Lena.luna
15-jul-2008, 12:45
I
Está ahí.
Ahí
¿No lo ves?
Está ahí. Siempre
Acechando. Me mira.
Entre los visillos.
A veces veo su mano. Retira ligeramente los pliegues y puedo ver la mitad de uno de sus ojos.
Medio ojo.
Una vez creí ver una lágrima desprendiéndose entre sus pestañas.
Tengo miedo.
Siempre está ahí.
A veces llora.
A veces.
Tengo miedo.
II
Oigo pasos en la escalera.
Risas
Susurros y carcajadas.
Cantan una canción obscena.
Ríen nuevamente.
Más susurros.
Las risas hacen vibrar las paredes.
Estos tabiques parecen de papel.
Se han parado ante mi puerta.
Miran por la cerradura.
Yo miro también.
Medio ojo nublado.
Más risas.
Pongo mi ojo en la mirilla.
Sólo veo medio ojo.
Medio ojo que ríe.
Ríe.
Vuelve a reír.
Tengo miedo.
III
Las cortinas echadas.
La puerta bajo siete cerrojos.
Una cadena.
Tres llaves.
Todo en penumbra.
Mis manos tiemblan
No sé qué hacer.
Poca luz para leer.
Si pongo música o el televisor no podré oírlos llegar otra vez.
Me pillarían por sorpresa.
Si hago ruido todos me oirán, sabrán que estoy aquí.
Vendrán con sus medios ojos.
Vendrán.
Necesito ir al baño.
Entreabro la puerta.
No hay ruidos.
Quizá no haya nadie.
Un poco más.
Está oscuro.
La penumbra se cuela dentro
Por fin veo algo.
Medio ojo.
Medio ojo.
Medio ojo muerto.
Horror.
IV
No puedo moverme.
Aquí.
En el suelo.
No me escucho.
No veo nada
Debe de ser ya de noche.
No se oye nada.
Solo silencio
Tendría que ir a dormir pero no siento mis piernas.
No hay nadie.
Nadie.
Ni medio ojo.
Ni risas.
Estoy solo.
Solo.
Solamente yo en este suelo frío.
No oigo mi voz.
No veo nada.
Sin embargo... ese olor.
Quizá otra rata calló en las trampas de la portera.
Quizá lleve días sin revisarlas.
No sé cuánto tiempo llevo aquí.
No sé cuántos ojos me observan.
Ese olor.
V
Los vecinos llamaron.
Del principal salía un olor nauseabundo y ni siquiera la portera tenía llave, es decir, la tenía pero solo una. No podían entrar.
Todos los vecinos creían que el piso estaba deshabitado, nunca habían visto entrar ni salir a nadie. Desde hacía casi un año.
La portera vio salir hace meses al inquilino con una mochila al hombro, no le vio volver. Los pagos llegaban puntuales a través del banco.
Nadie vio nunca una luz encendida ni un ventanal abierto. Tampoco ropa tendida.
Nunca recibía correo. No tenía teléfono.
Sólo a veces, durante la noche, parecían sonar las cañerías, pero no extrañaba a nadie, el edificio es viejo y de mala calidad.
Nadie notó nada raro. Bueno, la portera se queja de que alguien retiraba el cebo de sus trampas para las ratas y por eso rara vez conseguía acabar con alguna, pero será por miedo a que avisemos a sanidad.
Al parecer era pintor. Hay cientos de dibujos esparcidos por toda la casa, las paredes, el suelo, hasta en los cristales de las ventanas.
Siempre lo mismo.
Medio ojo.
Todos distintos. Pero todos ojos partidos en dos.
¿La autopsia?
El cuerpo no estaba ya en muy buenas condiciones, pero tenía un ojo.
Mejor dicho: medio ojo.
Intacto.
Tenía medio ojo, enorme, abierto, con largas y pobladas pestañas negras, pupilas rojas con expresión de dolor, de terrible dolor y miedo.
Tenía medio ojo donde no había corazón.
Lena
Está ahí.
Ahí
¿No lo ves?
Está ahí. Siempre
Acechando. Me mira.
Entre los visillos.
A veces veo su mano. Retira ligeramente los pliegues y puedo ver la mitad de uno de sus ojos.
Medio ojo.
Una vez creí ver una lágrima desprendiéndose entre sus pestañas.
Tengo miedo.
Siempre está ahí.
A veces llora.
A veces.
Tengo miedo.
II
Oigo pasos en la escalera.
Risas
Susurros y carcajadas.
Cantan una canción obscena.
Ríen nuevamente.
Más susurros.
Las risas hacen vibrar las paredes.
Estos tabiques parecen de papel.
Se han parado ante mi puerta.
Miran por la cerradura.
Yo miro también.
Medio ojo nublado.
Más risas.
Pongo mi ojo en la mirilla.
Sólo veo medio ojo.
Medio ojo que ríe.
Ríe.
Vuelve a reír.
Tengo miedo.
III
Las cortinas echadas.
La puerta bajo siete cerrojos.
Una cadena.
Tres llaves.
Todo en penumbra.
Mis manos tiemblan
No sé qué hacer.
Poca luz para leer.
Si pongo música o el televisor no podré oírlos llegar otra vez.
Me pillarían por sorpresa.
Si hago ruido todos me oirán, sabrán que estoy aquí.
Vendrán con sus medios ojos.
Vendrán.
Necesito ir al baño.
Entreabro la puerta.
No hay ruidos.
Quizá no haya nadie.
Un poco más.
Está oscuro.
La penumbra se cuela dentro
Por fin veo algo.
Medio ojo.
Medio ojo.
Medio ojo muerto.
Horror.
IV
No puedo moverme.
Aquí.
En el suelo.
No me escucho.
No veo nada
Debe de ser ya de noche.
No se oye nada.
Solo silencio
Tendría que ir a dormir pero no siento mis piernas.
No hay nadie.
Nadie.
Ni medio ojo.
Ni risas.
Estoy solo.
Solo.
Solamente yo en este suelo frío.
No oigo mi voz.
No veo nada.
Sin embargo... ese olor.
Quizá otra rata calló en las trampas de la portera.
Quizá lleve días sin revisarlas.
No sé cuánto tiempo llevo aquí.
No sé cuántos ojos me observan.
Ese olor.
V
Los vecinos llamaron.
Del principal salía un olor nauseabundo y ni siquiera la portera tenía llave, es decir, la tenía pero solo una. No podían entrar.
Todos los vecinos creían que el piso estaba deshabitado, nunca habían visto entrar ni salir a nadie. Desde hacía casi un año.
La portera vio salir hace meses al inquilino con una mochila al hombro, no le vio volver. Los pagos llegaban puntuales a través del banco.
Nadie vio nunca una luz encendida ni un ventanal abierto. Tampoco ropa tendida.
Nunca recibía correo. No tenía teléfono.
Sólo a veces, durante la noche, parecían sonar las cañerías, pero no extrañaba a nadie, el edificio es viejo y de mala calidad.
Nadie notó nada raro. Bueno, la portera se queja de que alguien retiraba el cebo de sus trampas para las ratas y por eso rara vez conseguía acabar con alguna, pero será por miedo a que avisemos a sanidad.
Al parecer era pintor. Hay cientos de dibujos esparcidos por toda la casa, las paredes, el suelo, hasta en los cristales de las ventanas.
Siempre lo mismo.
Medio ojo.
Todos distintos. Pero todos ojos partidos en dos.
¿La autopsia?
El cuerpo no estaba ya en muy buenas condiciones, pero tenía un ojo.
Mejor dicho: medio ojo.
Intacto.
Tenía medio ojo, enorme, abierto, con largas y pobladas pestañas negras, pupilas rojas con expresión de dolor, de terrible dolor y miedo.
Tenía medio ojo donde no había corazón.
Lena