rocinante
22-jun-2008, 18:23
ILENCIO,..... SE RUEDA
En aquella aventura me metió mi buen amigo Ignacio. Gallego de pro, y aficionado a coleccionar todo lo extraño y raro que aparece por Internet, además de dibujar en papel de cebolla escudos nobiliarios. En uno de ellos estaba cuando aquella tarde, nada más verme entrar por la puerta, y antes que le diera lo que le había repescado por la Red. Me dijo.
-¡¿Oye te quieres venir a ver de grabar un programa de televisión?
-¡Mira Ignacio.¡
Le contesté un poco sorprendido.
.- ¡Seguro que hay que desplazarse lejos de la ciudad, y yo no quiero coger el coche. ¡-
. -¡Nada de eso. ¡Dijo rápidamente y sin casi esperar a que yo siguiera en mis excusas.
-¡Te llevan y te traen en autobús, te dan de cenar y te pasas unas horas muy divertidas. Además puedes conocer a gente famosa. Yo mismo tengo una buena colección de autógrafos de actores televisivos de todas las veces que he ido. ¡-
Al final, no de muy buena gana acepté, y el Martes de esa semana, al anochecer y con un frió de mil demonios, nos dirigimos al autocar que nos esperaba en una de las calles vecinas.
Casi todos éramos vecinos del barrio. Pocos jóvenes y abundancia de gente madura. Todos vestidos con sus mejores galas. Esplendidos peinados las señoras y un fuerte olor a perfume que hacia irrespirable la tibia atmósfera que nos dio en la cara cuando subimos al autobús.
El trayecto hasta los estudios de televisión transcurrió con normalidad, casi todos se conocían de anteriores visitas y el ambiente era festivo y amable. Una vez llegamos, en la puerta de entrada la cosa se puso seria.
¡-Oigan escuchen todos……...Carné de identidad en la mano, y no se salgan del camino. ¡-
Esto nos lo decía uno de los tres guardias de seguridad que nos escoltaron hasta el vestíbulo. Allí hubo que hacer varios trámites. Filiación completa de cada uno, pasar por el arco de detección de metales, registro de bolsos y diez pares de ojos vigilándo todos nuestros movimientos.
-¡Oiga pasen por aquí. ¡-
¡- No… Ud. Deje el bolso en la cinta. ¡-
-¡Oiga porque pasa otra vez. ¡-
-¡Si todo lo metálico déjelo aquí.
No el puente dental no.
¡-¿ De quien es este machete?. Oiga esto esta prohibido.¡- -¡ Es que es un recuerdo del pueblo.¡-
-¡ Señora oiga señora solamente el bolso en la cinta Ud.. No.¡-
-¡ Hay que ver……… que gente.¡-
Seguimos después siempre escoltados y vigilados por pasillos interminables fríos y solitarios hasta una gran sala en la que había que esperar antes de entrar al estudio. Las exiguas filas de butacas junto a las paredes eran un numero de asientos muy escasos para la gran cantidad de gentes que nos reunimos allí, pues después de nosotros llegaron dos nuevos autobuses. Mienmtras, los grupos de visitantes ateridos de frío y muy juntos para darnos calor, mirábamos con desconfianza hacia una especie de camilla y un bulto sobre ella tapado con una sabana blanca situado en el centro de la sala, aquello parecía un velatorio con el muerto allí tapado Un vigilante en la puerta no dejaba salir a nadie de allí, solo lo hacia si le pedías permiso para ir hasta el desconocido y perdido lavabo, y nada mas que de dos en dos.
Los que llegaban de regreso, daban a voz en grito la grata noticia, el water estaba al final del tercer pasillo, doblando a la derecha. Este dato no aclaraba mucho, pero daba esperanza. Las señoras que llegaban decían que habían visto como una especie de peluquería en un pasillo, y las siguientes, con la excusa de la salida se acercaron hasta allí.
¡- Oigan nos podrían arreglar estos pelillos que con el viento de la carretera se han alborotado. ¡-.
.- ¡ Pero señoras es que no ven que esto son los camerinos es en donde se maquillan a los actores….salgan,…. salgan a donde van todas,……no ven que no cabemos aquí. ¡-
Luego de regreso a la sala, entraron con una grata noticia, habían encontrado una maquina de café perdida por algún pasillo. ¡¡Aleluya!!!, esta noticia fue como un revulsivo que animo a aquella masa de ateridos y pacientes futuros espectadores. Una turba de cuerpos se movió en tromba, y amenazó con reventar las puertas metálicas que la contenían.
Todos quisieron salir de allí. Por algo caliente y comestible que le reanimaran, eran capaces de todo. Hasta hubo quien dijo que le llegaba el sabroso y penetrante olor a café recién hecho. El vigilante de la entrada, se las vio y se las deseó para contener a aquella multitud ansiosa., pidió ayuda y con tres compañeros más lo consiguieron empujando la puerta desde afuera. Luego dejaron salir a los de dentro, pero solo de cinco en cinco.
El café de aquella maquina no era malo, era asesino, era de aquellos cafés de cuando en la guerra se lo daban a los presos para que hablaran. Aquel liquido desconocido, aquello, era un brebaje negruzco, con sabor a rayos y cuyas gotas al caer al suelo dejaban una mancha negra e indeleble a las pisadas, al paso del tiempo, y a las fregonas. Si el café era malo, el chocolate era venenoso. Nadie a pesar de lo caliente y humeante que aparecía en la foto de la maquina, se atrevía con el. Algo le decía a aquellas gentes que tomarse aquel brebaje era acabar la noche en el hospital o recluido de por vida en el retrete.
Pero aún así mi amigo que es un valiente, que es el único del barrio que se enfrenta a la grúa municipal cuando esta quiere llevarse algún coche, tuvo ese valor. Pero antes de que lo hiciera, me adelante a los que lo miraban de reojo y con admiración, para decirle que aquello que se disponía ha hacer era una temeridad. Pero el Ignacio me sonrió socarronamente, y pese a que el chocolate estaba muy caliente, como haciéndose el chulo, levantó el vaso humeante, y se lo tomo todo de un trago.
Luego, con las bebidas en la mano y entre charla y bromas fuimos volviendo por donde habíamos llegado, mientras que de tanto en tanto yo miraba a mi amigo que se había puesto muy serio y el color de la cara le había cambiado . De pronto solo dijo dos palabras
.- ¡El water,.....¡¡¡¡¡Donde está el waterrrrrrrr!!!!.-
¡No dio tiempo a contestarle, salió corriendo, gritando.
-¡No llego, nooo llegooooooo, iba repitiendo a la carrera
Y no llegó. Dejó su huella y su olor por donde fue pasando y en el vater se quedó hasta que mucho tiempo después, acabando la grabación, fuimos a rescatarlo.
A la hora y media de estar esperando, y algunos hasta maldiciendo interiormente la hora en que dijo de venir a ver de grabar un espacio de televisión, se abrió de par en par la puerta para dejar pasar a una voluminosa y ancha señora, que vestida con una bata blanca y acompañada de dos azafatas, sin saludar y sin mirar a nadie, se fueron directamente para la especie de camilla tapada con la sabana.
Con un gesto rápido destapo aquello, dejando ver varias cajas llenas de bocadillos y bebidas en lata. Luego con el semblante hosco y las frases secas propias de las grandes ciudades dijo;
.-¡¡¡Oigan¡¡¡ Pongasen en cola los que quieran bocadillo.¡-
Una voz diciendo que había fuego, no hubiera echo mas efecto que aquellas sencillas palabras. Las carreras, los gritos, los bolsos volando y los más ancianos rodando por los suelos, fue en lo que se convirtió la antes tranquila y murmurante sala.
La cola fue propia de aquellas de cuando el racionamiento de las guerras. Los bocadillos hacia tiempo que habían dejado atrás su mejor momento para ser comido y ahora solo eran un reflejo de cuando fueron hechos. El pan estaba reseco, el queso helado y duro, los embutidos correosos y sin sabor. Solo el agua y las bebidas enlatadas los hacían un poco más comestible.
¡-Oiga este de jamón y queso, no me gusta.¡-
-¡ Heee no se cuele.¡-
¡- No tiene de pan de molde.¡-
.¡ Oiga puedo repetir.-
¡.Hee que ya ha pasado antes por aquí, salgase de la cola.¡-
.¡-Haayyyy que me esta pisando.¡-
¡- Oiga que me tira, compórtese.¡
Después de la discusiones, peleas y alboroto, vino la paz del condumio, y cada quisque con su frío y su aburrimiento a cuestas en su rincón devorábamos y bebíamos con frenesí y como náufragos rescatados del mar, lo que nos bahía tocado en suerte. Fueron unos silenciosos minutos en los que solo se oía en el ambiente, el rumor de las dentaduras trabajando como nunca. Después, mas relajados, todo acabo como empezó, la de la bata blanca con su mal humor y sus mudas ayudantes, recogieron todo y desaparecieron por donde habían llegado.
Al poco, alguien importante de los estudios entró, buscó a mi amigo que era el organizador de todo aquello, pero al no encontrarlo habló con su mujer, esta le explico el contratiempo de su marido con el chocolate de la maquina, estuvieron hablando unos minutos y volvió a desaparecer por donde había venido.
Despues de unos minutos y sin avisar, se abrieron de par en par unas enormes puertas metálicas que hasta entonces habían permanecidos cerradas. Eran las de la entrada al estudio. Todos a una nos lanzamos hacia ellas.
Pero eso ya, ..............es otra historia.
En aquella aventura me metió mi buen amigo Ignacio. Gallego de pro, y aficionado a coleccionar todo lo extraño y raro que aparece por Internet, además de dibujar en papel de cebolla escudos nobiliarios. En uno de ellos estaba cuando aquella tarde, nada más verme entrar por la puerta, y antes que le diera lo que le había repescado por la Red. Me dijo.
-¡¿Oye te quieres venir a ver de grabar un programa de televisión?
-¡Mira Ignacio.¡
Le contesté un poco sorprendido.
.- ¡Seguro que hay que desplazarse lejos de la ciudad, y yo no quiero coger el coche. ¡-
. -¡Nada de eso. ¡Dijo rápidamente y sin casi esperar a que yo siguiera en mis excusas.
-¡Te llevan y te traen en autobús, te dan de cenar y te pasas unas horas muy divertidas. Además puedes conocer a gente famosa. Yo mismo tengo una buena colección de autógrafos de actores televisivos de todas las veces que he ido. ¡-
Al final, no de muy buena gana acepté, y el Martes de esa semana, al anochecer y con un frió de mil demonios, nos dirigimos al autocar que nos esperaba en una de las calles vecinas.
Casi todos éramos vecinos del barrio. Pocos jóvenes y abundancia de gente madura. Todos vestidos con sus mejores galas. Esplendidos peinados las señoras y un fuerte olor a perfume que hacia irrespirable la tibia atmósfera que nos dio en la cara cuando subimos al autobús.
El trayecto hasta los estudios de televisión transcurrió con normalidad, casi todos se conocían de anteriores visitas y el ambiente era festivo y amable. Una vez llegamos, en la puerta de entrada la cosa se puso seria.
¡-Oigan escuchen todos……...Carné de identidad en la mano, y no se salgan del camino. ¡-
Esto nos lo decía uno de los tres guardias de seguridad que nos escoltaron hasta el vestíbulo. Allí hubo que hacer varios trámites. Filiación completa de cada uno, pasar por el arco de detección de metales, registro de bolsos y diez pares de ojos vigilándo todos nuestros movimientos.
-¡Oiga pasen por aquí. ¡-
¡- No… Ud. Deje el bolso en la cinta. ¡-
-¡Oiga porque pasa otra vez. ¡-
-¡Si todo lo metálico déjelo aquí.
No el puente dental no.
¡-¿ De quien es este machete?. Oiga esto esta prohibido.¡- -¡ Es que es un recuerdo del pueblo.¡-
-¡ Señora oiga señora solamente el bolso en la cinta Ud.. No.¡-
-¡ Hay que ver……… que gente.¡-
Seguimos después siempre escoltados y vigilados por pasillos interminables fríos y solitarios hasta una gran sala en la que había que esperar antes de entrar al estudio. Las exiguas filas de butacas junto a las paredes eran un numero de asientos muy escasos para la gran cantidad de gentes que nos reunimos allí, pues después de nosotros llegaron dos nuevos autobuses. Mienmtras, los grupos de visitantes ateridos de frío y muy juntos para darnos calor, mirábamos con desconfianza hacia una especie de camilla y un bulto sobre ella tapado con una sabana blanca situado en el centro de la sala, aquello parecía un velatorio con el muerto allí tapado Un vigilante en la puerta no dejaba salir a nadie de allí, solo lo hacia si le pedías permiso para ir hasta el desconocido y perdido lavabo, y nada mas que de dos en dos.
Los que llegaban de regreso, daban a voz en grito la grata noticia, el water estaba al final del tercer pasillo, doblando a la derecha. Este dato no aclaraba mucho, pero daba esperanza. Las señoras que llegaban decían que habían visto como una especie de peluquería en un pasillo, y las siguientes, con la excusa de la salida se acercaron hasta allí.
¡- Oigan nos podrían arreglar estos pelillos que con el viento de la carretera se han alborotado. ¡-.
.- ¡ Pero señoras es que no ven que esto son los camerinos es en donde se maquillan a los actores….salgan,…. salgan a donde van todas,……no ven que no cabemos aquí. ¡-
Luego de regreso a la sala, entraron con una grata noticia, habían encontrado una maquina de café perdida por algún pasillo. ¡¡Aleluya!!!, esta noticia fue como un revulsivo que animo a aquella masa de ateridos y pacientes futuros espectadores. Una turba de cuerpos se movió en tromba, y amenazó con reventar las puertas metálicas que la contenían.
Todos quisieron salir de allí. Por algo caliente y comestible que le reanimaran, eran capaces de todo. Hasta hubo quien dijo que le llegaba el sabroso y penetrante olor a café recién hecho. El vigilante de la entrada, se las vio y se las deseó para contener a aquella multitud ansiosa., pidió ayuda y con tres compañeros más lo consiguieron empujando la puerta desde afuera. Luego dejaron salir a los de dentro, pero solo de cinco en cinco.
El café de aquella maquina no era malo, era asesino, era de aquellos cafés de cuando en la guerra se lo daban a los presos para que hablaran. Aquel liquido desconocido, aquello, era un brebaje negruzco, con sabor a rayos y cuyas gotas al caer al suelo dejaban una mancha negra e indeleble a las pisadas, al paso del tiempo, y a las fregonas. Si el café era malo, el chocolate era venenoso. Nadie a pesar de lo caliente y humeante que aparecía en la foto de la maquina, se atrevía con el. Algo le decía a aquellas gentes que tomarse aquel brebaje era acabar la noche en el hospital o recluido de por vida en el retrete.
Pero aún así mi amigo que es un valiente, que es el único del barrio que se enfrenta a la grúa municipal cuando esta quiere llevarse algún coche, tuvo ese valor. Pero antes de que lo hiciera, me adelante a los que lo miraban de reojo y con admiración, para decirle que aquello que se disponía ha hacer era una temeridad. Pero el Ignacio me sonrió socarronamente, y pese a que el chocolate estaba muy caliente, como haciéndose el chulo, levantó el vaso humeante, y se lo tomo todo de un trago.
Luego, con las bebidas en la mano y entre charla y bromas fuimos volviendo por donde habíamos llegado, mientras que de tanto en tanto yo miraba a mi amigo que se había puesto muy serio y el color de la cara le había cambiado . De pronto solo dijo dos palabras
.- ¡El water,.....¡¡¡¡¡Donde está el waterrrrrrrr!!!!.-
¡No dio tiempo a contestarle, salió corriendo, gritando.
-¡No llego, nooo llegooooooo, iba repitiendo a la carrera
Y no llegó. Dejó su huella y su olor por donde fue pasando y en el vater se quedó hasta que mucho tiempo después, acabando la grabación, fuimos a rescatarlo.
A la hora y media de estar esperando, y algunos hasta maldiciendo interiormente la hora en que dijo de venir a ver de grabar un espacio de televisión, se abrió de par en par la puerta para dejar pasar a una voluminosa y ancha señora, que vestida con una bata blanca y acompañada de dos azafatas, sin saludar y sin mirar a nadie, se fueron directamente para la especie de camilla tapada con la sabana.
Con un gesto rápido destapo aquello, dejando ver varias cajas llenas de bocadillos y bebidas en lata. Luego con el semblante hosco y las frases secas propias de las grandes ciudades dijo;
.-¡¡¡Oigan¡¡¡ Pongasen en cola los que quieran bocadillo.¡-
Una voz diciendo que había fuego, no hubiera echo mas efecto que aquellas sencillas palabras. Las carreras, los gritos, los bolsos volando y los más ancianos rodando por los suelos, fue en lo que se convirtió la antes tranquila y murmurante sala.
La cola fue propia de aquellas de cuando el racionamiento de las guerras. Los bocadillos hacia tiempo que habían dejado atrás su mejor momento para ser comido y ahora solo eran un reflejo de cuando fueron hechos. El pan estaba reseco, el queso helado y duro, los embutidos correosos y sin sabor. Solo el agua y las bebidas enlatadas los hacían un poco más comestible.
¡-Oiga este de jamón y queso, no me gusta.¡-
-¡ Heee no se cuele.¡-
¡- No tiene de pan de molde.¡-
.¡ Oiga puedo repetir.-
¡.Hee que ya ha pasado antes por aquí, salgase de la cola.¡-
.¡-Haayyyy que me esta pisando.¡-
¡- Oiga que me tira, compórtese.¡
Después de la discusiones, peleas y alboroto, vino la paz del condumio, y cada quisque con su frío y su aburrimiento a cuestas en su rincón devorábamos y bebíamos con frenesí y como náufragos rescatados del mar, lo que nos bahía tocado en suerte. Fueron unos silenciosos minutos en los que solo se oía en el ambiente, el rumor de las dentaduras trabajando como nunca. Después, mas relajados, todo acabo como empezó, la de la bata blanca con su mal humor y sus mudas ayudantes, recogieron todo y desaparecieron por donde habían llegado.
Al poco, alguien importante de los estudios entró, buscó a mi amigo que era el organizador de todo aquello, pero al no encontrarlo habló con su mujer, esta le explico el contratiempo de su marido con el chocolate de la maquina, estuvieron hablando unos minutos y volvió a desaparecer por donde había venido.
Despues de unos minutos y sin avisar, se abrieron de par en par unas enormes puertas metálicas que hasta entonces habían permanecidos cerradas. Eran las de la entrada al estudio. Todos a una nos lanzamos hacia ellas.
Pero eso ya, ..............es otra historia.