelo hijo-
-Nunca-
-Por eso te golpea, hijo-
-Él me golpea por que no sabe educarme, es lo único que sabe-
La madre de Sotelo se levanto y abrió un gaveta. Saco bastante papeles, varios, se le cayeron en la exaltación. Luego miro un sobre, lo leyó, metió la mano, la saco, volvió a leerlo y se lo entrego a Sotelo.
-Toma hijo-
-¿y esto?-
-Para que duermas en la residencia del frente, solo por hoy-
-¿Siempre así?-
-¿Cómo?-
-Yo solo me entiendo-
-¡Hijo! –Grito la madre.
Un golpe por detrás azoto la cara de Sotelo. Se tumbo al suelo y quedo aturdido, sin moverse, estático. Un zumbido fuerte en el rostro. Era Eugenio, lo levanto y lo empujo a un rincón. Lanzo una patada que muy fácil, Sotelo la esquivo. Un proyectil de puños se le aventó.
Los primeros días después del encuentro, en cada uno hubo intuición de hablarse. Rubén camino repetidamente sobre el piso donde esta el apartamento de Guadalupe. En cambio Guadalupe, subió seguidamente en el mismo ascensor y procuraba en demorarse pulsando el botón “abrir la puerta”.
Llegando del consultorio, Rubén, vio en la otra acera a Guadalupe con unos papeles a cuestas. Camino unas cuadras mas, sin el poder de convencimiento total para acercársele.