tryton
08-jul-2008, 15:45
El calor era insoportable, estaba empapado. Por la ventana lo únicos que entraba eran las luces de la calle. No Coria nada de aire.
Se dio la vuelta
Para mirar el reloj digital que tenia encima de la mesita. Una luz roja intermitente le indicaba que se había vuelto a ir la corriente esa noche, esta harto de las obras de la calle. Creía que debían de ser las cuatro mas o menos.
Se metió de cabeza en la ducha, apoyo las manos enfrente de él y abrió de un golpe el grifo, un chorro de agua fría golpeo su nuca, era una grata sensación.
Después de vestirse se preparo un café bien cargado y, sentado en la pequeña mesa de la cocina se encendió un pitillo.
El aire cargado de humedad y de los olores normales de la ciudad entraba por la ventanilla de su viejo taxi. Decidió para en aquella calle céntrica, no-tenia mucho combustible y necesitaba hacer una carrera para poder llenar algo el deposito.
Esperando que apareciese algún cliente, se entretenía en repasar su vida, siempre llegaba a la misma conclusión: creía no ser feliz, sé había pasado la vida intentando agradar a los demás, siempre con proyectos que antes de comenzar sabia que no llegaría ha hacer.
Sin pareja, en un trabajo que no le reportaba ni siquiera gratificación económica, solo, eso era lo único que terna claro, otra vez solo...
-Hola! Esta libre?
Esa voz lo despertó de su sueño lleno de frustraciones
-Si, suba
-bajo la palanqueta del taxímetro
-donde?
-Da igual arranque y demos una vuelta
Hasta ese momento no había ni mirado quien era la persona que había subido, miro por el retrovisor, no podía verla bien, el retrovisor no le permitía ver mas que una parte de la frente de la pasajera, Un mechón de pelo rizado y negro caía encima de unas finas cejas negras. Su voz parecía la de alguien triste.
Había aprendido a analizar a la gente que subía a su taxi, era como un juego, una distracción.
Aquella mujer olía de una manera especia, una mezcla de fragancia de alguna extraña flor mezclada con una penetrante olor personal.
Sentía una atracción irresistible por mirar hacia detrás, pero tenia que conducir y no debía distraer su mirada de la calle.
Después de circular durante cinco minutos y fijarse que la luz de la reserva comenzaba a parpadear giro y pregunto:
-señorita hacia donde quiere que siga?
-realmente no lo sé, lléveme a algún lugar donde nada ni nadie pueda herirme
Esa era una contestación que a el le dejo perplejo, seguramente si conociera ese sitio no estaría trabajando de taxista y estaría allí para siempre.
-mire conozco un bar tranquilo y familiar en el que sirven el mejor capuchino de toda la ciudad
Ella no dijo nada pero un ligero movimiento de hombros le pareció suficiente a el para dirigirse allí.
Al girar a la derecha en una estrecha calle del barrio viejo puso las luces de emergencia y subió el coche en la estrecha acera. Paro el taxímetro. Bajo y abrió la puerta del pasajero y le invito a salir ofreciéndole su mano. Ella la cogió y a el le pareció que nunca había tocado una piel tan especial, no se puede decir que fuese fina pero transmitía una sensación de delicadeza y un escalofrió recorrió su columna hasta la nuca. Cuando bajo del coche unos penetrantes ojos azules le miraron, resaltaban mucho en contraste con su pelo oscuro y su piel blanquecina.
Entraron en el bar, una vieja y desgastada barra se abría frente en uno de los lados, unas lámparas de color anaranjado colgaban del techo encima de la barra, en las paredes viejas fotos de la ciudad descoloridas por el paso del tiempo, algunas fotos del que seguro era el camarero años atrás, una antigua colección de llaveros estaba pegada con pequeñas chinchetas en los bordes de los estantes, botellas de amarillentas etiquetas que nunca se habían utilizado y una cafetera que parecía haber salido de una cafetería de los años cincuenta llena en su parte superior de vasos y tázas. El camarero era un hombre por el cual la vida había dejado hondas huellas de sufrimiento, pero el cual transmitía una sensación de bondad dijo:
_hombre! El mejor taxista de la ciudad, cuidado con las carteras, ajaja
el camarero soltó una carcajada y un hombre mayor apoyado en el fondo de la barra no pudo aguantarse una sonrisa
-Diego, tu siempre igual, dijo entre risas, ten cuidado con lo que dices que hoy vengo con una clienta, le dijo al camarero mientras le hacia un guiño con su ojo con la intención de que todo el mundo lo viera.
_Esta bien, de acuerdo, ya callo. Que les pongo a los señores?
_
El tomo la decisión de pedir dos cafés, y se dirigió a la mesa en el fondo del bar, se sentó y tras él ella tomo sitio en la silla de al lado. Las luces de la tragaperras jugueteaban en la cara de aquella mujer convirtiéndola aun más intrigante y enigmática.
El camarero trajo los cafés y él abrió el azucarcillo dándose cuenta que ella colocaba la cucharilla dentro del café sin poner nada de azúcar.
_Por cierto me llamo Tobías...
_Perdona pero he de irme, gracias por todo. Acto seguido deja un billete de veinte euros en la mesa y dijo: supongo que con esto llegara para todo se levanto y salió del bar.
El se queda totalmente parado, se preguntaba que había pasado, habría dicho algo incorrecto? No lo creía, puesto que prácticamente no había tenido tiempo de articular palabra, se quedo unos minutos pensativo y al salir del estado de confusión en el que se había quedado se dio cuenta que volvía a estar solo, solo en aquella mesa, estaba solo en el bar, una sensación de agobio le embargo, se levanto dejo tres monedas en la barra y salió sin despedirse. Monto en el taxi y lo puso en marcha.
Al día siguiente se levanto después de una noche de extraños sueños, sueños de calles obscuras y solitaria donde siempre le parecía ver aquellos ojos azules tras cualquier esquina o tras algún sucio cristal.
Se ducho y desayuno, arranco el coche y salió a la calle, era otra madrugada húmeda y pegajosa. Circulo varias horas dándose cuenta al final de que, no se alejaba mucho del sitio donde la noche anterior recogió a esa chica.
Al pasar por la puerta de hotel Continental, miro a su derecha y la vio asida del brazo de un hombre obeso. El vestía un traje que le pareció que el no podría comprar ni con el sueldo de una vida. Reían y se hablaban al oído y volvían a reír, le pareció que se conocían de tiempo y parecía que se tenían cariño.
Piso con fuerza los frenos de su taxi al mismo tiempo que daba un volantazo para dirigirse hacia la acera.
El sonido del frenazo en la madrugada izo que todos ,incluida ella miraran hacia el, abrió la puerta y salió de medio cuerpo por encima del techo del vehículo, se la quedo mirando al mismo tiempo que se preguntaba que narices hacia, no sabia ni como se llamaba.
El hombre obeso lo miro por un momento y después de hacer una mueca de desaprobación siguió hacia delante, tirando del brazo de ella. Esta se quedo mirando a Tobías, sin decir nada pero sus labios dibujaron una minúscula sonrisa que Tobías pudo apreciar. Cuando pestañeo y volvió a mirar hacia la acera, la pareja estaba ya entrando por la puerta del hotel
Decidió parar el taxi en la siguiente esquina desde donde tenia un plano perfecto del hotel, se dijo que esperaría y que cuando ella saliese le diría algo, no sabia el que, pero ya improvisaría algo.
Estuvo dos horas que le parecieron dos días, mirando por el retrovisor, vio dos piernas enfundadas en unos téjanos azules, se giro y distinguió perfectamente la camiseta DKNY negra ajustada que ella llevaba al entrar. Espero que estuviera a la altura del taxi para salir , pero cuando lo IVA a hacer la puerta de atrás se abrió y entro ella en el taxi. El se quedo parado, incluso estaba en una posición ,medio salido del taxi , que imagino que a ella le aria gracia.
-hola, esta noche te digo yo donde tomaremos algo.
Ella le condujo por diferentes calles del casco antiguo de la ciudad, el no puso ningún repara y obedeció las indicaciones de la mujeréele parecía que después de tantos años conduciendo nunca había estado por allí.
_Deja el coche aquí. Le dijo la chica
El aparco el vehículo y paro el motor, Ella bajo del coche se dirigió a la puerta de el y le cogió la mano.
Se pararon delante de una vieja puerta enfrente de la cual había un fornido hombre, de aspecto serio y anchas espaldas enfundado en un traje negro con corbata.El que parecía ser el portero del antro la miro, esbozo una leve sonrisa, estaba claro que no sabia sonreír , era demasiado serio, y acto seguido se aparto aun lado y abrió con su brazo una portezuela de antigua madera.
De detrás de la puerta una mortecina luz azul entre una neblina se dejo asomar, la música trance invadió sus oídos. Ella le tomo la mano y tiro de el hacia adentro.Sin darse cuenta se encontró en un lugar desconocido la niebla y la luz cegaban sus oídos y visión, apenas podía ver la mano que tiraba de el. Se dejo llevar, al instante se vio en una especie de pista de baile con gente moviéndose en extrañas danzas, gente que aparecía y desaparecía de la niebla. Ella al igual que todos comenzó a bailar de una ,manera especial.Se acercaba a el y desaparecía para volver por su espalda acogiéndole los hombros y susurrarle algo que el no llegaba a entender.De repente y sin darse cuenta vio como ella se acerco a el, y tras tocarle la cara acerco sus labios a su boca, el cerro los ojos y noto como los labios de la chica se pegaban a los suyos para poco a poco, entreabrir la boca y nota un chorro de sensaciones que le hicieron estremecerse. No sabría definir el gusto de su boca pero distinguió el amargo sabor del éxtasis.
Por un instante pensó en separarse y escupir aquella sustancia que invadía su paladar, pero aunque lo intento no era dueño de sus actos y le era totalmente imposible de separase, ni tan siquiera podía pensar.
Al poco rato las luces empezaron a desfigurarse, las caras de la gente comenzaron a cambiar, la música parecía aletargarse y a el le parecía moverse como en el espacio. Ella lo cogió de la mano y lo condujo a una pequeña puerta situada detrás de lo que parecía un escenario, bajaron unas escaleras y fueron a parar a una sala, pequeña, cuadrada llena de puertas a modo de reservados. Entraron en una de ellas, un sofá no muy grande era lo único que había dentro del habitáculo, lo empujo y el se dejo caer en el sofa. Ella se subió encima de el y comenzó a besarle por toda la cara. Al mismo tiempo ella no dejaba de moverse encima de el. El creía que nunca había estado tan excitado, su erección era notaba tras sus téjanos , ella se dio cuenta y deslizo su mano por el pecho hasta los pantalones. Después de acariciarlo por encima de la ropa , comenzó a desabrochar sus pantalones y comenzó a masturbarle.
Entre la excitación y los efectos del éxtasis, el ya no era dueños de sus actos.
Cuando abrió los ojos una luz intensa le cegaba, un calor asfixiante casi no le dejaba ni respirar. Parpadeo varias veces con la intención de aclarar su vista.
- eh! Mama, mira hay un señor dentro del taxi y no hace buena cara!
- -vamos cariño , ven aquí.
La cara de un niño pelirrojo y pecoso estaba al otro lado del cristal, haciéndole muecas y riendo. Tobías se incorporo, estaba dentro de su taxi, sin camisa y sin saber donde estaba aparcado..Salió del coche, la luz intensa del día le hacia daño en los ojos, miro a su alrededor y se dio cuenta que estaba en al malecón del puerto viejo. No tenia ni idea de cómo había llegado allí, ni siquiera sabia que hora era. Miro su reloj, las dos del mediodía. Intentaba recordar pero todo estaba confuso y lleno de neblina azulada. Recordaba la chica, la música, el reservado y a ella encima de el, pero no conseguía recordar nada mas. Decidió ir hacia su casa, necesitaba una ducha y un café bien cargado.
Cuando llego a su casa y subió a su piso, se dio cuenta que la señora Rosario, vecina de rellano, estaba barriendo el pasillo de su casa con la puerta de su piso abierta. Tobías intento saludar y darle los buenos días pero solo pudo balbucear algo que ni siquiera el entendió. Noto la mirada inquisidora de su vecina mientras le dedicaba una falsa sonrisa. Busco en sus pantalones las llaves del pequeño apartamento y lucho por unos instantes por abrir la maldita puerta, mientras tanto notaba los ojos de ella clavados en su nuca.
Después de ducharse y vestirse , cogió su taxi y se dirigió al hotel continental, aparcó justo en la entrada del mismo, lo que hizo que el mozo de la puerta se acercara y le advirtiera que no se podía parar, el hizo caso omiso y se dirigió a la recepción.
-Buenos días señor, en que puedo ayudarle?
-esto... mire estoy buscando a una mujer de pelo negro y ojos azules , alta y delgada que ayer estaba con un señor mas bien regordete y con aspecto de ricacho
_lo siento caballero pero esta prohibido dar información de nuestros clientes.
_oiga, señorita, necesito encontrar a esa mujer
_le repito caballero que nos esta totalmente prohibido, pero viendo su cara de preocupación, le puedo decir que ayer estuve yo todo el día en recepción y le aseguro que nadie con esa descripción se ha hospedado en toda esta semana, estamos completos con un gran grupo de ancianos americanos.
Tobías se quedo paralizado, no entendía nada, estaba seguro de haberla visto entrar y salir de ese hotel. Salió a la calle sin prestar atención a los comentarios que le hacia el mozo de la puerta. Subió al taxi y se quedo pensativo con la mirada perdida. Unos golpes y unas voces fuera le hicieron volver a la realidad, arranco el coche y se puso en marcha. Se acercaría al antro de la noche anterior, seguramente allí le dirían algo, recordaba que el portero parecía conocer a la chica.
Cuando llego a la callejuela donde estaba el garito, aparco en el primer sitio que vio, ando cinco minutos por la acera, se paro y vio la vieja puerta de madera, encima de esta colgaba un letrero de “Derribos Atienza”, se quedo paralizado, no entendía nada. Los músculos de su cuerpo estaban rígidos y apenas podía respirar. Miro a los lados de la puesta y a la derecha había una pequeña tienda de comestibles, entro en ella. La tienda era vieja en sus estanterías había casi de todo, bebidas, patatas fritas al lado de lejías y fregaplatos, antiguos carteles anunciando bebidas refrescantes e incluso comida para perros y matarratas en pastillas. Al fondo tras un pequeño mostrador llenos de pastas dulces y gominotas había una anciana casi tan vieja como la tienda.
_Buenos días señora
_que desea joven?
_solo quería preguntarle si sabe algo del local este de al lado suyo?
_Cual? Casa Julia? Era una cacharrería, pero hace unos años la dueña murió y lo cerraron, ahora creo que el ayuntamiento quiere construir un parking.
_oiga, eso no es posible, ayer noche estuve en una fiesta en ese local y estaba lleno de gente y ..
_mire hijo, llevo viviendo aquí cuarenta años y le digo que ese local esta cerrado desde hace quince.
Tobías salió de la tienda sin decir nada, tambaleándose, completamente aturdido y confuso.
Subió en el taxi, y circulo varias horas, pasando continuamente por la calle y la puerta del hotel.
Acabo dirigiéndose al malecón y aparcando justo en el mismo lugar donde se había despertado, paro el motor y miro hacia delante suyo, el bello de su cuerpo se erizo y un nudo se le hizo en el estomago. Allí estaba ella, su pelo, sus ojos y la mortecina luz azulada. Era ella anunciando esa línea de ropa, estaba allí y esta vez no se le escaparía, esta vez le preguntaría el nombre.
Abriola guantera del coche y saco un estuche marrón, lo abrió y cogió la papelina de polvos marrón, calentó la cucharilla he izo la mezcla, esta vez mayor para poder estar un rato mas con ella, se anudo la goma al antebrazo y comenzó a inyectarse la heroína. Al mismo tiempo que esta entraba en su vena, la puerta del acompañante se abrió y ella se sentó a su lado, puso la mano por encima de sus hombros y lo apretó ligeramente. A el le hizo sentirse seguro y contento, volvía a estar con ella y le daba la impresión de que nunca mas se separarían.
_Fernández venga
_ si sargento
_Que nadie se acerque al vehículo, y pregunte a la gente si ha visto algo
_Sargento, aquí hay un abuelo que sabe algo del tío del taxi
_Mire, yo vengo a pescar aquí todas las noches y desde hace dos o tres este taxi siempre se tiraba toda la noche delante de ese cartel, solo se eso
_ok gracias, Fernández tómale los datos al señor
El sargento se quedo mirando el la fotografía del anuncio, en ella una chica estaba sentada en el morro de un viejo taxi, detrás una ciudad entre las luces de la noche, para el era un anuncio mas de camisetas.
Tobías lo había conseguido, estaría con ella para siempre en ese lugar donde nadie te hace daño y de donde no saldría nunca mas.
Xavier Figueras
Se dio la vuelta
Para mirar el reloj digital que tenia encima de la mesita. Una luz roja intermitente le indicaba que se había vuelto a ir la corriente esa noche, esta harto de las obras de la calle. Creía que debían de ser las cuatro mas o menos.
Se metió de cabeza en la ducha, apoyo las manos enfrente de él y abrió de un golpe el grifo, un chorro de agua fría golpeo su nuca, era una grata sensación.
Después de vestirse se preparo un café bien cargado y, sentado en la pequeña mesa de la cocina se encendió un pitillo.
El aire cargado de humedad y de los olores normales de la ciudad entraba por la ventanilla de su viejo taxi. Decidió para en aquella calle céntrica, no-tenia mucho combustible y necesitaba hacer una carrera para poder llenar algo el deposito.
Esperando que apareciese algún cliente, se entretenía en repasar su vida, siempre llegaba a la misma conclusión: creía no ser feliz, sé había pasado la vida intentando agradar a los demás, siempre con proyectos que antes de comenzar sabia que no llegaría ha hacer.
Sin pareja, en un trabajo que no le reportaba ni siquiera gratificación económica, solo, eso era lo único que terna claro, otra vez solo...
-Hola! Esta libre?
Esa voz lo despertó de su sueño lleno de frustraciones
-Si, suba
-bajo la palanqueta del taxímetro
-donde?
-Da igual arranque y demos una vuelta
Hasta ese momento no había ni mirado quien era la persona que había subido, miro por el retrovisor, no podía verla bien, el retrovisor no le permitía ver mas que una parte de la frente de la pasajera, Un mechón de pelo rizado y negro caía encima de unas finas cejas negras. Su voz parecía la de alguien triste.
Había aprendido a analizar a la gente que subía a su taxi, era como un juego, una distracción.
Aquella mujer olía de una manera especia, una mezcla de fragancia de alguna extraña flor mezclada con una penetrante olor personal.
Sentía una atracción irresistible por mirar hacia detrás, pero tenia que conducir y no debía distraer su mirada de la calle.
Después de circular durante cinco minutos y fijarse que la luz de la reserva comenzaba a parpadear giro y pregunto:
-señorita hacia donde quiere que siga?
-realmente no lo sé, lléveme a algún lugar donde nada ni nadie pueda herirme
Esa era una contestación que a el le dejo perplejo, seguramente si conociera ese sitio no estaría trabajando de taxista y estaría allí para siempre.
-mire conozco un bar tranquilo y familiar en el que sirven el mejor capuchino de toda la ciudad
Ella no dijo nada pero un ligero movimiento de hombros le pareció suficiente a el para dirigirse allí.
Al girar a la derecha en una estrecha calle del barrio viejo puso las luces de emergencia y subió el coche en la estrecha acera. Paro el taxímetro. Bajo y abrió la puerta del pasajero y le invito a salir ofreciéndole su mano. Ella la cogió y a el le pareció que nunca había tocado una piel tan especial, no se puede decir que fuese fina pero transmitía una sensación de delicadeza y un escalofrió recorrió su columna hasta la nuca. Cuando bajo del coche unos penetrantes ojos azules le miraron, resaltaban mucho en contraste con su pelo oscuro y su piel blanquecina.
Entraron en el bar, una vieja y desgastada barra se abría frente en uno de los lados, unas lámparas de color anaranjado colgaban del techo encima de la barra, en las paredes viejas fotos de la ciudad descoloridas por el paso del tiempo, algunas fotos del que seguro era el camarero años atrás, una antigua colección de llaveros estaba pegada con pequeñas chinchetas en los bordes de los estantes, botellas de amarillentas etiquetas que nunca se habían utilizado y una cafetera que parecía haber salido de una cafetería de los años cincuenta llena en su parte superior de vasos y tázas. El camarero era un hombre por el cual la vida había dejado hondas huellas de sufrimiento, pero el cual transmitía una sensación de bondad dijo:
_hombre! El mejor taxista de la ciudad, cuidado con las carteras, ajaja
el camarero soltó una carcajada y un hombre mayor apoyado en el fondo de la barra no pudo aguantarse una sonrisa
-Diego, tu siempre igual, dijo entre risas, ten cuidado con lo que dices que hoy vengo con una clienta, le dijo al camarero mientras le hacia un guiño con su ojo con la intención de que todo el mundo lo viera.
_Esta bien, de acuerdo, ya callo. Que les pongo a los señores?
_
El tomo la decisión de pedir dos cafés, y se dirigió a la mesa en el fondo del bar, se sentó y tras él ella tomo sitio en la silla de al lado. Las luces de la tragaperras jugueteaban en la cara de aquella mujer convirtiéndola aun más intrigante y enigmática.
El camarero trajo los cafés y él abrió el azucarcillo dándose cuenta que ella colocaba la cucharilla dentro del café sin poner nada de azúcar.
_Por cierto me llamo Tobías...
_Perdona pero he de irme, gracias por todo. Acto seguido deja un billete de veinte euros en la mesa y dijo: supongo que con esto llegara para todo se levanto y salió del bar.
El se queda totalmente parado, se preguntaba que había pasado, habría dicho algo incorrecto? No lo creía, puesto que prácticamente no había tenido tiempo de articular palabra, se quedo unos minutos pensativo y al salir del estado de confusión en el que se había quedado se dio cuenta que volvía a estar solo, solo en aquella mesa, estaba solo en el bar, una sensación de agobio le embargo, se levanto dejo tres monedas en la barra y salió sin despedirse. Monto en el taxi y lo puso en marcha.
Al día siguiente se levanto después de una noche de extraños sueños, sueños de calles obscuras y solitaria donde siempre le parecía ver aquellos ojos azules tras cualquier esquina o tras algún sucio cristal.
Se ducho y desayuno, arranco el coche y salió a la calle, era otra madrugada húmeda y pegajosa. Circulo varias horas dándose cuenta al final de que, no se alejaba mucho del sitio donde la noche anterior recogió a esa chica.
Al pasar por la puerta de hotel Continental, miro a su derecha y la vio asida del brazo de un hombre obeso. El vestía un traje que le pareció que el no podría comprar ni con el sueldo de una vida. Reían y se hablaban al oído y volvían a reír, le pareció que se conocían de tiempo y parecía que se tenían cariño.
Piso con fuerza los frenos de su taxi al mismo tiempo que daba un volantazo para dirigirse hacia la acera.
El sonido del frenazo en la madrugada izo que todos ,incluida ella miraran hacia el, abrió la puerta y salió de medio cuerpo por encima del techo del vehículo, se la quedo mirando al mismo tiempo que se preguntaba que narices hacia, no sabia ni como se llamaba.
El hombre obeso lo miro por un momento y después de hacer una mueca de desaprobación siguió hacia delante, tirando del brazo de ella. Esta se quedo mirando a Tobías, sin decir nada pero sus labios dibujaron una minúscula sonrisa que Tobías pudo apreciar. Cuando pestañeo y volvió a mirar hacia la acera, la pareja estaba ya entrando por la puerta del hotel
Decidió parar el taxi en la siguiente esquina desde donde tenia un plano perfecto del hotel, se dijo que esperaría y que cuando ella saliese le diría algo, no sabia el que, pero ya improvisaría algo.
Estuvo dos horas que le parecieron dos días, mirando por el retrovisor, vio dos piernas enfundadas en unos téjanos azules, se giro y distinguió perfectamente la camiseta DKNY negra ajustada que ella llevaba al entrar. Espero que estuviera a la altura del taxi para salir , pero cuando lo IVA a hacer la puerta de atrás se abrió y entro ella en el taxi. El se quedo parado, incluso estaba en una posición ,medio salido del taxi , que imagino que a ella le aria gracia.
-hola, esta noche te digo yo donde tomaremos algo.
Ella le condujo por diferentes calles del casco antiguo de la ciudad, el no puso ningún repara y obedeció las indicaciones de la mujeréele parecía que después de tantos años conduciendo nunca había estado por allí.
_Deja el coche aquí. Le dijo la chica
El aparco el vehículo y paro el motor, Ella bajo del coche se dirigió a la puerta de el y le cogió la mano.
Se pararon delante de una vieja puerta enfrente de la cual había un fornido hombre, de aspecto serio y anchas espaldas enfundado en un traje negro con corbata.El que parecía ser el portero del antro la miro, esbozo una leve sonrisa, estaba claro que no sabia sonreír , era demasiado serio, y acto seguido se aparto aun lado y abrió con su brazo una portezuela de antigua madera.
De detrás de la puerta una mortecina luz azul entre una neblina se dejo asomar, la música trance invadió sus oídos. Ella le tomo la mano y tiro de el hacia adentro.Sin darse cuenta se encontró en un lugar desconocido la niebla y la luz cegaban sus oídos y visión, apenas podía ver la mano que tiraba de el. Se dejo llevar, al instante se vio en una especie de pista de baile con gente moviéndose en extrañas danzas, gente que aparecía y desaparecía de la niebla. Ella al igual que todos comenzó a bailar de una ,manera especial.Se acercaba a el y desaparecía para volver por su espalda acogiéndole los hombros y susurrarle algo que el no llegaba a entender.De repente y sin darse cuenta vio como ella se acerco a el, y tras tocarle la cara acerco sus labios a su boca, el cerro los ojos y noto como los labios de la chica se pegaban a los suyos para poco a poco, entreabrir la boca y nota un chorro de sensaciones que le hicieron estremecerse. No sabría definir el gusto de su boca pero distinguió el amargo sabor del éxtasis.
Por un instante pensó en separarse y escupir aquella sustancia que invadía su paladar, pero aunque lo intento no era dueño de sus actos y le era totalmente imposible de separase, ni tan siquiera podía pensar.
Al poco rato las luces empezaron a desfigurarse, las caras de la gente comenzaron a cambiar, la música parecía aletargarse y a el le parecía moverse como en el espacio. Ella lo cogió de la mano y lo condujo a una pequeña puerta situada detrás de lo que parecía un escenario, bajaron unas escaleras y fueron a parar a una sala, pequeña, cuadrada llena de puertas a modo de reservados. Entraron en una de ellas, un sofá no muy grande era lo único que había dentro del habitáculo, lo empujo y el se dejo caer en el sofa. Ella se subió encima de el y comenzó a besarle por toda la cara. Al mismo tiempo ella no dejaba de moverse encima de el. El creía que nunca había estado tan excitado, su erección era notaba tras sus téjanos , ella se dio cuenta y deslizo su mano por el pecho hasta los pantalones. Después de acariciarlo por encima de la ropa , comenzó a desabrochar sus pantalones y comenzó a masturbarle.
Entre la excitación y los efectos del éxtasis, el ya no era dueños de sus actos.
Cuando abrió los ojos una luz intensa le cegaba, un calor asfixiante casi no le dejaba ni respirar. Parpadeo varias veces con la intención de aclarar su vista.
- eh! Mama, mira hay un señor dentro del taxi y no hace buena cara!
- -vamos cariño , ven aquí.
La cara de un niño pelirrojo y pecoso estaba al otro lado del cristal, haciéndole muecas y riendo. Tobías se incorporo, estaba dentro de su taxi, sin camisa y sin saber donde estaba aparcado..Salió del coche, la luz intensa del día le hacia daño en los ojos, miro a su alrededor y se dio cuenta que estaba en al malecón del puerto viejo. No tenia ni idea de cómo había llegado allí, ni siquiera sabia que hora era. Miro su reloj, las dos del mediodía. Intentaba recordar pero todo estaba confuso y lleno de neblina azulada. Recordaba la chica, la música, el reservado y a ella encima de el, pero no conseguía recordar nada mas. Decidió ir hacia su casa, necesitaba una ducha y un café bien cargado.
Cuando llego a su casa y subió a su piso, se dio cuenta que la señora Rosario, vecina de rellano, estaba barriendo el pasillo de su casa con la puerta de su piso abierta. Tobías intento saludar y darle los buenos días pero solo pudo balbucear algo que ni siquiera el entendió. Noto la mirada inquisidora de su vecina mientras le dedicaba una falsa sonrisa. Busco en sus pantalones las llaves del pequeño apartamento y lucho por unos instantes por abrir la maldita puerta, mientras tanto notaba los ojos de ella clavados en su nuca.
Después de ducharse y vestirse , cogió su taxi y se dirigió al hotel continental, aparcó justo en la entrada del mismo, lo que hizo que el mozo de la puerta se acercara y le advirtiera que no se podía parar, el hizo caso omiso y se dirigió a la recepción.
-Buenos días señor, en que puedo ayudarle?
-esto... mire estoy buscando a una mujer de pelo negro y ojos azules , alta y delgada que ayer estaba con un señor mas bien regordete y con aspecto de ricacho
_lo siento caballero pero esta prohibido dar información de nuestros clientes.
_oiga, señorita, necesito encontrar a esa mujer
_le repito caballero que nos esta totalmente prohibido, pero viendo su cara de preocupación, le puedo decir que ayer estuve yo todo el día en recepción y le aseguro que nadie con esa descripción se ha hospedado en toda esta semana, estamos completos con un gran grupo de ancianos americanos.
Tobías se quedo paralizado, no entendía nada, estaba seguro de haberla visto entrar y salir de ese hotel. Salió a la calle sin prestar atención a los comentarios que le hacia el mozo de la puerta. Subió al taxi y se quedo pensativo con la mirada perdida. Unos golpes y unas voces fuera le hicieron volver a la realidad, arranco el coche y se puso en marcha. Se acercaría al antro de la noche anterior, seguramente allí le dirían algo, recordaba que el portero parecía conocer a la chica.
Cuando llego a la callejuela donde estaba el garito, aparco en el primer sitio que vio, ando cinco minutos por la acera, se paro y vio la vieja puerta de madera, encima de esta colgaba un letrero de “Derribos Atienza”, se quedo paralizado, no entendía nada. Los músculos de su cuerpo estaban rígidos y apenas podía respirar. Miro a los lados de la puesta y a la derecha había una pequeña tienda de comestibles, entro en ella. La tienda era vieja en sus estanterías había casi de todo, bebidas, patatas fritas al lado de lejías y fregaplatos, antiguos carteles anunciando bebidas refrescantes e incluso comida para perros y matarratas en pastillas. Al fondo tras un pequeño mostrador llenos de pastas dulces y gominotas había una anciana casi tan vieja como la tienda.
_Buenos días señora
_que desea joven?
_solo quería preguntarle si sabe algo del local este de al lado suyo?
_Cual? Casa Julia? Era una cacharrería, pero hace unos años la dueña murió y lo cerraron, ahora creo que el ayuntamiento quiere construir un parking.
_oiga, eso no es posible, ayer noche estuve en una fiesta en ese local y estaba lleno de gente y ..
_mire hijo, llevo viviendo aquí cuarenta años y le digo que ese local esta cerrado desde hace quince.
Tobías salió de la tienda sin decir nada, tambaleándose, completamente aturdido y confuso.
Subió en el taxi, y circulo varias horas, pasando continuamente por la calle y la puerta del hotel.
Acabo dirigiéndose al malecón y aparcando justo en el mismo lugar donde se había despertado, paro el motor y miro hacia delante suyo, el bello de su cuerpo se erizo y un nudo se le hizo en el estomago. Allí estaba ella, su pelo, sus ojos y la mortecina luz azulada. Era ella anunciando esa línea de ropa, estaba allí y esta vez no se le escaparía, esta vez le preguntaría el nombre.
Abriola guantera del coche y saco un estuche marrón, lo abrió y cogió la papelina de polvos marrón, calentó la cucharilla he izo la mezcla, esta vez mayor para poder estar un rato mas con ella, se anudo la goma al antebrazo y comenzó a inyectarse la heroína. Al mismo tiempo que esta entraba en su vena, la puerta del acompañante se abrió y ella se sentó a su lado, puso la mano por encima de sus hombros y lo apretó ligeramente. A el le hizo sentirse seguro y contento, volvía a estar con ella y le daba la impresión de que nunca mas se separarían.
_Fernández venga
_ si sargento
_Que nadie se acerque al vehículo, y pregunte a la gente si ha visto algo
_Sargento, aquí hay un abuelo que sabe algo del tío del taxi
_Mire, yo vengo a pescar aquí todas las noches y desde hace dos o tres este taxi siempre se tiraba toda la noche delante de ese cartel, solo se eso
_ok gracias, Fernández tómale los datos al señor
El sargento se quedo mirando el la fotografía del anuncio, en ella una chica estaba sentada en el morro de un viejo taxi, detrás una ciudad entre las luces de la noche, para el era un anuncio mas de camisetas.
Tobías lo había conseguido, estaría con ella para siempre en ese lugar donde nadie te hace daño y de donde no saldría nunca mas.
Xavier Figueras