mariaelena
17-may-2008, 07:01
Contra la invasión fonética y gráfica (Román Paladino)
La propaganda que ciertas marcas comerciales realizan en nuestros medios de comunicación está creando desajustes notorios, y de consecuencias imprevisibles, en las complejas relaciones entre la pronunciación y la ortografía que trata de representarla. Déjenme mostrarles que tal afirmación no es simplemente la protesta de un purista del lenguaje, agorero y reaccionario.
Muchas personas, que solo conocíamos la marca de neumáticos "Firestone" a través de su expresión escrita, quedamos desconcertadas al oír en la radio y en la televisión referirse a ella como fáirestón (incluyendo, sí, la anómala acentuación en las dos sílabas marcadas). Y, del mismo modo, si aguzamos nuestra vista y oídos, no podremos por menos que sorprendernos ante desajustes tan llamativos como súpergüín para lo que aparece escrito como "Superween", pléiskúl para "Playskool" y bulite para "Woolite", a los que todavía podríamos añadir la Coca-cola láit < "light", y, ¡pásmense ustedes!, sében áp para algo que se rotula "7 up"; y así seguiríamos hasta la saciedad.
No cabría imaginar mejor prueba para demostrar que la ortografía española es simplicísima, a años luz de las de otras lenguas de nuestro entorno, y ello a pesar de los disgustos y protestas que causa; pero, al mismo tiempo, convendrán conmigo en que, a este paso, necesitaremos de alguien que nos explique personalmente y al por menor cuál es la correcta pronunciación y ortografía que corresponden al nombre de cada nuevo producto, porque, desde luego, nada tienen que ver con la española; una marca como súnsilk nos ofrece una secuencia de consonantes -lk en final de sílaba que bajo ningún concepto aceptaríamos en palabras castellanas, latinas o griegas; y lo que no ha permitido el español al noble latino spiritus, que convertimos en espíritu, lo aceptamos, con creces, en Sprite, para el que acuñamos la bárbara pronunciación spráit, que desbarajusta cualquier norma sobre aparición de consonantes que quepa imaginar en nuestra lengua.
Claro que alguien insinuará que esta lengua ya no es nuestra, sino suya, de las multinacionales, al igual que nuestro bolsillo. Eso sí: a cambio nos darán chucherías y saciarán nuestros caprichos.
Román Paladino
La propaganda que ciertas marcas comerciales realizan en nuestros medios de comunicación está creando desajustes notorios, y de consecuencias imprevisibles, en las complejas relaciones entre la pronunciación y la ortografía que trata de representarla. Déjenme mostrarles que tal afirmación no es simplemente la protesta de un purista del lenguaje, agorero y reaccionario.
Muchas personas, que solo conocíamos la marca de neumáticos "Firestone" a través de su expresión escrita, quedamos desconcertadas al oír en la radio y en la televisión referirse a ella como fáirestón (incluyendo, sí, la anómala acentuación en las dos sílabas marcadas). Y, del mismo modo, si aguzamos nuestra vista y oídos, no podremos por menos que sorprendernos ante desajustes tan llamativos como súpergüín para lo que aparece escrito como "Superween", pléiskúl para "Playskool" y bulite para "Woolite", a los que todavía podríamos añadir la Coca-cola láit < "light", y, ¡pásmense ustedes!, sében áp para algo que se rotula "7 up"; y así seguiríamos hasta la saciedad.
No cabría imaginar mejor prueba para demostrar que la ortografía española es simplicísima, a años luz de las de otras lenguas de nuestro entorno, y ello a pesar de los disgustos y protestas que causa; pero, al mismo tiempo, convendrán conmigo en que, a este paso, necesitaremos de alguien que nos explique personalmente y al por menor cuál es la correcta pronunciación y ortografía que corresponden al nombre de cada nuevo producto, porque, desde luego, nada tienen que ver con la española; una marca como súnsilk nos ofrece una secuencia de consonantes -lk en final de sílaba que bajo ningún concepto aceptaríamos en palabras castellanas, latinas o griegas; y lo que no ha permitido el español al noble latino spiritus, que convertimos en espíritu, lo aceptamos, con creces, en Sprite, para el que acuñamos la bárbara pronunciación spráit, que desbarajusta cualquier norma sobre aparición de consonantes que quepa imaginar en nuestra lengua.
Claro que alguien insinuará que esta lengua ya no es nuestra, sino suya, de las multinacionales, al igual que nuestro bolsillo. Eso sí: a cambio nos darán chucherías y saciarán nuestros caprichos.
Román Paladino