Jaume
25-may-2008, 17:53
¡Como me gustaba tumbarme en el sofá! Y ahora lo detesto.
María tenía un don: con una sola palabra, un gesto, una sonrisa, podía convertirme en la persona más importante de este mundo.
María con un fugaz beso podía transformar cualquier problema en felicidad, con una simple mirada podía desarmar al guerrero y convertirlo en cordero, con una sutil caricia podía borrar la tristeza y convertirla en esperanza.
María era todo mi mundo y yo el suyo. Y estando los dos juntos en nuestro mundo no cabía ni tristeza ni enfado.
¡Como me gustaba tumbarme en el sofá! Llegar del trabajo, descalzarme, y con un pequeño salto apoyar la cabeza sobre aquel cojín con forma de corazón que había comprado para ella en un arrebato de cariño. Por eso me dolió tanto cuando de pié frente al sofá me dijo que me abandonaba. Y así, con mi cena sobre la mesa, con mis camisas perfectamente planchadas y dobladas,… sin un gesto, sin una sonrisa, sin un fugaz beso… me dejó tumbado en el sofá.
Y ahora lo detesto.
María tenía un don: con una sola palabra, un gesto, una sonrisa, podía convertirme en la persona más importante de este mundo.
María con un fugaz beso podía transformar cualquier problema en felicidad, con una simple mirada podía desarmar al guerrero y convertirlo en cordero, con una sutil caricia podía borrar la tristeza y convertirla en esperanza.
María era todo mi mundo y yo el suyo. Y estando los dos juntos en nuestro mundo no cabía ni tristeza ni enfado.
¡Como me gustaba tumbarme en el sofá! Llegar del trabajo, descalzarme, y con un pequeño salto apoyar la cabeza sobre aquel cojín con forma de corazón que había comprado para ella en un arrebato de cariño. Por eso me dolió tanto cuando de pié frente al sofá me dijo que me abandonaba. Y así, con mi cena sobre la mesa, con mis camisas perfectamente planchadas y dobladas,… sin un gesto, sin una sonrisa, sin un fugaz beso… me dejó tumbado en el sofá.
Y ahora lo detesto.