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madeiro
14-jun-2008, 01:49
Sexualmente, el mono desnudo se encuentra hoy en día
en una situación un tanto confusa. Como primate es
impulsado en una dirección; como carnívoro por adopción,
es impulsado en otra; y como miembro de una
complicada comunidad civilizada, lo es incluso en otra.

El mono desnudo, Cap.II –Desmond Morris

Antes de que surjan quienes juzguen mal mi exposición viendo en ella sólo un conjunto de argumentos preparados para justificar una debilidad humana característica de los machos, quiero dejar sentado que no se trata de eso.
Lo que aquí escriba es el reflejo de una larga meditación sobre el porqué de cierta conducta masculina; específicamente de aquella que se podría describir como: la tendencia a mirar con detenimiento las formas femeninas.
Será, no lo dudo, algo que no convencerá plenamente a las mujeres cuyos novios o maridos sufran esta “dolencia”. Pero confío en que abrirá en ellas un espacio de comprensión, un modo de resignado entendimiento de la situación que, aunque nunca lo confesarán, les ayudará a reconocer internamente lo involuntario e irresoluble de este viril comportamiento.

Todos, o al menos la gran mayoría de nosotros, hemos visto un campo sembrado de trigo, maíz, girasol, vid, manzanos, arroz, u otros vegetales.
Quizá no personalmente, pero sí tenemos conocimiento de esas cosas a través de fotos aéreas publicadas en enciclopedias o en Internet, por ejemplo.
Es frecuente también ver obras pictóricas en las que se aprovecha la simetría y cambios de tonalidad que acompañan los sembrados, con un fin estético.
Este paisaje de un campo sembrado es algo que la humanidad ve desde los primeros años en que se asentó sobre la tierra, desde que dejó de ser nómada.
Seguramente, en nuestro inconsciente habitan recuerdos de nuestros ancestros en referencia a esta imagen.
Nadie podrá negar que se trata de algo viejísimo, que vemos desde hace añares.
Si bien durante un viaje por una ruta campestre disfrutamos de su visión, al cabo de un tiempo de andar comenzamos a dedicar nuestra atención al periódico, las vacas, los carteles publicitarios, etc.
La causa de nuestro aburrimiento es obvia: Es algo que vemos hace miles de años.

Hay otro paisaje que no tiene la misma data; es muy reciente. Comenzó a verse con escasa frecuencia en los primeros años del siglo XX y fue creciendo en extensión durante su segunda mitad.
Es una vista que se disfruta exclusivamente durante la época estival.
Se trata de las grandes extensiones de la rubia arena que bordea el mar celeste, sembradas de bronceados dorsos femeninos que transforman la playa en una réplica de ondulantes colinas y marcadas depresiones pertenecientes a la más hermosa geografía: el cuerpo de una mujer.
¡No es lo mismo que ese campo sembrado de trigo tantas veces visto antes!.
¡No es igual que esa vid con sarmientos y racimos similares unos a otros!.
No hace falta ser hombre para comprender que es un paisaje exclusivo, único, irrepetible; que cambia constantemente, que respira, que palpita, que muestra un fruto más deseable que la mejor manzana y que durante miles de años antes, jamás estuvo expuesto a la vista de todos como ahora lo está.

Cualquiera que quiera ser sincero consigo mismo no tendrá dificultad en reconocer que, en el 99% de los casos, las uniones amorosas, el amor entre un hombre y una mujer, comienza por una recíproca aprobación de la apariencia física del otro. Si el que veo no me gusta no me enamoraré.
Por supuesto, hay la posibilidad de ganar puntos con la inteligencia, la calidad humana, etc., pero estoy hablando de nuestra inclinación “natural”, no de las definiciones que pudieran surgir luego de sopesar el asunto. Si naturalmente no nos interesara la belleza o fealdad de una persona, nos casaríamos con cualquiera, total la vejez siempre terminará por arrebatarle toda hermosura física.
La gente, mujeres y hombres, no acostumbra gustar de alguien que encuadre dentro de lo establecido bajo la calificación de “feo” o “fea”.
Las personas que componen la sociedad han establecido “naturalmente”, por una cuestión no racionalizada, una serie de parámetros por los que, en general, sin que se trate de una acción elitista premeditada, los “feos” quedan afuera.
Esta inclinación a valorar especialmente la belleza física parece estar muy acentuada en los hombres o, al menos, ser más manifiesta en ellos que en las mujeres.
No refleja más que una absoluta verdad la bien conocida frase: “Un vello del pubis femenino, tira más fuerte que una yunta de bueyes”.
El hombre es subyugado por la belleza de una mujer; su cuerpo puede encandilarlo como si mirara un tesoro soñado.
Sobre cuál es la causa de este comportamiento, no tan visible en ellas, me parece propicio exponer mi propia teoría.
Para el hombre y para la mujer de hoy en día las relaciones sexuales son una fuente “mutua” de placer.
Pero no fue así en el pasado.
Desde siempre el macho disfrutó del cuerpo de la hembra. Cuando quiso tener coito con alguna de ellas lo hizo sin problemas. Apoyado en su fuerza física, por las buenas o por las malas, satisfizo su apetito sexual sin que ello le implicara un sufrimiento posterior.
Sin remordimiento de conciencia por las consecuencias adversas para su eventual y desafortunada (las más de las veces) compañera (estamos hablando de los primeros años de la existencia humana, de alto carácter animal), disfrutó y solo disfrutó de la mujer.
Para las mujeres la situación fue la opuesta. Se vieron sufriendo la imposición de un hecho no siempre deseado e incluso, aun así, desprovisto de un interés por conocer su parecer o sus deseos por parte del hombre.
Las mujeres fueron, literalmente, violadas. Toda vez que un hombre deseaba coito sólo tenía que imponer su fuerza física sobre el, para este caso bien llamado, “sexo débil”.
La mujer no elegía. El hombre sí.
No es extraño ni inexplicable entonces que el hombre, hasta el día de hoy vea en la mujer un ser que puede proveerle todo el placer sexual que él desea. Ha sido así durante miles de años. En principio por la fuerza y posteriormente organizando una estructura a su servicio a la que llamó “prostitución”.
Tampoco sorprende que la mujer tenga sus reservas en cuanto a manifestarse abiertamente deseosa de un hombre. Durante miles de años fue víctima de violaciones.

Pero pasó el tiempo y aquello que fue de un modo hoy es diferente.
La mujer se liberó gracias a la ciencia. No quedará embarazada si no lo desea. La civilización o culturización de los machos le permite disfrutar de derechos que nunca poseyó; ser respetada como un par.
El macho ya no puede disponer de las hembras tal como hacía en el pasado remoto, pero ha recibido una compensación: Puede disfrutar de su belleza física, fantasear con sus cuerpos, dada la libertad de la que ahora disponen las mujeres para exhibir sus formas semidesnudas o desnudas según las costumbres de cada lugar.

Algo más.
Todos saben que la maternidad es la debilidad de cualquier mujer. ¿Cuál entre todas ellas no se queda boquiabierta frente a un bebé?. No hay prácticamente una sola que no sea seducida por la presencia de un niño de pecho.
Pues bien señoras: del mismo modo que para ustedes es irrefrenable el impulso que las lleva a gozar de un niñito, y eso está bien y responde a vuestra naturaleza, así también los hombres nos vemos impelidos a disfrutar de los cuerpos femeninos que se cruzan en nuestro camino. Y es tan natural nuestro comportamiento como lo es el de ustedes.
Es tan irrefrenable nuestra inclinación a esa actitud como lo es que ustedes queden absortas frente a un bebé.

Quizá no habrá entre las lectoras quienes lo reconozcan, pero así es la naturaleza humana. Podemos negarnos a verla. No podemos evitar que exista.
Finalmente, nada de lo que he dicho debe ser interpretado como una justificación para violar los pactos de fidelidad que cada pareja ha establecido para sí. No me gustaría que alguien aproveche mi discurso para justificar sus enredos amorosos.

Daniel Adrián Madeiro

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Pilar
30-jun-2008, 17:04
Fantástico, fantástico!!!!! Para empezar diré que yo no tengo tu capacidad literaria. No soy capaz de escribir de esa manera tuya tan...fantástica (repito). Pero he disfrutado enormemente leyendo tu escrito. Es genial, divertido, inteligente, real...
A mi me encantan las reacciones del hombre ante la belleza femenina, incluido las de mi hombre... sí, sí, aunque parezca mentira. Eso no quiere decir que a veces no me ponga un poco celosilla, pero me gusta esa manifestación tan, no sé como es la forma correcta de decirlo, si viril o varonil, o como sea, espero que me lo aclares tú. Siempre le digo a mis amigas cuando ven mi, segun ellas, "no reacción" ante estos hechos, que siempre son discretos y respetuosos, no estoy hablando de ningún obseso (al menos delante de mi), pues les contesto que yo me casé con un hombre, no con un programa informático. El hombre admira y desea la belleza femenina, es evidente, imparable y natural. Pero, también te digo que, yo ,como mujer, al igual que vosotros, los hombres, me quieto el sombrero ante un cuerpo masculino digno de ser admirado. Cierto es que se me cae la babita ante un bebé de pecho, soy madre por vocación y adoro los niños, pero también tendría que ponerme un baberito a veces con los cuerpos que nos muestra el sexo opuesto. Yo me casé con un hombre muy atractivo, es física, mental y sexualmente muy muy atractivo, no podía ser de otra forma, me encanta la belleza, como a tod@s. Cierto es también que es un ser adorable al que quiero y amo desde hace 28 años, y, este amor es correspondido. Si podría haberme casado con un hombre menos guapo? Pues no lo sé, porque yo si reconozco que a mi el ojo me guia mucho. Esto es bueno o malo? Tampoco lo sé, pero creo que nos pasa a much@s, y además tú lo describes infinitamente mejor que yo.
La falta de manifestaciones más abiertas ante la atracción por los hombres de las mujeres en general y ante la necesidad física de relaciones sexuales con amor o sin amor, es algo que has descrito tan maravillosamente que está todo claro. Pero, lo que no está tan claro es que hoy se siga reprimiendo más de lo deseable esa necesidad y esa manifestación de lo que realmente queremos y sentimos las mujeres, algo tan natural para un sexo como para el otro. Siempre hablando de manifestaciones con cierta elegancia, respeto y naturalidad. Pero esto creo que es deseable desde ambas partes, siempre. Yo prefiero que me hablen con un sensual susurro que con un ....Ay cordera!!!! No sé si se me ha entendido.
Espero que esa maravillosa playa llena de fantásticos cuerpos al sol, esté llena de bellísimas mujeres y de bellísimos hombres, y que el amor lo inunde todo para el goce y la felicidad humana, siempre con un SI QUIERO previo y con muchas ganas de decir SI al amor y NO al dolor de cualquier índole.

Mestral
30-jun-2008, 21:51
Algo más.
Todos saben que la maternidad es la debilidad de cualquier mujer. ¿Cuál entre todas ellas no se queda boquiabierta frente a un bebé?
Yo

Pues bien señoras: del mismo modo que para ustedes es irrefrenable el impulso que las lleva a gozar de un niñito, y eso está bien y responde a vuestra naturaleza, así también los hombres nos vemos impelidos a disfrutar de los cuerpos femeninos que se cruzan en nuestro camino. Y es tan natural nuestro comportamiento como lo es el de ustedes.
No esta en nuestra naturaleza (a parte de las criaturas) disfrutar de los cuerpos masculinos o, dicho bastamente, follar? A nosotras tambien nos gusta, o al menos a mi.

Yo prefiero que me hablen con un sensual susurro que con un ....Ay cordera!!!!
Pilar, hay un monton de mujeres (un autentico monton) que les encanta que las dominen, las insulten y las traten como a una cualquiera en la cama. Un monton.

febade
30-jun-2008, 22:26
El impulso sexual del hombre viene condicionado en los genes. El instinto de supervivencia de la especie se ve impulsado en el hombre para que lleve a cabo una repartición selectiva de su semillita. Existen estudios varios sobre la codificación física de una mujer. El hombre la elige a un nivel inconsciente viendo en ella el mejor modelo para cuidar y multiplicar la especie. Todo esto también afecta a la mujer, naturalmente en sentido contrario. Existen varias partes de tu escrito Madeiro, en mi opinión, un poco vagas, como la respuesta de las mujeres tras años de violaciones.
La apertura de normas sociales y éticas posibilitan la elección tanto por una parte como por otra. Desde el principio de los tiempos las relaciones sexuales ´han estado condicionadas por estas normas, pero el impulso siempre a estado ahí y viene configurado en los genes. Naturalmente el contexto impulsa este deseo, modificado, o mejor dicho, desvirtuado por ciertos comportamientos instintivos y mal entendidos.
Un saludo

andromeda
01-jul-2008, 21:27
Este escrito es de los que más me gustan.
Voy a añadir unas cosillas, aunque me da un poco de miedo porque quizá el autor del texto se podría enfadar, es que a juzgar por la foto parece un señor severo :o.
Yo quiero decir que todo lo que se dice en este texto es cierto, pero no es necesariamente verdadero. Pienso que la humanidad o el género humano no evoluciona ni al mismo tiempo ni de la misma forma. Y en referencia a las mujeres...creo que hay muchas, pero muchísimas que no fueron tan víctimas como pretendieron ser, ni hoy estan tan liberadas como presumen.
Verá, dice usted que la mujer se liberó gracias a la ciencia que le dió la posibilidad de decidir si deseaba o no estar embarazada. Este hecho es muy importante en la historia. Pero yo, a cerca de esto pienso que la ciencia libera, desde luego que libera, a hombres y mujeres, ya que la educación derriba fronteras para aquellos individuos que conocen. Es la única riqueza que no pesa, al contrario, eleva.
Claro que, si una hecha un vistazo alrededor, qué es lo que ve? A cientos, miles, a un ejército de mujeres, que ya no son esclavas de la maternidad. Ahora son libres, para trabajar jornadas de 8 o más horas, llegar a casa cargadas con la compra, una vez en casa, hacer la limpieza, la cena, y si han deseado tener un hijo ( no porque se lo digan, sino porque quieren, ojo!)...entonces ya sus vidas son una pelicula de terror.
Yo digo que cambiar de yugo, no era precisamente la idea.
Pero que nadie se confunda: Uno, en el fondo, siempre sabe de qué o de quien es esclavo. Siempre hay un momento de elección en casi todas las cosas, en el que puedes decidir esto o lo otro. Y que venga lo que tenga que venir.
Por eso digo, en muchos casos se interpreta el papel de víctima, porque tiene muy buena prensa. ( no en todos los casos, que quede claro).
Alguna vez he oido que la maternidad, hace de la mujer un ser parecido a Dios. Una puede vivir la creación, y sentir como crece y dar vida. Es un pequeño universo dentro del Gran universo.
Respecto a la elección del macho alfa cuando se trata de engendrar, estoy completamente a favor. Claro que habría que revisar el concepto"macho alfa", porque los hay de diversa tipología...
Pero creo que ya me estoy haciendo un poquito pesada, y al final no va a haber nadie que quiera leer esto...:(;)
Un saludo!:p

* ¿He escrito "dios" por ahí? Que no se ofenda nadie, haya paz :)