madeiro
28-jun-2008, 03:13
El destino no existe. Es imposible cruzar una avenida con los ojos cerrados imaginando que sólo nos pasará algo si es nuestra hora. No se muere tal día y a tal hora porque estaba escrito. Los hechos suceden inevitablemente cuando suceden, respondiendo a una secuencia, a un encadenamiento, que los otros y nosotros establecemos, ya sea directa o indirectamente, a cada instante, con cada acción o inacción. Es mentirosa la mágica figura del destino con la que justificamos y explicamos fácilmente tantas cosas.
Todos estamos de alguna forma: codificados, medio determinados física y síquicamente; sujetos a una serie de parámetros internos que nos son propios. De tal manera que existen mayores probabilidades de que pensemos y actuemos más en un sentido que en otro. Que nos guste más la letra "A" que el número "1". Que estemos más expuestos a enfermedades o no. Que nuestra lucidez mental sea más o menos brillante. Que nos orientemos al optimismo o al pesimismo. Que actuemos prudentemente o de manera irreflexiva. Todo eso, en alguna medida, forma parte de la ilusión que llamamos destino.
¿Te criaste en el seno de una familia económicamente humilde o acomodada?; ¿Tuviste o no educación escolar?; ¿Te desarrollaste en el campo o en la ciudad?; ¿Fuiste bien alimentado y cuidado en tu salud durante la infancia o padeciste necesidades?; Tus padres ¿tenían suficiente instrucción o sentido común para guiarte adecuadamente?; ¿Tu entorno fue agresivo o cálido?; ¿Pudiste elegir tus amigos o relaciones, o surgieron de lo que había en un medio marginal y aislado?; ¿Tu capacidad e inteligencia se pudo desarrollar libremente o no?. Hay muchas otras preguntas similares a estas. Quien sin una pizca de vanidad pueda contestarlas con la verdad y analizar su situación frente a la vida en relación a alguna otra opuesta a la suya, comprenderá que el destino de muchas personas está altamente condicionado por las circunstancias (los que hayan perdido alguna capacidad motora en su cuerpo entienden de que hablo). No es lo mismo dos piernas que una, buena vista o ceguera. Esto nos resulta muy claro. Menos obvio nos parece la forma de vida, el comportamiento, la inteligencia y la voluntad de aquellos que no alcanzaron un estándar de vida mínimo necesario, y como tales viven en la pobreza, la marginalidad, el alcoholismo, etc.. Estoy convencido que nada justifica la actividad delictiva de algunas personas; cada uno debe ser responsable de sus propios actos. También estoy convencido que mucho de lo que somos es el fruto de la suerte de “en que casa y en que pueblo nos tocó nacer”. A través de esfuerzo podemos alcanzar las metas más altas; más allá del mérito propio que esto implica, no debemos olvidarnos que: hasta el hombre que escribe esta reflexión puede hacerlo porque nació en una buena familia, recibió educación, conoció a buenas personas, leyó buenos libros y naturalmente su corazón se inclinó a esas cosas y a la observación. Hay algo de mérito en uno, pero no demasiado. Acaso ¿estaría escribiendo esto si hubiera nacido en una familia pobre en el Zaire?.
Las obras de mi autoría publicadas aquí o en otros sitios de la Internet, son de distribución LIBRE y GRATUITA, siempre que sea sin fines de lucro, respetando el texto y citando al autor. Si lo haces, me gustará saberlo. Será un placer que alguien los encuentre útiles para obtener fondos destinados a un fin solidario comprobable como, por ejemplo, ayudar a niños pobres. ¡Que DIOS te bendiga!
Todos estamos de alguna forma: codificados, medio determinados física y síquicamente; sujetos a una serie de parámetros internos que nos son propios. De tal manera que existen mayores probabilidades de que pensemos y actuemos más en un sentido que en otro. Que nos guste más la letra "A" que el número "1". Que estemos más expuestos a enfermedades o no. Que nuestra lucidez mental sea más o menos brillante. Que nos orientemos al optimismo o al pesimismo. Que actuemos prudentemente o de manera irreflexiva. Todo eso, en alguna medida, forma parte de la ilusión que llamamos destino.
¿Te criaste en el seno de una familia económicamente humilde o acomodada?; ¿Tuviste o no educación escolar?; ¿Te desarrollaste en el campo o en la ciudad?; ¿Fuiste bien alimentado y cuidado en tu salud durante la infancia o padeciste necesidades?; Tus padres ¿tenían suficiente instrucción o sentido común para guiarte adecuadamente?; ¿Tu entorno fue agresivo o cálido?; ¿Pudiste elegir tus amigos o relaciones, o surgieron de lo que había en un medio marginal y aislado?; ¿Tu capacidad e inteligencia se pudo desarrollar libremente o no?. Hay muchas otras preguntas similares a estas. Quien sin una pizca de vanidad pueda contestarlas con la verdad y analizar su situación frente a la vida en relación a alguna otra opuesta a la suya, comprenderá que el destino de muchas personas está altamente condicionado por las circunstancias (los que hayan perdido alguna capacidad motora en su cuerpo entienden de que hablo). No es lo mismo dos piernas que una, buena vista o ceguera. Esto nos resulta muy claro. Menos obvio nos parece la forma de vida, el comportamiento, la inteligencia y la voluntad de aquellos que no alcanzaron un estándar de vida mínimo necesario, y como tales viven en la pobreza, la marginalidad, el alcoholismo, etc.. Estoy convencido que nada justifica la actividad delictiva de algunas personas; cada uno debe ser responsable de sus propios actos. También estoy convencido que mucho de lo que somos es el fruto de la suerte de “en que casa y en que pueblo nos tocó nacer”. A través de esfuerzo podemos alcanzar las metas más altas; más allá del mérito propio que esto implica, no debemos olvidarnos que: hasta el hombre que escribe esta reflexión puede hacerlo porque nació en una buena familia, recibió educación, conoció a buenas personas, leyó buenos libros y naturalmente su corazón se inclinó a esas cosas y a la observación. Hay algo de mérito en uno, pero no demasiado. Acaso ¿estaría escribiendo esto si hubiera nacido en una familia pobre en el Zaire?.
Las obras de mi autoría publicadas aquí o en otros sitios de la Internet, son de distribución LIBRE y GRATUITA, siempre que sea sin fines de lucro, respetando el texto y citando al autor. Si lo haces, me gustará saberlo. Será un placer que alguien los encuentre útiles para obtener fondos destinados a un fin solidario comprobable como, por ejemplo, ayudar a niños pobres. ¡Que DIOS te bendiga!